Persianas, paredes, techo, mirillas. Antes, la vida de los otros podía adivinarse en la cercanía. Ahora está ofrecido a la vista de todos mediante el teléfono.
Ofrecer la intimidad, ponerla a circular en el espacio público con el afán de convertirse a sí mismos en mercancía. Lo que no se muestra, lo que no se ve, no existe.
Conversar para bajarle un poco el tono a los gritos de la realidad, para encontrarse con el otro incluso en la diferencia, para tener contacto con lo fuera de uno.