Paréntesis
El Mundial funcionó para aplicar una suspensión de la realidad, correrla a un costado un poco. No es supresión, es paralizar el devenir por un rato.
I. A propósito del Mundial y de lo que algunos dijeron sobre el lugar que ocupa, pensé en la noción de paréntesis. Muchas personas sostuvieron que estar tan enganchados con el mundial nos distraía de la realidad, nos producía una especie de alienación; que las personas que más están sufriendo las penurias económicas se iban a olvidar del mal que produce este gobierno, etc., etc., etc. Y entonces pienso que cada una de esas cosas que se critican, en lugar de ser problemas, son soluciones. ¿Qué mejor que distraerse de la realidad? ¿Qué mejor que olvidar la realidad? ¿Qué mejor que anestesiarse del dolor que traen las penurias económicas? Un rato, un rato. La vida es más larga que el Mundial. El día es más largo que un partido. Podría terminar acá este texto. Simplemente diciendo que celebro que haya cosas que posibiliten engancharse así, que permitan olvidarse de la realidad, que promuevan un entusiasmo inédito, una pasión inusitada, un fervor inusual. Y que, justamente porque son inhabituales, porque no existen siempre, porque se salen de lo cotidiano, es que funcionan como una verdad incuestionable.
II. Es un juego, sí. Pero los efectos en el cuerpo son verdaderos, la alegría es real, la felicidad es concreta. Y, me animo a decir, que tocan y alteran la materialidad de nuestras vidas. No son efectos abstractos. Los efectos reales de una pasión que, por un rato, deviene absoluta. Una pasión acaso sea uno de los nombres del paréntesis. No es cierto que termina el Mundial y nuestras vidas siguen igual. Sea lo que sea que esa pasión produjo en nosotros, altera ya nuestros cuerpos. No desestimo esos efectos, creo que suscitan cosas, sean las que fueren para cada quien. Además, es una especie de suposición decir que todo sigue igual. Entiendo que esa advertencia se refiere a, por ejemplo, la economía o las condiciones generales de vida, sí. Pero incluso aunque todo eso vuelva al mismo lugar, no se vuelve desde el mismo lugar después de atravesar eso que cada quien atravesó.
III. Hacen falta separadores entre escenas aplastantes, oprobiosas: un paréntesis en el devenir maquinal de los días. Cada quien encuentra sus separadores. Pero creo que el Mundial, en muchos, produce además que ese separador sea con otros –no solo esos otros con los que nos juntamos a ver los partidos, sino esos otros más lejanos, como si dijéramos “estamos todos en la misma”, aunque sabemos que no somos “todos” ni es “la misma”–. Separadores de la realidad, esa que viene en bloque, esa que, como dice Freud, no anda sin construcciones auxiliares. Y entonces pienso también en la ficción como usina de verdad, como lugar de invención. La ficción, ese separador que nos permite leer mejor la realidad, volver a la realidad de otra manera.
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IV. Dicen que el juego es una ficción. Claro que sí. El problema, según creo, es desestimar el poder de la ficción. Es subestimar sus efectos. Porque los efectos del juego son reales, son verdaderos. Como con cualquier ficción, se trata de algo que pasa, que toca lo real de nuestros cuerpos y genera efectos inesperados. Como si no fuera a través de la ficción que podemos alcanzar una verdad, como si la verdad no tuviera estructura de ficción. Como si fuera posible acceder a una verdad no ficcional.
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SumateV. Los juegos, mientras funcionan como ficción, resultan un modo de transitar y de configurar verdades, fantasías y todo un universo simbólico sin el cual el mundo no podría habitarse. El juego funciona, en el niño, para crearse un mundo propio en el que va insertando las cosas comunes, ahora en un nuevo orden que le agrada. Eso es lo que Freud encontró de similar entre el juego del niño y el creador literario: “El poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva”. Lo opuesto al juego, entonces, no es la seriedad, sino la realidad efectiva. Es por eso que la cuestión no sería si se toma en serio o no un juego, sino si se es capaz de entrar en un juego, de ponerse en juego. Entrar en un juego, dejarse afectar por una ficción es, justamente, suspender la pretensión de una verdad verificable opuesta a una mentira verificable. Entrar en un juego, asumir un pacto de ficcionalidad es no jerarquizar la verdad por encima de la ficción. Porque verdad y ficción, como enseña el psicoanálisis, pero también cierta crítica literaria, no son opuestos. Juan José Saer dice, en El concepto de ficción, que “la dependencia jerárquica entre verdad y ficción, según la cual la primera poseería una positividad mayor que la segunda, es desde luego (…) una fantasía moral”. La ficción, agrega, ha sabido emanciparse de las cadenas de lo verificable. Lejos de relativizar lo verdadero, de exaltar lo falso o de apelar al cinismo o al escepticismo, “al dar un salto hacia lo inverificable, la ficción multiplica al infinito las posibilidades de tratamiento. No vuelve la espalda a una supuesta realidad objetiva: muy por el contrario, se sumerge en su turbulencia, desdeñando la actitud ingenua que consiste en pretender saber de antemano cómo esa realidad está hecha. No es claudicación ante tal o cual ética de la verdad, sino la búsqueda de una un poco menos rudimentaria”. No se trata entonces de que la ficción sea mentira, sino de que verdad y mentira son hechos de lenguaje, de que la verdad tiene estructura de ficción. La ficción no es mentira, no es falsedad; o sólo lo es en el plano de lo verificable, cuestión que queda suspendida en el pacto de ficcionalidad al que accedemos cuando entramos en ella.
VI. El mundial como un paréntesis. No se trata de negar la realidad, sino de ponerla entre paréntesis. O de meternos en un paréntesis. Quizás habría que pensarlo así: como una forma de poner el asedio de la realidad entre paréntesis. No es supresión, es suspensión, correr la realidad a un costado un poco, un rato. Recortar algo. Interrumpirlo un momento. Paralizar un poco el devenir ineluctable de la realidad. tenerla a raya momentáneamente. ¿Cómo es que eso sería algo negativo? Todo lo contrario, es una fortuna. Porque en general son muchas las veces en que a las personas les cuesta encontrar esos paréntesis, esa interrupción de la persecución de la realidad y sus condiciones.
VII. Jean Allouch dijo alguna vez que alguien acude a un análisis cuando ya no puede poner entre paréntesis su malestar, su dolor, aquello que lo molesta. Me gusta la idea y también pienso ahora en el análisis como un modo de poner entre paréntesis la realidad insoportable que nos lleva puestos y no nos deja lugar para nada más que correr huyendo y no pensar.
VIII. Ficciones y análisis, juego y pasiones: funcionan como intersticios, separadores, paréntesis, discontinuidades que se pueden encontrar en medio de lo infernal. No se trata de una utopía de fuga hacia la soledad, en donde nadie ni nada nos afecte, porque eso sería una salida individual y un poco cínica; tampoco de negar las condiciones sociales, políticas, económicas en las que vivimos. Se trata, en cambio, de un ejercicio de invención que incluye a los otros, porque cada una de esas prácticas tiene consecuencias en la comunidad, en el lazo con otros, en lo común.