Una relación tóxica de 70 años

Como todo largo vínculo, la historia de Argentina y el FMI atravesó distintas etapas. Cenital y la Friederich-Ebert-Stiftung produjeron un especial para entender esta mutua dependencia.

El 20 de septiembre de 1956 Argentina ingresó formalmente al FMI como miembro pleno. Dos años más tarde, el gobierno de Arturo Frondizi pidió el primer préstamo financiero al organismo y, desde entonces, la economía del país quedó bajo su supervisión de manera casi permanente, convirtiendo al Fondo en un actor relevante de la política doméstica. Como toda larga relación, atravesó distintos momentos. Hubo incluso un impasse de doce años, luego de que Néstor Kirchner decidiera la cancelación total de la deuda. Pero en 2018, bajo la presidencia de Mauricio Macri, Argentina reincidió y se comprometió como nunca antes al solicitar el crédito más grande de la historia del organismo (muy por encima de sus propios límites).

Hoy, nuestro país es el mayor deudor del Fondo, y su economía está atada a numerosos compromisos que condicionarán durante mucho tiempo a los distintos gobiernos nacionales. Para tratar de entender mejor esta compleja relación, Cenital decidió aprovechar el 70 aniversario de la incorporación de la Argentina al FMI para hacer el especial Te amo, te odio, dame más, con la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung.

¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti?

El FMI tiene 82 años y una historia que precede al vínculo con la Argentina. Se fundó en julio de 1944 como resultado de la conferencia de Bretton Woods donde los países aliados — a la postre ganadores de la Segunda Guerra Mundial — buscaron crear instituciones que garantizaran el orden económico una vez terminada la contienda bélica. Nuestro país no había sido invitado por Estados Unidos a participar en represalia por su neutralidad durante el conflicto. Luego, Juan Domingo Perón no quiso incorporarse en rechazo al poder desproporcionado que las potencias de la época se habían reservado para la toma de decisiones. Pero tras el golpe de Estado de la Revolución Libertadora, el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu formalizó su ingreso por decreto.

La dictadura pretendía reinsertar a la Argentina en el mundo — ¿les suena? — y acceder a instrumentos financieros que el Fondo ofrecía. En “Te salva y te condiciona: así funciona el prestamista de última instancia”, Emiliano Libman hace un perfil del FMI, explica su origen, sus objetivos y su funcionamiento.

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“Negociar con el FMI nunca es una operación puramente técnica entre deudor y acreedor”, señala. “Las decisiones sobre montos, plazos, sobretasas y flexibilidad de las metas pasan por el Directorio Ejecutivo, donde pesan intereses geopolíticos e involucran a las principales potencias del mundo. Deberle al Fondo no es sólo deber plata. También es aceptar un tutor. El Fondo tiene coronita a la hora de cobrar, pero además sus programas vienen con condicionalidad. Deberle al FMI implica, por diseño, una cesión de grados de libertad en la política económica doméstica, a cambio de financiamiento más barato”.

Juegos de seducción

¿Cómo se negocia con el FMI?”, le pregunta Natalí Risso a funcionarios que participaron de los acuerdos más importantes que firmó Argentina con el organismo en los últimos 30 años. Algunos se cerraron en pocos encuentros y otros después de más de ochenta. En sus relatos aparecen reuniones eternas con comida de delivery, viajes clandestinos y conversaciones en otros países. “Nunca me trataron tan mal, ni me insultaron tanto como los argentinos”, recuerda Claudio Loser, que fue jefe del Departamento del Hemisferio Occidental entre 1994 y 2002.

Loser participó, entre otras, de las negociaciones entre el FMI y el equipo conducido por Domingo Cavallo. El dos veces ministro de Economía de la Argentina fue entrevistado por Guido Zack para este especial y dio cuenta de un tenso vínculo con el organismo. Aseguró que en un primer momento no confiaron en su plan de convertibilidad pero los resultados les torcieron el brazo y terminaron tomándolo de ejemplo. Luego contó los entretelones de las conversaciones durante la crisis de 2001 y responsabilizó a Anne Krueger, número dos del FMI en ese momento, por haber “inducido” al corralito con sus declaraciones. La subdirectora gerente del Fondo, también contactada para este especial, tiene otro recuerdo. “Los números de Cavallo no tenían sentido”, le dijo a Guido. Para la economista de 92 años, Argentina “no aceptaba en qué problema estaba”.

El gobierno de De la Rúa no fue rescatado por el FMI y su caída fue traumática: estado de sitio, represión y muertes. En medio de esa crisis social e institucional — que incluyó la sucesión de 5 presidentes en once días — hubo un hito inédito en la historia económica del país: la ovación de la Asamblea Legislativa ante la declaración de default por parte del recientemente ungido Adolfo Rodríguez Saa. Felipe Yapur, entonces cronista parlamentario, hace una crónica de lo acontecido y detalla que en las reuniones donde se definieron los apoyos necesarios para que el ex gobernador de San Luis llegara al sillón de Rivadavia “nunca se habló de default”.

A Roberto Lavagna le tocaron las negociaciones con el Fondo durante el proceso de reestructuración de la deuda. Según le contó a Guido Zack, al organismo le sorprendió que en su primer encuentro no le pidiera nuevos fondos para cancelar sus obligaciones con terceros. El ministro de Economía entre 2002 y 2005 explica en la entrevista que dio para este especial cómo incorporó al FMI en la estrategia utilizada por su equipo para conseguir una quita de alrededor de 75% con los acreedores privados. “Teníamos que elegir si el ajuste lo hacíamos con las jubilaciones, con la obra pública o con la deuda. Y elegimos la deuda”, afirma.

Un vínculo tóxico

La relación de Argentina con el Fondo “suele contarse como una historia que se repite: crisis, programa, ajuste, incumplimiento y vuelta a empezar. Pero mirada a lo largo de siete décadas, la cuestión es bastante más intrincada; no sólo cambió la Argentina, también cambió el FMI”, agrega Marina Dal Poggetto en su artículo “El deudor crónico: Argentina, el FMI y una historia que nunca es la misma”. Allí, la directora ejecutiva de la consultora Eco Go repasa los cambios que experimentó el organismo a lo largo de los años y cómo eso repercutió en el vínculo con el país. Menciona los distintos acuerdos y plantea que lo nunca cambió en estos años “fue nuestra dificultad para construir un horizonte que permita dejar de necesitarlo”.

Hubo un tiempo, sin embargo, en el que Argentina no le debió plata al organismo. Fue entre la cancelación de todas las deudas en enero de 2006 y el Stand-By por 57.100 millones de dólares firmado por Mauricio Macri en septiembre de 2018. De ese período habla Valentina Castro en el artículo “Un paréntesis de doce años”. Castro plantea que en ese lapso el gobierno pudo “pensar la política económica desde un eje de soberanía, crecimiento y distribución que la condicionalidad del Fondo difícilmente hubiera permitido”. Por eso, precisamente, fueron posibles algunas de las medidas más emblemáticas del kirchnerismo. Entre ellas destaca la estatización de las AFJP, Aguas Argentinas y Aerolíneas; la nacionalización de YPF; la sanción de la Asignación Universal por Hijo (AUH); o la inclusión de subsidios a los servicios públicos; entre otras.

Castro deja entrever que las medidas exigidas por el FMI para otorgar los préstamos tienen una incidencia directa en la vida de las personas. Verónica Gago y Luci Cavallero profundizan esa mirada y muestran cómo las condicionalidades que aparecen en los acuerdos se traducen en políticas de ajuste que los ciudadanos sienten en los bolsillos. Las autoras destacan en el artículo “¿A mi qué me importa?” que fue “la lente de la economía feminista” la que dejó en evidencia cómo el lujo de las oficinas del Fondo en Washington “se nutre del empobrecimiento en las cocinas y las cuentas familiares”. En esa línea también ubican el índice de mora récord que hoy vive nuestro país.

¿Sos vos o soy yo?

Hasta aquí el FMI parece un organismo que, lejos de rescatar a los países en crisis, los hunde todavía más. Sin embargo en su historial de intervenciones hay casos de éxito. Daniel Kostzer, economista Jefe de la Confederación Sindical Internacional, da cuenta de algunos ejemplos que terminaron bien y cuenta qué hicieron aquellos países para lograrlo. Spoiler alert: no se ataron al mástil y siguieron una receta mágica. En “Desobediencia debida”, el ex representante argentino ante el Banco Mundial revisa estrategias y agrega que cuando una institución multilateral actúa motorizada por la conveniencia política de uno de sus integrantes (como ocurrió con el respaldo de EEUU a Macri en 2018 y a Milei en 2025), no pueden ser los ciudadanos de esos países los que asuman los costos.

Finalmente, quisimos cerrar este especial con una mirada propositiva. Por eso recurrimos a Emilia Val, Francisco Cantamutto y Alejandro Manzo, quienes integran un proyecto de la Fundación Friedrich Ebert que busca ordenar técnica y políticamente salidas a la trampa de la deuda en la que se encuentra el país. En su artículo plantean algunas propuestas desde la Argentina para cortar la dependencia. ¿Y si todavía estamos a tiempo de probar alguna?

Soy periodista. Estudié para trabajar de esto, pero el oficio me enseñó lo más importante. Aprendí sobre gestión de medios como presidente de la cooperativa que recuperó el diario Tiempo Argentino. Me seguí formando en EEUU, España y Reino Unido. Trabajé en medios gráficos, radio y televisión. Conduje noticieros y fui columnista político. Publiqué en diarios y revistas de Argentina, Uruguay y España. Actualmente soy responsable de Comunidad y Membresía en Cenital.

Periodista. Neuquina en estado de porteñitud y sala de ensayo. Editora en Cenital. Autora de "Brilla la luz para ellas. Una historia de las mujeres en el rock argentino 1960-2020" y "Entre dos ríos". Hace Ruido y Sentimiento en YouTube.