Krueger, la dos del FMI en 2001: “Los números de Cavallo no tenían sentido”

La subdirectora gerente durante el default y la reestructuración de 2005 responde desde el otro lado del mostrador. Su lectura: el problema no fue la receta, sino la negativa argentina a reconocer la gravedad de la situación y emprender los cambios necesarios.

Anne Krueger fue primera subdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional, es decir, la número dos de la institución y, en los hechos, la voz de Estados Unidos dentro del organismo. Llegó al Fondo en septiembre de 2001, semanas antes del colapso argentino, y se mantuvo en el cargo hasta agosto de 2006, por lo que fue interlocutora de las autoridades argentinas durante el default, la reestructuración de deuda privada de 2005 y la cancelación total con el FMI en 2006 (recomendamos ver las entrevistas realizadas en este especial a los ministros de Economía en esos procesos Domingo Cavallo y Roberto Lavagna). Krueguer, además, fue la autora del Sovereign Debt Restructuring Mechanism (SDRM), una propuesta institucional para establecer un procedimiento formal y ordenado de reestructuración de deuda soberana en países en crisis, que no prosperó.

Krueger sigue activa a sus 92 años, como investigadora senior especialista en economía y finanzas internacionales de la prestigiosa universidad Johns Hopkins. Tuvo la gentileza de atendernos brevemente por teléfono. Algunas de sus respuestas fueron cortas y otras prefirió directamente no responder.

Anne Krueger durante una conferencia de prensa de apertura de la Asamblea Anual del Banco Mundial y FMI. Foto NA.

2001: “no aceptaban en qué problema estaban”

– Cuando usted llegó al Fondo, en septiembre de 2001, ¿cuál era la lectura interna de la situación argentina?

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Todos sabían que había un problema y había dos cuestiones: una era qué había que hacer; y la otra era si las autoridades estaban dispuestas a hacerlo. En ambos casos había preocupaciones considerables.

– ¿Cuál era la diferencia entre lo que había que hacer y lo que las autoridades estaban dispuestas a hacer?

Parecía razonablemente claro que las autoridades no aceptaban el grado en el que estaban en problemas. En ese sentido, querían pedir dinero prestado y querían ayuda, pero no parecían particularmente dispuestas a emprender los cambios necesarios como para dar mucha esperanza de que las cosas pudieran mejorar.

– Hay un debate de larga data sobre si la decisión del Fondo de retener el desembolso de diciembre de 2001 precipitó el default. ¿Cómo reconstruye esa decisión?

Durante octubre y noviembre parecía haber una gran reticencia de parte de las autoridades a aceptar que el problema era severo. De hecho, a principios de diciembre, cuando Domingo Cavallo vino a Washington, el gran desacuerdo era sobre si sus números tenían algún sentido, lo cual para muchos de nosotros —incluida yo—, no lo tenían. En ese momento nos parecía que no había realmente mucha intención de mejorar las cuentas fiscales. La esperanza era simplemente pedirle prestado al Fondo para pagarles a los acreedores privados sin hacer lo que había que hacer en términos de restaurar la estabilidad macroeconómica hacia adelante.

2005: la quita y la recuperación

– Argentina tuvo un enfoque muy agresivo de quita de capital en su reestructuración de la deuda privada que acompañó la recuperación de su economía. ¿Eso no reivindica la estrategia adoptada por el país?

Dejé el Fondo en 2006, así que no puedo responder completamente. Pero, hasta 2008, la economía mundial andaba muy bien. Y creo que parte de lo que parecía ser recuperación era en realidad precios altos de las commodities que iban a caer de nuevo. Argentina iba a meterse en problemas otra vez.

– Una de las innovaciones de 2005 fue el Cupón PBI, un instrumento financiero que ofrecía pagos adicionales a los bonistas cuando el crecimiento económico del país superaba el 3% anual.. Desde la perspectiva del Fondo, ¿cómo se leyó ese instrumento, como un endulzante razonable o como una concesión innecesaria?

Cuando uno pregunta qué estaba pensando el Fondo, muy a menudo, antes de que se llegue a una decisión, hay gente que estuvo en los dos lados del asunto discutiéndolo, más que llegando a conclusiones firmes. No estoy segura de que ese instrumento fuera la cuestión crítica. A mí me preocupaba por varias razones. Había otros a quienes les gustaba más que a mí. Pero de cualquier manera, aunque pensaba que quizás ayudaría un poco, no creía que fuera a ser fundamental.

Por qué Argentina no puede cortar la dependencia con el FMI

–Otras economías emergentes que fueron clientes del Fondo en las mismas décadas, como Brasil o Turquía, eventualmente salieron del ciclo. Argentina no. ¿Qué hizo la diferencia?

En el caso de Brasil y de Turquía, las autoridades financieras, es decir, el ministro de Economía y el ministro de Finanzas, estaban muy preocupados por su economía. Reconocían la magnitud del problema y estaban dispuestos a participar del programa del Fondo. Lo compraron de todo corazón y se mantuvieron firmes. Puedo recordar llamados diciendo: “incumplimos esta meta”, y resultaba que iba a ser un incumplimiento increíblemente pequeño con muchas otras cosas andando bien. Mientras que en el caso de Argentina era todo lo contrario.

Las autoridades en Brasil y en Turquía eran mucho más abiertas y cooperativas, y sentían que era su problema. Mientras que en el caso argentino estaba esa especie de sensación de que esto estaba pasando y que nosotros debíamos prestar dinero.

– Mirando el programa actual de Argentina con el Fondo, ¿ve algún escenario realista en el que este termine el ciclo, o es probable que siga el patrón de los anteriores?

Ya no estoy en el Fondo y no lo estoy mirando tan de cerca. Creo que la mayoría de la gente que conozco y la mayoría de las opiniones que leí —y no hablo de documentos internos del Fondo, porque no tengo acceso— sostenía que la situación argentina era muy difícil y que era muy improbable que hubiera una chance de éxito. Ahora, creo que efectivamente se ha hecho mucho de lo que había que hacer y corregir en Argentina, y que hay una buena chance. Todavía quedan cuestiones por resolver, pero ciertamente el gobierno de Milei ha estado moviendo muchas cosas en la dirección correcta, con más éxito del que se anticipaba.

El SDRM y la Argentina

– Hay una versión, al menos en Argentina, de que en noviembre de 2001, en el National Economists Club, cuando presentaba el SDRM, usted describió los controles de cambio como un componente del mecanismo. ¿Tuvo eso que ver con la situación argentina y con la corrida de depósitos que después forzó al gobierno a congelarlos?

Mi introducción de la propuesta del SDRM no estaba basada en Argentina. En ese momento, para empezar, no había ninguna esperanza de que pudiera aprobarse a tiempo para ayudar mucho a Argentina, aun si hubiera sido candidata.

Siempre pensé, y sigo pensando, que necesitamos algún mecanismo internacional que pueda manejar mejor estas situaciones, pero no creo que podamos prestar dinero a menos que haya un buen programa para corregir las fallas de fondo. Y en ese momento, al menos en Argentina, no había evidencia suficiente de que esa voluntad estuviera presente.

– El SDRM llegó justo después del colapso argentino. Si hubiera estado en vigencia, ¿cuán distinta habría sido la reestructuración argentina?

No creo que hubiera hecho ninguna diferencia. Aun si el SDRM hubiera entrado en vigencia, no podría haberlo hecho tan rápido. Y aun si lo hubiera hecho, igual tenía que haber alguna manera de ordenar la situación de la deuda y de ordenar las posiciones macroeconómicas hacia adelante.

– ¿Y las cláusulas de acción colectiva? Uno de los mecanismos que el SDRM habría previsto era esencialmente lo que las cláusulas de acción colectiva hicieron después a nivel contractual.

Las cláusulas de acción colectiva no resuelven todos los problemas, son solo una parte de una solución. Y de hecho, en algunos casos pueden ser un cuello de botella. Nunca pensé que lo que saliera del SDRM fuera a ser relevante para Argentina, porque pensaba que el problema argentino era bastante inmediato. Y sacar adelante el SDRM habría requerido al menos cinco o seis años: para el momento en que se armara todo, y en que estuviera ratificado por los gobiernos individuales, habría pasado bastante tiempo. Nunca estuvo pensado solo para Argentina. Estaba pensado para la economía mundial, como algo que mejorara su funcionamiento hacia adelante.

– ¿Cuál cree que fue el factor principal por el que el SDRM finalmente no se aprobó, en 2003?

No se aprobó porque había varios gobiernos muy importantes que no lo iban a apoyar, y entonces no pudimos conseguir los votos necesarios para sacarlo adelante. La razón, a su vez, era la sospecha de parte del sector privado —los acreedores privados de los países avanzados, principalmente— de que el Fondo lo usaría para prestar cuando la situación de fondo no fuera sostenible hacia adelante. Tenían miedo de que fuera simplemente más dinero y condonación de deuda. Y no estaba pensado de esa manera. Estaba pensado para ayudar cuando los países estuvieran dispuestos a tomar los pasos necesarios para corregir la situación.


Esta nota es parte del especial Te amo, te odio, dame más, por los 70 años de Argentina en el Fondo. Podés leer el resto de las notas acá.

Sueña con una macroeconomía argentina estable. Trabaja para ello como director del área de economía de Fundar. Es licenciado en economía por la UBA y doctor en análisis económico de las universidades de Alcalá y Complutense de Madrid (España). Docente universitario, basquetbolista rústico y padre de dos.