El Gobierno impulsa el librecambio, pero si nos abrimos de forma abrupta e indiscriminada puede traer efectos nocivos sobre el empleo, los ingresos y su distribución.
Las opciones de Milei se bifurcan: sigue con la idea ciega de confiar en tío Donald o acumula reservas para el año electoral. Todas las opciones desembocan en una misma forma.
Mientras el Gobierno celebra estabilidad financiera, la destrucción de pymes en la era Milei ya se asemeja a la época de pandemia. La caída en el consumo es el principal motivo de un fenómeno generalizado en todos los sectores y provincias.
La reforma laboral sólo puede acompañar los ciclos económicos para mejorar o empeorar la calidad del trabajo, no para crearlo. Es necesario discutir, por un lado, costos laborales, creación de empleo e informalidad y, por el otro, el modelo sindical y de negociación colectiva.
El gobierno ratificó las bandas. Pero la sostenibilidad del modelo económico depende de la cantidad de dólares que se consigan para afrontar los vencimientos de deuda y que baje el riesgo país.
¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron con Milei? En dos años de gestión se ve una precarización del mundo del trabajo: asistimos a un crecimiento del autoempleo, de la mano del monotributo y las apps, en desmedro del empleo registrado formal.
Con el frente financiero más calmo, reaparece el debate central: priorizar la compra de dólares, aun a costa de moderar la baja de la inflación, o acelerar el proceso sin fortalecer el colchón externo. ¿O será esta una falsa dicotomía?