Creció la recaudación, ¿pero da respiro?

Aumentó en términos reales por el incremento del pago de Ganancias de sociedades, pero no porque las empresas ganen más, sino porque hace exactamente un año pagaron menos.

Esta semana salió el dato de recaudación de mayo y a primera vista parece que tenemos una buena noticia: con la inflación proyectada en torno al 2,3% (el dato de mayo sale la semana que viene, pero las consultoras estiman entre 2.1% y 2.5%) los ingresos habrían tenido un aumento real del 1,7%. No es moco de pavo.

Pero, antes de festejar, conviene abrir el capó. Spoiler: hay gato encerrado. El chiste está en que las sociedades liquidaron un monto comparativamente más alto que hace un año de lo que debían abonar de ganancias. No es que se estén forrando, sino que cambió la distribución a lo largo del año de lo que venían pagando. Parece un trabalenguas, pero es sencillo si me das unos minutos. Seguime.

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La madre del borrego león

Empecemos ordenando la discusión. Primero, el dato duro: salió el número de la recaudación y se conoció que creció en términos reales (es decir contemplando el crecimiento de los precios, que obviamente te infla la recaudación y te impide saber si el Estado recauda más o menos). Desde hacía rato que venía creciendo por debajo de la inflación, con lo cual la noticia fue bien recibida por el Gobierno.

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

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Segundo, pongamos esto en contexto. Uno de los ejes de la política macroeconómica actual es sostener el resultado fiscal a toda costa. Sucede que para bailar el tango se necesitan dos: en este caso, los ingresos y los gastos. Si los primeros no te acompañan, la única que le queda al Gobierno es ajustar más partidas, lo que tras un ajuste brutal sobre áreas sensibles, muy sensibles e hipersensibles, tiene un costo muy significativo de capital político.

Se sigue entonces que lo mejor que le puede pasar al actual gobierno (y en rigor, prácticamente a cualquier gobierno) es que la recaudación suba. Notá que no es necesario subir impuestos para que esto ocurra: puede pasar que se recaude más con los que ya tenés y con las alícuotas que existen. Te digo más, este gobierno bajó bastante, sobre todo, impuestos a los ricos (como bienes personales) y retenciones.

En síntesis, sube la recaudación mientras que el gobierno no aumenta ni crea nuevos impuestos y mantiene el superávit fiscal (de hecho, algunos números preliminares sugieren que en los primeros meses habría un resultado primario positivo por aproximadamente 0.8% del PIB). ¿Todo Marcha de Acuerdo al Plan (TMAP)? 

Bueno, no tan rápido. La foto de hoy luce muy diferente cuando mirás toda la película. Si mirás mayo en soledad, podés llevarte una impresión equivocada. Pero el acumulado de enero a mayo es más honesto: la recaudación cayó 4,9% real en ese período. Y si sacás los impuestos vinculados al comercio exterior –que dependen del tipo de cambio y de las alícuotas tanto como de la actividad– la caída fue del 3,5% real. Los impuestos domésticos, los que siguen al consumo y al empleo, llevan cinco meses en contracción.

Está claro que, en este contexto, la mejora de mayo representa un alivio. Pero miremos con algo más de detalle porque hay otro dato inquietante que tenemos que considerar.

De qué están hechas las salchichas

En la siguiente tabla se ve la evolución componente por componente, en términos nominales y reales, de la recaudación de mayo de este año. A simple vista, se ven una cantidad enorme de columnas “en verde”, lo que indica que crecen si mirás la variación interanual. En una economía con dos dígitos de inflación este dato es incompleto. Si pasás a la otra columna, que ajusta precisamente por inflación, se llena el panorama de rojos, excepto tres rubros: Ganancias, Combustibles y Bienes Personales. 

Los números en sí probablemente te digan muy poco, a menos que te dediques a cuestiones vinculadas con el tema, así que mejor te muestro el desglose de cuánto aportó cada tributo. En el gráfico se ve, en verde y rojo, si cada ítem creció o cayó en términos reales (columna derecha) y mediante las barritas cuántos puntos porcentuales aportó cada uno de ellos (en términos nominales). 

Por ejemplo, el IVA aportó 6.3 puntos porcentuales, dentro de un total del 35.6, y Ganancias, la estrella de la velada, 20.5 puntos: un montonazo. Algunas estimaciones que andan dando vuelta sugieren que, sin el impulso extraordinario que dio este impuesto, la recaudación habría caído unos 9 puntos porcentuales en términos reales.

Con qué se comen esas salchichas

Si juntás la información que se ve en los gráficos surgen dos cosas: casi todos los rubros de la recaudación caen, menos tres, de los cuales hay dos que pesan poco y nada, Combustibles y Bienes personales (cuya alícuota el gobierno serruchó), y uno que se lleva toda la marca, Ganancias.

La principal razón por la cual la recaudación creció fue el salto monumental que pegó la liquidación de ese impuesto. Sucede que el vencimiento anual correspondiente a sociedades cae en esta época del año y además justo tocó comparar contra una base anormalmente baja.

La cosa es así. Durante un año cualquiera, las empresas van pagando anticipos de Ganancias en función de lo ocurrido en el ejercicio anterior. Cuando termina el año, hacen una declaración jurada y calculan cuánto deberían pagar. Si lo que ya adelantaron no alcanza, les queda un saldo que deben cancelar.

En mayo del 2026 venció el saldo asociado al cierre del 2025. La base era baja porque en el ejercicio anterior, el del 2024, las empresas habían anticipado mucho. Y lo hicieron porque el año 2023 se fijó la obligación de realizar un anticipo extraordinario.

Te lo pongo en números para que se entienda un poco más. Imaginá que durante el 2024 las empresas anticipan pagos de Ganancias por 90 pesos, cuando debían pagar 100 pesos. Cuando llegó mayo del 2025, debieron pagar 10 pesos de diferencia. Si durante el 2025 las empresas anticiparon 50 pesos y sus ganancias no cambiaron, entonces en mayo del 2026 tienen que pagar 50 pesos. La liquidación de mayo se multiplica por 5 (de 10 a 50), pero las ganancias de las empresas no. Lo único que cambió es cómo se distribuyeron los pagos del impuesto a lo largo del tiempo.

El perro que no ladró

Muchas veces lo más interesante es aquello que no pasa. Si entran a una casa y asesinan al dueño, la pregunta más relevante es por qué su perro no ladró. Spoiler: seguramente porque conocía al asesino.

Lo más llamativo, luego del número “inflado” de la liquidación de ganancias de empresas son los ítems que no crecen, como los Derechos de Exportación (mientras tenemos un boom de comercio exterior, el Gobierno bajó las alícuotas a la soja, trigo y el maíz) y los aportes a la seguridad social que, junto con el IVA y el Impuesto al Cheque, te marcan el pulso de la actividad económica: si crecen (en términos reales) indican que la cosa se mueve, si caen, que la calle no viene tan bien.

El IVA es el impuesto que más fielmente sigue al consumo cotidiano. Cada vez que comprás algo, parte de esa plata va al fisco vía IVA. Si el IVA cae en términos reales, significa que el consumo se está enfriando, a contramano de lo que sugiere el relato oficialista. 

En mayo, el IVA neto cayó 8,1% en términos reales interanuales. Es la tercera caída consecutiva. El IVA impositivo –el que mide lo que se factura en el mercado interno– bajó 3,1% real. El aduanero –que refleja las importaciones– se desplomó 18,7% real. 

Mismo mensaje desde otro ángulo: la seguridad social, que depende de los salarios formales del sector privado, cayó 4,6% real. El Impuesto al Cheque –que captura el movimiento de dinero en cuentas bancarias– bajó 3,7% real. Todos los impuestos que siguen la actividad económica real están en rojo.

Hacia un país sin impuestos

El dato de recaudación se debe leer así. Los números mejoran pero la calle todavía no. Esto pone en jaque la política fiscal del gobierno, en un contexto en donde los ajustes caen sobre la parte más delgada del hilo y nos acercamos hacia las elecciones presidenciales de 2027.

Ahora ponete en los zapatos de alguien que tiene que decidir si invierte en pesos o compra dólares. Las mayores chances de que Javier Milei no logre la reelección aumentan las probabilidades de un cambio (aunque no sea radical) de política económica, que incluso el propio presidente podría querer impulsar para mejorar sus perspectivas electorales. Esto, querida persona que lee, se transforma en mayor incertidumbre y es una fuente de tensión sobre la política fiscal, monetaria y cambiaria del Gobierno.

Quiero cerrar con una impresión adicional sobre el contexto en el que se da esta caída de la recaudación. Mientras el FMI le pide al gobierno que recaude más y mejor los impuestos que ya cobra, para sostener el superávit fiscal, el gobierno coquetea peligrosamente con incentivos variopintos para que no paguemos impuestos; o mejor dicho, para que los más ricos (y sus empresas) no los paguen.

Como te decía, para bailar el tango se necesitan dos. Si los impuestos no bailan al compás del 2×4 del equilibrio fiscal, el Gobierno querrá que lo haga el gasto. A esta altura, casi todo lo que se pueda recortar ya no es ni sensible, ni muy sensible, ni hipersensible: es ultrasensible.

Se especializa en macroeconomía pero su interés es el desarrollo del país. Colabora con el área de economía de Fundar. Es licenciado en economía por la UBA y doctor en economía por la Universidad de Massachusetts, Amherst. Docente universitario e Investigador del Conicet.