Víctimas del modelo: la construcción y la industria rebotan, pero no se recuperan
Después de un buen marzo, la suba no alcanza para hablar de revertir una tendencia. El modelo sigue sin encontrar cómo sostener la actividad.
La industria es y será un sector fundamental. Porque aunque a medida que las sociedades se hacen más ricas consumen más servicios, bienes siempre vamos a querer comprar. En la actividad industrial se aloja el grueso de las ganancias de productividad, asociadas a mejoras de procesos, economías de escala, aprendizaje de los trabajadores, etc.
Todo esto viene de la mano de la inversión. Para que los empresarios decidan invertir se necesitan muchas cosas, como bajos costos logísticos, personal capacitado o acceso al financiamiento. Pero fundamentalmente, se necesita poder vender lo que se produce.
Mientras haya capacidad de abastecer a la demanda con las líneas de producción existentes, nadie en su sano juicio va a prometer suculentas inversiones para ampliar la capacidad. Eso sólo se hace cuando hay una perspectiva más o menos cierta de poder colocar lo que se va a producir, por más RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), RIGI al cuadrado o Super RIGI, por ahora, no hay que esperar demasiado de la industria.
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Según el último dato disponible, la utilización de la capacidad instalada en la industria fue de 59,8%. Para que se entienda mejor, ese porcentaje es la fracción de la capacidad productiva máxima que puede tener la industria laburando a todo motor. Es normal que esté por debajo del 100%, porque un empresario siempre se reserva un margen para atender los picos de la demanda. Como estos picos son excepcionales, el promedio es más bajo que el máximo de producción posible con las fábricas trabajando a triple turno.
¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te pedimos que nos des una mano para seguir.
SumateEn algunos sectores, como metalmecánica, caucho y plástico, y en textiles, la utilización de la capacidad está en torno al 40%, un nivel similar en promedio a los de la industria durante abril de 2020, el peor momento del confinamiento por el covid.
Te dejo un cuadro comparativo por gestión acá abajo para darte un panorama más completo. Desde Cristina Fernández de Kirchner hasta hoy, la utilización promedio fue bajando gestión a gestión. Javier Milei tiene el promedio y el techo más bajo de todos. No tiene el piso más bajo porque a Alberto Fernández le tocó la pandemia.
| Gestión | Capacidad instalada promedio | Techo | Piso |
| CFK | 74,1% | 84,1% (11-11) | 62,7% (01-15) |
| Macri | 63,2% | 69,2% (11-17) | 56,2% (01-19) |
| Alberto Fernández | 62,8% | 69,6% (08-22) | 42,0% (04-20) |
| Milei | 57,6% | 63,0% (10-24) | 53,2% (03-24) |
Gil trabajador
Al igual que lo que pasa con la industria, vemos que el dato de actividad del sector de marzo fue bueno, pero conviene mirar un poco más allá de la foto. Los puestos registrados privados en construcción crecieron 1,1% interanual en febrero y la superficie autorizada por permisos de edificación cayó 5,3%. Además, según datos de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland, los despachos de cemento retrocedieron en abril.
A la construcción le pasa, con sus especificidades, lo mismo que a la industria. Con la diferencia de que la primera está protegida de la competencia importada, porque es una actividad muy difícil de trasladar, empezando porque el cemento pesa demasiado para viajar en barcos (medio de transporte en el que se traslada el grueso del volumen del comercio internacional de bienes).
Un hecho que sin duda pegó y mucho fue el parate de la obra pública. En los dos años que lleva de gestión, Milei invirtió, en promedio anual, un quinto de lo que se venía gastando, apenas un 0,31% del PIB, contra 1,58% y 1,59% que fue la cifra de Mauricio Macri y Alberto Fernández, respectivamente. Queda muy por debajo del 2,66% promedio durante las dos presidencias de CFK. Así, el 2024 y el 2025 son los dos años con el nivel más bajo de obra pública de las últimas dos décadas y media.
La rentabilidad en la construcción para el sector privado tampoco viene bien. Cuando una empresa hace un edificio, se queda con un activo (una torre de veinte pisos en Belgrano), que tiene un cierto precio en el mercado; como sospecharás, cotizan en dólares. Este precio se compara con el costo de hacer una unidad desde cero.
Entonces, si el costo de la construcción crece mucho y los precios no tanto, probablemente se mueva el segmento de unidades ya construidas, pero no se hagan unidades nuevas, porque no es negocio. Al reverso, si sube el dólar y quedan planchados los costos, hay luz verde para construir.
Con el dólar planchado y una inflación que se resiste a bajar, el precio en dólares promedio por metro cuadrado en CABA de una unidad nueva se encuentra en torno a los 3100 dólares, mientras que el costo de la construcción se sitúa en 1700 dólares por metro cuadrado.
Para poner estos números en perspectiva, te cuento que, en general, la rentabilidad del sector se ha mantenido comparativamente baja durante toda la gestión Milei (y también con Macri, pero había más obra pública), particularmente si consideramos el nivel que tenía durante Alberto Fernández. Acá abajo te paso otro cuadro comparativo para ilustrar.
| Gestión | m² promedio unidades a estrenar (CABA en USD) | Costo de la construcción promedio (en USD) |
| CFK | 2162 | 1260 |
| Macri | 3159 | 1385 |
| Alberto Fernández | 2923 | 755 |
| Milei | 3062 | 1390 |
Así como la capacidad ociosa es el talón de Aquiles de la industria, los costos altos, los precios de venta que no acompañan y el parate de la obra pública son la kryptonita de la construcción.
El problema es que si la industria y construcción enfrentan un panorama complejo, es poco lo que se puede esperar para los ingresos. No queda más remedio que prenderle una velita al crédito.
Adults in the room
Sobre el tema crédito me quiero detener, primero porque es vox populi que la cosa viene mal, y segundo porque hubo una afirmación del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, que no pasó desapercibida. Dijo en la TV Pública: “La gente se sobreendeudó a tasas muy altas, pensando que la inflación iba a licuar las deudas y eso no pasó”, ”, en alusión al crecimiento de la mora de los hogares.
Hay muchas cosas que aclarar sobre un tema importante. Lo primero es qué quiso decir Caputo. Si tomás un préstamo a una tasa de interés ya pautada, el costo de devolverlo depende de cuánta inflación hay entre que te dan la plata y la devolvés. Cuanta más inflación, más se licúa tu deuda. A eso iba el ministro.
Lo segundo es si es cierto que los préstamos se tomaron esperando una tasa de inflación más alta de la que finalmente hubo. Si consideramos que las tasas de interés en rubros con alta morosidad tienen al menos dos ceros, la idea es curiosa. ¿Cuando un hogar se endeudó al 200% anual estaba esperando una tasa de inflación del mismo orden de magnitud? Raro con tasas que anualizadas están en torno al 30-40%.
Difícilmente podamos atribuirle a las familias una conducta racional y calculadora, más propia de un trader que de un ciudadano a pie, cuando uno sospecha que el trasfondo es que la plata no les alcanza y en muchos casos no hay otra opción.
No alcanza, precisamente porque a sectores como la industria y a la construcción no les va bien. Por más Vaca Muerta que haya, el laburo y la guita que los laburantes puedan juntar en esas actividades no es suficiente para sostener un país tan grande como Argentina.
Lo tercero es que el propio Gobierno viene apostando al crédito como uno de los motores de la actividad. Con la mora en alza y sin recuperación de ingresos, se complica estimular el crédito. No hay entonces buenas noticias para el consumo y para la actividad económica en su conjunto. Attenti, odiadores seriales de John Maynard Keynes.
Del camionero
Repasamos, consumo no, inversión te la debo (salvo Vaca Muerta), obra pública “afuera”. ¿Qué motor le queda a la economía en el corto plazo? Las exportaciones. Que, menos mal, vienen bastante bien, porque si no, además de un panorama de actividad e ingresos con el freno de mano, también tendríamos una crisis cambiaria o al menos un dólar más alto.
La industria y la construcción rebotaron, y eso es una buena noticia. Pero siguen siendo, al mismo tiempo, dos víctimas bastante claras del modelo. La industria, amenazada por una demanda que viene floja, la apertura económica y la existencia de mucha capacidad ociosa. La construcción, golpeada por el parate de la obra pública, costos altos y precios de las nuevas unidades que no ayudan.
El Gobierno seguramente va a salir a festejar los datos buenos de estos meses, pero la pregunta sigue siendo obvia: sin esos sectores funcionando de verdad, y sin razones a la vista para que lo hagan en el futuro inmediato, ¿quién va a poner en marcha la parte de la economía donde está el grueso de la producción y el empleo?
En un país tan ansioso como el nuestro, de cara a un año electoral y con un gobierno metido en su propio barro político, esperar también tiene costos; mientras, la economía tiene que arrastrar con un yunque tan pesado como el heavy metal.