Milei diserta sobre inflación y desempleo, Caputo lidia con la actividad y los precios

Mientras el presidente da una clase en una universidad privada de élite sobre economía, el ministro hace malabares para que no suba todo.

La educación te da mucho más que un conjunto de saberes. Te forma como individuo, te relaciona con pares, abre puertas y ayuda a progresar. Todo esto es vox populi. Pero no es lo único. Además, te permite indicarle a tus posibles empleadores qué tan bueno sos para esforzarte en un potencial laburo. 

En economía esto se llama signaling: el título actúa como señal que le permite a tus jefes elegir entre los muchos que, como vos, aspiran a un puesto. 

Ponete en los pies de un gerente de recursos humanos. Tiene que entrevistar mil personas que no conoce. Un egresado de una universidad con buena reputación llega a una entrevista laboral con una etiqueta que dice “ya fui preseleccionado por una institución exigente, pude superar exámenes, lo que significa que tuve que estudiar y aprender cosas, muchas que no se aplican directamente a lo que voy a hacer y otras que directamente no me interesan ni me importan; así y todo, después de algunos años, me recibí”.

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Lo importante de este fenómeno es que la educación es un esfuerzo con el que demostrás tus habilidades, en alguna medida independientemente del contenido de lo que estás aprendiendo.

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

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La cosa no termina acá. Los compañeros de una institución educativa (máxime si es de élite) son futuros gerentes, consultores, funcionarios. Las relaciones que se forman ahí tienen valor económico concreto: un llamado, una recomendación, un dato de mercado, cosas que te van a ayudar en el futuro a que te vaya mejor en el trabajo. Esas redes no se construyen en cualquier lugar.

Nuestro país es la prueba viva de que incluso en economías de no tan altos ingresos, la movilidad social existe. Con mayor igualdad de oportunidades, todos los que se esfuerzan pueden insertarse más fácilmente en el mundo laboral.

Pero cuando el Estado desfinancia activamente los medios que hacen posible que los que tienen menos oportunidades se eduquen, lo que queda en pie son los mecanismos que refuerzan la desigualdad (te lo hago fácil: si tenés guita es más fácil hacer más guita).

Is There Anybody Out There?

Para llegar a estudiar en un lugar como San Andrés, alguien tuvo que ir antes a un colegio privado de nivel que lo preparara para la universidad, lo que requiere un buen pasar económico. Difícil para las familias de los dos tercios de los trabajadores jóvenes en Argentina que se desempeñan en la informalidad en el primer semestre de 2026, muchos de los cuales además están por debajo de la línea de pobreza. 

Mientras tanto la universidad pública —la mejor chance de acceso que tienen los sectores populares de acceder a educación superior— sufre de un desfinanciamiento sin precedentes.

El presupuesto universitario nacional acumula una caída real del 41,6% respecto de 2023. Los salarios docentes cayeron un 34% en términos reales entre noviembre de 2023 y abril de 2026. Hoy, la mayoría de los cargos universitarios —incluidos todos los de dedicación simple— perciben salarios por debajo de la línea de pobreza. Algunos, por debajo de la indigencia. 

Este cuatrimestre hubo dos carreras de Ciencias Exactas y Naturales que directamente no arrancaron. Las Becas Progresar tienen un presupuesto que cayó más del 95% en términos reales respecto a 2023.

Tan fuerte es el ajuste, que el propio FMI en su revisión periódica de la economía argentina (página 19) puso, en un hermoso cuadrito donde figuran algunas medidas de política fiscal, los 0.2 puntos del PIB que demandaría la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario. Es plata que todavía no se gastó, pero el Fondo, por prudencia, asume que se va a gastar; una forma implícita de reconocer que al Gobierno se le pasó la mano (o la motosierra).

Los datos del recorte se amontonan y mientras el gobierno mantiene el ajuste y hace todo lo posible por no cumplir con la ley, la inflación sigue alta y la actividad da señales ambiguas. Sobre esto trató la clase de Milei. Seguramente querés saber si tiró alguna solución. Seguime.

Another brick in the wall

El presidente no solamente fue a dar clases a una privada top. Además disertó sobre un tema de candente actualidad: desempleo e inflación.

Habrás escuchado a los nerds económicos revolear conceptos como “neutralidad del dinero” o “trade-off entre inflación y desempleo”. Voy a tratar de hacerlo fácil, con el consecuente riesgo de sobresimplificar. La neutralidad del dinero es una de las ideas centrales del pensamiento económico, y me animaría a decir que en parte es lo que el Gobierno tiene como brújula. Dice, en su versión más simple, que si el Banco Central duplica la cantidad de dinero, los precios se van a duplicar, pero la economía “real” —cuánto se produce, cuántas horas se trabajan y en qué sectores, cuánto se invierte, etc.— no va a cambiar. Como si el dinero fuese una pantalla que oculta lo que de verdad importa.

Esta idea fue muy criticada por el archinémesis de Milei, nada más y nada menos que John Maynard Keynes. Para el economista inglés, la neutralidad del dinero era un caso muy pero muy particular que se da en condiciones especiales. Y no podía ser de otra manera: en la época de Keynes (en rigor, en toda la historia del capitalismo) las crisis F-I-N-A-N-C-I-E-R-A-S brotan como hongos tras la lluvía. Obvio que la moneda importa.

Si bien a los argentinos nos suena razonable que emitir muchos pesos hace subir los precios sin que la cosa mejore, es muy diferente cuando la cantidad de dinero baja; lo más probable es que la economía entre en una recesión si a las autoridades se las va la mano o si hacés cosas desprolijas (como la decisión de eliminar las LEFIs, un capricho de Milei al que se opuso hasta su propio equipo económico). Una cosa es empujar contra una pared y otra muy distinta es echarse para atrás.

Curiosamente, los austríacos a los que Milei sigue, también son muy críticos de la idea de neutralidad. No porque piensen, como Keynes, que hay que usar la política económica para empujar hasta que la economía alcance un buen nivel de actividad y empleo, sino porque piensan que es imposible dejar de empujar (incluso con la frente contra los ladrillos) y que al hacerlo, están sentando las bases para una crisis más adelante. “Así de torpe es el Estado y los políticos ¿les vas a dar el control de la moneda?”, te dirían.

We don’t need no thought control

En los años 20 y 30, durante los cuales escribía Keynes, la solución a los problemas económicos era obvia y había costos muy serios en no adoptarla. Como no había inflación (de hecho había deflación, es decir los precios caían) y la economía estaba lejos de la pared, había que empujarla. No hacerlo significaba quedarse de brazos cruzados frente a la peor crisis del capitalismo moderno. Había descontento, brotes de fascismo y conflictos en y entre países. El mercado no daba señales de poder regularse por sí mismo, por lo que practicar el laissez-faire mientras Hitler avanzaba sobre Europa no parecía una buena brillante.

Volvamos a la actualidad. Hoy el gobierno se enfrenta a un problema mucho más difícil de resolver que el que tenían Keynes y sus contemporáneos: con la suba del precio del petróleo, la pared se nos vino encima y entonces hay que elegir entre tirarse un poco para atrás para que no se escape la inflación, o seguir empujando, para que no se nos caiga la economía real.

Esto, mi querido lector, es lo que llamamos un “shock estanflacionario”: más recesión con más inflación. Con una salvedad importante. La pared se mueve de forma muy despareja: hace rato se viene alejando para el agro y la energía, pero se viene encima para la industria, la construcción y el comercio. Por eso de la mano de la soja y Vaca Muerta llegan buenas noticias, pero el resto de los sectores perdedores (que son empleo intensivos) sufren de lleno la combinación de alta inflación y poca actividad.

No vayas a ver la clase de Milei buscando una solución sin costos para estos problemas, porque en este tipo de caso rara vez la hay. Pero su disertación nos deja algo. Al ir a San Andrés, Milei eligió un escenario que dice más de su modelo que cualquier explicación técnica. Nos está convirtiendo en una sociedad en la que la educación es para unos pocos que tuvieron la suerte de nacer en determinada familia.

Se especializa en macroeconomía pero su interés es el desarrollo del país. Colabora con el área de economía de Fundar. Es licenciado en economía por la UBA y doctor en economía por la Universidad de Massachusetts, Amherst. Docente universitario e Investigador del Conicet.