Marcelo D´Alessandro: “Hay que dar la discusión sobre la legalización de algunas drogas”

Para el ministro de Justicia y Seguridad porteño, “todo lo que está alrededor del narcotráfico es violencia” y considera que la pandemia generó mayor demanda y poca oferta.

El ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Marcelo D’Alessandro, cree que es lógico que exista comercialización de drogas en su territorio porque se trata de la capital del país y eso implica alto movimiento y un mayor poder adquisitivo de sus habitantes. “Tenemos que dar la discusión de la legalización”, plantea el funcionario y pide una “lucha articulada” en todo el país, entre Estados provinciales, nacional, y el Poder Judicial.

Aunque es difícil mensurar en cualquier distrito el nivel de violencia vinculada al narcotráfico, la tasa de homicidios dolosos suele usarse como parámetro porque son aquellos que ocurren con clara intención. Las autoridades porteñas celebran que, desde 2016, ese territorio tiene una tasa menor a 5 homicidios dolosos cada 100.000 habitantes, lo cual constituye el período más prolongado en ese rango desde que se inició la serie de datos, en 1995. Igual de cierto es que la cifra no fue siempre en descenso desde entonces: en 2019, la tasa era de 3,32 y el primer año de la pandemia subió a 4,13, es decir, un 24 por ciento más. Pasó de 102 a 127 víctimas fatales.

El segundo año de la pandemia, 2021, la cifra fue apenas superior a la de 2019 pero inferior a 2020: hubo 103 muertos en homicidios, o sea, una tasa del 3,35. D´Alessandro le detalla a Cenital su mirada sobre lo ocurrido a este respecto durante la invasión mundial del Covid-19 -”generó más demanda y poca oferta”, dice- y, a diferencia de otras voces que también trabajan este asunto, como el exministro de Santa Fe Marcelo Saín, considera que “todo lo que está alrededor del narcotráfico es violencia”.

¿Cómo describiría lo ocurrido con ese mercado en la Ciudad durante la pandemia?

Es un negocio tremendo. La movilización restringida que había en ese momento generó un ámbito mucho más propicio. Cerraron los colegios, cerraron los clubes, cerraron las sociedades de fomento. Era imposible creer que una familia numerosa iba a estar toda encerrada en una casa chica. Y hay muchos pibes que empezaron a volcarse a situaciones que antes no.

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¿A vender o a consumir?

Las dos cosas. Una cosa te termina muchas veces llevando a la otra, según la edad que tengan los pibes. El abordaje a esta problemática tiene que ser multidimensional. Con la policía sola, no arreglás el problema. Es un tema que necesita políticas de Estado. No podés pretender que un policía se enfrente a un pibe de 15 años con un arma en la cintura que viene consumiendo paco desde los 8. Un policía no fue formado para eso. Ahí tiene que haber política y te das cuenta de la ausencia de políticas. Es importante un abordaje integral. Al barrio 31, por ejemplo, nosotros no sólo llevamos el Ministerio de Educación o la Secretaría de Integración: hubo urbanización y un proyecto policial sostenido a largo plazo, que genera un vínculo de proximidad y cercanía. Y también estuvo la Justicia local.

Cuando cierran un búnker de drogas, ¿no se abre otro en otro lugar?

Sí, lo que pasa es que nosotros en la Ciudad obligamos a cambiar la lógica. Vamos por los búnkeres porque hay comercialización. El acopio no se da en la Ciudad de Buenos Aires por la gran presencia policial que hay. En el búnker agarrás poca logística pero, cuando hay un tipo que vende en un búnker, terminás en un allanamiento en una casa donde tiene dos panes y terminamos en Misiones, identificando un camión con 100 kilos de cocaína. Cuando tenés como enfoque un objetivo en común, con políticas de Estado, una policía local termina en los dos ladrillos de cocaína y, después de la frontera, tendría que ser la fuerza nacional la que chequee los camiones, que es la que tiene el despliegue.

¿Y cómo se aseguran que eso no se vaya a otro barrio?

No, no lo asegurás, lamentablemente. Si vos no tenés una decisión política de una lucha articulada, esto no se radica. Esto lo que hace es irse para otro lado, es el efecto del globo: vamos a apretar y va a salir por otro lado. Cuando éramos gobierno nacional, trabajamos de tal forma que disminuyeron los homicidios en Rosario (N. de la R. según cifras oficiales del gobierno de Santa Fe, bajaron los homicidios dolosos en los primeros dos años de gestión nacional de Mauricio Macri: de 205 en 2015 a 126 en 2017 y subieron a 166 en 2018 y 135 en 2019, todavía más bajo que el número inicial). Se trabajaba en forma articulada con las fuerzas federales. Es lógico que la comercialización sea en la Capital Federal, por el poder adquisitivo, el movimiento… Pero no somos una isla.

¿Podría existir este negocio sin complicidad policial?

Por supuesto que tenemos policías buenos y policías malos, como en todos los trabajos. Pero, cuando vos tenés mecanismos de control como los nuestros, a los tipos se la complicás. Eso hay que profundizarlo. ¿Por dónde entra la droga? Agua, tierra o aire. ¿Por qué no hay escáner en la Hidrovía Paraná-Paraguay? El mundo hoy cuenta con esas tecnologías. ¿Las rutas? Nos cansamos de decomisar, como Policía de la Ciudad, camiones que tienen los precintos de la Aduana. Hay cuestiones que ya se saben, como cuándo es la época de cosecha de marihuana y cómo va a entrar. Pero, si peleás de forma individual, es muy complicado.

Sin embargo, ya casi nadie en el mundo espera que se dejen de consumir drogas, incluso ésa es la perspectiva judicial.

Está bien, pero es como cuando me dicen que yo tengo una política criminal que va contra el consumidor. Todo lo que está alrededor del narcotráfico es violencia. Y después también tenés cómo se lo toma la Justicia. Porque vos agarrás a una persona con 20 pastillas, te dice que son para consumo personal y la Justicia te la libera. Para mí, 20 pastillas no es consumo personal. Además, en ningún barrio con un búnker de venta se evita la violencia. Termina habiendo violencia sí o sí. ¿Se va a erradicar el consumo? No. ¿Tenemos que dar la discusión de la legalización o no? ¿De qué tipo de drogas? Pudimos discutir el aborto, pero no nos animamos a discutir la legalización. La discusión es de salud y de educación, no de seguridad. No tengo dudas de que hay que dar esa discusión. Nosotros cerramos un búnker que debía tener un metro y medio por dos metros, La Escalerita, en la 31: 300.000 pesos por día vendía ese lugar. ¿Cuál es la lucha que tenés contra la maquinaria de generar dinero de ese tipo? Si no tenés la decisión política, con un marco legal de verdad, es muy difícil. Después es fácil decir “la policía tiene connivencia”: o le atamos las manos o le pedimos que regule la calle. Yo no quiero criminalizar al consumidor. Sí necesito los datos para saber cómo está penetrada la droga, qué tipos de droga hay en nuestra sociedad.

¿Qué se imagina cuando piensa en el debate por la legalización?

Primero, tendríamos que dar una discusión mucho más profunda, si estamos en condición de darla, respecto de cuáles son las drogas que no causan un daño, que sé yo, la marihuana. Lo acaba de hacer nuestro vecino Uruguay.

¿Y cómo se podrían analizar los datos de Naciones Unidas que dicen que la mayoría de los consumidores de droga del mundo no tienen un consumo problemático?

Lo que pasa es que esa persona terminó comprando pero todo lo que generó que esa dosis llegue ahí sí tiene un grado de violencia y problemática que afecta a la sociedad. Hace poco, internamos a una piba que consumió una pastilla, supuestamente en una discoteca.

¿Entonces lo que falta son políticas de prevención de daños?

Competimos con Netflix. Nosotros hemos desbaratado la banda de un farmacéutico que había diseñado una pastilla a la que le había puesto no sé qué que les generaba un grado de adicción a los pibes y las vendía por fortunas. El tipo había comprado un hotel en Brasil, se estaba por mudar. Nosotros miramos con mucha preocupación el fentanilo. Vivimos no hace mucho los 24 muertos que hubo en el conurbano por la droga adulterada. Es un mercado muy complejo para tomar medidas hacia el espasmo coyuntural. Primero, tenemos que controlar la violencia que generan esos nichos y después ver.

O sea, ¿regular?

No es regular. Si hoy tenés pibes que ofician de sicarios financiados por el narcotráfico en Rosario, ¿a cuánto estamos acá? Son 300 kilómetros. Entonces, cuando tenés presencia del Estado, yo no le diría regular, empezás a controlar la situación. ¿Sacás la droga de la calle? No, no te alcanza. Necesitás políticas mucho más profundas, que no las tomás sentándote con un ministro y hablando de un pedacito de conocimiento que él tiene de una situación específica. Hay que dejar de verlo con una mirada netamente policial, que es importante pero mucho más importante es el marco de políticas de Estado. Si pensamos que el narcotráfico solamente lo vamos a solucionar con la policía, arrancamos mal.

¿Hay que discutir la Ley de Drogas?

No tengo ninguna duda. Acá hay algo que nos cuesta muchísimo a los argentinos y nos pasa lo mismo con la Ley Penal Juvenil. Sabemos que existe el problema, pero miramos para el costado, barremos la problemática abajo de la alfombra. Hoy nos rige, en 40 años de democracia, un decreto de Videla. Hay más de cien proyectos para discutir qué hacemos con los pibes y se van de un extremo al otro porque lo primero que dicen es que hay que bajar la edad de imputabilidad. Más allá de que yo piense que sí, no pasa por ahí. Bajando la edad de imputabilidad, no solucionás nada. Esos pibes no son peligrosos: están en peligro y van a terminar siendo peligrosos porque matan o mueren en un enfrentamiento. ¿Cuántas alertas tempranas nos dieron y no hicimos nada?

¿A qué político conoce que esté dispuesto a dar la discusión sobre las drogas?

Horacio (Rodríguez Larreta) estoy convencido de que la daría con todos los sectores.

¿Y cuál es su plan?

No, primero se tiene que sentar con todos los sectores.

Hace un par de meses avisaron que al día siguiente el jefe de Gobierno iba a ir a “cerrar en Zavaleta un búnker de venta de droga”. O sea, una puesta en escena con aviso.

No, nosotros hicimos pie con un programa específico, con una planificación, como en la 31 o la 21.24.

Hay barrios populares donde los vecinos ya no saben cómo avisar que hay tiroteos todos los días.

No es una ciudad de delitos cero y esto no se hace de un día para el otro. No es lo que me dicen a mí. Hay lugares donde antes ellos no podían entrar y hoy hay un despliegue. Hoy tenemos un centro de monitoreo en la villa 21.24, en Zavaleta. Desde que estamos nosotros, disminuimos los homicidios dolosos. Quizás este año cerremos en menos de tres cada 100.000. ¿Se vende droga? Y sí, pero cerramos 55 búnkers. ¿Hay tiroteos? Y sí, obvio que hay. En Pompeya, para robarle, mataron a un tipo, un fletero, que acompañaba a la esposa a tomarse el colectivo: cinco tiros en la cabeza le metieron. Eso es consecuencia de la droga. Para nosotros está en la agenda, nos hicimos cargo de la situación. Hay que mirar las cosas como son y no como somos. Si mirás como sos, con sesgo político, la vas a mirar de otra manera.

¿Usted dice que las organizaciones barriales denuncian esto porque ustedes son macristas?

Totalmente, hay muchas con un sesgo político.

¿Dice que no existe ese nivel de violencia en barrios populares, con un tiroteo por día?

¿Un tiroteo todos los días? Te puedo asegurar que no. Porque nosotros también hablamos con los vecinos. Tendrías un Rolando Graña haciendo móviles todos los días. ¿Vos ves en la Ciudad de Buenos Aires una ciudad en la cual tengas miedo de quedar en medio de un tiroteo?

Yo no vivo en un barrio vulnerable.

Hay delitos, hay homicidios dolosos. Pero un tiroteo todos los días, no.

¿Se sientan con el Gobierno Nacional para armar políticas conjuntas?

Yo tengo buen diálogo con todos. Con Aníbal (Fernández, ministro de Seguridad), tengo excelente relación y diálogo, pero no hemos articulado políticas sobre narcotráfico, no hay una mesa.

Me siento periodista desde antes de terminar la escuela, cuando colaboraba en programas de Rock & Pop y Supernova. Trabajo en Información General; salud y educación son mis temas preferidos. Hice tele de chica y madrugué siete años para el aire de Metro. Hoy soy conductora de Ahora Dicen en Futurock. Trato de no ser tan porteñocéntrica.