La Scaloneta debutó con victoria en la Copa América 2024

En un comienzo controversial, tras una inesperada apertura religiosa a cargo de un polémico pastor evangélico y un estadio imponente pero con mal césped, Argentina derrotó 2-0 a Canadá.

El miércoles pasado, a solo horas del inicio de la Copa América, un apagón dejó sin luz a todo Ecuador, que era la sede original del torneo (renunció en 2022 por una situación social de emergencia). El blackout, la interrupción total del suministro de energía eléctrica que sufrió Ecuador, fue acaso la confirmación de que la Copa América de 2023 debía resignar soberanía sudamericana y venderse a Estados Unidos, negocio formidable porque allí, en la nueva casa de Leo Messi, se jugará el Mundial 2026. Eso sí, la apertura, triunfo anoche de la Scaloneta 2–0 ante Canadá en Atlanta, sufrió el sello Made in USA. El único país que sigue llamando al fútbol con el nombre de soccer.

Alejandro Domínguez, presidente paraguayo Siglo 21 de la Conmebol (el del Siglo 20, Nicolás Leoz, duró casi treinta años) permitió primero que la Copa tuviera anoche una inédita e insólita apertura religiosa. Su compatriota Emilio Agüero Esgaib, pastor evangélico de la iglesia “Más que vencedores”, enemigo del aborto y los trans, un excampeón de karate y kickboxing, habló de Dios desde el centro del campo (“Hoy soltaremos al león”, había avisado horas antes en sus redes sociales). Habló acompañado por Adam Pearce, un célebre excampeón de lucha de Estados Unidos, de combates famosos, como una serie de siete peleas que libró en 2013 llamada “Seven Levels of Hate” (Siete Niveles de Odio). Todo a tono: en todo el estado de Georgia se permite el porte de armas sin licencia y en el estado cercano de Luisiana acaba de legislarse la exigencia de exhibir los Diez Mandamientos en las aulas públicas. “Si quieres respetar el estado de derecho –dijo el gobernador Jeff Landry- tienes que empezar por el legislador original, que fue Moisés”.

Creíamos que el soccer volvería a ser fútbol apenas comenzara a rodar la pelota. Pero la pelota rodaba lento anoche en Atlanta. “Cancha lamentable”, se quejó Cuti Romero, figura del triunfo argentino, junto con Rodrigo De Paul. “Hacía seis meses que sabían que jugaríamos aquí y cambiaron el césped (sintético) hace solo dos días”, explicitó el DT Lionel Scaloni. Las crónicas desde Estados Unidos contaron maravillas del Mercedes Benz Stadium, futurista, icónico, sostenible, techo retráctil que se abre en ocho minutos y se cierra en siete, más de 70 mil asientos (colmados anoche), siete años de construcción y un costo de 1.600 millones de dólares. Pero faltó el césped. Cuando era sintético era ideal acaso para los Atlanta Falcons (equipo de football americano), pero este artificial improvisado fue enemigo anoche para la selección argentina (“campeona mundial de soccer”).

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El imponente Mercedes Benz Stadium.

El Dios invocado en la previa por el pastor paraguayo y el luchador yanqui salió a la cancha con música inolvidable de “Life is life”. Pero no estaba, claro, Diego Maradona, quien, hace justo treinta años, fue echado de Estados Unidos por una puerta lateral, doping en pleno Mundial de 1994, por una cantidad de seudoefedrina que hoy ya no es considerada ilegal. Pero sí lo era entonces para la FIFA de Joao Havelange, que le había dado el Mundial a Estados Unidos, pese a que el país del soccer ni siquiera tenía entonces una Liga nacional. Ese Mundial 94 sigue siendo hoy el mejor negocio de la FIFA: estadios llenos (3,6 millones de entradas vendidas), TV record, grandes marcas.

Paradójicamente, fue un Mundial ignorado en casi todo el país. Pero no para su población latina (hoy más de 63 millones de personas). Para nosotros, USA 94 fue el Mundial de “Nos cortaron las piernas”. Para Brasil fue la conquista de una nueva Copa. Y para los fanáticos del fútbol dos postales irónicas: 1) Diana Ross fallando un penal en el show de apertura y 2) miles de hinchas esperando en la cancha tras el debut de Estados Unidos 1–1 contra Suiza, convencidos de que habría desempate, pues la cultura local decreta ganadores y perdedores. Imposible salir empatados. Hoy el fútbol, o el soccer, ya es un negocio en expansión en Estados Unidos. Tanto que el presidente Joe Biden aprovechará su disputa como parte de su campaña electoral contra Donald Trump, con vistas a las elecciones del 5 de noviembre. Y allí está Messi, que en sus últimos años ayuda a impulsarlo. Resulta difícil imaginarse que, mucho más liviano como está hoy, Leo no siga allí cuando se juegue el Mundial 2026. Apple TV, nuevo gran sponsor del fútbol Made in USA, no lo permitiría.

Julián «La Araña» Álvarez celebra el primer gol del partido.

La selección de Scaloni cumplió anoche un debut raro: podría haber goleado 4–0 a un rival combativo pero claramente inferior. Sin embargo, quedó a merced de un posible 1–1 hasta minutos antes del final. La habitual insoportable e interminable previa mediática del debut (días enteros de la TV transmitiendo desde Estados Unidos) especuló entre sus decenas de reiteraciones el debate sobre quién sería el 9 elegido por Scaloni: si Julián Alvarez o Lautaro Martínez. Un lujo paradójico: dos grandes centrodelanteros, pero ambos en crisis de gol con la selección. Anoche (así suele ser el fútbol) ambos fueron los autores de los goles. Primero Julián (que no se cansa nunca de correr) y luego Lautaro, tras gran asistencia de Messi, y que unos minutos antes había fallado una situación increíble. Fue uno de los cuatro mano a mano claros que desperdició la selección, dos de ellos a cargo de Messi, que estuvo participativo, pero sin su finura habitual.

Lautaro Martínez metió el segundo. Fue un golazo a puro toque.

Argentina, juegue bien, mal o regular, es siempre un equipo serio. Es la selección número uno del mundo y asoma como favorita a repetir el título, aunque Brasil, Uruguay y Colombia también pisan fuerte. Argentina (“difícil el análisis en una cancha tan mala”, dijo Scaloni) reiteró en el debut cierto déficit en ambos laterales defensivos (anoche Nahuel Molina y Marcos Acuña), el 5 no luce firme (volvió Leandro Paredes allí) y no está claro si Ángel Di María (en su promocionado “Last Dance”, pues se retira de la selección tras la copa) seguirá siendo titular. Preguntas que el show mediático seguirá haciéndose hasta su próximo partido del Grupo A, el martes ante Chile en otro estadio modernísimo, el MetLife de Nueva Jersey, para 82.500 personas, ya con césped aprobado y sin pastores previos. Y con Messi otra vez en cancha. Y la esperanza de que siga allí hasta la final del 14 de julio en Miami, cerquita de su nueva casa.

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Es periodista desde 1978. Año de Mundial en dictadura y formidable para entender que el deporte lo tenía todo: juego, política, negocio, pueblo, pasión, épica, drama, héroes y villanos. Escribió columnas por todos lados. De Página 12 a La Nación y del New York Times a Playboy. Trabajó en radios, TV, escribió libros, recibió algunos premios y cubrió nueve mundiales. Pero su mejor currículum es el recibo de sueldo. Mal o bien, cobró siempre por informar.