Elecciones en Uruguay: ¿vuelve la izquierda, nomá?
Yamandú Orsi aparece en los sondeos como el favorito a ocupar la Torre Ejecutiva, pero no canta victoria. Las chances de un ballotage y el plebiscito de la discordia.
Mañana domingo, Uruguay renovará casi la totalidad de su sistema político. Digo casi porque siempre dejan para unos meses posteriores las elecciones departamentales y municipales, que en este caso se celebrarán el 11 de mayo del año próximo. En estos comicios generales salen a la cancha la presidencia, la vicepresidencia, los 30 miembros de la Cámara de Senadores y los 99 de la de Representantes. Este país no tiene renovación parcial legislativa, así que quien gana sabe si va a poder gobernar solo o si va a tener que negociar ley por ley con otros partidos políticos. Así es por los cinco años que dura el mandato popular sin reelección presidencial. Estabilidad ante todo.
Esta carrera hoy se reduce a dos nombres, con un tercero que viene haciendo algo de ruido divertido (por momentos). Todos salieron de las internas que se celebraron en junio, sobre lo que te conté en esta entrega. El candidato con todas las miradas encima es la nueva cara del Frente Amplio, Yamandú Orsi, intendente de Canelones. El partido/coalición de centroizquierda viene de un quinquenio opositor, pero unido y con ansias de volver al poder. Lo acompaña Carolina Cosse, Intendenta de Montevideo que perdió la interna frenteamplista y fue elegida para sumarse como vice.
Enfrente se para defendiendo al oficialismo de centroderecha Álvaro Delgado, exsenador y ex representante nacional por el Partido Nacional, además de secretario de la Presidencia hasta diciembre del año pasado. Delgado ganó las internas blancas, pero no eligió a ninguno de los perdedores: optó por Valeria Ripoll, quien fuera la líder del sindicato de empleados municipales de Montevideo (ADEOM) y con un paso por el Partido Comunista. Lo que fue, sin dudas, una de las pocas sorpresas que tuvo la campaña.
El otro asunto es el tercero en discordia, algo que pude ver con mis propios ojos por unos días que estuve en Montevideo. Se trata de Andrés Ojeda, un personaje con escasa trayectoria política previa que solo se reduce a un período como edil en la Junta Departamental de Montevideo y que ganó la nominación presidencial en el Partido Colorado. La singularidad del caso viene porque rompió con todos los estereotipos de un espacio político que, histórico como pocos, no suele estar acostumbrado a campañas electorales así, así y así. De vice va Robert Silva, segundo en la interna colorada y en un claro segundo plano en cada instancia pública de debate, intercambio e intervención.
Otros ocho partidos políticos completan la grilla de un total de 11 fórmulas presidenciales, el mayor número desde el retorno a la democracia. Todo apunta, igualmente, a que la segunda vuelta de noviembre sea un mano a mano entre Orsi-Cosse y Delgado-Ripoll. Con algunos matices dependiendo la pregunta que se haga en las encuestas.
¿Y qué dicen las encuestas?
Cuando la consulta es sobre los partidos políticos, encabeza el Frente Amplio con un 45% de las preferencias y hay un empate entre el Partido Colorado y el Partido Nacional en torno al 23%. De hecho, este escenario no se barajaba hacía unos meses y empezó a ser más latente en las últimas semanas de campaña.
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La cosa cambia cuando la pregunta se hace sobre los candidatos. Ahí Yamandú Orsi mantiene los valores del partido/coalición de centroizquierda, pero Ojeda cae bastante por debajo de Delgado.

¿Compartirte ambos gráficos es importante? Sí, por dos razones. La primera: hoy quien gobierna es el Partido Nacional en el marco de la Coalición Multicolor, donde también abonan el Partido Colorado, el Partido Independiente, Cabildo Abierto y, hasta su desaparición, el Partido de la Gente. Cada uno de ellos lleva su propia candidatura presidencial, todos compiten entre sí y, el que pasa al ballotage, se gana como premio el apoyo de sus socios. Dinámica que se dio por primera vez en el año 2019 y que puede repetirse. La disputa en el oficialismo no es, entonces, por retener el poder, sino por ver quién lidera en caso de que vuelvan a ganarle al Frente Amplio.
La segunda: porque los frenteamplistas quieren ganar la presidencia con mayoría propia en ambas cámaras. La historia de los datos tiene razón. En las tres elecciones generales que ganó el espacio de izquierda (2004, 2009 y 2014) sus candidatos presidenciales sacaron entre el 51% (en la primera) y el 47,81% de los votos (en la tercera). Estos valores le aseguraron la mitad de la Cámara de Representantes y de la de Senadores. Es el único espacio político desde el retorno de la democracia hasta la fecha que pudo gobernar con mayoría propia en ambos recintos, tal como muestran los dos gráficos a continuación.


Por otra parte, la Cámara de Senadores es el meollo de toda esta cuestión porque, en caso de empate, tercia el Vicepresidente. Adicionalmente, los integrantes de la cámara alta se eligen a distrito único nacional, para lo que la figura presidencial resulta central porque se vota con boleta partidaria. El arrastre da gobernabilidad. De ahí que surja cierto temor en el Frente Amplio. Las encuestas no le dan a Orsi cerca del 47%, sino que lo mantienen en torno al 45%. Esos dos puntos dejan hoy a un posible nuevo gobierno de centroizquierda en el borde entre la primera minoría y la mitad clavada del Senado. Las calculadoras estarán calientes hasta el último minuto.
Ballotage, te quiero ballotage
Casi todo apunta a noviembre. Acá es donde empieza a jugar la matemática de las elecciones. Las proyecciones para la última batalla dentro de un mes dependerán de dos cuestiones. La primera es cuántos votos obtendrán los socios del Partido Nacional en la elección de mañana. Si se repite la lógica de 2019 y todos hacen los deberes, el llamado a votar por Álvaro Delgado debería venir desde Andrés Ojeda (Partido Colorado) hasta Guido Manini Ríos (Cabildo Abierto) y Pablo Mieres (Partido Independiente). Eso podría hacer de la contienda una más peleada que lo que muestran las encuestas al día de hoy.

La segunda cuestión será cómo encarará la carrera final Yamandú Orsi. Hasta ahora viene picando en punta con bastante estabilidad en los sondeos y escasos errores que no forzaron caídas drásticas. Todo está bastante estable desde hace algunos meses para el desafiante de la centroizquierda. A eso se suma que trae aires de renovación, luego de dos décadas de un Frente Amplio dominado por los fallecidos Tabaré Vázquez y Danilo Astori, y el muy querido (pero también mayor) José “Pepe” Mujica. Hay olor a que vuelve un gobierno progresista en Uruguay, pero todavía no cantan victoria.
El plebiscito de la discordia
La última nota de color de las elecciones de mañana serán dos plebiscitos convocados sobre temas bastante distintos. Uno de ellos pondrá a decidir entre la ciudadanía si se acepta una reforma de la constitución para permitir los allanamientos nocturnos con orden judicial. Todo parece indicar que sale.
Pero este no es el que más me llamó la atención en esta campaña. Es otro, uno que trajo incluso sus dolores de cabeza al Frente Amplio que se siente ganador. La propuesta implica reformar la constitución para incorporar tres artículos sobre el sistema previsional de Uruguay. Lo promueve la central sindical PIT-CNT. Y sus coletazos vienen desde hace un año y pico.
La cosa comenzó así. El año pasado, el gobierno de Lacalle Pou promulgó, luego de aprobarse en sendas cámaras de la Asamblea Nacional, una reforma previsional que modificó, entre otras cosas, la edad jubilatoria y la elevó a los 65 años. Adicionalmente bajó de un 55% a un 45% el cálculo de los últimos salarios sobre los que se también se computa el haber jubilatorio. Cabe agregar que en Uruguay, además, rige un sistema de capitalización: el de las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP). Ni bien comenzó a correr la reforma, el sindicalismo uruguayo puso el grito en el cielo y lanzó una fuerte campaña de rechazo.
Pero se encontraron con un problema de diseño institucional. Uruguay permite convocar a referéndums para convalidar electoralmente leyes que sean aprobadas por el Congreso, siempre que se reúna una cantidad de firmas igual al 25% del padrón electoral vigente. Así, las normas pierden vigencia o se mantienen dependiendo de la voluntad ciudadana. La cuestión es que cualquier legislación que modifique el presupuesto, aumente el gasto o genere un cambio en el sistema previsional no puede ser sometida a este mecanismo ya que está prohibido por la Constitución. La salida fue ir por el plebiscito, que modifica la Carta Magna y que exige solamente el 10% de las firmas del padrón para garantizar su celebración. Es, sorpresivamente, un piso más bajo como requisito que un referéndum ciudadano sobre cualquier ley aprobada. Uruguay, nomá.
La cosa es que la PIT-CNT consiguió las firmas, la Corte Electoral autorizó la convocatoria y empezó la campaña. Esto generó temor entre el empresariado uruguayo, porque propone bajar la edad jubilatoria a 60 años (vuelve para atrás la reforma de Lacalle Pou), establece que el haber jubilatorio debe ser equivalente al Salario Mínimo Nacional y elimina los fondos de pensión privados (las AFAP). Todo dentro de la constitución nacional. Gritos de Comunismo.
Acá es donde entra el Frente Amplio. Como todo espacio de centroizquierda, en teoría se lleva bien con el sindicalismo de turno. Hay, al menos, vasos comunicantes. Pero los gobiernos de izquierda en Uruguay siempre se han entendido con el sector privado, chocando poco y acordando bastante. En una campaña presidencial que apunta, aún hoy, a que vuelvan a ser gobierno, lo que menos quisieron fue generar más temores en el establishment y en electorado centrista que define quién va por 5 años a la Torre Ejecutiva. Eso llevó a que no solo Yamandú Orsi y Carolina Cosse se manifestaran en contra de la reforma propuesta por el sindicalismo, sino también a que más de 100 economistas nucleados en el espacio la rechazaran.Así las cosas, hoy las encuestas dan algo de paridad entre el “Sí” y el “No” con una tasa de indecisos que, dependiendo del monitoreo, se ubica entre el 10% y el 20%. Por normativa legal, para que se apruebe tiene que sacar más del 50% + 1 de los votos. Si no, se mantiene la reforma de Lacalle Pou. La gran pregunta es qué pasará si el sindicalismo solitario gana el plebiscito y Orsi va a una segunda vuelta vs. Delgado. ¿Qué hacer?, se preguntó Lenin en su momento. Deberá tener una respuesta y una postura porque la cancha probablemente se empareje mucho más.