La democracia en el mundo: ¿ya nadie cree en ella?
La confianza en la performance de las instituciones políticas de los países decrece. Sube la insatisfacción por los gobiernos. ¿Qué se puede hacer?
IDEA International tiene una forma interesante y amplia de conceptualizar y medir a la democracia, como si tuviera muchas caras y aristas. Son dimensiones donde un país puede ser más o menos democrático en términos graduales, no absolutos. El “Global State of Democracy Report 2024” no se queda solamente en el análisis y en la reflexión, hay propuestas concretas que pueden ser aplicadas como políticas públicas. Para las cuales, claro, hay que tener decisión política para hacerlo.
El siguiente gráfico da forma al marco conceptual que utilizan.
Hay cuatro caras principales de las cuales se desprenden aristas que se nutren de indicadores específicos. La democracia tiene una dimensión representativa (representation), que refiere a la manera en la cual la voluntad popular se traduce en poder político. Elecciones, bah. También tiene una dimensión de derechos (rights), que indica la medida en que los gobiernos garantizan libertades individuales y colectivas, acceso a la justicia, igualdad política y otras cuestiones. Otra es la toma en cuenta el Estado de derecho (rule of law) que se centra en la independencia judicial, la integridad personal y la ausencia de corrupción. Finalmente, la participativa (participation) resalta el compromiso cívico y la participación electoral como nafta para que todo funcione.
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SumateComo te darás cuenta, en esto coinciden bastante con la manera en que piensan el análisis de las democracias desde V-Dem, donde también tienen sus indicadores que miden las (casi) mismas dimensiones que toman en cuenta en IDEA International. Es un consenso académico bastante aceptado y que tiene sentido. La democracia de un país no puede ser medida, pensada, practicada y puesta a funcionar solamente en términos de elecciones, la noción es más amplia, diversa y compleja. Votar es importante, es la nafta. Pero el sistema después tiene que funcionar siguiendo principios, adoptando prácticas y defendiendo valores que vayan en la misma línea.
La participación electoral y las protestas
Este gráfico muestra el promedio de participación electoral de todas las elecciones celebradas en el mundo en comparación con el promedio de elecciones que tuvieron, luego de ser celebradas, protestas y movilizaciones por el resultado.
La comparativa de ambas líneas de tendencia es bastante simbólica de los tiempos que corren. Por un lado, estamos teniendo elecciones con menos participación. Es decir que menos electores salen a votar, sean elecciones ejecutivas o legislativas. No olvides que en todos los países está la opción de votar en blanco o de anular el voto. Bueno, la gente no estaría yendo tanto como antes.
Para la década del ’70, el promedio general estaba encima en 67%, incluyendo tanto a países con voto optativo (suelen andar en torno al 50%) con países con voto obligatorio (solían andar por encima del 80%). Hoy, a nivel mundial vota en torno al 55% del electorado. Una torta más grande con un padrón que crece año a año, pero que siente menos motivación para expresarse.
La contracara negativa de este fenómeno es el alza de los cuestionamientos a los resultados de esas mismas elecciones. Si hace 50 años menos del 5% de los procesos tenían protestas y movilizaciones posteriores, hoy casi el 30% de las celebrados en los últimos años ha visto ese tipo de manifestaciones en los días subsiguientes a la celebración de los comicios. El informe no distingue si estas reacciones de la sociedad civil son producto de elecciones celebradas en regímenes poco democráticos –que llegan a un punto de agotamiento social que demande un cambio– o bien las que se organizan en países con democracias consolidadas y que tienen, en un sector determinado, la intención de desestabilizar a partir del cuestionamiento a las instituciones vigentes. El dato central sigue siendo el alza de estas prácticas.
Y es un cocktail que, así mezclado, parece algo peligroso para el mediano y largo plazo. A nivel mundial lo que parece ocurrir es que la ciudadanía está menos interesada, en comparación con el pasado, en participar en procesos que dan forma a los gobiernos que van a decidir por ellos. Es decir, en elegir a sus representantes. En cambio, lo que surge como acción política concreta es la movilización organizada para plantear dudas, enojos y broncas con el resultado que arrojó ese mismo acto público del cual, tal vez, quienes salieron a quejarse eligieron no ser parte.
La cara participativa de la democracia sufre un cachetazo. Y también la representativa.
La credibilidad de las elecciones
Otro punto clave que va al hueso de este debate entre participación electoral vs. protestas de rechazo es la credibilidad de los comicios. Hay una máxima en este mundo que indica que las elecciones tienen incertidumbre sobre el resultado y certidumbre sobre el proceso. En criollo quiere decir que, para que todo sea democrático, no tiene que saberse quién gana ni quién pierde de antemano, pero sí cómo se organiza todo antes de que arranque. En particular, quiénes lo hacen, qué hacen y de qué manera.
En este sentido, desde IDEA International miden la credibilidad de las elecciones tomando en cuenta “el grado en que las elecciones para cargos políticos representativos nacionales están libres de irregularidades, tales como fallas y sesgos en los procesos de registro de votantes y de campaña, intimidación de votantes y recuento fraudulento”. Con los 173 países analizados, el informe hace foco en la cantidad que empeoraron la credibilidad de sus procesos en comparación a años anteriores. Es decir, que tuvieron alguna irregularidad por la confección del padrón electoral, por la exclusión adrede de grupos específicos, por fallas en el conteo, etc. El manual de los autopercibidos autócratas.
El gráfico a continuación, en la columna de la izquierda, muestra la cantidad de países que empeoraron su credibilidad vs. aquellos que mejoraron. Los de la derecha son las otras aristas, que te las dejo porque amplían la foto del momento pero sobre las que no voy a ahondar hoy.
El registro indica que hay 39 países que tuvieron un peor desempeño en términos de credibilidad electoral respecto de cómo estaban en el año 2018. Entre ellos resaltan los ejemplos de Bielorrusia y de Nicaragua. Entre las prácticas detectadas mencionan la intimidación a opositores por parte de los gobiernos de turno, irregularidades propias del proceso electoral, una disminución de la autonomía de los organismos encargados de celebrar los comicios y, adicionalmente, una pérdida de la capacidad de los funcionarios que los integran para organizarlas. Aunque suene muy técnico, esto no es moco de pavo. “La combinación de la intimidación gubernamental a los candidatos de la oposición y los ataques a las instituciones que garantizan procesos electorales libres y justos (organismos electorales y tribunales) es una potente amenaza para la credibilidad de las elecciones”, precisa el informe.
Algo sobre lo que también pone la lupa otra institución internacional, la International Foundation for Electoral Systems (IFES), en este documento. “Las elecciones libres, justas y transparentes son un elemento central de las democracias fuertes y responsive”, comienzan diciendo. “En los países que celebran elecciones, los líderes de tendencia autoritaria están abusando del poder para distorsionar el campo de juego electoral y comprometer la integridad de las instituciones electorales. Desde Sudáfrica hasta México, políticos, grupos armados no estatales, criminales y rivales usaron la violencia para beneficiar a su candidato preferido e intentar influir en los resultados de las elecciones”. Y alertan que, en el año de las elecciones, “no todas serán creíbles”.
¿Y la gente?
Caliente y desconfiada, una mala combinación para las elecciones. Retomando el informe de IDEA International, “esa desconfianza ha tenido consecuencias nefastas, como el rechazo rotundo de resultados creíbles, niveles extremos de polarización tóxica, ataques selectivos contra los organismos electorales y protestas violentas”. Lo negativo de estas sensaciones radica en los hechos que supuestamente dan sustento a estas reacciones. “Esos ataques han ocurrido incluso sin pruebas de irregularidades o malversación, lo que pone de relieve la importancia que tienen las percepciones públicas para la integridad electoral, independientemente de que las presuntas irregularidades o malversaciones sean reales o no”, afirman en otra parte del texto. Es una cuestión de fe en las urnas. Y, sobre todo, de percepciones.
Al respecto, #LaGenteVota tuvo acceso a otro documento publicado por la misma institución en abril pasado y que ahondó sobre las impresiones que tiene la ciudadanía en distintos países del mundo en torno a sus propias democracias. En el marco del proyecto Perceptions of Democracy Survey (PODS), hicieron encuestas en 19 países del mundo (en América Latina tomaron Brasil, Chile y Colombia) para encontrar respuestas a estos interrogantes. No son muy alentadores.
Llegan a tres conclusiones principales. En primer lugar, la mayoría de los consultados en una diversidad de países en el mundo tienen poca confianza en la performance de sus instituciones políticas. Esto hace que sientan más insatisfacción con sus respectivos gobiernos. En segundo lugar, las minorías, las mujeres y los sectores de bajos ingresos sienten que tienen menos acceso a los organismos públicos para reclamar, demandar, solicitar y recibir la atención que requieren para una variedad de temas. Esto quiere decir que las autoridades no responden a las demandas sociales. En tercer lugar, hay una distinción entre lo que piensan los expertos en elecciones de lo que piensa la ciudadanía en general, hay más escepticismo en éstos.
En el siguiente gráfico podés ver las distintas preguntas que hicieron en la encuesta y los 19 países que tomaron como muestra. Quiero que mires dos: elecciones libres y justas (free and fair elections) y acceso a la justicia (access to justice). La línea punteada marca el 50% de los encuestados y las barras indican la gente que contestó afirmativamente. Es decir, indica la cantidad de encuestados que creen que hay elecciones libres y justicias, y que en sus países tienen acceso a la justicia.
Bueno, de los 19 países solamente en 8 al menos la mitad de los encuestados cree en sus procesos electorales (Estados Unidos sería el 9°, pero está ahí nomás). Por otro lado, solo Dinamarca tiene por encima del 50% de los consultados que indican que tienen acceso a la justicia. Los otros indicadores tampoco muestran mejores noticias.
¿Y cómo viene la democracia en el mundo? Bueno, cascoteada. Justo en el año en que más gente va a votar en la historia de la humanidad. Que el descontento y la desafección no te lleguen a vos. Esto va a mejorar.