Internas en Uruguay: presagio de alternancia hacia la izquierda

El domingo Yamandú Orsi salió amplio ganador del Frente Amplio. Qué dejan estas elecciones no obligatorias para los comicios presidenciales de octubre.

Yamandú Orsi, intendente de Canelones, ganó la interna del Frente Amplio (FA) con el 59% de los votos sobre el 37,6% de Carolina Cosse, intendenta de Montevideo. El FA superó así al Partido Nacional (PN), que tendrá como candidato a Álvaro Delgado (74,4% de los votos). Por otra parte, el Partido Colorado (PC) estará representado por Andrés Ojeda, quien obtuvo el 39,5%.

El sistema de internas uruguayo tiene sus diferencias con el argentino. Hoy te voy a contar un poco de qué va la cosa, con algunos datos históricos y los posibles escenarios para octubre (primera vuelta) y noviembre (segunda vuelta). Vamo’ arriba la celeste.

Internas a la uruguaya

Algo de historia previa para entender el contexto y de dónde viene el sistema. Las internas partidarias fueron adoptadas con la sanción de la Constitución de 1997 para aggiornar un sistema que sí era bien yourugua: el doble voto simultáneo (DVS). Por estos pagos lo llamamos “ley de lemas”, el cual básicamente consiste en votar, en una misma jornada electoral, por una lista interna de un partido político o coalición. Bajo esta lógica se resuelve en una sola acción ciudadana un doble proceso eleccionario: una elección interna y una elección general. Por eso el nombre que recibe. Acá y acá podés leer a dos especialistas en la materia.

La cuestión es que el DVS funcionaba en Uruguay para todos los cargos nacionales que se ponían en juego. Con la modificación de su carta magna, se incorporaron las internas para resolver las candidaturas presidencial y vicepresidencial, pero se mantuvo el DVS para las 99 bancas de diputados de la Cámara de los Representantes (se renuevan en base departamental) y las 30 del Senado (se renuevan a distrito único nacional). El sistema que rige desde entonces tiene sus singularidades.

En primer lugar, las elecciones son obligatorias para los partidos políticos y coaliciones que quieren competir, pero no así para los ciudadanos y ciudadanas habilitados para votar. Esto es algo que tuvieron que salvar en 1997 porque el voto en Uruguay es obligatorio, como en la Argentina. Lo hicieron en la disposición constitucional W, indicándolo expresamente.

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En segundo lugar, el derecho ciudadano de votar en la interna se hace por listas partidarias. No hay boleta única, ni en formato papel ni en formato electrónico. Uruguay ha hecho una cultura de la boleta partidaria, respetando el mismo formato.

En tercer lugar, el mecanismo electoral de internas solo define la candidatura presidencial y no la fórmula completa. Junto a la opción privilegiada, cada votante elige también a los integrantes del Órgano Deliberativo Nacional (ODN, de 500 miembros) y a los de los Órganos Deliberativos Departamentales (ODD, uno por cada uno de los 19 departamentos). Ambos son partidarios y tienen funciones para designar candidaturas. En cuanto a los ODD, son los que van a definir las candidaturas partidarias a intendente para las elecciones locales de mayo del 2025. En lo que respecta al ODD, es formalmente quien designa a la candidatura vicepresidencial una vez que termina el proceso de internas. En los hechos, el que toma la decisión es el que gana la disputa partidaria. Es una práctica usual en la política uruguaya que el primero elige al segundo. Una forma de mantener la unidad partidaria. Inteligente, por cierto.

En cuarto lugar, existe un piso mínimo de votos para llegar de las internas de junio a las generales de octubre. Desde la adopción del nuevo sistema a fines de los ’90, todo aquel que reúna 500 votos como espacio político puede competir por la presidencia. No por candidato, sino por partido político o coalición. Tiene una lógica: es el mismo valor que los integrantes de los ODD. El valor establecido representa el 0,01% de un padrón electoral integrado por 2.766.342 personas en este 2024. Un piso bastante bajo que, además, sirve para que las internas no funcionen como un filtro cuando se reparten los porotos, sino como un mecanismo de participación ciudadana en la definición de candidaturas presidenciales. Esperable, también, por el hecho de que el voto es voluntario.

¿Cómo funcionaron desde su implementación?

El primer interrogante que me surgió fue ir a ver los niveles de participación. Dado que son elecciones optativas para la ciudadanía, en mi mente se caía de maduro. Con esa duda armé el siguiente gráfico.

Lo que se puede ver de manera bastante clara y directa es que, con el correr de los años, el entusiasmo ciudadano con las internas uruguayas ha ido decreciendo. Esto surge de los dos indicadores: en los votos positivos (la sumatoria del voto ciudadano a cada uno de los espacios políticos que se presentaron) y en la participación electoral (la proporción de votantes que concurrieron a las urnas sobre el total de registrados en el padrón). Las primeras elecciones internas mostraron valores en torno al 50%, con una leve caída que no perforó el 40%. Algo que es común en elecciones de tipo voluntaria. Sin embargo, desde 2014 hasta la fecha, poco más del 30% de los empadronados participaron de la definición de las candidaturas presidenciales. Incluso, la sumatoria de votos positivos no superó el millón. Con un electorado que cada 5 años crece a un promedio de 72.000 votantes, los descensos son bastante marcados.

¿Apatía por la vida interna partidaria? Puede ser. Es un claro contraste con la tradición ciudadana uruguaya, que siempre tuvo niveles de votación en elecciones generales entre el 85% y el 90% desde el retorno a la democracia en 1980. “Enciende algunas alarmas y genera mucha discusión pública”, me cuenta Mauro Casa, politólogo amigo y autor del podcast de análisis político “La Cosa”. “Esto pone en entredicho lo que fue la campaña en sí misma. No hubo discusión programática, no penetró el interés del público. Estuvo más signada por escándalos y operaciones”, amplía. Con este tipo de situaciones, “aleja mucho a los electores menos politizados. Genera una reacción, no se indignan y van a votar. Al contrario, genera apatía y desinterés por lo que se está dirimiendo, porque se entiende que no se juega nada relevante para la vida de las personas”, agrega Mauro.

Esta situación no necesariamente hace que la herramienta sea vapuleada pública, total y completamente. Una de las razones es que les sirve a los partidos políticos para dirimir sus disputas internas. Los tres principales actores del arco político, PN, PC y el FA, las utilizaron constantemente desde la primera interna celebrada en 1999. Además, les viene bien para medirse el aceite entre ellos. Así les ha ido.

El gráfico anterior muestra los votos totales obtenidos por cada uno de los tres principales partidos en Uruguay, agregando una cuarta columna que suma a todos los otros partidos que también se presentan (en verde). De éstos, algunos pasaron el filtro de los 500 votos, y otros no.

Una primera conclusión veloz es que el voto hacia los tres grandes siempre estuvo por encima de la categoría “otros partidos”. Esto refuerza algo que es vox populi regional, y es la fortaleza de la partidocracia uruguaya. En tiempos donde las estructuras tradicionales se caen, las nuevas nacen y los outsiders experimentales acechan, el país del cielo celeste se sostiene firme con los suyos. Con los de siempre. Hay solo un pequeño salto y se dio en 2019 con la aparición de Cabildo Abierto (CA), formación política que imita al bolsonarismo y a otras fuerzas similares. Pero hasta ahí nomás.

La segunda conclusión veloz ayuda a entender el primer gráfico sobre caída en la participación. Si ves los dos en paralelo, vas a ver que el descenso de los votos positivos totales va en línea con una merma importante en la participación en las internas del PC, un dinosaurio de la política uruguaya. Siendo uno de los partidos más longevos en la historia de la política latinoamericana junto al PN, su histórico némesis y actual socio de Gobierno, hoy vive una crisis profunda. Tal como explican en este artículo.

La tercera conclusión veloz es sobre el Frente Amplio. “Para el FA fue una elección extraordinaria”, me acota Marcos. Como bien contó Juanma Karg el lunes pasado, el partido-coalición de izquierda se siente gobierno de vuelta. La victoria de Orsi frente a Cosse volvió a avivar llamas que se habían apagado luego de perder el gobierno hace 5 años, dando fin al ciclo más exitoso de la izquierda uruguaya (y latinoamericana diría) en su historia. El gráfico le pone cifras a ese entusiasmo. Al superar la barrera de los 400.000 votos, logró algo que no ocurría desde las internas de 2009 cuando ganó “Pepe” Mujica la disputa partidaria, primero, y la presidencia de la Nación, después. No solo eso, sino que el domingo pasado también terminó como fuerza más votada por sobre la sumatoria de las candidaturas del PN, espacio que hoy lidera la coalición de gobierno Multicolor. Los blancos, de hecho, rompieron ese piso que nunca habían perforado desde 1999 hasta la fecha y reunieron la menor cantidad de votos a favor desde que existe el sistema de internas.

¿Presagio de alternancia?

¿Qué nos dicen las internas sobre las generales?

Como toda previa, dice algunas cosas pero no todas. De entrada se ve a un Frente Amplio mucho más sólido, unido y potente que hace 5 años, cuando cayó su nivel de votación en las internas y perdió el gobierno en el ballotage del 24 de noviembre. Esto es algo en lo que hace mucho hincapié mi amigo Mauro.

–¿Cómo ves el desempeño del Frente Amplio?

–Para el FA una muy buena elección es una de 1.000.000 de votos, y una magra es de 800.000 votos.

–¿Eso lo pone en carrera para volver a la presidencia?

–El FA siempre oscila entre el piso del 40% y el techo del 50%. En los mejores momentos llegó casi al 50%, en los peores anduvo en el 40%. Si pensamos en esos términos, el Frente ya tiene la mitad del camino recorrido: ya tienen 400.000 votos asegurados. Es la mitad de su piso. Tiene eso asegurado.

–¿Sentís un aroma distinto al de hace 5 años?

–En 2019 hubo competencia interna muy activa. Ahora en 2024 también. Para el Frente Amplio fue una clara victoria, una noche redonda. La afluencia fue extraordinaria y cayó la participación de los otros partidos. Eso también explica la caída general de la participación.

A esta sensación de retorno abona también las dificultades que mostraron los partidos integrantes de la Coalición Multicolor, que gobierna Uruguay desde las elecciones de 2019. La cara es Luis Lacalle Pou, presidente saliente que no puede reelegir por norma constitucional, y el Partido Nacional. Tienen de socios al Partido Colorado, al Partido Independiente y a Cabildo Abierto. Desde el centro hasta la derecha, a todos.

–¿Qué lectura hacés del desempeño del oficialismo?

–En la Coalición (Multicolor) se ven los problemas. No tanto en el Partido Nacional, que se sostuvo un poco. Pero sí en la caída de sus socios, que fue estrepitosa, sobre todo del Partido Colorado.

–¿Esto ya genera un escenario de alternancia asegurado?

–La Coalición (Multicolor) tiene el problema inherente de ser una coalición y que son cuatro partidos que se tienen que alinear. No les sobra nada, no les sobra un voto. Cualquier votante que votó a un partido de la coalición en la primera vuelta, y que después no elija a Álvaro Delgado (NdR: candidato del Partido Nacional) en el ballotage, ya ahí la Coalición pierde. Es muy delicado ese equilibrio. Delgado tiene que zurcir muy fino, desde el centro hacia la derecha más extrema.

Estos problemas parecen acrecentarse por las decisiones de los propios partidos. En Uruguay se volvió norma conformar coaliciones entre la primera vuelta y el ballotage. Eso hace que cada partido político vaya con su propio candidato, y el que pasa se lleva el apoyo de los que se quedaron en el camino. Pasó post 1999 entre el Partido Colorado y el Partido Nacional para hacer frente (valga la redundancia) al Frente. Y también en 2019, cuando Lacalle Pou quedó segundo, y a él se plegaron quienes después terminaron siendo sus socios de gobierno. Hasta hicieron campaña juntos, todos los candidatos y presidentes partidarios, de cara a noviembre de ese año.

Esta dinámica ya arranca trastabillando porque el propio Partido Nacional, me cuenta Mauro, tuvo sus tensiones la noche de las internas. El ganador, Álvaro Delgado, no siguió la tradición uruguaya de designar a la derrotada, Laura Raffo, sino que se inclinó por Valeria Ripoll, dirigente sindical de empleados y obreros municipales. Alguien que viene de la izquierda y del comunismo. Difícil de tragar para el votante más conservador.

–¿Qué le ves a Yamandú Orsi de cara a octubre y noviembre?

–Orsi es un dirigente que viene del MLN, de los Tupamaros. Pero es un tipo que tiene una capacidad de llegada al votante más conservador que es muy interesante. Es un líder político que tiene ese perfil conciliador, campechano, chacarero. Hay que ver si en noviembre en la segunda vuelta él no logra convencer más a un votante conservador que el propio Delgado y el Partido Nacional.

–Entonces, está todo servido en bandeja.

–Nada indica que el Frente tenga la elección ganada en primera vuelta, como ya se ilusionan muchos dirigentes. Está difícil todavía. Pero sí tuvo una noche redonda, hizo todo bien y los rivales cometieron errores. Queda la sensación de que primerea y arranca en pole position.

–Podemos decir que del 2019 al 2024 hubo un aprendizaje para el Frente Amplio, entonces.

–Las internas son un indicador más, no es tan representativo. Como es una elección voluntaria moviliza a los más interesados. En términos de comunicación, sí se ve al Frente primereando. Y del otro lado, hay caída en la votación, hay problemas para conformar una fórmula presidencial y para conformar a todo el partido (Nacional).

–Pero sí ves que la izquierda pudo aprender de los errores, las divisiones y las tensiones internas. Aprovecharon la herramienta.

–Al Frente lo deja tranquilo que la distancia de Orsi sobre Cosse es amplia y contundente, 59% a 37%. Queda muy claro quién es el 1 y quién es el 2. Eso pudo cerrar la fórmula presidencial en la misma noche de la elección. Es una muy potente en todo sentido. Comunicacionalmente, en términos de gestión, en la paridad de género y de conformar a todos los sectores del Frente. Nadie tiene nada para reclamar, están todos contemplados”.

Cantalo, cantalo, cantalo. Renovación, cambio y Frente.

Algunas random

  • Landslide victory” titularon todos los diarios británicos ayer. En criollo, ganó por afano. ¿Quién? El Partido Laborista, que vuelve a ser gobierno después de 14 largos años conservadores. Keir Starmer (acá podes escuchar más sobre quién es), será PM. Llegó a niveles Tony Blair. El sistema igual se mantuvo bipartidista, con su alternancia usual sin que se metan terceros o molestos. Jeremy Corbyn, que perdió el liderazgo partidario contra Stermer hace 4 años, se tomó revancha, corrió como independiente y entró cómodo. Martín Schapiro escribió para Cenital.
  • A mí siempre me entusiasmó estudiar Países Bajos. Creo que ya te lo dije. Desde este hilo que lo sigo. Resulta que tardaron 223 días para formar gobierno, después de las elecciones anticipadas convocadas por el golpeado Mark Rutte. Se juntaron los liberales tradicionales (VVD), los conservadores extremos (PVV) que ganaron la elección, centristas disidentes que rompieron (NSC) y un nuevo partido campesino que es euroescéptico (BBB). Por cosas como ésta es que me gusta.

Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy lo encuentran dando clases en UBA y UTDT. Le encantan las elecciones y le sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tiene es aprender la historia de los partidos políticos. Cree que la política marida muy bien con un tinto.