Más allá del empleo, con la IA cambian las calificaciones, el ritmo y el proceso de trabajo. Algunas tareas se fueron y no volverán. Otras que se fueron, ahora vuelven. Otras se suman. Algo se pierde y casi todo se transforma.
Si el país quiere evitar que el empleo se limite al etiquetado precarizado para plataformas extranjeras o al montaje de galpones para data centers, la política pública es insustituible.
Un pequeño grupo de personas no técnicas ingresan al mercado del software, pero la mayoría tiene más dificultades para acceder al trabajo formal, hay más precarización y la innovación es enseñarles a robots a moverse como humanos.
El político y abogado argentino advierte que antes que la soberanía territorial de los centros de datos está en juego la soberanía cognitiva y propone que el empresario argentino vuelva a pensarse como un trabajador.
La reforma laboral sólo puede acompañar los ciclos económicos para mejorar o empeorar la calidad del trabajo, no para crearlo. Es necesario discutir, por un lado, costos laborales, creación de empleo e informalidad y, por el otro, el modelo sindical y de negociación colectiva.
¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron con Milei? En dos años de gestión se ve una precarización del mundo del trabajo: asistimos a un crecimiento del autoempleo, de la mano del monotributo y las apps, en desmedro del empleo registrado formal.
Para 2030, entre el 25% y el 30% de los empleos estarán automatizados, con hasta 92 millones de puestos desplazados a nivel global. En Argentina, más de 2 millones de mujeres pueden ser reemplazadas por la IA.
Unos 100.000 nuevos trabajadores se incorporaron en esa modalidad. Pese a una tenue recuperación del empleo, el trabajo informal y la subocupación siguen en aumento.
El equilibrio entre amamantar y desempeñar funciones laborales pone de manifiesto la carencia de recursos y flexibilidad en el ámbito profesional, destacando la necesidad de reformas significativas.