Gustavo Beliz: “Hay que pensar cómo la IA funciona de modo virtuoso para la reorganización del trabajo”

El político y abogado argentino advierte que antes que la soberanía territorial de los centros de datos está en juego la soberanía cognitiva y propone que el empresario argentino vuelva a pensarse como un trabajador.

Gustavo Beliz es exdirector del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). También fue dos veces ministro en el gabinete Nacional y dos veces secretario del presidente de la Nación en tres gobiernos nacionales diferentes. Actualmente se dedica a investigar sobre Inteligencia Artificial, integración 4.0 y economía del comportamiento. 

A partir de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, viene impulsando la idea de un pacto social tecnológico basado en un diálogo cuatripartito entre Estado, empresas, movimiento obrero y comunidad científica para gobernar la incorporación de la IA al mundo del trabajo. Le preguntamos por los ámbitos donde se juega esa gobernanza, por las métricas de un diálogo basado en evidencia y por los riesgos que más lo preocupan. 

Hablás de la necesidad de establecer marcos globales y locales adecuados en relación con las responsabilidades alrededor de la IA y de un momento de crisis de las instituciones en el orden internacional, ¿cuáles te parece que podrían ser los ámbitos adecuados para establecer esos marcos? Por ejemplo, mencionás la creación de un comité científico intergubernamental.

Hay que dividir entre lo global, lo que compete a los ámbitos más internacionales e interregionales, y lo local. Una cosa no tiene que paralizar a la otra. En los ámbitos globales claramente América Latina necesita una voz que hoy no está presente. Se tiene que fortalecer, y podría tener una enorme potencia porque dispone de recursos naturales, de talento tecnológico, de capacidad de incidencia en esa agenda en términos regulatorios. 

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En el ámbito global, obviamente la crisis del multilateralismo que plantea el papa León XIV impregna toda esta discusión que está pendiente porque está muy atravesada por la guerra. Hoy hay un complejo militar, digital e industrial orientado más a la guerra que al uso de la inteligencia artificial para fines de desarrollo humano integral. Esa voz ausente en el escenario mundial es la que ocupa hoy con mucha fuerza la encíclica Magnifica Humanitas, que viene a llenar un vacío y me impacta muy positivamente la consecuencia que ha tenido esta encíclica a nivel global. Han surgido empleados de las grandes plataformas tecnológicas denunciando este uso para la guerra o para la adicción por diseño que tienen los grandes modelos de lenguaje y los riesgos de los agentes artificiales. También economistas de todas las pelambres, más o menos de izquierda, de derecha o centro, que están planteando la centralidad del trabajo en este mundo.

«Hoy hay un complejo militar, digital e industrial orientado más a la guerra que al uso de la inteligencia artificial para fines de desarrollo humano integral»

Argentina y América Latina deberían estar más presentes en esta discusión por los buenos motivos, no por motivos que simplifiquen esta idea de empresas sin seres humanos o de fábricas sin trabajadores. A nivel local, se pueden hacer muchas cosas con el nivel de desarrollo actual de la inteligencia artificial, de los modelos abiertos, del código abierto, del talento local que existe en muchos municipios y universidades. Ese es el desafío que hay que despertar en la Argentina.

Hay un montón de aplicaciones que se pueden generar y hay que vincular a los sectores productivos que ya las están aplicando en ámbitos muy dinámicos, por ejemplo, el agropecuario o el industrial, con los sectores sociales que están más rezagados y que requieren este tipo de tecnologías para mejorar la calidad de vida sobre todo de aquellos que están viviendo la pobreza más extrema y más urgente. No tenemos que ideologizar, en el peor sentido de la palabra, esta discusión. No podemos caer en un autarquismo extremo que nos lleva a paralizarnos mientras los grandes del mundo se ponen de acuerdo, ni tampoco tenemos que ser ingenuos y suponer que en esto no hay en juego dinámicas de poder muy potentes y muy importantes. Aún así podemos encontrar una diagonal que nos permita aplicar experiencias positivas de inteligencia artificial para el bien común y para el desarrollo humano integral.

«No tenemos que ideologizar, en el peor sentido de la palabra, esta discusión»

En el marco de la presentación de la encíclica en la CGT planteaste la necesidad de un diálogo cuatripartito, del rol del movimiento obrero y de los temas del diálogo social sobre la IA, ¿cuál sería para vos el punto de partida para este pacto social tecnológico que mencionás? 

Hay varios puntos de partida. Primero, tener un propósito y una misión. El diálogo tiene que ser fructífero. El diálogo es el comienzo de una acción, es escucharse, recoger inquietudes, pero no puede quedar simplemente en un diagnóstico. Tiene que tener una orientación y una misión y claramente presente qué intereses se procuran potenciar en ese diálogo. Hay que incorporar a la comunidad científica muy activamente para hablar con evidencia, no con la evidencia teórica de grandes modelos econométricos que miran el impacto, porque sabemos que esos son muchas veces el equivalente a las cajas negras de los algoritmos. Hay que hablar con evidencia social. Se habla mucho de la licencia social para los centros de datos. Lo mismo hay que tener para el diálogo, una licencia y una evidencia social. 

Es cuatripartito porque implica a esa comunidad científica muy aterrizada e implica rescatar experiencias positivas del movimiento obrero. El movimiento obrero organizado con los empresarios tienen experiencias positivas de incorporación de tecnología al mundo manufacturero, por ejemplo, en el ámbito automotriz, con metas de productividad, con metas de exportación, con incentivos también. Como lo expresa en algunos casos un ámbito muy importante que son las sucesivas leyes de economía del conocimiento, que sin duda hay que aggiornar, hay que sincerar en términos de lo que implican como costo fiscal y social para la Argentina, pero tienen que trazarse con un nuevo tipo de horizonte. 

¿Y en qué ámbitos?

El continente de ese diálogo social pueden ser consejos económicos sociales, pueden ser elementos como los que a mí me tocó presidir en su momento, la gestión del servicio público, pero pueden ser también más dinámicos con la participación activa, descentralizada, y a su vez con una meta dinámica del movimiento obrero organizado. Con una consigna que es esencial recuperar en la Argentina que es que el empresario es un trabajador. El empresario argentino debe ser un trabajador. En su momento se hablaba de la burguesía nacional, pero el modelo de empresario argentino debe ser un trabajador, que se arremanga, se fija en las condiciones de sus trabajadores, está pendiente de qué oportunidades de exportación obtiene. No está pendiente solamente de qué ventaja financiera puede lograr. Obviamente busca agremiarse con sus pares pero recuperar el concepto de empresario como trabajador cooperante, aquello que decía San Juan Pablo II, la empresa es una comunidad de personas, no es solamente una comunidad de intereses contrapuestos que pelean, muchas veces con conflictos. Eso es clave para un diálogo social. El trabajo de la organización empresarial, que tiene enormes desafíos, el primero de los cuales es no pensar que porque viene una herramienta de automatización, tiene que despedir a un trabajador. Porque es una lógica deshumanizante y no complementaria de la tecnología con el mundo del trabajo. 

«El empresario argentino debe ser un trabajador»

Vos mencionás que hay que afinar las métricas, ¿cuáles son estos nuevos indicadores o nuevas metodologías que hay que mirar para que después el diálogo sea fructífero y basado en evidencia? 

Hay que aprovechar el nowcasting o el empleo de herramientas de inteligencia artificial para medir en tiempo real lo que pasa en el mundo del trabajo. Esto lo están haciendo Anthropic y OpenAI al instante. Tienen una radiografía de lo que ocurre con el uso de los grandes modelos de lenguaje en cada escritorio o en cada tablero de control de un trabajador o de una empresa en tiempo real. Tienen estadísticas en tiempo real. Segundo punto, que den cuenta de los procesos de informalidad que tienen los países como los nuestros y que no copien solamente estadísticas de Estados Unidos o del mundo desarrollado. Y tercer punto, me parece que tiene que ser una medición no solamente cuantitativa, sino cualitativa. Eso le da la dimensión humana.

Un tema que va a sonar disruptivo pero que a mí me parece básico es que tienen que conocerse cuáles son las condiciones contables y de balance de cada empresa. La Constitución Nacional marca en el artículo 14 bis un elemento muy claro en esta materia. Tiene que haber condiciones apropiadas sobre cómo funcionan las empresas y el conocimiento claro de su rol impositivo, de sus inversiones, de sus precios de transferencia, elementos claves para que funcione un sistema capitalista con un sentido social. En ese aspecto, lamentablemente, se desperdiciaron muchas experiencias en el pasado, se nombraron directores en empresas privadas que simplemente tienen el propósito de pagar un favor político o un favor partidario sin cumplir un rol adecuado. No hay que crear siempre nuevas instituciones, hay que pensar cómo las instituciones clásicas del área industrial pueden servir para este fenómeno de la inteligencia artificial. Una comisión de defensa de la competencia puede definir si una empresa ejerce una condición monopólica en el manejo de sus plataformas digitales, como está ocurriendo hoy en Europa, que sancionan a las grandes plataformas. Una organización que mide la calidad de los medicamentos puede servir para medir la calidad de una aplicación digital que interviene, por ejemplo, en consultas psicológicas o en consultas de bienestar mental o emocional. Y así podríamos seguir sucesivamente. Por eso hay que hacer una gran tarea de reimaginación del Estado para que sea capaz de acompañar cabalgando este proceso digital rumbo a un destino que sea el desarrollo humanitario. 

«Hay que aprovechar el nowcasting o el empleo de herramientas de inteligencia artificial para medir en tiempo real lo que pasa en el mundo del trabajo»

¿Cuál es tu opinión sobre una posible explosión de productividad o, por el contrario, sobre una burbuja financiera de la IA? ¿Te inclinás por alguna hipótesis? 

Depende de lo que se haga y de cómo se aplique. En el desarrollo actual de la IA, con las aplicaciones que ya existen, los incrementos del nivel de producción en el ámbito laboral y empresarial son inmensos. Por supuesto tiene que haber un marco público, que acompañe con ciertas normativas que no impliquen una apertura indiscriminada que destruya elementos de producción básica y de competencia. La palabra productividad es polisémica, se usa en diferentes niveles de posibilidades, con lo cual yo me inclino a pensar en pactos predistributivos. No redistributivos, sino predistributivos. Que establezcan las adecuadas aspiraciones e incentivos tanto a los trabajadores del plano de la empresa como a los trabajadores de los obreros y que puedan acordar cómo se va a compartir el valor agregado que implique la incorporación de la IA en el mundo del trabajo. Si eso no ocurre, al menos hasta ahora, la evidencia que se ve a nivel mundial es que no tiene un efecto virtuoso la incorporación de la IA porque se ve como una invasión de un extraterrestre que llega al mundo del trabajo y que viene a dos cosas. O a ocupar el lugar del trabajador que la está entrenando, –lo cual suma estrés al trabajador que la entrena, llámese un experto en código o cualquier otro que piensa que está enseñándole una máquina cómo lo va a reemplazar a él–; o genera la idea de que se aprieta un botón y que la IA es una varita mágica que transforma la lógica de una organización. Hay que pensar cómo se reorganiza el trabajo y cómo la IA funciona de modo virtuoso para esa reorganización. Si no, es apelar a un sentido mágico, a pensar que las cuestiones son por mano invisible. La IA no es una mano invisible, en todo caso es un sistema que trastoca las relaciones laborales y sociales, pero también es un modo de reorganizar los sistemas de producción.

Sobre los riesgos, esos trabajos que van a estar impactados, ¿qué te parece que hay que hacer con ellos?¿Hay que proteger los puestos? ¿Hay que ir por el camino de la reconversión? ¿Es el único camino a la reconversión? 

Dependiendo de cada caso. En algunos puede ser complementario, ver de qué manera la condición de higiene y seguridad laboral de ese trabajador mejora, no está expuesto a tantos riesgos, se incorpora una máquina, una sonda, una inteligencia artificial, un robot que pueda cumplir tareas muy peligrosas que ese trabajador no cumpla, puede haber una complementación. En otros casos puede haber una reconversión. Siempre cito un ejemplo. Se ha perdido una enorme oportunidad con los trabajadores de las cabinas de peaje en la Argentina. ¿Era previsible que se iba a eso a automatizar o no? Son trabajos dignos pero con un nivel de higiene y seguridad laboral muy expuesto, con el ruido de los motores, con la combustión que aumenta cuando el auto arranca, etcétera. Se conocía que venía una etapa de automatización cuando en toda Europa, en todo el mundo, comienzan a levantarse automáticamente las barreras de un peaje. ¿Hubo tiempo o no para prever una reconversión laboral de esos trabajadores, que además no son tantos? Se podrían haber reconvertido. Y estamos a tiempo de hacerlos expertos en ciencia de datos, expertos en movilidad urbana, expertos en cómo en una autopista se pueden prever mecanismos para optimizar la huella de carbono de los automóviles, la seguridad vial. Se podría haber hecho con antelación. Ahí está el rol del movimiento obrero, el rol de los empresarios, el de un concesionario del Estado que tiene ciertas condiciones en su pliego de prestación de ese servicio. Y ahí también entra en juego el rol de las compras estatales en sentido amplio. La capacidad de compra y de contratación del Estado, que no es solamente cuando compra una resma de papel o cuando adquiere un vehículo, sino cuando establece en los pliegos de licitación de un servicio público, en su letra chica, determinadas condiciones. Estos aspectos de automatización, de reconversión, de complementación, tienen que estar súper presentes. 

«La IA no es una mano invisible, en todo caso es un sistema que trastoca las relaciones laborales y sociales, pero también es un modo de reorganizar los sistemas de producción»

La discusión no es tan básica como traer o no empleados de otro país o de otra provincia a un lugar determinado, una obra pública o una licitación, sino cómo va a estar dado también este monitoreo, o lo que otros países llaman el índice de robotización. En la medida que el índice aumenta, cómo se complementa con el trabajador y la trabajadora que está pudiendo ser afectado o beneficiado por esa incorporación tecnológica.

En relación al trabajo y la IA, ¿qué es lo que ves con mayor preocupación? ¿La pérdida del empleo, la desigualdad salarial, la descalificación, el control del proceso de trabajo, el monitoreo o la vigilancia? ¿Pensás que hay o puede haber una tecnología pro trabajador? 

Todos esos elementos forman parte de la columna vertebral de un pacto social tecnológico. Cada uno de ellos, desde el trackeo hasta la redistribución y las condiciones laborales, es lo que hay que acordar e impulsar en un programa transformador de la Argentina, viendo a la tecnología como una gran oportunidad de nivelación, de igualación y  de promoción humana. Por supuesto, requiere una decisión política muy importante y saber el norte que se está defendiendo, qué interés se está defendiendo. Y lo que más me preocupa es eso. 

A su vez, me preocupa otro aspecto muy importante que tiene que ver con la soberanía popular. Cómo estas tecnologías de manipulación de hyper-nudging, de hiper-empujoncitos o de empujonzotes, pueden alterar el concepto de soberanía popular que es un concepto básico. No es solamente una soberanía que se ejerce en el momento del voto sino una soberanía cognitiva que permite tener decisiones informadas en nuestra vida diaria pero también al momento de vincularnos con lo público. Hay claramente una estrategia de sustitución de la capacidad de pensamiento, que me gusta llamar la estanflación cognitiva, una hiperinflación de información y una deflación de conocimiento. Creo que lo que está en juego es una democracia con soberanía popular. Entiendo los debates, son súper defendibles y muy importantes en cuanto a la soberanía territorial, la que se expresa en nuestro suelo, lo que tiene que ver con los centros de datos y la capacidad de desarrollar una soberanía práctica que de cuenta de la diagonal que enfrentamos en nuestra vinculación con los espacios regionales. Pero antes que eso hay que tener soberanía cognitiva. La falta de soberanía cognitiva puede afectar nuestra imaginación política y ciudadana para expresar diferentes tipos de ciudadanía. Ahí está en juego lo que tiene que ver con las redes sociales, con el targeting, con las manipulaciones que han llevado a algunos países a anular elecciones. Con una serie de cuestiones de las cuales Argentina no está exenta sino que son una derivada de este uso para la guerra de la inteligencia artificial porque también hay una guerra cognitiva que pone en cuestión hasta la propia democracia y la propia deliberación. Eso es lo que más me preocupa. Tiene derivadas en salud mental pero no sólo en lo individual sino en la salud mental democrática, institucional. En cómo se expresa esto de los grandes líderes hasta las manipulaciones de las cuales pueden ser sujeto o víctimas los ciudadanos de a pie.

¿Existe una alianza posible entre la tecnología y el trabajo? 

Sí, claro que existe una alianza posible. Hay que construirla. El pacto social tecnológico es una confluencia, no clasista sino policlasista. Al menos esa es la esencia del justicialismo en el cual creo que tiene el honor y la inspiración más importante de defender la justicia. Como diría San Agustín (NdelE: en La ciudad de Dios), sin justicia ¿qué diferencia a los gobiernos de una banda de ladrones de aquellos que te asaltan desde la mitad del camino y que te dicen la bolsa o la vida?

Abogado laboralista especializado en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social por la UBA. Actualmente es investigador del CETyD y de IDAES-UNSAM. Es asesor sindical, divulgador y especialista en temas de trabajo y cambio tecnológico.