En un escenario de fuerte incertidumbre producto de la pandemia, el mundo entero está esperando que se devele el misterio sobre cuál será el norte ideológico de las próximas décadas.
Pluralizar la discusión no es sólo necesario en términos ideológicos o partidarios, sino también regionales. Nos estamos perdiendo gran parte de lo bueno que sucede en nuestro país, que es inmenso.
Esta semana ha sido particularmente dura. El aumento acelerado de casos de COVID en la Argentina nos devolvió a la realidad: llevamos, por así decirlo, un año abriéndonos paso con dificultades por la nieve.
Estamos ante un Macri liberado que presenta un proyecto fuertemente ideológico en contra de un agente patógeno que hay que eliminar como sea: el populismo.
Lo naturalizado es la violencia. ¿Cómo se cambia lo naturalizado, lo cotidiano, lo internalizado? No lo sé, y eso es doloroso, pero es urgente que podamos contestar esta pregunta.
Si te aliás con la ultraderecha, la probabilidad de terminar corriendo por un pasillo mientras tus ex aliados te buscan para lincharte es siempre mayor a cero.
Los estados que hicieron fabricar aviones por miles no pueden fabricar vacunas. No es cierto que se pida intervención cero de los estados en los mercados. Lo que se pide es socialismo hacia arriba y libertad de mercado hacia abajo.
Maradona y Los Pumas. No se trata de hacer un ajuste de cuentas público, o de (¡horror!) alimentar la “cultura de la cancelación” (que sólo es problemática cuando se critica a alguien con poder enunciativo). Se trata de reflexionar sobre cuáles son hoy y cómo han cambiado las condiciones de lo público en nuestro país.
Donald Trump seguramente no tendrá éxito en su estrategia, que es por demás delirante. Sin embargo, esto no significa que su táctica haya fracasado. Los efectos institucionales de este hecho, aunque en enero asuma Biden, se desplegarán a largo plazo.