Percepción de la democracia: estamos mal, pero no tan mal

Se sostiene gracias a que los ciudadanos creen en ella. Zubán Córdoba y Asociados preguntó sobre el tema en su última encuesta nacional en diciembre pasado. Un análisis minucioso sobre la regularidad regional y alguna singularidad nacional. También te dejo un montón de recursos para que uses al lado de la pileta.

Hola, ¿cómo estás?

Esto que estás por leer se empezó a cranear hace más de tres semanas. Como en este preciso momento me encuentro de vacaciones en la mejor provincia de este país (Mendoza), pensamos con el equipo de Cenital que la entrega de hoy la podríamos dedicar a un tema profundo en Argentina, pero que no depende necesariamente de la coyuntura cotidiana. Te voy a escribir sobre la democracia en Argentina, cómo la percibimos y qué pensamos de su funcionamiento. Sí, yo sé que hubo elecciones muy importantes en las últimas semanas, como las del Senado de Nepal; o destacadas, como las parlamentarias de Portugal y las generales en Costa Rica, las primeras generales del continente (Barbados fueron solo parlamentarias). Pero el cuerpo y la mente me demandan descanso, vino, costillar al asador, cabalgata y rafting. Prometo retomarlas a mi regreso al cemento caluroso.

De más está decir que te responderé a mi regreso. No me explotes.

Los argentinos y su democracia

Si, es cierto. No es un tema nuevo. Ya lo levanté acá en su dimensión regional comparada, acá con foco en Chile y acá como uno de los puntos centrales del balance del año. Pero el interés me resurgió con el Informe Nacional de Zubán Córdoba y Asociados que circuló entre varios colegas y especialistas. Los dos, Paola Zubán y Gustavo Córdoba, tuvieron además la gentileza de conversar conmigo (¡y en sus vacaciones!). Como nos tienen bien acostumbrados, las preguntas de la encuesta giraron en torno a imagen pública de los principales dirigentes nacionales de la política argentina, intención de voto en futuras elecciones presidenciales y posturas generales sobre la realidad del país. Sin embargo, hubo un módulo de preguntas que me resultaron particularmente atrapantes porque nos da el contexto necesario para entender en qué lugar del descontento latinoamericano con la democracia nos encontramos nosotros como argentinos. También para saber el encuadre y el límite de esa bronca. Spoiler: estamos mal, pero no tan mal.

El primer punto que quiero resaltar es la primera pregunta del inicio del módulo sobre percepción de la democracia en el país: “¿Qué tan satisfecho estás actualmente con la democracia argentina?”. El 61,1% de los encuestados indicó no estar muy contento con nuestro régimen político. El número surge de sumar el 33% que no está nada satisfecho con el 28,1% que está poco satisfecho. Preocupa, pero no asusta. Acá estamos en línea con la tendencia regional, más adelante te lo voy a mostrar. Pero yendo al hueso del caso concreto, ¿de dónde puede surgir esta bronca con el conjunto de reglas que nos gobiernan? Porque la cosa tiene que estar complicada para enojarse con un grupo de reglas. Mi percepción es que hay una combinación de dos elementos que son, justamente, la nafta que inyecta y hace funcionar a la democracia. El primero de ellos es el grupo de actores responsables de tomar las decisiones públicas, la dirigencia política. El 74% respondió estar de acuerdo (totalmente o algo) con la frase “el problema de la democracia son los políticos”. Es un problema de la gestión del régimen político. Hay un desgaste, se siente y viene por el lado de las caras de la democracia. 

“Hay una línea de desconfianza hacia el desempeño de la dirigencia política, más no hacia la democracia y las instituciones. Es un parámetro central”, indica Gustavo. El mayor peso de esta responsabilidad cae, sin dudas, sobre el gobierno nacional. Esto empieza a tomar forma con la frase “el gobierno escucha a la ciudadanía”: el 68% indica que no, con fuerte preponderancia de aquellos que dijeron estar totalmente en desacuerdo (56,5%). “Estamos viendo que la mayoría de los dirigentes del Frente de Todos reúne una negatividad agravada. Decimos eso cuando llega al 60%. Es característico del Frente de Todos, del gobierno, en este momento”, me dice Gustavo. Otra vez la burra al trigo, la política desconectada de la gente.

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Fuente: Zubán Córdoba y Asociados.

¿Por qué digo que es un problema de gestión y de responsables? Porque para la mitad de los encuestados la democracia no estaría resolviendo los problemas de la vida cotidiana que demanda un ciudadano y una ciudadana de a pie. Es un matiz sobre el descontento que te vengo contando porque no alcanza valores tan altos, pero sigue siendo del 50%. No es poco. De hecho, el descontento mayor viene por tres grandes áreas de deudas: institucionalidad (justicia y federalismo), desarrollo (pobreza) y crecimiento (economía). Son nuestros déficits desde 1983. Sobre este punto hizo especial énfasis Gustavo: “La desilusión ciudadana en Argentina se agrava porque si consideramos que en los últimos 10 años no ha habido crecimiento económico sino crecimiento de la pobreza, y [además] hubo alternancia con dos gobiernos de signo político distinto, podemos admitir que la desilusión se está precipitando”. 

“En términos de opinión pública, la falta de soluciones a las demandas básicas, el crecimiento sostenido de la pobreza, la inflación y el endeudamiento, pero además de las desigualdades, provocan en países como la Argentina el deterioro de una clase media cada vez más empobrecida pero todavía aspiracional, que se percibe perjudicada por un Estado preocupado por el vulnerable pero olvidado de la clase trabajadora. Las demandas históricas completan el cuadro”, agrega Paola. Hablar de descontento es, entonces, hablar de responsables de gestionar los asuntos públicos y hablar de cómo funciona el Estado. Actores, instituciones y capacidades son tres caras del mismo dado con las mismas valoraciones. “La imposibilidad de las distintas fuerzas políticas de cumplir con las demandas sociales es acumulativa en la ‘paciencia ciudadana’”, profundiza Paola. Esto puede verse más en detalle en el módulo que resume las preguntas sobre los impuestos (página 44) o en una síntesis acá.

Fuente: Zubán Córdoba y Asociados.

Pero no todo es oscuridad, Orcos y Saurón. La falta de satisfacción generalizada no viene de la mano de una demanda extendida por otro tipo de régimen político ni otros mecanismos de elección de autoridades. A este argumento abona la idea de que la vía electoral para elegir representantes sigue siendo el mejor sistema (84%) y que ese proceso eleccionario tiene que seguir siendo obligatorio (75,7%). Mucho menos viene por privilegiar la eficacia por sobre la democracia: 3 de cada 4 rechazan un régimen no democrático que sí resuelva problemas cotidianos. 

La memoria del golpe de 1976, la solidez de la democracia a nivel regional y la narrativa del “nunca más” han consolidado la democracia en el país, considera Paola. Además, “las expresiones políticas que en el pasado actuaban por fuera del sistema democrático hoy han encontrado un espacio para incorporarse y participar de elecciones”, amplía. De modo que “es posible que esto sea un indicador de buena salud democrática”. Esta conclusión es muy valorable, particularmente en un momento donde la búsqueda de consensos básicos en la política argentina es más difícil que ganar el campeonato en el Supercampeones. Desde ahí tienen y tendrían que construir.

Fuente: Zubán Córdoba y Asociados.

Los hallazgos de Zubán Córdoba y Asociados sobre Argentina van en línea con la región. Lo mismo que pensamos nosotros sobre la democracia lo piensa casi toda América Latina. No hay lugar para la singularidad criolla en este punto. Como me dijo Gustavo, “esta acumulación de desilusiones es algo que estamos viendo en la región. No importa el signo político del gobierno, siempre sobreviene la alternancia como motivo de la decepción y de la desilusión ciudadana”. Esto se confirma si cruzamos los datos del informe con los publicados por Latinobarómetro en su encuesta  del año pasado. En la pregunta que se centra sobre la confianza en la democracia, los datos agregados desde 1995 muestran que estamos en una nueva tendencia a la baja, como la vivida en el período 1999-2001. Aunque aún no tocamos ese fondo, viene cayendo desde 2017 en adelante.

Fuente: elaboración propia en base a Latinobarómetro. % de confianza suma las respuestas a la encuesta bajo las categorías “Algo de confianza” y “Mucha confianza”. La pregunta realizada es: “¿Diría Ud. que está muy satisfecho, más bien satisfecho, no muy satisfecho o nada satisfecho con el funcionamiento de la democracia?”.

Esto es algo que viene pasando en toda la región. Uruguay siempre se mantiene estable, y El Salvador, México, República Dominicana y, sorprendentemente, Nicaragua, que están al alza.

Fuente: elaboración propia en base a Latinobarómetro. % de confianza suma las respuestas a la encuesta bajo las categorías “Algo de confianza” y “Mucha confianza”. La pregunta realizada es: “¿Diría Ud. que está muy satisfecho, más bien satisfecho, no muy satisfecho o nada satisfecho con el funcionamiento de la democracia?”.

Por otro lado, más arriba te conté que la causa de esta caída venía por la combinación de dos elementos, sobre la dirigencia política ya ahondé, el segundo son las instituciones de gobierno. Si los primeros representan a los encargados de apretar los botones, éstas son los botones propiamente dichos. Por eso la caída en la confianza en los actores viene también con una merma de la confianza en la Presidencia, el gobierno, el Poder Legislativo, el Poder Judicial y los partidos políticos. Todos juntos en la misma bolsa donde los están golpeando. Nuevamente, la tendencia a la baja se ve en la línea de tiempo publicada por Latinobarómetro. Los puntos del gráfico a continuación siguen el mismo recorrido que la línea de evolución de (des)confianza sobre la democracia.

Fuente: elaboración propia en base a Latinobarómetro. % de confianza suma las respuestas a la encuesta bajo las categorías “Algo de confianza” y “Mucha confianza”. La pregunta realizada es: “Por favor, mire esta tarjeta y dígame, para cada uno de los grupos, instituciones o personas de la lista ¿cuánta confianza tiene usted en ellas?”. Rojo = Congreso. Azul = Gobierno. Celeste = Presidente. Verde = Poder Judicial. Naranja = Partidos Políticos.

En términos de confianza institucional, hoy estamos más cerca de Bolivia, Brasil, Colombia, Nicaragua, Panamá y Venezuela que de la princesa democrática, institucionalizada y estable uruguaya.

Fuente: elaboración propia en base a Latinobarómetro. % de confianza suma las respuestas a la encuesta bajo las categorías “Algo de confianza” y “Mucha confianza”. La pregunta realizada es: “Por favor, mire esta tarjeta y dígame, para cada uno de los grupos, instituciones o personas de la lista ¿cuánta confianza tiene usted en ellas?”. Rojo = Congreso. Azul = Gobierno. Celeste = Presidente. Verde = Poder Judicial. Naranja = Partidos Políticos.

Tenemos, entonces, el combo McDonald’s de la desconfianza: no estamos contentos con la democracia, tampoco con los dirigentes políticos ni con las instituciones y, mucho menos, con cómo funciona el Estado. Esta ola es generalizada en la región, tal como observamos en el trabajo que te mencioné con Fundación Directorio Legislativo y como también resaltó María Victoria Murillo en una muy buena entrevista reciente. 

Se viene el descontento. ¿Quién lo capitaliza? Por ahora, parece que nadie. En América Latina en general las demás instituciones (Iglesia, Fuerzas Armadas, Sindicatos, ONGs) no parecieran ser los canalizadores de la desconfianza ciudadana. “A mi modo de ver, hoy en día no hay instituciones que estén siendo visualizadas como reservorios de confianza institucional. Ya sean los grandes empresarios, la justicia en general, la Corte Suprema, están muy mal vistos. Tienen altas tasas de rechazo o generan desconfianza en la sociedad argentina. Es difícil ver que algún sector esté en condiciones de recibir la confianza ciudadana. Tiene que ver con cómo intervienen en la agenda política”, amplía Gustavo. Te invito a que revises la base de datos histórica de Latinobarómetro, donde tienen una serie más corta para analizar, pero que igual sirve para hacerse una idea.

Y en Argentina, en particular, hay un dique de contención todavía en la grieta. Gustavo remarcó: “Toma cada vez más velocidad la idea de la sanción electoral. Cristina Kirchner, luego de sus dos mandatos, recibió un castigo electoral cuando la sociedad argentina no votó a su candidato Daniel Scioli y sí lo hizo por Mauricio Macri. No tanto por la cuestión económica, que empezaba a asomar, sino por una cuestión de estilo político e ideología. Luego vino el gobierno de Macri que, claramente sí fue castigado por motivos económicos tras 4 años de gobierno. Y tenemos también ahora un castigo electoral hacia el gobierno de Alberto Fernández, que tiene una profunda connotación económica, donde el tiempo de espera fue de tan solo 2 años”. Matiza, igual, al precisar que la negatividad agravada no impide que un dirigente pueda ganar una elección, de tipo provincial o de tipo nacional. “Si se enfrentan dirigentes con el mismo nivel de imagen agravada, entonces la elección resulta pareja. La imagen es un factor más en la evaluación. Intervienen otros atributos: la historia de vida, su currículum, sus gestiones, sus pensamientos, el grado de relevancia en la agenda pública, su inserción en la discusión pública”. 

Al respecto, en el módulo del informe dedicado al apoyo a los principales actores partidarios, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio canalizan todavía la mayoría de los apoyos ciudadanos. Quiero remarcar el todavía, porque aparece, con sorpresa, un espacio libertario en crecimiento y ubicado en el tercer lugar, pero aún lejos de las grandes coaliciones. Esta novel reunión de jóvenes se ubica, además, mayormente en el interior del país que en el AMBA, tal como indicó Yanina Welp al analizar la encuesta. Por otro lado, además de la distribución de las preferencias, el sistema contribuye a alambrar el descontento expresado en legisladores que gritan. “En las elecciones legislativas suelen crecer fuerzas que están en la periferia o que no están contenidas dentro de las coaliciones mayoritarias, pero cuando llegan al Congreso y tienen que negociar posiciones es cuando empiezan a perder el caudal propio, sobretodo cuando son ‘antisistema’ y tienden a perder caudal electoral e identidad”, precisa Paola. “La decepción es con los dirigentes que representan a la política tradicional y personajes como Javier Milei significan una reacción a esa decepción”. La sábana corta del discurso antisistema.

Si querés ampliar un poco más sobre lo conversado con Gustavo Córdoba, acá te dejo las preguntas que le mande con el audio de cada respuesta:

  • ¿Crees que la sensación de descontento generalizado con la democracia es un fenómeno argentino o puede ser más regional? Respuesta.
  • Si los políticos aparecen como los principales responsables de este escenario, ¿qué actores o instituciones estarían canalizando confianza? Respuesta y respuesta.
  • ¿Qué explica la imagen negativa de los principales dirigentes nacionales con el sostenimiento de los niveles de apoyo de una eventual elección nacional? Respuesta.

Recuelectorales

Si estás como yo ahora, tirado en un reposera o artefacto similar, te dejo varios recursos para leer, escuchar, compartir y utilizar. Si no estás así y estás laburando para el capitalismo burgués, también te los dejo:

  • Esto lo tengo guardado desde mitad del 2020 y ahora me parece oportuno compartirlo. ¿Qué cambió en el electorado en los últimos 50 años? Martín De Simone, de Abro Hilo, compartió un informe de The Economist que deja interrogantes. Hace cinco décadas los votantes menos educados votaban a la izquierda y los de mayor educación a la derecha. Hoy pareciera ser al revés. El problema con el informe es que tenés que loguearte a la web y pagar. Al menos el gráfico es ilustrativo. Por ahí lo conseguís en los rincones oscuros de la web. Si lo haces, ¿te copás y me lo mandás? Compartamos papers y hagamos de este espacio un Sci-Hub en potencia.
  • Agenda Pública tiene muchas cosas cancheras, además de una nueva web. Entre todo lo que generan tienen un podcast con preguntas muy interesantes. Como por ejemplo si votar es un derecho o un deber. ¿Qué relación existe entre lo que pide el electorado y aquella oferta política? ¿Acaso la alta participación electoral de algunos grupos puede producir sesgos en la oferta y perjudicar así a otros grupos menos movilizados? ¿Qué rol juega en todo esto la obligatoriedad del voto? Para conocer las respuestas, lo escuchás acá.
  • En la apertura de la Season II de La Gente Vota te mencioné que Estados Unidos tendrá todo un año de primarias antes de las legislativas, estatales y locales de noviembre. Acá, Decision Desk HQ armó el calendario de esas internas. Hay algunas muy picantes.
  • Otro de la patria gringa. Ya te compartí en entregas pasadas algunos recursos de Pew Research. El 10 de diciembre sacaron un informe piola donde indican que los demócratas tienen un consenso fuerte para indicar que Obama fue su mejor presidente. Los republicanos, en cambio, se debaten entre Reagan y Trump. Insumo destacado para pensar los movimientos tácticos que se vienen en el partido del elefante.
  • El proyecto Reformas Políticas de América Latina tiene una amplísima base de datos sobre, justamente, reformas políticas. También organizan un seminario permanente y anual sobre reformas electorales y democracia con reconocidos especialistas en temas electorales. Acá tenés el calendario.

Recordá que, por ser parte de este prestigioso club electoral, podés estar al día con el Google Electoral Calendar (acá desde tu compu y acá desde tu celu) actualizado a 2022 y/o con una lista de Twitter que nutre a La Gente Vota.

Un abrazo electoral, cuidate y nos leemos en dos semanas,

Facu

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Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy me encuentran dando clases en UBA, UTDT y UADE. Me encantan las elecciones y me sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tengo es aprenderme la historia de los partidos políticos. Creo que la política marida muy bien con un tinto.