La gente vota

No se olviden de la participación electoral

En Argentina el voto es tanto un derecho como una obligación. A pesar de las malas lenguas, los datos muestran que el sistema político está vital, activo y con buenos indicadores.

Hola, ¿cómo estás?

Mi intención era dedicar la entrega de hoy a un análisis sobre el cierre de listas, qué tanto se usarán las PASO como herramienta para dirimir las candidaturas y cómo eso va a mostrar que son buenas y lindas, no feas e inútiles. Pero los tiempos de la justicia electoral van en contra del periodismo de investigación. Como todavía no están confirmadas todas las listas presentadas, después de impugnaciones presentadas y dubitativos que se terminaron bajando, quedará para más adelante. Sí te puedo anticipar que la proporción de uso de las PASO va a ser alta y, tal vez, la más alta a 10 años de su nacimiento. Buen cumple.

Igual, si ya llegaste hasta acá y no lo borraste, no te deprimas. Porque el tema de hoy igual está re piola: voy a hablarte de la participación electoral. No es un tema random, sino que es central para nuestro sistema político. A mí me preocupa el caldo de cultivo que se empezó a generar con mucho aroma a 2001, como si la clase política estuviera desconectada totalmente de la realidad, y eso, eventualmente, se pudiera manifestar dentro de unos meses en niveles bajos de participación electoral y altos de voto bronca (voto nulo, voto blanco, voto Clemente, voto salame y derivados). No estoy del todo de acuerdo con esa visión y creo que las elecciones legislativas del 2021 servirán para mostrar la vitalidad del sistema político argentino. Porque si la región se prende fuego cada tanto, nosotros aprendimos a reconstruir un sistema después de un fuerte terremoto. La política también aprendió.

Ir a votar es bueno y los datos así lo muestran.

¿Por qué ir a votar es bueno y los datos así lo muestran?

Parte del tema de hoy me lo despertó la querida colega María Esperanza Casullo con su carta de amor a las elecciones argentinas, publicada hace algunas semanas y que recién llegué a leer hace dos días. La otra parte me la despertó otro gran amigo, Eduardo Minutella, quién escribió un bello texto sobre los 20 años de las fatídicas elecciones del 2001 que presagiaron todo el terremoto que vino después. Ambos escribieron de manera complementaria sin darse cuenta, y en cierta medida acá intentaré sintetizarlo en un punto central de nuestro sistema político: ir a votar. Mientras que Edu resalta con estilo y prosa el sentimiento antipolítico que corrió por aquellos años en los medios, los dirigentes políticos y el voto, MEC resalta las virtudes de un sistema político que se apoya, fundamentalmente, sobre un bien diseñado y organizado sistema electoral. Ahí es donde creo que ambos se tocan: al sistema político argentino lo salvamos todos y todas yendo a votar, después de haber faltado una vez porque dudamos de él.

Esto no es menor por la sencilla razón de que la participación electoral es un elemento clave de toda democracia contemporánea. Hace al motor y energía de un régimen democrático que permite garantizar la efectiva representación de los intereses ciudadanos en la toma de decisiones públicas. Los gobernados eligen y los gobernantes deciden. Así funciona la maquinaria, y está bien.

Esta máquina puede organizarse de distintas maneras. Argentina se encuentra en el reducido grupo olímpico de los países que tienen voto obligatorio, razón por la cual la Constitución Nacional otorga el derecho a sus ciudadanos (nativos y naturalizados), pero se los demanda como una obligación ciudadana. Es una transacción democrática con compromiso republicano, que implica intervenir y participar, pero con la garantía de que vas a hacerlo. Es, en cierta medida, la otra cara de una moneda que tiene al compromiso liberal, el cual, por el contrario, implica intervenir y participar con la libertad de hacerlo. En el gráfico de más abajo podés ver la distribución de países de acuerdo a si contemplan el voto obligatorio (compulsory voting) o bien el voto voluntario (no compulsory voting). Como verás, son menos los países que tienen voto obligatorio, pero son aquellos donde mayor proporción de los electores participa en promedio. En esta nota corta de IDEA International encontrás la info completa.

Argentina no solo es del equipo de los países con voto obligatorio sino también de los del voto joven. Desde el año 2012 la reforma implementada en Ley N° 26.774, conocida como la Ley de Ciudadanía, extendió el derecho a votar en elecciones nacionales a los jóvenes entre 16 y 18 años. El voto también es obligatorio para este segmento etario, pero aquellos que no concurren a cumplir con el compromiso republicano no son considerados infractores (igual que los mayores de 70 años). O sea que sos joven, debés ir a votar, podés hacerlo, pero si no vas no te penalizan. Gol.

Y este cocktail legal, ¿qué efectos produjo en la participación electoral en Argentina? ¿Cambió algo con las PASO? Acá los datos alentadores.

Fuente: elaboración propia en base a OEAR CIPPEC y Wikipedia. Los años indicados con * implica el valor para la elección PASO. La línea punteada azul calcula la media móvil de 2 elecciones consecutivas, mientras que la de guiones naranja es la tendencia lineal.

A grandes rasgos, la línea de tendencia desde la primera elección celebrada en el retorno a la democracia en 1983 muestra que los más escépticos sobre el funcionamiento del sistema político argentino tienen razón. Desde valores superiores a 85% pasamos a guarismos que varían entre el 70% y el 80%. La tendencia es decreciente y eso les da de comer. En particular, por la fuerte caída que se produjo en las elecciones de 2001 y 2003, justamente las del terremoto, las que resalta Edu. Pero hay dos puntos que contradicen esa negativa opinión sobre el devenir político argentino. El primero, es que la tendencia a nivel mundial también es decreciente. Si volvés a ver el mapa de más arriba verás que el promedio agregado de países que tienen voto obligatorio también cae en el mismo período, aunque en menor medida que los países que tienen voto voluntario. Eso no es una buena noticia, para nada. Pero si Argentina está en las puertas de una crisis de representación muy grave, todos lo están también.

El segundo punto para marcar necesita un párrafo aparte. La otra línea de tendencia es la que más me gusta: la que indica el promedio entre dos elecciones. Claro que es la que refuerza mi argumento defensivo, pero así funciona la ciencia política. Esa línea permite dividir el nivel de participación electoral en distintos períodos o etapas de amor y odio ciudadano a la política. El alfonsinismo y la primavera democrática muestra un promedio de casi 85% en todas las elecciones celebradas, mientras que el menemismo lo hace caer hasta el 80% entre 1991 y 1999; la crisis del 2001 hasta las elecciones del 2009 (las últimas antes de la implementación de las PASO) lo llevan más bajo aún, rondando el 75%; y a partir del 2011 el promedio sube hasta el 77%, con altas y bajas algo cambiantes, como por ejemplo las primarias de 2015 (71,70%) y las de 2017 (72,37%). Volvé al gráfico y partí las etapas tal como las separé yo, a ver si te parece lo mismo.

Parafraseando a un célebre filósofo, parece que estamos mal, pero no tan mal. Yo diría que estamos bien y podemos estar mejor, no se va a romper todo como hace veinte años. Una crisis de representación acompañada de crisis económica, con crisis política e institucional de postre, está muy lejos de esta mesa. La democracia argentina sigue vigorosa, sigue activa, sigue vigente y viva. Esto no ocurre ni transcurre por simple inercia, ocurre y transcurre porque la ciudadanía argentina vota. Para que siga este curso positivo y vigoroso es necesario promover la participación electoral, garantizar la seguridad el día del acto electoral en medio de una pandemia y tranquilizar a cada ciudadano convencido de su compromiso republicano. El mundo aprendió a votar en pandemia y hay mecanismos que buscarán garantizarlo, como bien contó la Directora Nacional Electoral (DINE), Diana Quiodo, en esta entrevista con Gabriela Pepe. Al respecto, la Cámara Nacional Electoral aprobó el martes pasado el protocolo para garantizar el derecho y la obligación al voto con los cuidados pertinentes, elaborado de manera conjunta con la DINE y el Ministerio de Salud de la Nación.

Por eso La Gente Vota está contenta, porque hay medidas, herramientas y recursos para que nadie tenga temor de ir a votar. Mantengamos vivo nuestro sistema político, participemos, involucrémonos, intervengamos y votemos. Rompamos la tendencia de este 2021, que viene con dos elecciones provinciales a la baja (como peloteamos acá y acá). Quedémonos en la creciente curva que se viene dando desde 2011. Porque sí, ir a votar es bueno y los datos así lo muestran.

Elecciones pintorescas

  • Venimos algo abstemios de elecciones en el mundo. Pero no desesperes: votaron parlamentarias en Santa Lucía el 26 de julio pasado. Queda por acá, cerca de donde la hermana de la Reina Elizabeth II, Margaret, iba a vacacionar, y es otro lugar hermoso para ir a fiscalizar. Como la mayoría de esas islas de herencia británica, sigue el Modelo de Westminster, que consiste en un parlamentarismo donde sus legisladores son electos por distritos uninominales por mayoría simple, y el líder que logra la mayoría de las bancas, se convierte en primer ministro de la islita. En total se ponen en juego 17 escaños y, atenti con esto, tienen un Senado. Sí, como leíste: el Governor-General, representante de la Reina Elizabeth II, designa a 11 miembros (6 por la mayoría, 3 por la minoría y 2 "independientes") de una Cámara alta que funciona como la Cámara de los Lores británica. Te dije, todo muy british. La pregunta que asombra es para qué una isla de 185.000 habitantes quiere un Senado, queseyo. La herencia Commowealth viene desde la independencia de la isla en 1979, lograda durante el gobierno conservador del Partido de los Trabajadores Unidos (UWP, por sus siglas en inglés). En ese momento, el gobierno autónomo decidió permanecer en la alianza política transnacional británica y reconocer a la Reina Elizabeth II como su monarca. Volviendo al tema de las elecciones, me cuenta @FEscrutinio que el oficialista UWP venía muy alineado con Trump, reconociendo a Guaidó y anti China, a instancias de su líder Allen Chastanet. Resulta que la estrategia le salió mal al tipo: ganó Biden, la oposición del Partido Laborista (SLP) propuso la reducción de impuestos, el ex líder de UWP le soltó la mano a Chastanet, y Phillip Pierre se los llevó puestos a los conservadores. Esto es algo común en la isla: desde 2001, en 5 elecciones, hubo 4 alternancias entre UWP y SLP. La última reelección oficialista se dió entre 1997 y 2001, con victoria laborista. A ver cuánto dura Pierre. Si esta historia te rompió la cabeza como a mí, el mismo @FEscrutinio armó esta cartografía electoral de la isla.
  • El 12 de agosto próximo Zambia vota en elecciones generales y se renueva todo. El presidente se elige por mayoría absoluta con ballotage (desde 2015, antes era mayoría simple) y la Asamblea Nacional, de 167 miembros, se conforma de 156 legisladores electos por mayoría simple a distrito uninominal, 8 designados por el presidente y 3 extras (el Vice, el Speaker y un Vice Speaker electo por fuera de la asamblea). El Frente Patriótico (FP) es la fuerza oficialista de centro-izquierda y se presenta a la reelección su líder, Edgard Lundu, quien tomó el timón en 2015 luego de la muerte de su fundador, Michael Sata, primer presidente electo por FP en 2011. Lundu, victorioso en la elección especial de 2015, luego revalidó el título ganando en 2016, alcanzando por primera vez la mayoría propia en la asamblea. Enfrente tiene a una oposición que se está reacomodando. Por un lado, el Partido de la Unidad Nacional para el Desarrollo (UPND, por sus siglas en inglés), social-liberal y fundado en 1998, que salió segundo en la elección del 2016 y casi rascan el ballotage. Por otro lado, el Movimiento por la Democracia Multipartidaria (MMD) de centro, que dominó la política de Zambia desde 1991, cuando derrotó en las primeras elecciones libres y abiertas al socialista UNIP, único contendiente desde 1964 hasta 1991. En el medio de todo eso, UPND y UNIP también armaron su propia coalición en 2006, con resultados magros (3er lugar detrás de FP). Encuestas, claramente, no te puedo mandar, pero sí comentarte que en V-Dem Zambia venía mejorando hasta llegar a un pico de 0,54 en 2009, pero hoy en día se ubica en 0,34 (lejos del 0,7 de Sudáfrica, por ejemplo). Eso sí, los resultados de las elecciones son muy peleados. Todo que envidiarle a la unicidad de UNIP entre 1964 y 1991, cuando ganaba con el 95% de los votos y 5% de votos en blanco.
  • En Ohio (EE.UU.) hubo primarias para cubrir la banca de representantes del distrito N° 11. Acá te cuentan un poco el contexto previo. ¿Por qué a esta altura del año? Porque renunció Marcia Fudge, quien representaba al distrito desde 2008, y ahora asumió como Secretaria de Vivienda y Desarrollo Urbana del gabinete de Joe Biden. Como es un bastión fuertemente demócrata, el interés no estuvo tanto en la primaria republicana sino en la del partido azul. Se presentaron dos contendientes: Nina Truner, sanderista, y Shontel Brown, bidenista. Más que el cargo se jugó la disputa interna del Partido Demócrata entre izquierdista y liberales centristas. Para respiro y sueño calmo de Biden, ganó Brown por un pelo: 50,18% a 44,52%, apenas 4.246 votos de diferencia. Acá una lectura más amplia y acá una explicación desde la geografía electoral.
  • Esto también me rompió la cabeza. El Partido Con Vocación por San Isidro viene eligiendo sus autoridades por el sistema de Voto Único Transferible (VUT), del cual ya te conté en ediciones anteriores. Me contó el presidente de su bloque de concejales, Manuel Abella, que les viene rindiendo bárbaro desde 2011 (acá lo detalla en un hilo). Tuvo la complejidad que lo caracteriza al comienzo, pero armaron una presentación web muy piola que pueden ver acá. Lo implementaron de manera digital con una API y una web, cada afiliado entra con su DNI y la votación dura una semana. El piso establecido fue del 50% y después la tecnología hace lo suyo. Me pareció algo muy piola y posible de implementar para algunas elecciones internas partidarias, aunque, claro, pierde la magia de la mesa, la presencialidad e ir hasta el local del partido a charlar un rato. Todo partido tiene y necesita su componente social de interacción.

Notielectoral

  • Te conté hace dos semanas que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) apeló a la democracia directa de masas y convocó a un referéndum sobre varios temas. Le salió el tiro por la culata porque, si la participación electoral superaba el 40%, entonces la decisión se hacía vinculante. Bueno, resulta que solo votó el 7,11% del padrón. No contento con eso redobló la apuesta, cantó retruco y convocó para fines de marzo próximo un referéndum revocatorio sobre su mandato. Textual: “Ya viene revocación del mandato y va a ser interesantísimo […] porque el grupo conservador tiene la oportunidad de reagruparse, como lo hicieron en junio, cuando no querían que contáramos con la mayoría. Y se unieron todos. Políticos, corruptos, la mayoría de los medios de comunicación. Los sectores más retrógrados". Yanina Welp escribió una muy buena nota sobre la convocatoria, resaltando que no era necesaria, que la pregunta era confusa y que se planteó de manera divisiva (apoyo/rechazo al presidente). ¿Ven, además, por qué la participación electoral es buena y el voto obligatorio sirve?
  • Como te conté más arriba, la CNE aprobó el protocolo Covid-19 para las elecciones legislativas argentinas 2021. Si te gusta la lectura legal en tu tiempo libre acá te dejo la acordada. Tres cositas para resaltar:
    1) Prestá atención al rol del facilitador sanitario, que es una de las cosas nuevas de estas elecciones y que queda bien claro en la resolución firmada. Plus uno.
    2) Los grupos de riesgo podrán ir a votar entre las 10.30 y las 12.30, teniendo prioridad para hacerlo y evitar que puedan ser designados como autoridad de mesa. Plus dos.
    3) Hay un contrapunto ya planteado sobre la delegación en la justicia electoral federal del protocolo para votar para personas con síntomas positivos. Una parte de la biblioteca considera que la administración del proceso electoral argentino así lo demanda, mientras que otra (acá hay una postura al respecto) cree que debería haber criterios homogéneos para todo el país y, tal vez, habilitar mesas especiales de votación para esos casos. El debate queda planteado. Armemos un panel y discutamos elecciones.
  • El magnánimo Lauti Torres te contó ayer #NCALN, newsletter vespertino para quienes forman parte de la comunidad que aporta a Cenital, que el Tribunal Superior Electoral de Brasil va a investigar a Jair Bolsonaro por sus valoraciones negativas sobre el sistema electoral. No solo lo criticó todo completito, sino que le agregó movilizaciones de sus seguidores, seguramente autoconvocados. Esto ocurre en el medio de su marcada caída de popularidad, a contramano del crecimiento de Lula da Silva. Hizo bien en aprender de Trump, que hizo lo mismo y después perdió. Seguro le sale bien.

Recuelectorales

Me voy con dos recuelectorales relacionados al tema central de hoy:

  • Más arriba leíste sobre el voto joven. Este documento de trabajo de Iván Torre es muy interesante. Si bien tiene sus años ya porque es de 2016, resalta que la participación electoral de votantes entre 16 y 18 es baja. Crece, sin embargo, en aquellos distritos donde también crecen los +70, lo cual permite pensar que la motivación de ambos grupos puede ser similar porque son los excluidos del registro de sanciones. Además, es más alta en sectores socioeconómicos altos y bajos, pero no en los medios.
  • Sobre el voto obligatorio en el mundo acá te dejo una infografía animada muy piola de Data World que te permite ver la evolución a lo largo de los años y acá una herramienta interactiva de IDEA International.

Recordá que, por ser parte de este prestigioso club electoral, podés estar al día con el Google Calendar Electoral (acá desde tu compu y acá desde tu celu) y/o con una lista de Twitter que nutre a La Gente Vota. 

Un abrazo electoral, cuidate y nos vemos en dos semanas,

Facu

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Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy me encuentran dando clases en UBA, UTDT y UADE. Me encantan las elecciones y me sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tengo es aprenderme la historia de los partidos políticos. Creo que la política marida muy bien con un tinto.
@facucruz
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