Las alquimias del Dr Milei: picardías, ausentismo y punteros de la IA

Post mundial, el Gobierno lanza la campaña presidencial. Al menos, veinte provincias elegirán gobernador antes de junio de 2027. Las reformas y el plan anti corrida de Caputo. Kicillof, Cristina y el podio de opositores.

Sin PASO, con boleta única de papel (BUP), sin elección de gobernadores el mismo domingo y con baja concurrencia para magnificar el núcleo duro. El Gobierno libertario activó el laboratorio para moldear la presidencial de 2027 para, con un shock de reformas instrumentales disruptivas, blindar un único propósito: mejorar las chances de reelección de Javier Milei.

Un formato electoral no hace ganar ni perder elecciones, pero en disputas cerradas puede ser clave. Con escenarios ultra polarizados, como quedó demostrado en gran parte de las últimas veinte elecciones en América, un puñado de votos marcan la diferencia entre el cielo y el infierno. Entre el poder y la cárcel. Milei lo sabe. Y aceptó, con pragmática brutal, que debe negociar.

Santiago Caputo, que en 2025 perdió con Karina Milei la pulseada táctica sobre pactar o enfrentar a los gobernadores -se impuso la hermanísima, que asimiló la tesis de los primos Menem-, puede regodearse de que, apenas un año después, Karina quiera negociar con los jefes territoriales. La batalla del 2025 forzó una negociación cruzada para el 2027. Diego Santilli es el puente. La foto en Tucumán de Milei con mandatarios de 14 provincias es una pista, no lineal, del mapeo de alianzas.

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Romper a un peronismo roto

Con matemática básica, Milei entendió que sus posibilidades de reelegir aumentan si se eliminan/suspenden las PASO. Internalizó la teoría de Caputo que sostiene que, de ese modo, le arrebata al PJ una herramienta de dos filos: por un lado, una primaria permitiría aglutinar en un solo espacio a gran parte del panperonismo; por el otro, serviría para resolver la crisis de liderazgo y conducción en el PJ. Sirve, en este contexto, la encuesta de Casa Tres sobre quién es visto -comparado con enero de 2024- como principal opositor a Milei: Axel Kicillof encabeza con 34%, seguido por Cristina Kirchner con 19%.

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Los datos que leen en Casa Rosada ubican a Milei en un ratio de entre 30 y 35 puntos, con una negativa alta y sólida. Sin PASO y con una oposición fragmentada aumentan las chances de una victoria en primera vuelta, gracias al balotaje que Carlos Menem negoció, en el pacto de Olivos, con Raúl Alfonsín en la reforma de 1994: se gana con 40 puntos más 1 voto y diez de diferencia sobre el segundo.


¿Espejo del 2007? Aquel año, Cristina Kirchner ganó con 45,3%. Para superar ese piso, Néstor Kirchner pactó con cinco gobernadores de la UCR, sin los que seguramente no llegaba al 45%. El desafío inicial era superar los 40 porque, sin cintura, ni voluntad ni herramienta electoral, la oposición compitió atomizada: fueron, por separado, Elisa Carrió (23%) y Roberto Lavagna (17%).

En la hipótesis libertaria, desarticular las PASO podría ser útil porque con el peronismo partido en 2 (o en 3), el más votado de ese espacio estaría más cerca de 20% que de 30%. Y, con esos porcentajes, el rival que llegue al balotaje lo haría poco legitimado en cuanto a caudal electoral y, por tanto, más débil. Todos, hasta acá, experimentos de laboratorio electoral cuando falta más de un año para el cierre de listas.

El apuro como regla  

¿Por qué tanto apuro por modificar ahora las PASO? Simple: post desembarco de Santilli, y con el peronismo incapaz de vender futuro, los gobernadores están dispuestos a negociar con la Casa Rosada. Tienen, además, un deadline: casi todos -o todos- van a desdoblar la elección local y quieren, antes de definir su propio calendario electoral, saber con qué reglas se jugará la nacional.

Al menos 20 provincias habrán votado gobernador cuando, en junio (con PASO) o en agosto (sin PASO), se anoten las candidaturas presidenciales. El apuro de los caciques locales tiene una matriz económica: con recursos en caída, propios y de coparticipación, consideran mejor llamar a votar cuanto antes para tratar de llegar con mejor cobertura en cuanto a caja, luego de meses duros en materia de recaudación.

Frente a ese esquema, Karina Milei puso en marcha la estructura partidaria para que, apenas termine el mundial, todos entren en modo campaña. Quedó trunca la gira de Milei por las provincias y la hermanísima planea retomarla antes de fin de año. Post mundial, varios actores esperan definir sus movimientos. Jorge Brito es uno y el pastor Dante Gebel reaparecería en las próximas semanas.

Sometido a un polígrafo, Santilli confesaría que su alineamiento con Karina Milei es táctico, por supervivencia y olfato sobre dónde está el poder, pero que su lógica electoral matchea, casi calcada, con lo que propuso (y propone) Santiago Caputo. Hay un matiz: el fin último de Santilli es ser gobernador bonaerense, mientras que (lo que alguna vez fue) el Triángulo de Hierro está dispuesto a renunciar a todo para garantizar la reelección de Milei.

Ola violeta. Fin. 

La cruzada libertaria de 2025 para pintar el país de violeta es pura fantasía. Con la foto de hoy, en 2027 La Libertad Avanza (LLA) se enfocará en un puñado acotado de territorios pero dispuesto a negociar por el fin mayor: la reelección presidencial. No hay un plan para colonizar las provincias. Según un operador violeta, Milei no quiere tener gobernadores propios: prefiere tener gobernadores aliados.


“Es más fácil negociar con los gobernadores, y en todo caso meter legisladores nacionales, que tener provincias propias a las que hay que financiar y donde, además, tenés dirigentes que se pueden mandar cagadas. Para eso, mejor no tener ninguno”, traduce un dirigente libertario. Es, cierto o no, un mensaje para calmar a los jefes locales, que solo están preocupados por garantizar sus territorios y que la Casa Rosada no los haga perder.

¿Puede, Martín Menem, lanzarse a competir por la gobernación de La Rioja? Dos meses atrás, la tesis sonó en Diputados. Pero los Menem, Martín y Lule, se sienten muy cómodos habitando la superestructura. Un dirigente opositor, que los conoce y negocia con ellos, teoriza que los riojanos tampoco quieren gobernadores libertarios porque se convertirían en otros polos de poder en LLA. “Y potenciales rivales para la sucesión del 2031”, especula. Como si existiera algo llamado 2031.

La masacre de los propios

Santilli, los Menem y Patricia Bullrich, cada uno con sus velocidades y propósitos, empezaron el punto para juntar los votos para eliminar las PASO. En el Senado, donde empieza la discusión, el tironeo es con el PRO, que ordena Mauricio Macri, y la UCR. El PRO ya avisó que no quiere eliminar las primarias, pero está atado a un pacto sobre CABA y provincia de Buenos Aires.

Con la UCR hay que mirar un territorio hacia Mendoza. Alfredo Cornejo, que no puede reelegir, pide que la Casa Rosada desactive a Luis Petri, a quien ve como una amenaza. Cornejo avisó que, en la provincia, las PASO locales seguirán vigentes en 2027. Tendrá que hacer una cabriola argumental para explicar por qué acepta eliminar/suspender en Nación pero no en Mendoza.


Los Milei están dispuestos a sacrificar a Petri como, del mismo modo, sacar de carrera a María Emilia Orozco en Salta, tal como pide el gobernador Gustavo Saenz, y a Nadia Márquez en Neuquén, como parte de un acuerdo con Rolando Figueroa. En todos los casos, aunque las chances de cada candidato son variables, la carta fuerte de la Casa Rosada es que, si los presenta, puede hacer perder a los gobernadores.

El menú corto que ofrece Santilli es: 1) competir juntos para ganar (o tratar), 2) LLA presenta lista propia para dividir a la oposición y ayudar a ganar al gobernador (como podría ser el caso de Misiones), o 3) no presenta oferta libertaria para no sacarle votos al mandatario aliado. Por la negativa, la sola competencia puede garantizar la victoria peronista. El caso testigo es San Juan, donde Marcelo Orrego está golpeado y, para tener alguna chance, debe pactar unidad con LLA o negociar que no presente candidato.

Las colectoras que aparecieron en la conversación se limitarían a incluir, en la BUP -que nunca se usó para presidente- un tilde de “adhesión” para que listas de legisladores nacionales que no sean de LLA puedan colgarse de la candidatura presidencial de Milei. ¿Qué gana el presidente? Sumar votos blandos. ¿Qué pierde? Votos blandos se podrían ir a otras listas de legisladores que no son de LLA.

El negocio del ausentismo

Más allá del optimismo que emiten algunos clanes libertarios, el diseño del esquema electoral demuestra incertidumbre sobre el resultado. Los mensajes de esta semana de Luis “Toto” Caputo, una especie de plan anti default y anti corrida, operan en la misma línea de inquietud. El Gobierno trata de apagar esos puntos críticos pero no parece asumir otros, en particular la economía real.

Un estudio de #OpinaArgentina pone la lupa sobre el dilema crecimiento vs. inflación, y el resultado debería ser un llamado de atención para Milei: 81% cree que el Gobierno debería priorizar estimular el crecimiento de la economía por sobre la baja de la inflación. Un estudio de Casa Tres de Mora Jozami comparó la preocupación entre desempleo e inflación, y la secuencia es ilustrativa de cómo cambió la demanda: un enero de 2024, 27% señalaba a la inflación como principal y solo 3% el desempleo. En junio pasado, el desempleo es la principal preocupación para el 13% mientras que la inflación bajó a 4%.



Pero hay un factor extra sobre la mesa: con números competitivos pero modestos -tomemos una intención de voto de 30/35% que contemplan en Casa Rosada- se vuelve determinante la concurrencia electoral. La expectativa de una baja concurrencia electoral está en la mesa de arena libertaria, porque eso mejora las chances del oficialismo para que, con menos votantes, un núcleo duro de 32 puntos se estire hasta 40.

La general de 2025, con 67% de asistencia, marcó el punto más bajo de concurrencia electoral desde el retorno de la democracia. Es una tendencia progresiva de deterioro, según analizó en su momento Facundo Cruz desde el Centro de Investigación para la Calidad Democrática (CICaD).

La Cámara Nacional Electoral (CNE) puso ese asunto en el radar. En la acordada 108 del 25 de junio advirtió sobre el problema del ausentismo e impulsó un programa para que en los colegios, ONGs y medios de comunicación, además de las redes sociales, se hagan campañas para incentivar la participación electoral de los jóvenes, segmento donde la baja concurrencia es más crítica. Un informe de la CNE sobre voto joven presenta un dato bravo: en las generales nacionales de 2025, el ausentismo electoral entre personas de entre 18 y 30 años llegó al 34,52%. Casi 7 puntos más que en la legislativa de 2021 y casi el doble de la intermedia de 2017.

La baja concurrencia no es, claro está, responsabilidad de la gestión libertaria. Incluso, posiblemente se pueda encontrar en la decepción con la política un punto en común que vincule el ausentismo y la irrupción de un outsider como Milei. Más allá de eso, en el laboratorio libertario están convencidos de que la baja concurrencia los beneficia, aunque aparece el factor de las edades y los géneros: se sabe que entre jóvenes y varones, Milei está mejor que entre adultos y mujeres.

Otro jugador en el ring electoral

Cármen Lúcia, presidenta del Tribunal Superior (TSE) de Brasil, advirtió que el “abuso o mal uso” de las tecnologías puede “contaminar” las elecciones. La Justicia brasileña fijó restricciones respecto de las recomendaciones electorales de los chatbots. Sin embargo, la agencia AFP hizo un sondeo con ChatGPT, Gemini y Grok y obtuvo respuestas directas sobre a quién votar.

Las respuestas fueron sesgadas y en más de un caso incorrectas, como sugerir votar a un candidato que declinó su postulación. A la hora de sugerir ranking, Flavio Bolsonaro, el principal rival de Lula Da Silva, ni siquiera figuró entre los primeros cinco recomendados. 

En España, un análisis del diario ABC detectó que ChatGPT tiende a preferir candidatos del PSOE y lo atribuyó a que OpenIA tiene un convenio con el diario El País para usarlo como fuente confiable. 

En Alemania, un estudio encontró que hay una tendencia de los chatbots a polarizar: se recomiendan con más intensidad ofertas extremas, tanto de derecha como de izquierda. Algo similar se comprobó en Países Bajos: el 56% de las recomendaciones de los chatbots fue hacia partidos de extrema derecha o de extrema izquierda.

En Francia, 16% de los votantes reconoció haber utilizado una herramienta de IA para tomar su decisión en las elecciones municipales de este año, según una investigación de Terra Nova, un think tank progresista, que detalla que el porcentaje creció a 35% entre jóvenes menores de 25% y que, más de 30% cambió su opinión luego de la consulta con el chatbots.

Estudios de universidades de Estados Unidos, Polonia y Canadá, publicados por la revista Nature, mostraron que las conversaciones con chatbots tienen una influencia casi 4 veces mayor en el cambio de opinión electoral que los anuncios tradicionales. Los ensayos demostraron que varios votantes cambiaron la preferencia que habían manifestado anteriormente luego de una conversación con los chats.

Punteros de la IA

En escenarios polarizados, con resultados que se dirimen por márgenes escasos, cualquier influencia externa puede ser determinante. Es tentador, por los vínculos del Gobierno con actores como Peter Thiel o por el reconocido despliegue libertario en redes -minimizado desde que Las Fuerzas del Cielo bajaron su intensidad-, que el oficialismo juega ahí un partido. La IA se piensa como un aliado.

La efímera permanencia de Thiel en Argentina, fascinado por el experimento Milei, activó todas las especulaciones. El punto más llamativo fue la visita de Juan Grabois a la casa del tecnomagnate en Barrio Norte, la zona más exclusiva de la Ciudad de Buenos Aires. La versión que trascendió del entorno de Grabois es que fue una conversación sobre la Encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, muy dura sobre la deshumanización de la tecnología.

Ante Grabois, que integró el Dicasterio Social del Vaticano convocado por el papa Francisco, Thiel hizo una especie de oposición fisolófica a la encíclica con doce puntos basados, además, en doce citas bíblicas. El dirigente optó por no hablar de su encuentro con el magnate tecnológico, aunque dejó trascender que fue convocado a la reunión. En alguna charla privada, Gabrois habría minimizado el interés de Thiel por intervenir o hacer negocios en Argentina con un argumento que varios invocan: el país no tiene escala para un jugador de esa liga.

Sin embargo, la intriga perdura. Thiel, más el “gemelo digital” que anunció y des-anunció Sandra Pettovello y otras fantasías promovidas por Federico Sturzenegger, animan la tesis de un operativo en marcha para que el Gobierno ponga a la tecnología de su lado de cara a las elecciones de 2027. Enfrente, un peronismo analógico, trata -tarde, sin recursos, con más milicias que un ejército virtual- de batallar.

No es infalible. En 2018, como gurú todopoderoso de Mauricio Macri, Marcos Peña diseñó una campaña de micro targeting, que permitía llegar con discursos específicos y puntuales a distintos sectores sociales y territoriales. Parecía infalible e imbatible, pero el final de la historia es conocido: en agosto de 2019, Macri perdió la PASO por 17 puntos contra la fórmula Fernández-Fernández.

¿La IA puede jugar para Milei?

La experiencia en el mundo sobre la intervención de la IA, vía los chatbots conversacionales, en la cuestión electoral pone la lupa sobre el caso argentino. ¿Quién puede influir? ¿De qué modo? ¿Se puede “envenenar” la IA, digamos, de manera artesanal -es decir, local, sin escala- para que ayude a un candidato o a un partido en particular?

Pablo Manolo Rodríguez, investigador independiente del Conicet y profesor asociado de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), forma parte del Observatorio en Tecnologías, Sociedad y Ecosistemas Digitales que estudia la influencia de la IA conversacional. Rodríguez plantea que el riesgo de “influencia” es cierto y pleno. “Si los magnates quieren ayudar a Milei, pueden hacerlo”, dice a Cenital.

“Los chatbots tiene sesgos ideológicos bien definidos. Y pueden, por caso, influir en un análisis como que la intervención del Estado ha sido mala en la historia argentina”, sostiene el académico. Eso, de todos modos, requeriría que haya una indicación en el “motor central”. Es decir que, por ejemplo, OpenIA decida intervenir. Rodríguez cita que ocurre, por caso, cuando se conversa con ChatGPT sobre “genocidio en Gaza” y el chat plantea objeciones sobre la figura de genocidio.

Hay otra instancia, si se quiere más artesanal o externa, y consiste en “envenenar” la IA con mensajes, un proceso que requiere de un plan ordenado y masivo, operación en la que el Estado tiene más instrumentos, herramientas, recursos y condiciones para intervenir. “Si quieren hacer intervención, los libertarios tienen una política muy clara. Son inteligentes sobre cómo ensuciar el sistema de redes”, asegura.

Ya casi no se imprimen diarios pero se percibe como un periodista gráfico. Escribió en Ámbito Financiero, Clarín y elDiarioAr pero todavía tipea mal. A veces aparece en la tele. Nunca vivió en CABA. Padre de tres.