El derecho no camina solo: cómo hacen red las socorristas

En Neuquén, una adolescente y su madre atraviesan un aborto acompañadas por activistas, que sostienen cuando la ley existe, pero no alcanza.

Sucedió este año en Neuquén capital, Patagonia argentina. Podría haber pasado antes, o después, pero ocurrió a pocos días de cumplirse cinco años de la sanción de la Ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

A la protagonista llamémosla Laura. A su hija de 14 años, Ana. No son sus nombres reales, sino seudónimos para resguardar su identidad. Al grupo de mujeres que las acompañó desde el momento en que pidieron ayuda, llamémoslo socorristas. Porque de hecho, desde 2012 se llaman así: Socorristas en Red.

—Una las veía en la tv y decía: “Estas aborteras, estas quilomberas”, pero desde ese día, te juro, me cambió la visión que tenía de ellas.  

La Ley 27.610 garantiza el derecho a abortar de manera legal, segura y gratuita hasta la semana 14 de gestación, y después de ese plazo si el embarazo pone en riesgo la salud o la vida, o es producto de una violación. Foto: Demian Marchi para AIAR

La que habla es Laura, nuestra protagonista. Ya lo dijimos. Es mamá de Ana, una joven de 14 años. Eso también, ¿no? Lo que no dijimos es que Ana está embarazada y tiene la decisión de abortar. Lo que vamos a decir es que el acompañamiento que recibió por parte de las Socorristas le cambió la vida por completo.

—Trabajo todo el día. A la mañana de administrativa y a la tarde revendo muebles de algarrobo y regalería. Tengo cinco hijos que crié sola. A las más chicas las llevo y traigo todo el día. Las busco al mediodía en el colegio, las llevo a lo de mi mamá, las busco más tarde, cocino a la noche. Así, todos los días. Y, a veces, por estar tan a mil se me pasan cosas.

Lo que se recrimina Laura es no haberse dado cuenta que su hija estaba embarazada. El día que festejó los 14, Ana se puso un top que le dieron de regalo. Al verle la panza, Laura se inquietó: 

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—Pensé: “Está más gordita, debe ser porque no hace ejercicio”. Pero, dudé. Ahí nomás le dije al padre: “Llevala a la clínica, no vaya a ser cosa que esté embarazada”. 

En la clínica se encontró con la noticia que no quería: a pesar de su insistencia en que use preservativo, de que se cuide, su hija estaba embarazada. 

Y también se encontró con una decisión ya tomada.

Derecho a decidir

Fue la ginecóloga, en la clínica, la primera que le dio información a Ana. Le dijo que podía abortar si lo deseaba, que estaba en su derecho. 

Para la ginecóloga dar esa información no es una decisión personal (aunque de hecho lo sea) sino un deber. Así lo establece la Ley 27.610 de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) que obliga al personal de salud (personal médico, administrativo, de enfermería, de seguridad, de maestranza, autoridades) de un hospital, centro de salud, sanatorio, clínica o consultorio privado, a dar información sobre los derechos de esta Ley.

Rige en Argentina desde la promulgación en enero de 2021. Antes, el aborto en nuestro país estaba regulado por el Código Penal de 1921, que lo consideraba delito, pero permitía la interrupción del embarazo en casos de riesgo para la vida o salud de la persona gestante y si el embarazo era producto de una violación (aborto no punible), amparado por jurisprudencia de la Corte Suprema desde 2012. Una situación que  generaba clandestinidad y muertes. 

A Ana, en 2025, la ginecóloga le dio herramientas. Le habló sobre la ley que fue tan peleada y exigida por años en Argentina. Una ley que establece el derecho a abortar de manera segura y gratuita en todo el sistema de salud sin tener que dar explicaciones hasta la semana 14 de gestación inclusive. Y que pasado ese plazo también puede abortar si el embarazo pone en riesgo su salud, su vida o si es resultado de una violación.

“Las personas que van a abortar necesitan tener a una persona enfrente que las mire, que las comprenda, que no las juzgue. Y eso, entonces implica dialogar, conversar. Implica tiempo”, asegura Ruth Zurbriggen, referente de La Revuelta. Foto: Florencia Salto. Gentileza Archivo La Revuelta.

Ana supo también que la ley contempla el derecho a abortar para jóvenes como ella. La norma establece que mayores de 16 años pueden decidir y firmar el consentimiento sin adulto responsable; que jóvenes entre 13 y 15 años, pueden hacerlo de forma autónoma (sin acompañamiento) si no hay riesgo grave para su salud; y que menores de 13 años lo deben hacer con el acompañamiento y consentimiento de un referente socioafectivo. 

La ginecóloga también fue la que habló con Laura. Le comunicó una decisión ya tomada: 

—No lo quiere tener.

Laura solo tenía preguntas y desesperación.

—¿Pero cómo va a abortar? ¿Y si le pasa algo?

Laura conocía que la ley llevaba ya casi cinco años en vigencia, sabía que se había aprobado, recordaba las marchas y la transmisión en televisión, pero nunca había profundizado en su contenido. 

—¿Hay que hacerlo a escondidas? ¿Dónde? ¿Cómo?

Laura es católica y no concebía esa posibilidad para su propia hija. Pero además se espejó en su propia historia: ella también había cursado un embarazo adolescente.

—Fui mamá a los 15. O sea sé que se puede porque lo hice pero a la vez sé que no estuvo bueno. Mi mamá me echó de mi casa, no pude terminar el secundario, fue difícil andar vagando con un hijo por todos lados. Me tuve que aguantar que me miren de reojo, que me digan que a los 14 andaba putaneando y por eso me había quedado embarazada.

La ginecóloga fue clara: le dijo que iba a ser muy traumático para su hija si la obligaban a maternar.

Yo le decía que no la iba a obligar a maternar porque lo iba a cuidar yo. La miraba y le decía: “No, basta. Ya está, lo tenemos, lo criamos”.

Ana no le dio opción, tenía su decisión tomada.

—Mi hija me dijo: “Por más que vos lo cuides nunca me voy a sacar de la cabeza que es mío. Si lo tengo, me mato”. Ahí se me vino el mundo abajo. 

La ginecóloga les dio el contacto de La Revuelta, las Socorristas de Neuquén. En ellas iban a encontrar con quien hablar más, también compañía durante el proceso de la interrupción y toda la información que necesitaran. 

El socorrismo como práctica clave del acceso al aborto: acompañar, informar y estar cuando la ley existe, pero no alcanza. En Neuquén, las redes siguen sosteniendo el derecho. Foto: Carolina Guajardo. Gentileza Archivo La Revuelta

Pedir socorro

Llamaron al teléfono que les habían dado. Contestó Ruth Zurbriggen, activista, feminista, fundadora de la Colectiva Feminista La Revuelta.

Neuquén es conocida por ser tierra de piquetes, petróleo y viento. Pero, también por haber inaugurado una nueva manera de abortar: en compañía. Y La Revuelta fue artífice de ese cambio. Desde 2010, es decir diez años antes de que se apruebe la Ley, escucha, asesora, acompaña, llama, manda mensajes a quien quiera ser acompañada en su proceso de abortar de forma segura y amorosa usando pastillas siguiendo los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En 2012 crearon Socorristas en Red y extendieron esa manera de acompañar abortos a todo el país. En algún momento el contacto de las socorristas era un sticker en los postes de luz, un dato que se pasaba en confianza. Las reuniones se hacían en parques o en cafés. Ya no más. “Vénganse a la Casa Revuelta a las 17:30 y conversamos”, les dijo Ruth. 

Laura sentía angustia.

—Estaba con el alma destrozada. Pensaba ¿Cómo va a estar después de abortar?

Ruth les contó que la Ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo se había logrado después de muchos años de exigirla colectivamente. Les contó cómo trabajan las socorristas a lo largo y ancho del país acompañando a quienes deciden interrumpir un embarazo. Si Ana tomaba esa decisión, la iban a acompañar en todo momento. 

—El tono amoroso con el que Ruth nos hablaba y nos explicaba, lo paciente que fue… ¡Lo que me cambió la cabeza!

Se fueron con información: muchas preguntas con respuestas y un plan a seguir.

Acompañar la decisión de abortar

“Llaman porque quieren ser acompañadas por nosotras”, dicen las Socorristas. Aún hoy, tras la sanción de la Ley, muchas mujeres por más que en el hospital o en la clínica les dan información para abortar siguen recurriendo a ellas para saber cómo hacerlo. 

Hay muchos motivos: porque confían en las socorristas; porque no quieren ir al sistema de salud, porque saben que las van a ayudar, acompañar y contener; porque ya han abortado con ellas, porque acompañaron a gente allegada, porque se las recomendaron; porque no juzgan. 

Las Socorristas, a cinco años de sancionarse la Ley, siguen siendo una pieza clave en el acceso al aborto. Su teléfono sigue sonando. 

Las socorristas presentes en el último Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias celebrado en Corrientes. Foto: Carolina Guajardo. Gentileza Archivo La Revuelta

En Neuquén en 2025 (de enero a septiembre) acompañaron a 750 mujeres. En 2024 a 1.063; durante el 2023 a 1.094; en 2022 a 1.075 y en 2021 a 1.196. Es decir, en los primeros cinco años de la Ley IVE se mantuvo constante la cantidad de abortos que las Socorristas acompañaron en Neuquén. 

Y a nivel nacional, el escenario fue así: en 2021 acompañaron a 13.502; en 2022 a 13.292; en 2023 a 9.728; en 2024 a 7.992 y en 2025 a 6.611 (de enero a septiembre).

Fueron mujeres jóvenes, adultas. Varones trans. Personas con capacidad de gestar. Religiosas, agnósticas. Que juegan al padel, al fútbol, o que no hacen ningún tipo de deporte. La variedad es amplia. Pues cada aborto, como dicen las Socorristas, es un mundo.

—Todo el tiempo le escribían a Ana. Y a mi también. Nos preguntaban cómo estábamos. Nos escuchaban. La empatía que tienen estas pibas y el cariño que dan. 

La decisión de su hija y el acompañamiento de las Socorristas a Laura no la alejó de su religión. Al contrario, se aferró a rezar: “Diosito dale fuerza. Diosito perdón. Diosito que salga todo bien”. 

—Cuando le vi la cara de felicidad a Ana tras haber podido interrumpir ese embarazo me cambió la película. Me dije: si esto es la felicidad para ella, listo ya está no hay nada que discutir. Cuán importante es esta Ley. Antes las llevaban a la carnicería y hoy se hace de manera segura, en una clínica o en un hospital. Quedé anonadada.

Abortar, en la gestión de Javier Milei

Si observamos las estadísticas de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en todo el país, es decir, las que se realizaron en el sistema formal de salud (muchas acompañadas por las Socorristas) en 2024 son similares a las del año 2023, con una alta proporción de interrupciones realizadas antes de las 12 semanas (84% a 96% según las jurisdicciones). En Neuquén por ejemplo en 2024 se registraron 832 IVE-ILE. Este dato surge del Reporte anual 2024 de Proyecto Mirar, un trabajo conjunto entre el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) e Ibis Reproductive Health.

Ese informe también asegura que, pese al desfinanciamiento y la suspensión de programas por parte del gobierno de Javier Milei, el compromiso de varias provincias y de los equipos de salud permitió mantener los niveles de acceso al aborto legal en Argentina.

Desde Neuquén entra en escena Gabriela Luchetti, ginecóloga, docente, investigadora, activista defensora de derechos sexuales y reproductivos y hoy con un cargo ad honorem de asesora del Programa Provincial de Salud Sexual Reproductiva, No Reproductiva y Diversidad. Hace un balance de los cinco años de la aplicación de la Ley IVE: “Los dos primeros años fueron muy buenos porque hubo muchísimas políticas públicas desde el ministerio de Salud de la Nación proveyendo insumos, trabajando con los equipos, capacitando, reuniéndose con un Consejo Asesor de todas las provincias. O sea, realmente hubo muchísimo trabajo. Pero, desde que asumió Milei se destrozan los equipos. No quedó nadie. Pero a pesar de todo eso, quedó una cultura del derecho al aborto en donde las provincias pudieron hacerse cargo, entre ellas Neuquén”. 

El informe también revela que uno de los mayores obstáculos con los que se encontraron las políticas de salud sexual y reproductiva fueron los recortes presupuestarios. Uno fue el cierre del Plan ENIA de prevención del embarazo adolescente, y otro la suspensión de la provisión por parte del ministerio de Salud de la Nación a las provincias de misoprostol y mifepristona, las drogas necesarias para un aborto con pastillas. La compra de los medicamentos para realizar abortos quedó, por tanto, a cargo de los gobiernos provinciales, que tuvieron disímiles capacidades de respuesta. La capacidad de acceder a un aborto no es igual en todo el país. 

Luchetti suma: “En la cuestión del aborto, los insumos son muy importantes. Si vos decís yo no voy a sacar la ley, pero sacas todo lo que la sostiene, toda la política pública se te viene abajo. En nuestra provincia hubo decisión de que haya insumos y se hacen abortos. Pero, obviamente nadie en este mundo va a superar la tarea que hace La Revuelta en Neuquén”. 

Abortar en compañía 

—La sanción de la Ley en diciembre de 2020 densifica el acompañamiento, pone en otro lugar esto de no sentirse sola a la hora de transitar por un aborto. Y también por supuesto, la Ley garantiza algo que es del orden de la legitimidad, es decir, nos dice que no solamente no está mal abortar, sino que además el Estado es quien nos debe garantizar ese derecho.  

La que habla es Ruth Zurbriggen.

—Que la Ley no tenga presupuesto liquida de alguna manera su aplicación. Además, la narrativa que Milei pretende instalar que abortar es un homicidio agravado por el vínculo, es tan dañino como sacarle presupuesto. Lo que pretende Milei es cambiar los sentidos, es cambiar de alguna manera ese legado afectivo que fuimos instalando a lo largo de estos años: que el aborto es una posibilidad; que el aborto es un derecho; que el aborto es un acto de justicia.

La ley rige en todo el país, pero el acceso no es igual en todas las provincias y depende de redes, insumos y voluntad política. Foto: AIAR

La conformación de la red de efectores que dan acceso a IVE-ILE varía por provincias. Así también lo explica el Reporte anual de 2024 de Proyecto Mirar: en algunas provincias los efectores que dan acceso a IVE-ILE son el 2% del total de efectores públicos. En otras, la proporción es 7 a 9 de cada 10 de las instituciones públicas. En Neuquén, por ejemplo, la tasa de servicios de IVE-ILE por 100.000 mujeres en edad fértil es de 35, la tercera más alta del país, tras La Pampa con 52 y Río Negro con 48.

—A la IVE la pienso como a la Educación Sexual Integral (ESI). Si estás convencida te ponés la ESI al hombro y sostiene toda tu práctica docente. Con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo pasa lo mismo. Hay quienes se la ponen al hombro y siguen garantizando. Pero, hoy las voces de los sectores que no están de acuerdo con que la Ley exista se hacen oír más fuerte; ponen obstáculos y cuestionan.

Los cinco años de la Ley IVE se cumplen en un contexto particular para el sistema de salud: cada vez es mayor el número de personas que acude al sistema público para recibir atención. En Neuquén, según el Ministerio de Salud, lo hacen siete de cada diez vecinos y vecinas. Esta mayor demanda, repercute en la atención que se le brinda a una persona que busca información para interrumpir un embarazo. 

“Creo que hay cada vez más necesidades y la salud pública se convierte en ese primer lugar receptor donde recaen todas las demandas. ¿Y por qué traigo esto? Porque creo que se les achica el tiempo para dedicarle a las personas que buscan información para abortar. Quién garantiza abortos tiene que acelerar la información que da porque tiene el consultorio estallado. Es decir, hay poca conversación en un tema que es muy importante en la vida de las personas. Nadie aborta rapidito”, explica Ruth. La propuesta de las socorristas es precisamente esa: “Las personas que van a abortar necesitan tener a una persona enfrente que las mire, que las comprenda, que no las juzgue. Y eso implica dialogar, conversar. Implica tiempo”. 

Remarcan que ese encuentro “abre sentidos”: “El socorrismo nos vincula con personas que no son de nuestro entorno, nos descentra, nos muestra que los problemas que cada una de nosotras tenemos, no son los únicos. Nos conecta con otros mundos, nos saca de la comodidad”, asegura. Como le pasó a Laura, el acompañamiento que tuvo su hija y tuvo ella también por parte de La Revuelta fue un antes y un después en su vida.

—Me cambió la cabeza. Ahora quiero involucrarme más, acompañar a la gente que puede tener miedos, los mismos que tuve yo.

Laura temía por la salud de su hija tras practicarse un aborto. Tenía miedo de que se sumergiera en una depresión, de que le queden secuelas, pero ahora se emociona al darse cuenta que nada de lo que imaginó sucedió. 

— Volvió a la escuela, con una felicidad y autoestima.

Laura sigue sorprendida por el acompañamiento, por la contención y por transformar sus propios prejuicios.

—El amor que brindan las Socorristas me cambió la cabeza. Siento gratitud hacia ellas. El otro día le dije a Ruth: ojalá que haya más minas como ustedes. Siento que son seres de luz. 


Esta nota pertenece a Punto de Encuentro – un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.

Foto de portada: Matías Subat. Gentileza Archivo La Revuelta

Nacida y criada en Neuquén. Es Licenciada y profesora en Ciencias de la Comunicación (UBA). Es periodista feminista y trabaja en diferentes medios de comunicación de la Patagonia. Obtuvo el premio "Juana Manso" por el podcast "Desobedientes, historias feministas de la Patagonia" y el del Concurso de Crónica Patagónica (2020) por su nota "Vejez trans: el derecho de una generación que nunca existió".