El año con más urnas de la historia

Repleto de elecciones y protestas, 2024 deja un panorama de incertidumbre sobre la confianza de los procesos electorales, ¿y de la democracia?

A comienzos de año te contaba que este 2024 iba a ser un récord de elecciones a nivel mundial. La (auténtica) fiesta de la democracia porque más de 60 países tenían planeado celebrar elecciones nacionales y unos 12, subnacionales. El total de electores convocados inicialmente a las urnas fue de unos 4 billones, algo así como la mitad de la población mundial. Un montón, che.

Terminado el año, y solamente con las parlamentarias de Chad y las presidenciales de Croacia, pendientes para el 29 de diciembre (a quién se le ocurre), lo primero que me pregunto es cuántas efectivamente se celebraron. De acuerdo a la Election Guide que elabora la International Foundation for Electoral Systems (IFES), en total se celebraron 117 elecciones ejecutivas y legislativas, y 20 referéndums. 78 países convocaron a su ciudadanía a votar, más que los que originalmente estaban pautados a comienzo de año. Esto se debe a que se realizaron 21 snap elections, las anticipadas al calendario legal y constitucionalmente vigente. En total, el mundo destinó 108 días de los 366 de este año bisiesto para elegir representantes para distintos cargos públicos en juego y decidir sobre una variedad plebiscitada de temas. En resumen, estuvimos un tercio del año votando. Disneylandia para este espacio.

Un dato relevante de este año cargado de elecciones y boletas diversas es la participación electoral, especialmente considerando que, como mencioné en esta entrega, investigaciones recientes revelan una disminución sostenida en la concurrencia a las urnas en las últimas décadas, mientras aumentan las protestas por resultados que generan ganadores y perdedores.

La afluencia de votantes se puede conocer apelando a la Voter Turnout Database que, con mucho esfuerzo, mantiene actualizada IDEA International y que relevó 70 elecciones presidenciales y parlamentarias en 2024. El promedio para las primeras fue del 63,08%, mientras que para las segundas fue del 62,3%. Las presidenciales de Túnez fueron las que menos interés despertaron, con solo el 28,8% de participación, mientras que las generales de Ruanda sobresalieron con el 98,2%. Dos mundos totalmente distintos en un mismo continente.

Estos valores no dicen mucho si no se ponen en espejo con los últimos años de la postpandemia. Si tomamos en cuenta las elecciones nacionales que se celebraron a partir del 2021, cuando se empezó a normalizar de a poco la cuestión sanitaria, la tabla que se presenta a continuación revela que 2024 experimentó un leve descenso en los niveles de participación electoral. Mientras que 2022 y 2023 mostraron un aumento de unos 7 puntos porcentuales (pp) para las presidenciales, este año que ya termina registra un retroceso en casi la misma proporción. Para las elecciones parlamentarias y legislativas la tendencia es similar, aunque los cambios son levemente inferiores.

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Por ahí, como se dijo varias veces en este ñus, tenemos que acostumbrarnos a elecciones menos atractivas con alrededor de dos tercios de asistencia a votar. Ya vendrán tiempos mejores.

Cuestionamiento a los procesos electorales

Retomando el punto sobre el alza de las protestas electorales, una tendencia de los últimos años es el cuestionamiento a las elecciones, particularmente de parte de quienes no logran sus objetivos planteados.

Al respecto, me pareció interesante la nota que publicaron en Chequeado Olivia Sohr, Martín Slipczuk y Paula Martinetti sobre la desinformación electoral en 2023 y 2024 en América Latina. Es parte de un informe más amplio que se puede consultar acá. Se concentraron en información publicada por chequeadores de 7 países de toda la región. Y las conclusiones a las que llegaron son ilustrativas, además de muy preocupantes.

En primer lugar, el fraude electoral se volvió un tema recurrente en numerosos territorios. Pequeñas irregularidades en algunas urnas son muchas veces magnificadas para poner en duda todo el proceso en su conjunto. “Distintos políticos o partidos fomentaron estas narrativas sobre fraudes basadas en desinformaciones”, indican. En segundo lugar, abundó la circulación de falsas encuestas, falsas declaraciones de candidatos y falsos apoyos a candidatos. Todo falso. “Una estrategia común es que suplanten fuentes genuinas para viralizar resultados falsos, así aprovechan la legitimidad de una fuente reconocida”, precisan. En tercer lugar, se utilizó en muchísimos países la IA como herramienta para desinformar, haciendo foco específicamente en la elaboración y difusión de videos e imágenes no verídicas.

Estas estrategias, generalmente planeadas, digitadas y organizadas, fueron moneda corriente en todo el año. Si bien el punto de Chequeado es sobre América Latina, la secuencia descrita en el informe se registró en comicios en todo el mundo. Es cierto que siempre existieron campañas sucias, pero la magnitud, el impacto y la extensión actuales son considerablemente mayores que en décadas pasadas. Acá sí hay una alerta. Porque en el fondo de todo, lo que termina ocurriendo es que cae la confianza en las elecciones.

De acuerdo a datos que tomé del Laboratorio LAPOP de la Universidad de Vanderbilt, esto es algo que se intensificó en la última década. Los gráficos a continuación muestran las respuestas a la siguiente pregunta: “¿Hasta qué punto confía usted en las elecciones de su país?”. Me concentré en Perú, Colombia, Ecuador y Brasil, todos casos donde hubo fuertes protestas, cuestionamientos y falsas acusaciones de fraude en sus últimas elecciones. La columna de la izquierda muestra las respuestas de la encuesta en el año 2012 y la de la derecha las del 2023. La escala va de 1 para quienes contestaron “nada de confianza” (color más claro) a 7 para quienes respondieron “mucha confianza” (color más oscuro).

Fuente: elaboración propia en base a datos del Laboratorio LAPOP de la Universidad de Vanderbilt.

Tal como podés observar, el contexto de deslegitimación de los procesos electorales hace mella en la ciudadanía. La variación en 11 años de comicios en los países que tomé como ejemplos testigo revela que una mayor proporción de encuestados pasó de tener mucha o algo de confianza en sus elecciones (valores 5 a 7) a poca o nada (respuestas valores 1 a 3). Fijate cómo en las columnas de la derecha para todos los casos crece la franja de colores claros por sobre los colores oscuros. En algunos casos, incluso, superando el 50% de los encuestados. Esto quiere decir que la mayoría de la ciudadanía no confiaría en sus elecciones en la actualidad. Grave.

De allí que la gran enseñanza de este año sea volver a normalizar la competencia electoral. Decir, hacer y difundir tiene sus efectos. Los datos lo muestran. No es moco de pavo. Tampoco es una jodita y quedó. No vale todo cuando se vota, porque no es una guerra. Solo son elecciones. Una vez más, cuidémoslas.

Presidentes cascoteados, gobiernos cuestionados

Para cerrar esta última entrega, quiero hacer foco en la dimensión política del poder. Los gobiernos que nacen de las elecciones están teniendo sus complicaciones. Y sus presidentes y primeros ministros, recibiendo sus cascotes.

Esto es algo que encontramos con el equipo de investigadores del Observatorio Pulsar UBA, gracias a los datos que tenemos en nuestro programa Aprobación Presidencial, por el que recopilamos mensualmente estudios de opinión pública en 18 países de América y Europa. Con toda esa data, construimos una base que viene desde el año 2020, en la que sistematizamos los niveles de apoyo a la gestión presidencial. Trabajando estos días con Mailen Badoza, asistente de investigación que integra el equipo de DataViz, les preguntamos a esos datos cómo fue el 2024 para los titulares de los ejecutivos nacionales. Encontramos esto.

Fuente: elaborado por Mailen Badoza a partir de datos de la base de Aprobación Presidencial (Pulsar UBA).

El promedio de aprobación presidencial para América y Europa tiene sus similitudes y diferencias. En cuanto a lo primero, las dos regiones se ubican actualmente por debajo de la mitad de la aprobación social. Los gobiernos no cuentan, en promedio durante este 2024, con más de la mitad de su ciudadanía a favor de las medidas, gestiones y estilos presidenciales. En cuanto a lo segundo, mientras que el nuevo continente se ubicó entre el 45% y el 35% de aprobación, el viejo lo hizo por debajo del 30%. Este punto no es menor, dado que varios países de Europa tuvieron recambio de gobiernos en los últimos años, como ocurrió con Reino Unido, Italia y Alemania. Como contamos en este informe que publicamos, escoba nueva no siempre barre bien.

Afinar el lente sobre cada caso particular puede dar más informaciones. El siguiente gráfico desagrega los países de Europa.

Fuente: elaborado por Mailen Badoza a partir de datos de la base de Aprobación Presidencial (Pulsar UBA).

El promedio de encuestas relevadas muestra que, de todos los mandatarios europeos, solo Giorgia Meloni (Italia) asoma la nariz por encima de sus pares. Emmanuel Macron (Francia) y Pedro Sánchez (España) no logran consolidar más de un tercio de apoyo a sus gestiones. Olaf Scholz (Alemania), con más problemas que soluciones como contó Dacil Lanza acá, nunca llegó a los niveles de Ángela Merkel. Y, la frutilla del postre, es la nota del año: Keir Starmer (Reino Unido). Luego de 14 años fuera del poder y de lograr una cantidad de bancas como en épocas de Tony Blair, a los laboristas sólo les tomó un par de meses para que el nivel de aprobación gubernamental volviera a la desazón de los conservadores. Volvé a mirar ese pico y esa caída abajo y a la izquierda del gráfico. Todo roto. Como en varios países de América.

Fuente: elaborado por Mailen Badoza a partir de datos de la base de Aprobación Presidencial (Pulsar UBA). La escasez de datos para algunos países muestran una línea de tendencia más corta.

Podemos decir que hay tres grupos de poderes ejecutivos en el continente. Primero, los sobrevivientes que se sostuvieron decentemente. Entre ellos se ubican Javier Milei (Argentina), Lula da Silva (Brasil) y Luis Lacalle Pou (Uruguay). Segundo, los aplazados que tuvieron un 2024 con más rechazo que aprobación. Estos son Joe Biden (Estados Unidos), Justin Trudeau (Canadá), Gabriel Boric (Chile) y Gustavo Petro (Colombia). Tercero, los singulares (por distintas razones).

En el caso de Daniel Noboa (Ecuador), elegido popularmente en agosto 2023 para terminar el mandato de Guillermo Lasso, comenzó bien como sus últimos pares nacionales, pero, al igual que estos, también cayó en picada. Un Titanic crónico.

Dina Boluarte (Perú) también fue elegida para terminar el mandato de Pedro Castillo, pero por vía institucional sucesoria, y se destaca hoy por ser la mandataria con menor nivel de aprobación a nivel mundial. Actualmente apenas 1 de cada 10 ciudadanos apoya su gestión presidencial. Una singular sobreviviente.

Por último, México resalta por sobre cualquier caso en cualquier región del mundo democrático. El primer semestre con Andrés Manuel López Obrador y el segundo con Claudia Sheinbaum resaltan entre todos por contar con niveles de aprobación por encima del 60% en la mayoría de los estudios relevados. Acá esquivan los cascotes.

En resumen, nos vamos de este 2024 con un poco menos de entusiasmo que el que pensamos que íbamos a tener. Lo que pintaba ser como el año electoral por excelencia en la historia de la humanidad deja un sabor agridulce en la participación de los y las votantes. También nos vamos con alertas de dos tipos. La primera es que no tenemos que normalizar procesos electorales conflictivos, polarizantes y desconfiados. Eso no ayuda. La segunda es que los poderes ejecutivos tienen que apelar a una nueva caja de herramientas para enamorar a su ciudadanía. El desgaste se ve en las líneas. Un nuevo hearts and minds para 2025. Ese es mi plan de gobierno.

Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy lo encuentran dando clases en UBA y UTDT. Le encantan las elecciones y le sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tiene es aprender la historia de los partidos políticos. Cree que la política marida muy bien con un tinto.