Diario de Campaña N° 7 | Kamala Harris tiene un problema con votantes afroamericanos y latinos
Las encuestas muestran que estos grupos siguen prefiriendo al partido demócrata, pero en menor proporción que en 2020. Son hombres, mayormente jóvenes, los que abandonan el barco, y algunos de ellos hacia Trump.
Las encuestas muestran un escenario parejo en los estados competitivos. Esta tendencia se reforzó en la última semana, con una tanda de sondeos en los que la brecha entre ambos candidatos es la más corta desde la irrupción de Kamala Harris como candidata.
Repito entonces lo que digo siempre: la elección está abierta. Puede que la semana que viene Harris tenga buenos números en un puñado de estados y sus chances mejoren ligeramente, lo mismo puede pasar con Donald Trump, pero a tres semanas de la votación me la voy a jugar: dudo que las encuestas nos digan algo nuevo sobre la carrera. A diferencia del último par de elecciones, en las que teníamos tendencias claras (que igual no se reflejaron tal cual en el resultado), en las de noviembre vamos a estar más a la deriva.
Pero las encuestas sí nos están diciendo algo sobre la dinámica de esta campaña y los cambios en las coaliciones de ambos partidos, en un cuadro que puede ser problemático para la candidata demócrata.
Así las cosas
Si repasamos las últimas encuestas publicadas (del New York Times, Wall Street Journal, ABC, CBS, NBC, entre otras), vemos que Harris mantiene una leve ventaja a nivel nacional. Pero como ya sabés, porque escuchaste el episodio cero del podcast en el que explicamos cómo funciona el sistema electoral (o leíste este explainer en Cenital), lo que importa son el puñado de estados competitivos que van a determinar quién gana el Colegio Electoral, y por ende la presidencia.
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SumateAhí la foto es de paridad total. Este es el promedio de encuestas del New York Times, que se parece bastante al de otros medios:
Este cuadro sugiere una leve mejora de Trump respecto a las semanas previas y explica el repentino pánico en el establishment mediático cercano al Partido Demócrata, que habla sobre un estancamiento de Harris y la complicación de su carrera. Estos análisis se basan también en la posibilidad de que las encuestas vuelvan a subestimar el apoyo a Trump, tal como sucedió en 2016 y 2020 (y que abordamos en este correo). El expresidente está mejorando además en estados del Medio Oeste, que son la llave para la victoria de Harris y donde ella tiene una ventaja más sólida. Esto no significa mucho, porque de hecho si la vice gana los estados donde conserva todavía esa ventaja (Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Nevada) ya sería suficiente para sellar la elección. Pero el equilibrio es delicado y el punto es que el escenario está abierto.
Harris tiene un problema con votantes latinos y afroamericanos
En lo que me gustaría poner el ojo hoy es en una tendencia lateral, que se desprende de las últimas encuestas, y es que Harris está midiendo por debajo de lo que debería entre votantes afroamericanos y latinos, cuya movilización es crucial para una victoria. Son grupos que igualmente van a votar por ella en grandes números, y a la vicepresidenta le va mejor comparado con el Biden de principios de este año. Pero su ventaja es menor a la que tuvo el actual presidente en 2020 y eso es un problema, sobre todo porque Trump está recogiendo algo de ese apoyo.
- La última encuesta del New York Times, que dedicó un segmento aparte para estos votantes, muestra que Harris tiene un apoyo del 78% entre afroamericanos y del 56% entre latinos.
- A priori parecen buenos números, pero Biden obtuvo alrededor del 90% del voto afroamericano en 2020 y el 62% del latino.
- Esta baja del apoyo a la candidatura demócrata no es pareja: son los hombres y sobre todo jóvenes los que más se han alejado. El 62% de las latinas va a votar por Harris, según la encuesta; en los hombres ese porcentaje es del 48%. Las mujeres afroamericanas votarían en un 83% por Harris, mientras que en los hombres ese apoyo es del 70%.
- Trump ha mejorado su respaldo en esos grupos, en parte por la deriva de los hombres. Si puede traducirlo en los estados competitivos, aunque sean solo un par de puntos, podrían ser determinantes para ganar la elección.
- El cuadro igual está abierto: casi un cuarto de los encuestados de ambos grupos están indecisos o no plenamente convencidos. También es una incógnita cuántos van a salir a votar: los jóvenes y latinos tienen un perfil más abstencionista que otros grupos.
- Otras encuestas, como la de CBC, muestran brechas menos pronunciadas, pero la misma tendencia.
La campaña de Harris parece reconocer estas falencias. La semana pasada, buena parte de los esfuerzos –hoy centrados en estados competitivos– estuvieron puestos en estos grupos. La vicepresidenta habló en estados con alta proporción de votantes latinos como Arizona y Nevada, donde estuvo en un evento conducido por Univisión, y dio largas entrevistas en podcast populares entre la comunidad negra.
Pero el mensaje más significativo fue el debut de Barack Obama como orador en la campaña, en un acto el jueves pasado en Pittsburgh, Pensilvania. “Mi opinión, basada en los informes que estoy recibiendo de las campañas y las comunidades, es que todavía no hemos visto el mismo tipo de energía y participación en todos nuestros barrios y comunidades que vimos cuando yo era candidato”, dijo el expresidente. Luego se refirió a la brecha de género, cuando sostuvo que el problema “parece ser más pronunciado con los hermanos”.
Obama fue al hueso. “Vienen con todo tipo de razones y excusas. Y yo tengo un problema con eso. Porque en parte me hace pensar, y me dirijo directamente a los hombres… que simplemente no les atrae la idea de tener a una mujer como presidenta”.
La intervención, diseñada con antelación, ayuda a dimensionar el problema que enfrenta el partido. Pero puede que también lo explique. Tras el discurso, algunos demócratas le saltaron al cuello a Obama tildándolo de condescendiente y arrogante, como si las comunidades no pudieran saber cuáles son (y defender) sus propios intereses. Esta es una queja repetida entre organizaciones afroamericanas, pero también latinas, que orbitan en el progresismo: que el partido se acostumbró a dar el apoyo de las minorías por sentado.
Esto es algo que escuché muchísimo durante mi reporteo en Estados Unidos, donde recorrí estados bien distintos entre sí. La coalición demográfica del Partido Demócrata no es tan sólida como se pensaba hace algunos años. Y es posible que ahí se mezclen temas coyunturales y estructurales. Al tema de la economía y la inflación, la novedad de los últimos años, se le agrega el impacto de la pandemia y cambios en el mercado de trabajo (el correo que escribí desde St Louis, la tercera ciudad más segregada del país, cuenta algo de eso).
Luego está la percepción de que el partido “giró demasiado a la izquierda”, algo que también escuché bastante de primera mano y aparece en la cobertura de medios nacionales. Por lo pronto, en la encuesta del Times alrededor del 40% de latinos y afroamericanos se muestran a favor de deportar inmigrantes indocumentados y comparten la premisa de que el crimen en las ciudades “se salió de control”, dos caballitos de batalla de la derecha. La paridad de los números entre ambos grupos es importante, dado que la erosión del voto latino en la izquierda se viene manifestando desde hace varias elecciones, mientras que la pérdida de apoyo entre afroamericanos sería una novedad.
Pero en línea con esto hay otro dato sintomático: el campo progresista de izquierda, aquel que representa este presunto viraje del partido, está compuesto mayoritariamente por personas blancas.
Capaz sea pronto para sentenciarlo, ¿pero puede que la política de Estados Unidos se encamine a un futuro donde los temas de clase vuelvan a pesar más que los de identidad? Para un partido que creía tener ganada la batalla demográfica, el repentino aunque leve viraje de minorías jóvenes es una gran señal de alarma.
Trump y lo que viene
En julio, desde la Convención Republicana, escribí sobre cómo la campaña de Trump estaba apostando fuerte para atraer el voto de afroamericanos y latinos jóvenes, incluso, en detrimento de otros grupos demográficos, como las mujeres de los suburbios. En una declaración bien elocuente, el jefe de campaña del republicano dijo: “Por cada Karen que perdamos, ganaremos un Jamal y un Enrique”.
Puede que la mejora de Trump entre estos grupos, confirmada por otras encuestas, se deba a su condición de opositor, aunque el expresidente también apela al espejo económico de su primera gestión. Pero tampoco hay que subestimar la gravitación que ha conseguido entre hombres jóvenes, de distintos orígenes, en los que genera menos rechazo comparado con generaciones mayores (en el caso de la población latina además se juegan otros elementos, como las historias y miradas distintas sobre la migración).
Cuántos de estos jóvenes van a terminar saliendo a votar es una incógnita. Pero con que una leve proporción lo haga, y sobre todo si Harris no mejora su activación con el resto, la tendencia podría definir la elección.
Un ejemplo: en Detroit, la ciudad más grande de Michigan, que tiene alta población afroamericana, esta movilización es clave para llevarse el estado, que es uno de los competitivos. En 2020, Biden ganó Michigan por solo 154.000 votos, y para eso fue crucial el aumento de la participación en Detroit, que alcanzó el 51%. En 2016 había sido de unos puntos menos, lo que explica por qué Hillary Clinton perdió el estado por poco más de 50.000 votos. No sobra nada.
Y el caso de Michigan es interesante, porque aloja a la comunidad árabe más grande de Estados Unidos y en una de sus ciudades, Dearborn, son incluso la mayoría. Es un grupo de votantes cercano al Partido Demócrata, pero que ha criticado con fuerza la política del gobierno hacia Israel. Esta semana, en medio de la incursión en Líbano, el país que gobierna Benjamín Netanyahu volvió a bombardear hospitales en Gaza, provocando un centenar de muertos. Mientras Biden y Harris mantienen su apoyo tácito, en estas comunidades el devenir del conflicto se vive como un sismo.
Harris navega un equilibrio delicado.