Solo con tecnología no alcanza, sin tecnología no se puede

El concepto de primas verdes. El avance y las olas tecnológicas. El rol de América Latina, y de Argentina, en las innovaciones.

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Hoy vamos a hablar de tecnología verde, aquella que necesitamos para hacerle frente al cambio climático y la crisis ambiental. Por las dudas antes de empezar, aclararemos que la tecnología sola no alcanza, debe ser acompañada de políticas públicas, cambios culturales, etc. Pero los avances y cambios tecnológicos son absolutamente indispensables para al menos intentar desacoplar (haceme acordar que hablemos de esto en otra oportunidad) desarrollo e impacto ambiental.

Es decir, si queremos que la transición a la sostenibilidad funcione y que no vuelva al consumo algo prohibitivo, en el sentido de que por ejemplo se ponga un impuesto carísimo al carbono que haga aún más grande la brecha entre quienes pueden y quienes no consumir carne o volar en avión, los avances tecnológicos deben ser nuestros grandes aliados. (Después podemos hablar de políticas que reduzcan los viajes en avión o el consumo de carne, pero en la medida en la que sean actividades habilitadas, es relevante la preocupación porque las políticas ambientales no refuercen aún más la desigualdad).

¿De dónde partimos?

De un mundo que se construyó sobre -y funciona a partir de- actividades carbono intensivas. Pensá en cómo llegás a estudiar o al trabajo, en la construcción de tu hogar, en la luz, la calefacción… todo de alguna manera involucra combustibles fósiles directamente o industrias electrointensivas (como el cemento y el acero).

Esto significa que para reducir nuestras emisiones -y nuestro impacto ambiental en general- no alcanza con el avance de las energías renovables (eólica y solar) para la producción de electricidad, en lo que el mundo -y Argentina- viene avanzando. Más bien, adicionalmente, se requiere de innovaciones y cambios tecnológicos en múltiples sectores, algunos más conocidos como la electromovilidad y la producción de hidrógeno verde como vector energético, y otros tal vez menos difundidos como los combustibles neutros en carbono para aviones.

Toda tecnología tiene que cumplir dos requisitos consecutivos: 

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  1. Ser desarrolladas y funcionar a escala
  2. Tener un costo razonable

Un concepto: la prima verde

Para pensar en esto del costo, me sirvió mucho el último libro de Bill Gates Cómo evitar el desastre climático. Lo empecé a leer con bastante sospecha y si bien tiene partes muy introductorias y otras que no me convencieron tanto es un libro que le recomiendo a todo el mundo. Se consigue, pero si no lo lográs, me lo pedís. En el texto, Gates propone la idea de las “primas verdes”, que refiere a la diferencia de precio entre la versión tradicional de un producto y la versión libre de carbono.

¿Por qué es importante esa diferencia de costo? 

Que hoy dependamos de tecnologías intensivas en carbono tiene que ver con que es la infraestructura instalada, pero también con que en la mayoría de los casos estas opciones aún son más baratas que sus alternativas (en parte porque no se incorpora el costo ambiental en el cálculo).

Veamos un ejemplo del libro: el costo del combustible carbono neutral para aviones. El precio medio de venta al público del combustible de aviación en Estados Unidos en los últimos años fue de 58 centavos de dólar por litro. Los biocombustibles avanzados para aviones cuestan en promedio 1,41 dólares por litro. De esta manera, la prima verde para el combustible carbono neutral es la diferencia entre estos dos precios, es decir, 83 centavos. Una prima de más del 140%.

Volviendo a la discusión sobre la justicia de la transición, parte de las conquistas de los avances tecnológicos por ejemplo en materia de aviación fue permitir que viajar en avión deje de ser un lujo que solo se puede permitir la clase alta, y pase a convertirse en un consumo algo más democratizado. Forzar hoy la obligatoriedad del uso de ese combustible ambientalmente más sostenible, pero más caro, haría subir los pasajes nuevamente a precios prohibitivos para muchas personas.

¿Entonces? Luego de calcular las primas verdes para todas las tecnologías neutras en carbono hay que trabajar en reducir esas primas en todas las tecnologías donde aún la versión “verde” es más cara que la tradicional. ¿Es necesario que lleguen al mismo costo? No, sobre todo porque las tecnologías contaminantes no incorporan ese impacto negativo en su precio y porque hay mecanismos adicionales, como el impuesto al carbono que pueden ayudar a equilibrar los precios. Sin embargo, sí necesitamos que los costos sean razonables para que todos los países y personas puedan hacer la transición. Porque dejando de lado el caso del combustible para los aviones donde se podría plantear cierta discusión sobre la necesidad, podemos pensar en el cemento, ¿cuánto aumento en su costo es sostenible para que carguen las familias y los países? 

¿Cómo se reducen entonces las primas verdes? 

Orientando los gastos públicos y privados en investigación y desarrollo hacia las tecnologías donde consideremos más relevante bajarlas.

¿Y una vez que ya tienen un costo razonable?

Hay casos donde la prima verde ya es negativa, es decir la versión con menor impacto ambiental es más barata que la alternativa. Por ejemplo, con varias adecuaciones que permiten la reducción del consumo energético como los vidrios de doble cristalización, la energía distribuida (por ejemplo, los paneles solares en los hogares), los termotanques solares, etc. Sin embargo, estas suelen ser inversiones que cargan los individuos y ahí la diferencia positiva solo aparece cuando las tarifas energéticas reflejan el costo real de la energía. 

En estos casos, debemos pensar entonces en las políticas y los incentivos que permitan apurar el uso y la difusión de este tipo de tecnologías.

En síntesis, a partir de la identificación de las tecnologías intensivas en carbono, tenemos que ver qué alternativas hay disponibles, cuáles son viables comercialmente y finalmente cuál es la prima verde de cada una. Y a partir de ahí, definir cuáles son las tecnologías que queremos utilizar, cuáles aún son necesarias desarrollar y de cuáles las primas verdes aún son demasiado altas.

Las tecnologías que tenemos y las que nos faltan

El mayor avance tecnológico logrado hasta ahora es en la producción de electricidad a partir de fuentes renovables. La energía solar y la eólica son tecnologías conocidas por todos e implementadas en la mayoría de los países del mundo. 

La siguiente imagen nos muestra cómo evolucionaron los aerogeneradores en términos de su tamaño y potencia desde el siglo XIX hasta la actualidad. 

Este desarrollo es clave por ejemplo para reducir el espacio que ocupan las renovables. Hace unos días fui a una charla sobre transición energética en Alemania donde contaban que en 1985 se asumía que se ocuparía el 13% del territorio alemán para la generación de energía eólica y solar, y que ahora, gracias a los avances tecnológicos, esa superficie se redujo al 2% del país.

Sin embargo, el resto de nuestras actividades económicas siguen basadas en el carbono y las tecnologías alternativas están en un estado más inicial. Por ejemplo, la producción de cemento y acero neutros en carbono, la fusión nuclear, la captura de carbono y los combustibles neutros en carbono, entre otras.

Veamos un ejemplo en profundidad: el almacenamiento energético.

El almacenamiento de energía

Uno de los desafíos que nos traen las energías renovables -a diferencia de los combustibles fósiles- es la intermitencia, es decir que cuando no hay sol o no hay viento la provisión de electricidad se interrumpe. Sin embargo, el consumo energético no se detiene al atardecer, por lo cual encontrar formas de almacenar la energía que se produce cuando hay sol o viento en abundancia es clave para terminar de salir de la dependencia de los combustibles fósiles para la producción de electricidad.

Vale destacar aquí que tenemos alternativas energéticas limpias y estables como la energía nuclear y la hidroeléctrica, pero que enfrentan otros desafíos ambientales como la gestión de los residuos nucleares (hablamos extensamente sobre nuclear en este news) o la vulnerabilidad frente a los cambios en los patrones de lluvias.

¿Qué opciones se están desarrollando para el almacenamiento energético?

  1. Baterías. En este punto el desafío consiste principalmente en mejorar las baterías existentes, especialmente su gestión térmica o tecnología de refrigeración: cuanto mejor sea esta gestión, mayor será la vida útil de la batería en cuestión. Se trabaja con dos opciones: refrigeración líquida o por aire. En la charla que mencioné antes se decía que la capacidad de almacenamiento en baterías tiene que multiplicarse por 150 para el año 2050 para lo cual pensaban en inversiones necesarias de hasta 1.2 trillones de dólares.
  2. Hidrógeno verde. Sobre esta alternativa, que consiste en producir electricidad renovable y almacenarla en pilas de combustible, ya hablamos en entregas anteriores. El desafío que persiste es el de la reducción del costo de la tecnología y resolver la cuestión del almacenamiento.

Otras alternativas son:

  1. Hidroeléctrica reversible. En este caso se intenta aprovechar cuando hay electricidad disponible para bombear agua pendiente arriba hasta un embalse para liberarla generando electricidad cuando se necesite.
  2. Almacenamiento térmico. De manera similar al caso anterior, la idea es que en momentos de alta disponibilidad de electricidad, se la utilice para calentar algún material, por ejemplo sal fundida. Luego, cuando sea necesario se utiliza el calor para volver a generar electricidad a través de un motor térmico.

¿Cómo viene la innovación en el mundo y en América Latina?

Vimos hasta acá la importancia del desarrollo y la difusión de tecnologías. Una forma de ver cuánto se está innovando son las solicitudes de patentes. Hace poco el CEP-XXI publicó un trabajo sobre este tema en el que analizan la evolución de las patentes de productos verdes y encuentran que la mayoría de los pedidos de patentamiento se realizan en los países de mayor desarrollo tecnológico como Corea del Sur, Estados Unidos, Japón, gran parte de Europa y China. En el siguiente cuadro se observa la evolución temporal de las solicitudes de patentamiento. 

Los sectores en los que hubo más innovación son aquellos ligados a la transición energética y la movilidad sostenible, mientras que las tecnologías ligadas a la economía circular y las soluciones basadas en naturaleza tienen menor protagonismo.

Mirando a nuestra región, la participación en el total de patentes verdes globales se mantuvo estable, en términos absolutos cayó en los últimos años en línea con la tendencia del resto del mundo. Y la especialización tecnológica se concentra en áreas como la gestión de residuos, pero también en energías limpias.

¿Cómo se mide esa especialización tecnológica?

Una forma de hacerlo es con el índice de ventajas comparativas reveladas (VCR). Este índice toma la participación de tecnologías verdes dentro del total de patentamientos en un determinado país y compara ese porcentaje con la media mundial. 

Si el índice da mayor a 1,  el país analizado se especializa en determinada tecnología, mientras que si da menor a 1 no lo hace. En el siguiente cuadro vemos como le da el VCR a diferentes países latinoamericanos en una serie de tecnologías verdes.

¿Qué pueden hacer los gobiernos para promover los avances tecnológicos?

En primer lugar, aumentar las inversiones en investigación y desarrollo en energías y productos verdes, eligiendo los sectores y proyectos más promisorios en relación con las necesidades y capacidades de cada país y su estructura productiva. 

Luego, una parte de las primas verdes se explican por la incapacidad de las tecnologías basadas en carbono de reflejar el costo ambiental de las emisiones, entonces fijar un precio al carbono puede ser una forma útil de reflejar ese costo. Según el trabajo del CEP, “distintos estudios han encontrado que un aumento en el impuesto al carbono o un incremento en el precio del carbono termina por impactar de forma positiva en el nivel de innovaciones tecnológicas verdes”.

Por último, la promoción de la adquisición e implementación de productos verdes a través de estándares y la facilitación de la identificación de los mismos. Es decir, así como el etiquetado de eficiencia energética y el nuevo etiquetado indicador de emisiones de dióxido de carbono y eficiencia energética para vehículos livianos nos permite ver con facilidad cuál es el microondas más eficiente, poder tener esa información para todos los productos permitiría tanto a consumidores finales como compradores intermedios hacer compras sostenibles con mayor facilidad. Así, por ejemplo, los gobiernos podrían incorporar requisitos de sostenibilidad en las licitaciones de obras públicas y así traccionar a través de las compras públicas la transición industrial.

¿Qué podemos hacer las personas individuales?

Apoyar los nuevos sectores verdes. Hay mil formas. Elegir consumir tecnologías verdes, exigirle las políticas adecuadas a los gobiernos, invertir en este tipo de proyectos, estudiar, trabajar, investigar sobre estos temas, etc. 

Ir reduciendo el contenido de carbono en una economía es un proceso dificultoso y no necesariamente grato en el corto plazo, apoyar a todas las iniciativas que intenten ir en esa dirección comprando un producto, bancando una política, incluso desarrollando una nueva tecnología, es empujar que Argentina se suba a la ola tecnológica verde.

Te mando un abrazo, nos leemos en dos semanas, con una sorpresa que no voy a revelar ahora, pero espero que te guste.

Eli

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Soy Licenciada en Ciencias Ambientales, Magíster en Políticas Públicas y Becaria Doctoral en Ciencia Política en la UNSAM. En todos los ámbitos que puedo me dedico a sumergirme en los dilemas que nos presenta el desarrollo sustentable, uno de los mayores desafíos que enfrentamos en este siglo. Me mudé a un departamento en CABA hace poquito, así que estoy aprendiendo a ser porteña y tener plantas y compost en el balcón.