Infinito punto verde

Combustibles y alfajores: respuestas al cambio climático

Hidrógeno verde: el combustible del futuro. ¿Alfajores transgénicos? Hablamos con Raquel Chan, la investigadora del CONICET que, junto con su equipo, creó el trigo HB4. Yapitas: Día de las Abejas y prestar atención a los focos de incendio.

¡Hola! ¿Cómo estás?

Antes que nada, quiero agradecer por la hermosa bienvenida que me dio la comunidad de Cenital. Además del entusiasmo, me fascinó la diversidad de lugares desde donde me escribieron y la cantidad de temas y abordajes diferentes que propusieron. Tenemos algo muy lindo por construir. 

Con esa emoción a cuestas me salió un correo un poco largo, espero que te sirva de distracción en esta nueva etapa de confinamiento.

Última cosita antes de empezar, quería compartirte, aun si son palabras poco originales, lo que nos dijo un señor muy sabio estos días: aunque todo parezca negro, la historia está por escribirse y por eso no podemos dejarnos caer en el pesimismo, tenemos una realidad que transformar.

Cumplir metas climáticas

¿Te acordás que la vez pasada hablamos de la cumbre de Biden sobre Cambio Climático y nos preguntamos cómo los países van a alcanzar las metas que se plantean? Vamos a profundizar un poco sobre esto. (Si bien todavía no hablamos específicamente del cambio climático, me parece que a esta altura -salvo que te llames Donald Trump- podemos darlo por sabido. Si estás muy perdide, este hilo que hice allá lejos y hace tiempo en un mundo donde no había pandemia puede resultar orientador). 

Entonces, para encaminar modelos de desarrollo dentro de los límites planetarios y el cumplimiento de los compromisos climáticos, uno de los grandes temas es la energía. A nivel global implica un 73.2% de las emisiones de gases de efecto invernadero y en Argentina un 53%.

Emisiones por sector en el mundo:

Emisiones por sector en Argentina:

Para reducir las emisiones provenientes de la energía necesitamos salir de la dependencia estructural del carbono. Pensá en todas las cosas a tu alrededor: la luz, los electrodomésticos, los vehículos, la cocina, y la producción de muchos materiales requieren de energía generada a partir de combustibles fósiles. 

Para escapar de esa dependencia necesitamos una “transformación sin precedentes” de la forma en la que “se produce, transporta y utiliza la energía a nivel mundial”, según dice el flamante informe de la Agencia Internacional de Energía. En el newsletter Planeta de Tais Gadea Lara encontrás un resumen del reporte. 

Para lograr esa transformación, tenemos que trabajar sobre tres dimensiones: 

  1. generar electricidad sin emisiones
  2. aumentar la eficiencia energética
  3. electrificar sectores y/o cambiar de combustible

El primer punto es relativamente conocido, ya que lentamente el mundo avanza hacia un recambio tecnológico de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas); hacia las fuentes renovables (sol, viento, mareomotriz, biomasa, geotermia) y limpias (hidroeléctricas y nuclear). Para ver cómo estamos en Argentina en la web de Cammesa podés ver la potencia instalada y el despacho de energía renovable en tiempo real.

La eficiencia energética se viene trabajando, pensá, por ejemplo, en las etiquetas de eficiencia energética de los electrodomésticos, pero eso tiene que expandirse mucho más a las construcciones, las industrias y demás sectores.

Por último, la matriz energética no se acaba en la electricidad, sino que tenemos muchos sectores que funcionan en base a otro tipo de fuente. Ejemplos de ello son varias industrias, el transporte y la calefacción de los hogares. Ahí nos encontramos con dos posibilidades: electrificar o cambiar el combustible por uno sin emisiones. Depende del sector y el contexto, lo que es posible y lo que conviene hacer. 

El combustible del futuro

Para el caso de que no se pueda o no convenga electrificar, la solución que se está desarrollando es el hidrógeno verde como combustible alternativo. A diferencia de los combustibles fósiles, es una fuente de energía limpia, porque al utilizarse sólo libera agua (en forma de vapor) y no produce CO2.

Sin embargo, aunque el hidrógeno es el elemento más abundante del universo -las estrellas, por ejemplo, están formadas principalmente de este gas- no se lo encuentra suelto, sino en el agua, junto con oxígeno, y en los hidrocarburos en combinación con carbono.

Pero, para usarlo de combustible necesitamos el hidrógeno puro, por eso hay que separarlo de las moléculas a las que viene asociado, para lo cual se requieren de grandes cantidades de energía. Si estas fuentes son renovables, tendremos entonces un gas libre de emisiones al que llamamos hidrógeno verde. 

No me voy a poner más técnica, solo si te interesa podés ver este video y esta imagen de resumen del proceso.

Hoy la producción de hidrógeno verde aún es un proceso costoso pero hay cierto consenso en que es una de las herramientas más importantes para lograr una descarbonización total. De este modo, el desarrollo científico y tecnológico sumado a políticas públicas correctas debería permitir escalar la producción y hacerla rentable.

En este marco, el lunes se llevó a cabo el Foro "Hacia una Estrategia Nacional Hidrógeno 2030", organizado por el gobierno nacional en el marco del Consejo Económico y Social. Allí se habló de transición energética justa, federalismo, encadenamientos productivos, ciencia y tecnología para descarbonizar la economía y de la necesidad de que el hidrógeno sea una política de estado que vaya más allá del signo político de los gobiernos de turno.

Si te lo perdiste, podés ver acá cómo se piensa el tema desde los diferentes espacios. Asimismo, hace poco se publicó un trabajo de Julio Mateo y Mateo Suster sobre las oportunidades económicas para nuestro país respecto de esta tecnología. Según las proyecciones para 2050, podría generar 50.000 empleos directos e indirectos y 15.000 millones de dólares en exportaciones, algo parecido a lo que exportó el complejo sojero en 2020. 

Es muy auspicioso que la cuestión del hidrógeno verde se piense de manera estratégica ya que constituye una gran oportunidad para nuestro país y el resto del mundo está avanzando en esta dirección. Esperemos ahora los anuncios de acciones concretas. 

Hab4na

Otro tema que se inscribe entre las posibles respuestas frente al cambio climático es cómo cultivamos alimentos en contextos de sequías crecientes. En este marco, la semana pasada Bioceres concretó una alianza con Havanna para comercializar un alfajor producido con el trigo transgénico HB4 que es tolerante a la sequía y resistente al agroquímico glufosinato de amonio. El tema no está exento de discusiones: ya el año pasado, cuando se aprobó el trigo, se publicó un informe de organizaciones y una carta abierta, titulada “Trigo transgénico: 1.400 científicos cuestionan el modelo”, que se oponen al trigo transgénico y el lunes se llevó adelante la campaña #ChauHavanna en contra de esta alianza.

Para entender un poco mejor de qué se trata, conversé con Raquel Chan, bioquímica e investigadora superior de CONICET del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL/CONICET-UNL), quien desarrolló junto a su equipo el trigo HB4. Le consulté sobre las preocupaciones que se plantean.

–¿Cuál es la importancia del trigo HB4 para Argentina?

Un aspecto importante es que es un desarrollo nacional, todos los países que siembran o importan transgénicos tienen oficinas regulatorias. En Argentina tienen procedimientos aceptados internacionalmente a través de los cuales uno tiene que demostrar (como la ANMAT con los medicamentos) que el cultivo no tiene efectos sobre el ambiente diferentes a los que produce el mismo trigo sin el gen HB4. Eso es lo que hace la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA). Paralelamente, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) comprueba que el trigo HB4 no tenga ningún efecto diferente al que tiene el trigo sin transformar sobre la salud humana o animal. Argentina tiene aprobados 61 eventos transgénicos. De ellos, solo 3 son desarrollos argentinos, los demás son de empresas multinacionales. Dos de ellos son el trigo y la soja HB4. El otro es la papa resistente a virus, desarrollada por el grupo del Dr. Bravo Almonacid del INGEBI- CONICET.

–¿Qué significa que sea una tecnología de desarrollo nacional?

Estamos hablando de una tecnología desarrollada en un Instituto del Estado en asociación con una empresa formada por productores agropecuarios argentinos, que llegaron(mos) a tener el mismo nivel que las multinacionales que cuentan con fondos millonarios que yo nunca tuve ni vi. Esto demuestra que el sistema científico argentino es capaz de responder a estos desafíos (esto también se vio con la rápida respuesta del sistema científico al COVID). A pesar de todo, Argentina tiene un sistema científico que es capaz de hacer desarrollos tecnológicos de primer nivel mundial. Es más, te diría pionero, porque no hay en el mundo otra tecnología de tolerancia a la sequía, tampoco en otros cultivos de interés agronómico.

–¿Cómo va a impactar sobre la economía nacional?

El trigo HB4 produciría riqueza para el país. ¿De qué forma? En regalías, en exportaciones, en retenciones, en impuestos y en generación de trabajo. O sea, vos generás riqueza, porque vos en la misma cantidad de suelo vas a tener un rendimiento mayor.

–¿Cómo se da el aumento en el rendimiento?

La diferencia de rendimiento se da en lugares donde hay sequías. Vos tenés una diferencia enorme en lugares donde los rendimientos son muy malos porque hay mucha falta de agua (escenario que probablemente empeore a medida que avance el cambio climático). Como todos nuestros estudios y datos son públicos, los productores pueden saber que, si están en la PBA les va a recontra convenir, pero si están en determinado lugar de la provincia de Santa Fe, no.

–¿Este desarrollo va a impulsar la expansión de la frontera agropecuaria?

Tener la tecnología no tiene por qué estar asociado a la expansión de la frontera agropecuaria, al contrario. Vos tenés en la misma región más rendimiento. Por otro lado, eso depende de decisiones políticas. La extensión de la frontera agropecuaria, si ocurriera, no es responsabilidad del desarrollo de la tecnología.

–¿Por qué las semillas tienen resistencia al glufosinato?

Transformar plantas es un proceso super ineficiente, a veces tenés que transformar 10.000 plantas para tener una sola efectivamente transformada. Luego, todo el proceso ulterior de sembrarlas, que tengan semillas, multiplicarlas y analizarlas es carísimo. Por eso se usan los marcadores de selección. En las plantas los marcadores de selección utilizados son genes de resistencia a herbicidas, porque después vos le tirás el herbicida, se te mueren todas las que no se transformaron y te queda solita la que se transformó. Es algo que es parte de la técnica. Con el conocimiento actual, hacer la transformación sin esos marcadores sería prácticamente inviable.

–¿Entonces se va a usar el glufosinato en la producción de trigo?

Lo podés usar. Si el productor le tira glufosinato, se le van a morir las malezas y no se le va a morir la planta. La realidad es que hoy en día el trigo en grandes superficies se siembra con otros herbicidas que son tan malos como el glufosinato. Todo lo que termina en “cida” por definición es algo que mata. Entonces, ¿por qué matás la maleza? Porque la maleza consume el agua y los nutrientes, entonces tenés mucho menos rinde. Compite por los recursos con las plantas y muchas veces, gana. Ahora, la diferencia en el rendimiento puede conllevar una ventaja ambiental. ¿Cómo? Argentina es un país que en este momento produce mucha soja, la cual se siembra normalmente de septiembre/octubre y se cosecha en abril. Como da tan buenos rindes, el agricultor deja libre el campo que se llena de malezas. Entonces, cuando va a volver a sembrar tiene que tirar toneladas de herbicida para matarla. En cambio, si siembra trigo cuando termina la cosecha de soja, solo tira el herbicida que necesite el trigo, cosecha el trigo en septiembre y cuando va a sembrar la soja tiene el campo limpio. Así, la siembra del trigo como cultivo intermedio bajaría el uso de herbicidas. En esto, la única diferencia que haría el HB4 es el incentivo por mayor rinde en ciertas zonas. Otra ventaja ambiental que nadie está viendo es el agua. Las plantas HB4 usan menos agua para producir más y fijar más CO2.

–¿Si el glufosinato se termina usando, va a estar en el pan que comemos? 

De ninguna manera. No estaría ni el gen porque no se expresa en semillas, ni el glufosinato que se destruye a las pocas horas de que lo ponés. Químicamente está demostrado que estas cosas se destruyen. Vos lo tirás y se destruye después de hacer el daño, o sea matar la maleza, y se descomponen. Los herbicidas, no sólo el glufosinato, se aplican o antes de sembrar o en las primeras etapas del desarrollo, muchísimo antes de que las plantas den semillas. Ahora bien, hay un tema que está asociado a éste y que está muy mal manejado, que es cuando el herbicida se tira donde no corresponde o cuando las condiciones climáticas (lluvia y viento) lo prohíben. Y ahí sí, si vos le tirás glifosato a la gente vas a tener daños. Pero es una cuestión de manejo y falta de auditoría. Si tenés un mal día por lluvias perdés el día de trabajo, pero no podes tirar el herbicida porque va a llegar a donde está la gente. Pero a veces lo tiran igual, ése es el problema. Y los organismos de control no están lo suficientemente presentes. Las leyes ya están, pero el problema es la falta de control y multas.

–Si apareciese un alimento con glufosinato, ¿quién lo controla?

Eso no va a pasar porque el herbicida se tira cuando la planta está verde y aún no tiene semillas. Y se destruye. Por lo tanto no va a llegar nunca a la semilla, que es con lo que se hace la harina. Y aparte lo podés controlar claramente. Vos podés agarrar tal lote de harina, le hacés el análisis y ves qué tiene. Eso es lo que debe hacer el SENASA continuamente con cientos de alimentos que llegan al consumidor. Ese control es bueno. El que no se hace bien, también porque es mucho más difícil de implementar, es el de controlar los campos, a las empresas fumigadoras.

Naturalmente, la opinión de Raquel Chan no salda las discusiones ni responde a todas las problemáticas asociadas a la agricultura, pero es una voz relevante para empezar a charlar sobre estos temas.

Si te interesa profundizar más, te dejo una serie de producciones con miradas diversas vinculadas a la temática: “Argentina frente al desafío de la Biotecnología””Los efectos del herbicida glifosato en Argentina”, hilo del ambientólogo y becario doctoral Julián Monkes, el episodio sobre agroecología de la serie “Autosustentables” del Canal Encuentro y “Biotecnología e innovación empresarial: algunas reflexiones para pensar la política pública”.

Recomendaciones

  • Me gustó mucho esta entrevista a Mariana Mazzucato sobre los desafíos del progresismo.
  • Habrás visto las noticias de la bajante del Paraná, prestemos atención a los focos de incendios para que no se repita la situación del año pasado. La periodista Jorgela Hiba sigue este tema con precisión.

Me despido con esta foto del jueves pasado donde finalmente (defendí la tesis en 2018) recibí -en una ceremonia tristemente solitaria- el título de magíster en Políticas Públicas por la UNSAM. 

Esto fue todo por hoy. Nos leemos en dos semanas, te mando un abrazo y un agradecimiento por acompañarme en este camino.

Eli

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Soy Licenciada en Ciencias Ambientales, Magíster en Políticas Públicas y Becaria Doctoral en Ciencia Política en la UNSAM. En todos los ámbitos que puedo me dedico a sumergirme en los dilemas que nos presenta el desarrollo sustentable, uno de los mayores desafíos que enfrentamos en este siglo. Me mudé a un departamento en CABA hace poquito, así que estoy aprendiendo a ser porteña y tener plantas y compost en el balcón.
@elimohle

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