Mundo Propio

Sinfonía de la impotencia

La retirada de Afganistán desnuda el nuevo rol de Estados Unidos en el mundo.

¡Buen día!

¿Se sigue saludando así? ¿Los newsletters se siguen leyendo a la mañana? 

Espero que sí. Bueno, hola. Es un placer darte la bienvenida a Mundo Propio, el newsletter de política internacional de Cenital que volvió a cambiar de nombre. Es que con Aye, a la que de paso felicitamos por todo el trabajo realizado en estos meses, somos swingers y nos gusta ir y volver, probar, rotar. La verdad sea dicha: ya nos estamos cansando un poco. Queremos estabilidad. Por eso escribimos sobre política internacional.

Si te sumaste en estos meses, me presento. Mi nombre es Juan y te voy a escribir los lunes con algunas miradas, noticias y apuntes sobre el mundo. El formato va a ir variando: a veces vamos a dedicar un correo a un tema, en otro entrarán un par. A veces serán más largos, otras serán más cortos. Una semana puede ser una entrevista, otra una reseña, y así. Sí, al pedo decirlo todo ahora pero mi neurosis me pide que lo deje asentado.

En cuanto al día de la semana, la verdad es que no me vuelve loco que sea los lunes, creo que los jueves tenían la magia de la previa del finde, pero también siento que acá puede haber algo, una especie de puente temporal en el que pueda transmitirte un remanente de alegría. Ahora, mientras escribo esto, es viernes y el día se está despejando. La primavera brota. 

Por lo demás, estamos de vuelta, y no sabés lo feliz que me pone.

Ahora sí. A lo nuestro, rápido. No vaya a ser cosa de que nos detenga la Anvisa.

SINFONÍA DE LA IMPOTENCIA

La semana pasada Estados Unidos se retiró de Afganistán después de veinte años de guerra.

En las tres semanas que pasaron desde la toma de Kabul hasta el fin formal de la presencia extranjera vimos de todo: un aeropuerto colmado por la desesperación, un atentado que dejó 170 muertos —sumados a una veintena que se habían registrado antes y una decena más con la respuesta militar de Estados Unidos, en la que murieron 10 civiles—, tiros, conferencias de prensa, protestas, helicópteros, análisis sobre la magnitud de la derrota norteamericana, análisis sobre la presunta moderación talibán, análisis sobre el rol de la mujer en la sociedad islámica, análisis sobre fake news (¿por qué no?), tu tío en llamas por WhatsApp, tu Instagram reventado de testimonios sobre la vida allá, infografías sobre la diferencia entre burka y hiyab, ¿se dice talibán o talibanes?, panelismo existencial, preguntas sin respuestas y un fraseo inocente pero potente que dice: “Qué bárbaro lo de Afganistán, el mundo se va a la mierda, ¿eh?” y pum, ruido de mate. 

Hoy te propongo quedarnos un poco al margen para ver qué lecciones podemos sacar de todo lo que estamos viendo. Son tendencias que se vinculan con temas que hemos conversado en el pasado y que nos van a acompañar en futuros intercambios. 

Tomemos tres frases del discurso de Biden de la semana pasada (vale la pena verlo completo).

  1. “Esta decisión no es solo sobre Afganistán. Se trata de ponerle fin a una era de grandes operativos militares para rehacer otros países”

La retirada marca el fin del paradigma rector de una política exterior que ya estaba agotada desde antes de la llegada de Biden: la idea de que Estados Unidos puede –y debe– intervenir militarmente en otros países para reconstruirlos. Una doctrina con fallas de fábrica, porque la democracia y los derechos humanos no se exportan (y es aún más difícil hacerlo en un país diverso, fragmentado y particularmente reacio a la ocupación extranjera como Afganistán), y de implementación

Cuando Biden decidió honrar el acuerdo firmado por Trump y los talibanes (deficiente en su naturaleza, al no incluir al gobierno afgano) el fracaso estaba sellado. Digamos que esto ya estaba claro con la propia génesis del acuerdo (¡te estás sentando a negociar con los mismos tipos a los que fuiste a destruir hace veinte años!), pero a veces la realidad se ocupa de construir imágenes más potentes: el gobierno y ejército afgano, al cual Estados Unidos dedicó los últimos años a entrenar, se derrumbó en el mismo mes de la retirada, y veinte años después volvieron los que estaban antes. 

Biden entonces tiene razón cuando dice que todos estos años son la prueba viva de que prolongar la intervención no iba a resolver nada y que el problema es heredado. Pero sí parece tener responsabilidad en la errática campaña de salida, en la que se movió como si el escenario de una victoria talibán no fuese inminente, con su posterior impacto en la comunicación oficial (Biden repitió hasta el hartazgo que el gobierno no iba a caer) y la evacuación del personal diplomático, que terminó emulando la retirada de Vietnam. Suena plausible la idea de que el caos era inevitable y que todas las opciones portaban riesgos. Evacuar 120 mil personas en dos semanas, por otro lado, no es un logro menor. Pero las imágenes del desastre de la retirada son un golpe a la imagen de Estados Unidos en el mundo y, evitables o no, afectan a Biden. 

Pero para entender la importancia de esta frase hay que detenernos en la palabra era. Y acá podés pensar en Walter de Okupas desfilando por el docke preguntando: “¿Quién es el más poronga acá, eh?”. Estados Unidos, a diferencia de Walter, tenía motivos para creer en su omnipotencia. El muro había caído. El atentado fue una piña, pero Estados Unidos creía que todavía seguía siendo no solo el más poronga, sino el único. Y que por tanto podía hacer con el docke lo que quisiera.

Lo que nos lleva al próximo punto. 

  1. “Y acá hay algo fundamental para entender: el mundo está cambiando. Estamos involucrados en una seria competencia con China (...) debemos mantenernos enfocados en los intereses fundamentales de la seguridad nacional de Estados Unidos”

El camino que trazó Trump y continuó Biden en Afganistán nos recuerda algo que ya hemos conversado en el pasado: el desplazamiento geográfico de la política exterior norteamericana de Medio Oriente y Europa hacia el Asia Pacífico. Un vuelo sin escalas y con menos equipaje, que acá vendría a significar algo así como menos compromisos (militares). 

Vamos con un ejemplo. En abril, cuando Biden todavía estaba instalándose en la Casa Blanca, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, envió 100 mil soldados a la frontera con Ucrania. La maniobra iba dirigida más a Europa que a Estados Unidos, porque obligó a este último a dejar en claro que, sin importar lo que sucediera, no iba a involucrarse militarmente en un conflicto en esa zona. Este lente también nos debería servir para percibir el nuevo clima en Medio Oriente, donde son los actores regionales, no los externos, quienes se están sentando a discutir un orden (la noticia de la semana pasada fue el acercamiento entre Emiratos Árabes y Turquía).

De la primera parte de la frase de Biden me gusta la utilización del gerundio (sí, soy pro-gerundio y un mensaje a la dictadura que quiere prohibirlos: no pasarán). Estamos en el proceso de cambio, lo que debería matizar algunas posiciones acerca de las consecuencias del retiro en Afganistán, en especial dos: las dudas sobre la vigencia del poderío militar norteamericano y la certeza de que China está lista para tomar los compromisos que su contraparte deja vacante. Sobre lo primero: Estados Unidos sigue siendo la primera potencia militar. Sobre lo segundo, Afganistán también nos da un buen caso testigo, dado que a priori, a juzgar por sus movimientos y por la narrativa que circula en su prensa oficial, Beijing tiene un interés más defensivo (prevenir el extremismo islamista dentro de sus fronteras, sobre todo) que ofensivo, como la de jugar un rol en la reconstrucción política y económica del país. Esto se parece mucho a los diagnósticos que trazan analistas como Ian Bremmer, célebre por acuñar el término de G-0: vivimos en un mundo en el que ningún país tiene la capacidad –o el interés– de imponer un orden. 

La academia le dice a esto transición de poder. Antonio Gramsci: “Lo viejo no termina de morir y lo nuevo de nacer”. Mundo Propio:

Y la transición puede acelerarse, pero nada indica que vaya a terminar pronto. 

Prima entonces la impotencia, algo que por supuesto puede verse en el caso de Estados Unidos (María Esperanza Casullo dedicó un correo reciente a esto), pero quizás se ve con más claridad en Europa. Volvamos al ejemplo de Ucrania y sumemosle Afganistán. Tenés un problema cuando tu principal aliado y garante de seguridad ya no está dispuesto a defenderte como antes. De ahí que las voces que alientan la idea de que Europa tiene que valerse por sí misma (como Manu Macron, abanderado de la autonomía estratégica) vuelvan a ganar fuerza. Las posibilidades de éxito de esa doctrina, sin embargo, son escasas, precisamente porque nadie quiere –o puede– invertir los recursos necesarios para dejar de depender de Estados Unidos. Pero la sinfonía se escucha en todas las esferas del poder: Washington es igual de impotente cuando le pide a Europa –como al resto de sus aliados, para el caso– que reduzca sus lazos económicos con China.

Una cosa más: creo que lo que vemos en Afganistán llega en un momento en el que la representación de estas crisis como fichas de un tablero global es cada vez menos relevante para entender el camino y el desenlace que puede tomar la disputa entre Estados Unidos y China. El partido, en definitiva, se juega más adentro de las dos superpotencias que afuera.

Lo que nos lleva, ahora sí, al tercer y último punto de esta edición.

  1. “El pueblo estadounidense debería escuchar esto: 300 millones de dólares al día por dos décadas (...) ¿Qué hemos perdido, en consecuencia, en términos de oportunidades?”

Me lo explica Anabella Busso, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario: “El mayor factor de la crisis de liderazgo de Estados Unidos es doméstico. Es una crisis que va acumulando causas y que llegó a su pico en 2020, con un escenario de polarización y lucha interna, ataques al sistema democrático y un desmanejo total de la pandemia”. Para Anabella, el origen de estas tendencias combina factores históricos –la cuestión racial, por ejemplo–, pero también se pueden explicar con movimientos de las últimas décadas, paradójicamente de esa era de la que hablábamos antes, donde se avanzó en la desregulación del capitalismo, hoy en su faceta financiera, y la relocalización de empresas en el extranjero. La alteración de esos cambios en la distribución del ingreso y en la percepción de las clases medias sobre su nivel de vida se tradujo en un robusto paquete de demandas sociales que buscan canalización tanto por derecha (Trump) como por izquierda (Bernie). 

Cuando la presión interna aumenta, las limitaciones en política exterior también. En el caso de las guerras, me cuenta Anabella, también hay un péndulo histórico: “Cuando se extienden demasiado o no funcionan, rápidamente aparece el reclamo social para que las tropas vuelvan a casa”. Pero hay algo más. No es solo que la presión interna es mayor que antes. Hay un cambio fundamental en cómo opera el contexto doméstico en la política exterior de Estados Unidos: “Hay un desacople entre realidad y narrativa. La narrativa siempre ha sido la excepcionalidad americana, basada en una supuesta superioridad en las condiciones domésticas”. En la guerra fría, esta apelación a las condiciones domésticas fue protagonista de la estrategia discursiva norteamericana. Hoy, cuando Estados Unidos recicla buena parte de esa retórica frente a un nuevo adversario (China), las imágenes en casa cuentan otra historia.

Y el problema no es solo político o cultural, un ámbito en el que Estados Unidos, al igual que en lo militar, sigue sacando ventaja. El contexto doméstico también es clave en el terreno material, donde se pone a prueba qué potencia va a liderar el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico. No es casual que uno de los argumentos más escuchados ante la presentación del plan de infraestructura de Biden, la política pública estrella desde su llegada a la Casa Blanca, sea precisamente la ventaja que le puede dar en términos de la competencia con China. Esta es una ventana que abriremos en otro correo, pero el Partido Comunista chino también supedita sus objetivos externos a los internos, enfocados en mejorar la calidad de vida y terminar de reestructurar su modelo de crecimiento. 

El repliegue de Estados Unidos, entonces, no es solo para ir de Medio Oriente a Asia: es también hacia dentro. Esto no significa que Washington deje de tener intereses en eso que llamamos tablero (en Afganistán, ya que estamos con esto, la prevención de ataques terroristas va a ser tanto un foco como un área de cooperación con el talibán y otros actores), pero vamos a ver, o estamos viendo, un cambio en la relación con otras regiones (Juan Gabriel Tokatlian dedicó un texto a América Latina). 

La salida de Afganistán es apenas una confirmación más de que estamos en una nueva era. Tenemos mucho para pensar y recordá que esto que leíste son apenas tres puntos resumidos, apurados y arbitrarios. El lado bueno es que tenemos tiempo. Todo indica que esta era, a diferencia de la anterior, va a durar mucho más que una década. 

QUÉ ESTOY SIGUIENDO

Bolsonaro llama a pudrirla con policías. Mañana, a propósito del Día de la Independencia en Brasil, el Presidente convocó a manifestaciones en San Pablo y Brasilia. Es para protestar contra la decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) de abrir una investigación por la difusión de noticias falsas en el marco de las elecciones de 2022. Bolsonaro dice (sin pruebas) que va a haber fraude gracias al sistema de voto electrónico, al que intentó reformar –sin éxito– en el Congreso. Es posible que se escuchen voces repitiendo la narrativa bolsonarista del fraude y pidiendo por una intervención militar. Hay otra cosa a seguir además del volumen de convocatoria: varios gobernadores alertaron sobre la intención de policías activos y retirados de participar. 

La cita nos va a servir de termómetro para algo que vamos a preguntarnos de acá a los próximos meses: ¿Qué rol van a cumplir las fuerzas de seguridad si Bolsonaro denuncia fraude después de las elecciones?

PICADITO

  1. Guinea: un grupo de militares da un golpe de Estado.
  2. La oposición venezolana cambia de estrategia: va a participar en las elecciones regionales con lista unificada. 
  3. Renuncia el Primer Ministro de Japón, Yoshihide Suga.
  4. Los talibanes pakistaníes cometen un atentado: al menos 4 muertos.
  5. Estados Unidos: la Corte Suprema deja en pie la prohibición del aborto en Texas; Biden sale al cruce.

COSITAS

  • Un perfil de Angela Merkel escrito en español. Es para que vayas calentando motores para la despedida que pronto le vamos a hacer a la señora. Las elecciones en Alemania son en un par de semanas y Facu Cruz metió una gran previa para La Gente Vota.
  • La crónica en la que el constituyente y activista chileno ​​Rodrigo Rojas Vade admite que mintió acerca de tener cáncer. La magia del reporteo.
  • Un documental sobre una historia que no conocía: el recibimiento de Cuba a miles de niños afectados por el accidente de Chernobyl (para ver en CineAr).
  • El sábado se cumplen 20 años del atentado a las torres gemelas. La previa puede arrancar con este gran texto del inigualable David Foster Wallace. Un registro de cómo se vivió el acontecimiento en una pequeña ciudad de Illinois.
  • Un meme más para la bodega sobre Naciones Unidas:

Bueno, gracias por haber llegado hasta acá. Supongo que en las próximas semanas esto va a agarrar ritmo y el resto va a llegar solo. 

Ah, antes de que me olvide: los memes. Este de Naciones Unidas, por ejemplo, me lo pasó Agos (gracias, Agos). Últimamente no estuve mucho en las redes así que ya no me cruzo con tantos. La última vez que me fijé este newsletter tenía una comunidad de fanáticos de memes bien gedientos. Acá serán bien recibidos. 

Nos leemos el lunes.

Un abrazo,

Juan

PD: una de las cosas más lindas de volver a este newsletter es reencontrarme con mis compañeros y compañeras de Cenital, que por suerte cada vez son más. Esto se traduce en más y mejores contenidos periodísticos que podés apoyar con unos pesitos mensuales.

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Creo mucho en el periodismo y su belleza. Escribo sobre política internacional y otras cosas que me interesan, que suelen ser muchas. También estoy en Futurock y Radio Con Vos. Estudio Ciencia Política en la UBA. Soy fan de la pelea Mauro vs Samid.
@juan_elman
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