No es recesión sexual, es más soberanía sobre el placer

Mientras el debate adulto pone el ojo en determinar si las nuevas generaciones tienen menos sexo, para los jóvenes se trata de un ejercicio de autonomía. ¿Hay otro tipo de encuentro?

La frecuencia sexual es tema de conversación recurrente en el cotilleo digital que se arma en las redes sociales, streams y medios. ¿Las juventudes cogen menos que las generaciones anteriores? ¿Se puede hablar de una recesión sexual entre la generación Z? Lo cierto es que en Argentina no hay estadísticas de larga data, como en Estados Unidos, Inglaterra y España, que midan la cantidad y/o la calidad de los encuentros sexuales entre humanos a través del tiempo. Y también es verdad que el tono que aparece asociado a la frecuencia sexual es de preocupación. ¿No hay nada bueno que se pueda decir sobre esta supuesta tendencia?

¿Menos sexo u otro sexo?

Entre los escasos estudios locales que ponen el foco en la generación Z y la reconfiguración de la intimidad, el placer y el sexo se destaca “Cambios en la sexualidad de jóvenes universitarios”, realizado por el área de investigación de la Universidad Argentina de Empresa (UADE). En 2025 encuestaron a jóvenes universitarios de entre 18 y 25 años. Encontraron un atraso en el inicio sexual, a los 16 años, y jóvenes que se muestran más cautelosos con la actividad sexual, confirmaron el descenso en relación al encuentro íntimo y físico, pero a la vez, un mayor conocimiento sobre prevención y salud sexual.

Hace sentido: se trata de una generación hija de la Educación Sexual Integral (ESI), el Ni Una Menos, las conversaciones públicas sobre el consentimiento y la autonomía sobre el propio cuerpo convertida en ley con la despenalización del aborto.

“Veinte años trabajé para que los jóvenes sean dueños de sus inicios de relaciones sexuales y vinculos de una manera conciente”, dice Silvina Valente, jefa de la sección de Sexología del Hospital de Clínica de la Universidad de Bueno Aires y directora de Consexuar. En octubre se cumplirán dos décadas de la sanción de la ley 26.150 de ESI que garantiza el derecho de estudiantes de Argentina a recibir educación sexual integral en escuelas públicas y privadas, desde el nivel inicial hasta el superior.

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

Sumate

Cecilia Valeriano, directora de Programas de Fundación Huésped, coincide con la médica: “Trabajamos mucho para que tengan decisiones más autónomas e informadas”. Y destaca la reducción a la mitad de los embarazos adolescentes por la acción del Plan nacional de Erradicación del Embarazo No Intencional en la Adolescencia, ENIA, en el que confluían equipos de educación y salud, desmantelado desde 2024.

Más hiperconectados que antes, ¿pero menos comunicados? Foto: Depositphotos

Según el estudio de la UADE los y las jóvenes perciben a las generaciones anteriores (a sus padres, madres o familiares) en una actitud “más desenfrenada” al respecto del sexo con la que no se identifican. Al momento de la encuesta casi el 19% de los jóvenes universitarios aseguró que no mantenía relaciones sexuales.

La emancipación también se está retrasando: cuatro de cada diez jóvenes en Argentina siguen viviendo con sus padres por limitaciones económicas. No pueden alquilar ni mucho menos comprar. Sin un espacio físico propio para la intimidad con otros y otras se vuelve más difícil.

A este dato se suma un reporte de abril de la Federación Argentina de Alojamientos por Hora, los albergues transitorios, que señaló que la frecuencia de clientes cayó un 20%, especialmente en los turnos de pernocte y en los días de semana. Mientras desde las voces conservadoras y el propio gobierno se preocupan por la baja tasa de natalidad, el acceso al sexo es casi un lujo.

Recesión sexual

La idea de “recesión sexual” viene de una definición que se popularizó en 2018 a partir del artículo “What’s Causing the Sex Recession?”, publicado por la revista norteamericana The Atlantic. En Estados Unidos, el año pasado el Instituto de Estudios de Familia (IFS, por sus siglas en inglés) publicó un estudio en el que afirman: “Los estadounidenses están teniendo menos relaciones sexuales que nunca”. Basaron su análisis en datos de la Encuesta Social General (GSS) 2024 de ese mismo país y confirman que, al menos en el país del norte, se trata de una cuestión generacional: las personas más jóvenes tienen menos frecuencia sexual que quienes las precedieron.

En 1990, el 55 % de las personas adultas norteamericanas de entre 18 y 64 años decían tener relaciones sexuales semanalmente. Con el cambio de milenio, ese número comenzó a bajar: en 2010, menos de la mitad afirmaba tener relaciones sexuales semanalmente y, en 2024, de los más de 1.000 hombres y mujeres consultados sobre este tema por la GSS, esa cifra se había reducido a solo el 37 %.

“No es casualidad que el declive del sexo marital haya seguido a la revolución digital”, dicen los investigadores de IFS. Para explicar la caída de la frecuencia sexual suman la plataformización y la irrupción de los teléfonos inteligentes a la vida diaria. “Entre 2010 y 2019, el tiempo medio que los adultos jóvenes pasaban con sus amigos en una semana determinada se redujo casi un 50 %, pasando de 12,8 horas a solo 6,5 horas”, dicen desde IFS. En 2024, los adultos jóvenes pasaban solo 5,1 horas con amigos en una semana cualquiera.

Es llamativo que este análisis coincide con la mirada que aportó el psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt en su libro best seller La generación ansiosa que define el ciclo que va de 2010 a 2015 como el “Gran Recableado”.

La autosatisfacción como refugio

La soberanía ganada en las aulas y las calles se topó con un muro inesperado: la gestión algorítmica del deseo. Esta generación cien por ciento nativa digital está marcada por la hiperconexión y por los años de encierro obligatorio. “Las personas que atravesaron la pandemia durante su adolescencia o primeros años de su juventud han configurado sus modos de vinculación y comportamientos sexuales marcados por este contexto”, explica Paula Abelaira, profesora e investigadora en UADE.

Otro de los hallazgos de la investigación es la tendencia hacia la “autosatisfacción individualista” (pornografía y juguetes) para evitar el “esfuerzo” o la exposición que implica una cita real. El 25% prefiere directamente no iniciar una cita por el desgaste emocional que conlleva. La ansiedad aparece como el sentimiento más asociado a esas primeras citas. Esto sugiere que el “encuentro real” cara a cara se ha vuelto un evento de alta presión, mediado por la comparación y las expectativas digitales. Solo el 12% dijo sentir alegría por una cita con alguien que le gusta y un ínfimo 1% mencionó el amor.

Los y las jóvenes prefieren la autogestión del placer a tener que lidiar con una cita. Foto: Depositphotos.

La psicóloga Noelia Benedetto, especialista en sexología, salud mental y terapia de pareja dice: “Desde 2018 se viene hablando de recesión sexual pero no significa que no hay deseo, hay menos encuentros coitales y genitales que es una definición del sexo, que en realidad es mucho más amplio. El deseo es muchas cosas: autoestimulación, fantasía. Ahora hay mayor agencia para poder decir que no sin culpa. Hay selectividad y eso tiene que ver con el activismo de los feminismos y la ESI. Pero también hay que tener en cuenta que la vida se construye alrededor de muchas más cosas que hace 20 años y hay un malestar de la época, una ansiedad, una hipersexualización. Para poder desear hay que poder hacer pausas, tener espacio”.

El deseo en la pantalla

La agencia VML Argentina elaboró, a fines del año pasado, el informe “Íntima ausencia. Mutaciones del deseo” en el que hablan de un corrimiento del deseo que no significa necesariamente una disminución. “El deseo, interrumpido antes de llegar al cuerpo, queda atrapado entre la sobreoferta digital y la precariedad material”, dicen. Y advierten: “No es la era de la ausencia de deseo, sino la evidencia de cambio de régimen que debemos observar”. En ese mismo documento citan una encuesta de marzo de 2025 que mostró que el 75 % de los usuarios de aplicaciones de citas experimenta agotamiento, y el 40 % lo atribuye a la dificultad de hallar matches de calidad.

“Detrás de cada like se esconde una mecánica de frustración estadística: por cada 100 swipes hay apenas 1,6 coincidencias, y ese mínimo 4 “match” rara vez llega al cuerpo. Lo que se intercambia ya no es pasión sino validación. Una economía del like que reemplaza la experiencia por el registro”, explican.

Para Silvina Valente no se trata de una crisis del deseo sino de una crisis más bien vincular: “Veo más problemas para vincularse en todo sentido y muy bajo umbral de frustración. Esto hace que un vínculo pueda lastimar la autoestima o requiera cierto esfuerzo, prueba y error y hoy hay lugar solamente para el éxito”.

“Las plataformas multiplican las promesas, la economía real bloquea las condiciones para vincularse (porque no hay tiempo, no hay dinero, no hay energía o no hay lugar donde) y juntos producen una intimidad suspendida, más disponible en las pantallas que en la vida concreta. El sexo deja de ser el centro simbólico de la intimidad y se transforma en un dato más dentro del ecosistema informacional. Lo erótico ya no se mide en experiencias, sino en métricas: likes, reacciones, engagement”, dice el informe de VML.

Tomás Quiroga Martínez tiene 23 años y coordina el área de jóvenes de Casa FUSA. “Hay una mirada adulta sobre cómo vivimos los jóvenes nuestro propio deseo. Los encuentros y la socialización hoy son distintas.. Tenemos nuevas formas de vivir la sexualidad. Las apps de citas, un like en una historia, una reacción, aparecen otros lenguajes y otras formas de resolver el placer que muchas veces no tienen que ver con compartir tu deseo con otro. El consumo de pornografía está muy a la mano y esto marca un individualismo notorio”, dice.

Este repliegue llama la atención porque rima con el individualismo como trend epocal y la soledad como problema de salud pública que late de fondo.

También habría que observar la captura mercantil de estas transformaciones sociales y culturales. El auge de las novias virtuales, los vínculos con chatbots, seres digitales y el consumo Only Fans muestra que la soledad también puede ser un negocio para algunos. Leonid Radvinsky, el dueño de la página azul, ganó en 2024 700 millones de dólares, con 378 millones de fans en todo el mundo (más que la población de Estados Unidos).

Sin dudas, es una época atravesada por una crisis vincular que va más allá de las juventudes. Faltan datos locales que sigan a largo plazo este tema y sea posible sacar conclusiones determinantes y poder saber qué impacto tiene todo esto en las subjetividades que se están construyendo a largo plazo y los vínculos humanos. Aunque quizás eso que otras generaciones leemos como una “recesión” sea un ejercicio de soberanía sobre el placer.


Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Durante 7 años codirigió LatFem. Hoy se dedica a la investigación y a la consultoría en comunicación.