Milei atrapado en un loop negativo y la revancha de los padres
La derrota en el Senado, la mala praxis con Brasil y el deterioro social, ahora por el aumento de la pobreza, profundizaron la temporada mala del Gobierno.
“El que sabe que se vota la Ley de Tierras, está en contra”. Es martes y en la cima del Gobierno el clima es raro. Se admite que se perdió la discusión pública pero, en la libreta de la matemática legislativa, tienen anotados los votos para un eventual triunfo. No es seguro y requiere una ingeniería caprichosa: adelantar un viaje de Javier Milei para que Victoria Villarruel no desempate, impedir el voto remoto de Anabel Fernández Sagasti y que Bartolomé Abdala, el karinista que es presdiente provisional, use su doble voto.
Con las horas, el panorama se enturbió. Los números se volvieron gelatinosos y apareció la sugerencia de desactivar la sesión para evitar una derrota fea, que sacaría el tema de agenda del Congreso hasta 2027. O para gambetear una improbable victoria pírrica que ponga en tensiones el vínculo con los aliados y que, encima, deje abierta la puerta para que el proyecto se caiga en Diputados.
En esas horas bravas, todos miraron –y putearon– a Federico Sturzenegger, el ideólogo de una reforma que nadie defendió ni explicó y que, con los días, alineó enfrente a una amplísima gama de detractores: en la cruzada se armó un rechazo transversal, aparecieron influencers y artistas, y el Gobierno quedó solo, colgado del apoyo culposo del PRO y algunos gobernadores radicales.
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Una captura de la historia de Tini Stoessel en Instagram, con la consigna “La patria no se vende”, circuló en los teléfonos de funcionarios y se leyó como predictivo de un escenario que espanta al presidente: que el rechazo a una medida no solo sea masivo, sino que, además, rompa las fronteras de la política partidaria y, para completar, vaya más allá del peronismo y kirchnerismo. Por eso, retroalimentó los incidentes frente al Congreso.
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SumateLa doble derrota de Milei
Sin salida, Patricia Bullrich –que aguantó la ley solo para no sufrir una derrota– bajó el capítulo III, que habilitaba la venta indiscriminada de tierras a extranjeros (luego sacó el que modifica la Ley de Manejo del Fuego), y buscó una coreografía para tratar de camuflar la doble derrota que sufrió Javier Milei por tener que resignar el tramo clave del proyecto libertario y, a la vez, tener que soportar la resistencia de sus aliados.
Fue una semana amarga para Sturzenegger: por el derrape de la Ley de Tierras y la marcha atrás con el DNU que paralizó el comercio exterior en los puertos y que forzó una negociación con los Prácticos, gestión que Karina Milei delegó en la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, a la vez que desplazó expresamente al ministro de Desregulación. ¿Se desactiva, además, su Ley de Cabotaje Marítimo?
El punching ball sobre Sturzenegger parece exagerado: el proyecto se envió al Congreso el 26 de marzo y circuló, antes, por los despachos de varios ministros. Por temor o comodidad, no sonó ninguna alarma (si la hubo, Milei la ignoró) mientras Bullrich tuvo que rehacer dieciséis veces el texto por las advertencias y rechazos de los gobernadores y senadores aliados.
El reproche interno apuntó a la mala dinámica política, producto de la falta de una negociación global entre la Casa Rosada y los jefes provinciales dialoguistas. Los caciques que están dispuestos a acompañar al Ejecutivo piden certezas políticas y, si no las hay, se enfrascan en la paritaria ocasional frente a cada una de las leyes que piden los Milei.
¿Se agota la voz de Milei?
La sobreexposición de Milei esta semana es una señal de debilidad: cuando pierde la agenda, cuando corre de atrás, el presidente tiene como único recurso salir a hablar y a tratar de imponer sus temas de conversación. Muchas veces, le dio resultado. Intentó con la reforma de la carta orgánica del Banco Central, un tema border en la urgencia de la economía del metro cuadrado personal, y el rating lo demostró: fue la cadena nacional menos taquillera de su gestión.
La voz del presidente preserva, en otros rubros, mayor potencia de daño, en algún caso autoinfringido. Sus dichos durante un acto con Flavio Bolsonaro en Brasil, en los que insultó al presidente Lula Da Silva, tuvieron una escalada esta semana con la decisión de Itamaraty, a cargo del canciller Mauro Vieira, de expulsar del país al embajador argentino, Daniel Raimondi.
Es difícil, al menos hasta después de las elecciones del 4 de octubre en Brasil –y, si lo hubiese, el ballotage del 25 del mismo mes– que se abra una puerta para el deshielo. La gravedad de la crisis que disparó Milei todavía no se puede dimensionar. Pablo Quirno, incorporado al círculo áulico que conforman el presidente y su hermana Karina, no tiene (o si las tiene las reserva para otro momento) la destreza para ordenar el asunto. Hasta Bullrich detecta lo insólito de la postura: desde el recinto pidió que no se retiren los embajadores.
En la panorámica del momento Milei, la derrota en el Senado es un problema futuro que ocurre en un contexto duro. Como contamos en el #Sistema2 del último domingo, los números de aprobación de Milei siguen a la baja –sobre el fin de semana, las consultoras Atlas-Intel y Management & Fit publicaron datos que confirman la tendencia negativa– y no aparece ningún driver que permita suponer que la situación vaya a mejorar.
Milei entró en un loop negativo. Retiene, luego de perder apoyo, un núcleo que todavía lo acompaña. Resulta interesante hacer una biopsia de ese bloque que sigue en la trinchera libertaria. Hay, según detectó en sus estudios la consultora Shila Vilker, un dato potente: si en 2023 los hijos convencieron a sus padres de votar a Milei, en 2026 empezó el proceso inverso.
La pelea intergeneracional que se dio en la última presidencial operó a favor del presidente. Eso, señala Vilker, comenzó a romperse y ahora son los padres, o los abuelos –los adultos de la casa– los que alejan a sus hijos de la adhesión con el libertario. ¿Qué factor opera para producir ese quiebre? Los golpes sucesivos, y sin expectativa de mejora, en la economía personal.
Esa especie de revancha de los padres, cruzada con el desgaste del encantamiento de los jóvenes con el líder libertario, la menciona el sociólogo Pablo Seman y tiene un impacto cuantitativo esencial: el voto joven fue determinante para que Milei llegue al 30% y es, todavía, un renglón etario donde tiene más apoyo que en otros grupos. Sin embargo, según un análisis de Facundo Cruz sobre la concurrencia electoral, los jóvenes son los más propensos a no votar.
La asistencia a la legislativa de 2025 fue menor que la de 2021, que fue muy baja por la pandemia, y estuvo muy debajo de la parlamentaria de 2017. En 2025, apenas uno de cada dos jóvenes de entre 16 y 17 años habilitados para votar fue a las urnas. En el segmento de 18 a 29, la concurrencia fue de 65%, 8 puntos menos que los adultos de 30 a 49 años y 15 puntos menos que los de entre 50 y 69 años.
Cruz advierte, ahí, un problema para la Casa Rosada: los sectores donde el rechazo a Milei es más pronunciado tienen una asistencia a votar más alta que los sectores jóvenes donde, en general, el Gobierno está mejor, y en el que permeó más la batalla cultural. El Social Mood de la consultora Moiguer lo refleja: tienen más expectativa que los adultos y validan en mayor medida comportamientos respecto del individualismo.
Biopsia de los que (todavía) apoyan a Milei
Del 56% del ballotage en noviembre de 2023, Milei pasó a 40,7% en las legislativas de 2025. En paralelo, a partir de la secuencia de la consultora TresPuntoZero de Shila Vilker, Milei pasó de picos de apoyo cercanos al 55% a un rechazo, en julio pasado, del 65% con el indicador más bajo de imagen positiva (33,3%) de una serie que arrancó en junio de 2022.
La caída de más de 20 puntos en la positiva presidencial instala una pregunta: quiénes integran el núcleo duro que mantiene su acompañamiento a Milei. Vilker, en un trabajo conjunto con la consultora Alaska de Juan Courel, permite bosquejar un mapa a partir de los que expresan una identidad política. A grandes rasgos, el estudio detecta tres bloques que, más o menos, se reparten en tercios.
El bloque más amplio, de 37,7%, nuclea a las distintas identidades de un armado opositor al Gobierno, donde aparecen peronismo, kirchnerismo, antimileísmo y antimacrismo. El segundo espacio, de 34,4%, no se identifica con ningún ismo y el tercero, que roza el 28%, engloba a todo el panoficialismo asumido como tal: mileísmo, antiperonismo, antikirchnerismo y macrismo.
El doble click sobre el continente Milei ofrece una particularidad:
– La mitad (es decir, 14%) se asume mileísta, entidad que con ese porcentaje está en el podiode ismos por detrás de peronismo (22%) pero por encima del kirchnerismo (10,4%).
– Al mismo tiempo, casi 40% del universo oficialista está conformado por dos anti: antikirchnerismo (7,1%) y antiperonismo (3,2%).
– El macrismo sólo es 10% del total del panoficialismo, puede ser poco pero en términos electorales aporta un plus –de votos y simbólico– importante.
– El perfil del adherente mileísta es claro: el doble de hombres sobre mujeres y una leve presencia –reducida en el último tiempo– de jóvenes de entre 16 y 29 años (15,6%) por sobre otros grupos etarios: 14,2% entre los de 30 a 49 años y 13,7% entre los de 50 o más.
– Otra particularidad que refleja la encuesta de TresPuntoZero-Alaska es un predominio de adherentes de educación primaria (26,4%) muy por encima de los que tiene educación secundaria (8,6%) y el doble de los de formación universitaria (12,6%).
– Además, en la galaxia opositora la entidad política anti-Milei es chica (5,2%), mientras que del espacio grande, 2 de 3 se declaran peronistas.
Lo peor está por venir
Hay algo que Manuel Adorni, como emblema, se llevó: la peculiaridad de que Javier Milei es distinto, un rasgo que fue su principal capital en 2023. Si bien la economía atraviesa todo, detrás aparece la expectativa frustrada respecto de que el libertario era una figura diferente a los políticos que gobernaron la Argentina y que, para la opinión pública, como regla general fracasaron.
Una frase, muy taquillera, marcó la campaña de Milei: aquella que rezaba que “una Argentina distinta era imposible con los mismos de siempre”. El propio libertario puso en tensión esa convención cuando no solo se alió al PRO sino que se rodeó de ministros que no son novedad en la política y que, en el staff de hoy, son mayoría: de Toto Caputo a Diego Santilli, pasando por Federico Sturzenegger.
Vilker, que en sus estudios tanto cualitativos como cuantitativos detecta esa decepción con Milei, la pone en la dimensión de la economía y las expectativas. Según su último informe, el 76,8% de los consultados afirma que Argentina atraviesa una crisis económica, dato que está en el mismo nivel que octubre de 2023 pero, además, dentro de ese universo casi 85% cree que lo peor de la crisis está por venir.
Una derivada más: 2 de cada 3 adherentes del PRO que en 2023 votaron a Patricia Bullrich, creen que la parte más complicada de la crisis económica está por delante. “La crisis llegó a la economía personal y la gente perdió la fe”, sintetiza Vilker. ¿Pueden volver a confiar en Milei? Una parte desliza que si mejora la economía podría recuperar la confianza en el presidente pero, al mismo tiempo, no se ven anclas de mejora.
De hecho, si bien la caída a nivel territorio fue general, es más dura en los conurbanos, donde la crisis pega más. Efecto obvio, porque son los lugares donde son más fuerte el comercio, la industria manufacturera y la construcción, los tres sectores generadores de empleos intensivos que son muy golpeados por el plan Milei.
Sin ser –hasta donde se sepa– una figura relevante del dispositivo oficial, los dichos del abogado libertario Alejandro Sarubbi Benitez sobre la “esterilización” –sugerencia que aportó la militante Kalina Ann– de los habitantes del conurbano, su propuesta para hacer un muro que aísle el gran Buenos Aires y lanzar “napalm”, señalan de manera bestial que si alguna vez LLA se nutrió de ese voto, ahora lo da por perdido y por eso prefiere eliminarlo.
La pistola en la cabeza
Lo del abogado libertario, durante una trasmisión en el streaming oficialista Carajo, podría interpretarse –entiéndase la ironía– como una contradicción con la biblia libertaria, ya que implicaría una acción del Estado que, como repite Milei, no tiene por qué intervenir en relaciones entre privados.
La referencia vale: en el #Sistema2 del domingo pasado mencionamos un interrogante que apareció entre dirigentes de La Libertad Avanza (LLA) y aliados, respecto de si en el menú de Milei está presente la posibilidad de salir de la ortodoxia fiscalista para, aun resignando un poco de inflación, ayudar a que la economía se despabile y empiecen a mejorar indicadores sensibles como el consumo y el empleo.
Milei pareció responder esa pregunta la semana pasada en el raid de entrevistas que le concedió al habitual puñado de conductores amigables: descartó cualquier tipo de intervención o acción por parte del Gobierno en lo referido a los 6 millones de argentinos que están en situación de mora. “¿Alguien les puso una pistola en la cabeza?”,se preguntó Milei ante Luis Majul sobre los argentinos que se endeudan. Al periodista no le pareció inquietante la metáfora.

La irrupción de los morosos como sujeto social es un componente clave de la percepción de crisis. Según el exministro de Economía de Mauricio Macri Hernán Lacunza, hoy director de Empiria, a una familia promedio casi la mitad de sus ingresos se le van los primeros días del mes en pagar gastos fijos y deudas. Un estudio de Vectorial, de Haroldo Montagú, marca el crecimiento de los gastos básicos de los hogares y, con salarios planchados o a la baja, se redujo el ingreso disponible
El lado B es que con ingresos comprometidos en gastos fijos y pago de deuda, la posibilidad de que haya un rebote del consumo tiende a diluirse. Milei no parece entrever esa dificultad. Otros sí: primero fue Axel Kicillof a través del Banco Provincia, luego Jorge Macri vía el Banco Ciudad y con una medida que impulsó Leandro Santoro en la Legislatura, y esta semana se sumó con una medida el gobernador de Chubut, Ignacio “Nacho” Torres.
Agustín Salvia, director del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), sumó otro dato al tablero de luces rojas del gobierno: según los microdatos que analizan, en 2026, la tendencia a la baja se interrumpió y se registró un rebote que llevó el índice de pobreza a 30% a partir de que en el primer trimestre de este año, un millón de personas pasaron a ser pobres.
Dos sacerdotes, en los últimos días, hicieron foco en la distancia que hay entre la dirigencia y el pueblo y le enviaron mensajes a la política, aunque parecieron teledirigidos especialmente a un sector. Uno es Rodrigo Zarazaga, rector del CIAS, que dijo que las élites están “disociadas” de la realidad del país y remarcó: «¿En serio la propuesta que tenemos para una reforma del país es bajar impuestos? Lo que más quiere la gente en una villa es ir a una escuela y acceder a un trabajo». Zarazaga dijo que “hace falta una coalición de los buenos” que genere un “contrapoder” al actual: “A la coalición que no quiere ceder sus privilegios hay que oponerle una oposición generadora de valor”.
El otro es el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, que durante la homilía de San Cayetano aseguró que que el pueblo está “cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”. “La solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles”, dijo García Cuerva, entre otras definiciones y críticas a la actualidad económica del país.