Milei perfora su piso y vuelve una pregunta: ¿sabe reaccionar?

Post Adorni, el Gobierno toca récords negativos. Incertidumbre sobre la intervención ante la crisis. Santilli moldea a Karina. El Senado como tester de fortaleza política del oficialismo. El peronismo como enemigo.

Refugiado en el country Indio Cuá, custodiado por Gendarmería y entre rezos para que se verifiquen las promesas de calma judicial que le hizo la Casa Rosada, Manuel Adorni tiene motivos para creer que el problema del Gobierno no era él. Que su renuncia apagó el escándalo por la expansión inmobiliaria, la cascada y los vuelos privados, pero que luego brotó un ruido peor: la economía real.

En julio, en medio del fervor del Mundial, Javier Milei desbloqueó récords de negatividad. Un informe reservado de Poliarquía, que Alejandro Catterberg presentó ante la plana mayor de AEA, marcó un pico de 57% de desaprobación y un mínimo de la era Milei: 42%. En diciembre, la positiva era 54 y la negativa 44. El humor social se rompió: el “leve” optimismo de fines del año pasado se derrumbó y dio lugar a un “fuerte” pesimismo.


En el tablero de opinión pública de la Universidad Di Tella titilan tres luces rojas. Cayó al punto más bajo el ICG (Índice de Confianza en el Gobierno), con un derrumbe de 23% entre jóvenes y casi 12% en hombres, y quedó abajo del ICG que, en el mes 30 de su gestión, tenía Mauricio Macri. Una bomba no cae dos veces en el mismo lugar, pero la secuencia invita a explorar, como hicimos acá, el déjà vu Macri-Milei.

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Segunda luz roja. El ICC (Confianza del Consumidor) cayó casi 9 puntos en un renglón medular del modelo Milei, la situación macroeconómica, y retrocedió 7,2% en la expectativa futura. El tercer indicador sensible que le dio mal al Gobierno es la Encuesta de Expectativa de Inflación, que proyectó 36% para los próximos doce meses, con un rebrote sobre la percepción de junio.

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Tres alertas para Milei

Los tres indicadores dan un marco que Sebastián Auguste, director del Centro de Investigación de Finanzas (CIF) de la Di Tella decodifica en bloque. “Hay un deterioro en la visión económica y, sobre todo, la preocupación por el futuro económico. Son variables de mediano plazo las que preocupan a la gente”, advierte, y deja un interrogante. No se sabe el por qué: puede ser desencanto con Milei, temor a un cambio de gobierno en 2027 o simples movimientos en el humor social.

Un dato extra, que el Ejecutivo debería mirar, es que aparecen dudas sobre “el orden macro”, que -como dice Auguste- es un caballo de batalla oficial. El informe de Catterberg aporta otros elementos. Entre continuidad y cambio, 66% manifiesta voluntad de cambio. Además tocó un pico alto de 53% la afirmación de que Milei no sabe cómo resolver los problemas de los argentinos. Solo 6% cree que “los está resolviendo”.



Lo que resulta obvio es que ni sacar a Adorni ni nombrar a un profesional de la política como Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete sirvieron para mejorar los indicadores de opinión pública. Otros monitoreos, como el de TresPuntoZero-Alaska, detectaron una leve recuperación en junio, pero en julio los datos volvieron a ser malos. Un operador libertario ensaya una definición: “Mejor momento de la política y peor de la economía”.

¿Se puede subsanar una economía en crisis con una buena gestión política? En parte, los buenos oficios de Santilli y los primos Menem, bajo la protección de Karina Milei, le permiten a la Casa Rosada proyectar acuerdos con los gobernadores a pesar de las malas noticias económicas que, salvo el oasis Neuquén, se replican en prácticamente todas las provincias, aunque pega más en los conurbanos, sea AMBA, Córdoba o Santa Fe.

La migración de Santilli 

Como dijimos en el #Sistema2 del domingo pasado, el veranito Santilli parece haberse agotado rápido. Sirvió, quizá, para ordenar la política. Pero no alcanza como motor para mostrar un menú en el rubro de la economía real. El jefe de Gabinete, que abrazó la Biblia libertaria, ha planteado algunas advertencias respecto a los plazos para que el rebote económico empiece a darse.

Hay un dato muy visible. En los últimos 20 días, en el ecosistema libertario comenzó a circular la tesis de Santilli como candidato a jefe de Gobierno en CABA. La sorpresa, más allá de su pasado porteño, como vice de Horacio Rodríguez Larreta, es que el jefe de Gabinete también aparece como el postulante libertario para pelear la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Las distintas tribus libertarias señalan al propio Santilli como impulsor de la versión de su migración como candidato a CABA. En un sector de LLA especulan que el jefe de Gabinete agita esa opción sobre un criterio básico: a simple vista, CABA es infinitamente más ganable que PBA. El conurbano, que expresa 60% de la provincia, es la zona más hostil a Milei y la más golpeada por la crisis.

Santilli tiene motivos para temer que, sin un giro heterodoxo que ayude a reactivar la economía de GBA, sus chances bonaerenses se aplanan. Tiene una dificultad objetiva: para Karina, pero sobre todo para Milei, Santilli tiene un destino predefinido como candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires, el cruzado para derrotar al kirchnerismo en su principal dominio.

“¿Cómo anda mi gobernador de la provincia de Buenos Aires?”, saluda, con tono eufórico, Milei a Santilli cuando el jefe de Gabinete lo visita en la Quinta de Olivos. “El Colo” ocupa el casillero que el presidente le reservó al caído en desgracia José Luis Espert. No aparece otra figura que luzca competitiva en la provincia. No lo es, aquí y ahora, Sebastián Pareja. ¿Patricia Bullrich podría jugar en PBA? “En la provincia juegan todos”, dicen a su lado.

Décimo subibaja de Milei

Milei, que inquieto por la crisis volvió a escuchar los consejos de Santiago Caputo, busca reactivar la batalla cultural y por eso armó el show en Brasil, su viaje a Perú y otro raid por Colombia para la asunción de Abelardo de la Espriella. La cruzada de la “ola azul” -color que, como aportó Juan Negri, remite a los movimientos conservados europeos como contracara del “rojo” de la centroizquierda- forma parte de ese acting.

El DNU para prohibir el ingreso de -o expulsar- extranjeros que insulten símbolos patrios entra en esa ecuación, más allá de la dificultad de la instrumentación operativa. Ese episodio puso, otra vez, en escena al ejército troll que reporta al asesor premium. La réplica en redes de esos grupos fueron el indicio, antes de que se confirme, de que Caputo fue el ideólogo de la medida.

El Gobierno apuesta a un rebote de la economía que implique, luego, una recuperación del apoyo al presidente. Catterberg arriesgó que tiene hasta fin de año para producir ese fenómeno y cambiar el humor social. La estadística le permite a la mesa política confiar en que puede el presidente puede revertir el mal momento en la opinión pública.

El último estudio de TresPuntoZero (de Shila Vilker) y Alaska (de Juan Courel) marca que la imagen negativa del presidente roza el 65%, en niveles récord, y la positiva cayó a un piso de 33%. Pero el dato interesante, y que hace que el Gobierno se permita fantasear con una recuperación, es que desde que asumió Milei tuvo diez subibajas de su imagen. Varias veces tuvo más negativa que positiva y se recuperó.

El último ciclo es el más largo: el mandatario estuvo en verde en noviembre y desde entonces no revirtió esa posición, por el contrario -aunque tuvo algunas pausas- siempre se fue deteriorando. Nunca antes, como este año, había superado los 60% de rechazo ni había caído por debajo del 40% de apoyo. El Gobierno paga caro, además, la obstinación de negar que hay una crisis económica.

En informe de TresPuntoZero y Alaska es muy gráfico: no solo porque un contundente 76,8% afirma que hay “actualmente hay una crisis económica” sino que esa aseveración es sostenida por el 52% de consultados que votaron a Milei en la general de 2023 y por el 55% que votaron a Patricia Bullrich en aquella elección. Es decir: más de la mitad de los adherentes libertarios cree que existe lo que el Gobierno libertario dice que no.

¿Política bien, economía mal?

La descripción del operador libertario mencionada más arriba enfrenta semanas determinantes. Para este jueves 6 de agosto está convocada la sesión del Senado donde se trataría la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que, en esencia, modifica la Ley de Tierras y elimina los topes para la compra de hectáreas por parte de extranjeros. En el ida y vuelta con aliados, el Gobierno cedió dos aspectos: tuvo que sacar el permiso para que compren estados extranjeros y delegar en las provincias la posibilidad de que estas pongan topes a nivel local.

En LLA del Senado y en Jefatura de Gabinete dicen que, aun ajustados, los votos están. Si en medio de un clima social hostil, Milei logra aprobar el proyecto, en la Casa Rosada podrán firmar el teorema de que la política puede ordenar a pesar de que la economía no acompañe. Se atribuye a Santilli ser el motor de un cambio de actitud de Karina, que -moldeada por el jefe de Gabinete- tiene el vínculo personal/político que su hermano no tiene.

El destrato o ninguneo a los gobernadores se volvió el estado natural: doce estuvieron en la Asamblea Legislativa el 1° de marzo y el presidente ni los nombró. Trece fueron a Tucumán el 9 de julio y, a desgano, Milei accedió a una foto pero no le dedicó ni tres minutos de conversación a los viajeros. Santilli gestiona, frente a esa dificultad, un vínculo más estrecho de los mandatarios con Karina.

Hay, al menos, más de diez jefes provinciales dispuestos a pactar con LLA. Los seis de UP -Buenos Aires, La Pampa, La RIoja, Formosa, Santiago y Tierra del Fuego- , el cordobés Martín Llaryora y el santacruceño Claudio Vidal aparecen enfrentados a la Casa Rosada. Estos dos, incluso, no descartan establecer vía Santilli un pacto de no agresión. Catamarca y Tucumán son zonas en disputa.

El enemigo peronista

Hay un dato obvio que no aparece con la suficiente nitidez en el radar del peronismo: el grueso de los gobernadores de provincias que no forman parte del ecosistema PJ le temen más al peronismo K que a LLA. En Chubut o Chaco, en San Juan, Santa Cruz, San Luis o Rio Negro, por citar algunos casos, la amenaza electoral para los gobernadores es el peronismo más que LLA.

La Casa Rosada puede, entonces, utilizar ese pánico para negociar. En otros casos, como en Tucumán o en menor medida en Córdoba, un sector del PJ puede amenazar a Osvaldo Jaldo o a Llaryora con ir por afuera y sacarle votos. A ninguno le sobra nada. Ese mapa incómodo es un problema para Axel Kicillof si pretende, con un manual de otro tiempo, convertirse en el candidato a presidente de un número importante de gobernadores.

El PJ no tiene, como tuvo Daniel Scioli en 2015, más de quince gobernadores, ni los doce que tuvieron en 2019 y en 2023 Alberto Fernández y Sergio Massa. El dato es curioso porque como candidatos oficialistas, y en alianza con más de la mitad de las provincias, ni a Scioli ni a Massa les alcanzó para ganar. Ninguno, de hecho, llegó al 40% en la general.


Sobre esa mesa, Santilli tiene el mantel para la negociación con los gobernadores y pone en el menú la reforma de la Ley de Tierras, el Super Rigi, quizá el BCRA aunque lo único que le importa -y los jefes provinciales lo saben- es la reforma política para eliminar las PASO. Así como hace un mes, Santilli decía que tenía el número, ahora en Casa Rosada dicen no estar tan seguros.

Ya se contó acá: los gobernadores quieren certezas sobre que el Gobierno no los molestará en sus planes de reelección. Santilli lo promete y dice que Karina valida esa promesa pero en las provincias ven que los Menem se mueven y que los referentes locales de LLA repiten que, sea como fuere, habrá boleta violeta en todas las provincias en las elecciones del 2027.

Los Menem están enfocados en tener presencia territorial y en sumar, como ya hicieron en el 2025, listas que aporten diputados provinciales, concejales, intendentes o, si pudiesen, gobernadores. Los primos pueden sentirse respaldados por Milei que, con un criterio casi analógico, elogia a Karina por haber armado un partido nacional. Justo Milei, que fue presidente sin partido y sin referentes provinciales.

Paso a paso

La eliminación o no de las PASO modifica, entre otros factores, el calendario hipotético de una acción del Gobierno para reactivar la economía. La pregunta que volvió al corazón del poder libertario es esa: si, como se habló allá por marzo, Milei aceptaría salirse del manual del ajuste clásico y permitiría tomar algunas medidas para mejorar la economía real de las familias.

Luis “Toto” Caputo y José Luis Daza gastan promesas a cuenta -como los mejores 18 meses y los brotes verdes- y rompieron el juguete de sumar al uruguayo Ernesto Talvi como una voz que aporte moderación y heterodoxia. Talvi fue anunciado como asesor del equipo de Caputo y estuvo, esta semana, en alguna de las actividades que desarrolló Kristalina Georgieva en su visita a la Argentina.

De paso por Buenos Aires, la jefa del FMI exploró un vocabulario que parecen tener vedado los funcionarios libertarios: habló de PyMEs, del endeudamiento de las familias y de algunos sectores de la economía que no arrancan. Pudo decir, pero posiblemente era demasiado, que de todo el bloque de actividad que está en crisis es el que involucra más intensamente mano de obra.

Federico Pastrana, de la consultora C-P, aportó una definición muy oportuna para explicar esa dualidad: sostiene que la situación del empleo formal se comporta, en los números, como si la economía argentina atravesara “una crisis macroeconómica aguda con una devaluación acelerada y con licuación de ingresos”. Pero esa crisis macro no está ocurriendo.

Es, dice Pastrana, otro tipo de crisis, que produce un daño persistente a lo largo del tiempo. La compara, por caso, con la crisis 2018/2019 de Macri en la que en 19 meses se perdieron 258 mil empleos formales. Con Milei, y toma como punto el triunfo en las PASO de agosto, en más de treinta meses se perdieron 271 mil empleos formales. De esos, 130 mil se perdieron en los últimos once.

La urgencia bonaerense

El peronismo, ese enjambre donde conviven Cristina, Kicillof y Sergio Massa, parece tener otras urgencias: una, esencial, es que antes que nada para el generalato peronista la prioridad es retener la provincia de Buenos Aires. donde tiene una debilidad plena: LLA tiene -aquí y ahora- un candidato, Santilli, que viene de ganar la legislativa del 2025 y el PJ tiene más de seis candidatos que equivale, en la práctica, a no tener ninguno.

Jorge Ferraresi, de Avellaneda, y Mariel Fernández, de Moreno, fueron hasta acá los más movedizos pero no son los únicos: Federico Otermin, de Lomas de Zamora, Julio Alak de La Plata y Federico Achával de Pilar se muestran en la foto de los aspirantes. Tienen diferencias pero coinciden en algo: no quieren dejar que la crisis macro, es decir la pelea CFK-Kicillof, sea lo suficientemente dañina como para arrastre al peronismo a perder el control de la provincia de Buenos Aires. Todos los alcaldes quieren desdoblar y que la elección bonaerense sea en la primera mitad del año que viene.




Eso requeriría, a priori, un sacrificio de Kicillof, porque si desdobla se quedaría sin la tracción de abajo hacia arriba de los intendentes. Esa lectura reclama un pero: con boleta única de papel (BUP) a nivel nacional y lista convencional en la provincia, desaparece el arrastre mecánico porque aunque se vote el mismo día, se haría con boletas diferentes lo que reduciría el efecto boleta completa.

Al margen del calendario, el peronismo tiene otra apuesta: que aparezca una tercera fuera, del PRO, un outsider o Victoria Villarruel, que divida el voto de centro/centro derecha y facilite la victoria del PJ. En 2023, aunque rondó el 45%, Kicillof se benefició de la oferta simultánea de LLA, con Carolina Píparo, y de Juntos por el Cambio (JxC), que llevó a Néstor Grindetti. 

Ya casi no se imprimen diarios pero se percibe como un periodista gráfico. Escribió en Ámbito Financiero, Clarín y elDiarioAr pero todavía tipea mal. A veces aparece en la tele. Nunca vivió en CABA. Padre de tres.