Malvinas y Milei: un caníbal desdentado enseñando a masticar

Si bien el cambio de política debe ser celebrado, la tardanza y la hipocresía deben ser castigadas. 

El jueves 3 de septiembre el presidente Javier Milei dio un giro discursivo copernicano en la manera de abordar la cuestión Malvinas. Desde el inicio de su gobierno, la administración libertaria implementó de forma explícita una política de cooperación activa frente al Reino Unido de Gran Bretaña en el Atlántico Sur. Este cambio es un logro que debemos vigilar para que su cumplimiento sea efectivo y sostenido en el tiempo.

La contribución del gobierno de Milei al mantenimiento de la ocupación militar sobre 25% del territorio argentino se evidencia en: (i) ejercicios combinados con el Reino Unido aprobados por Decretos de Necesidad y Urgencia, (ii) acuerdos diplomáticos para favorecer el desarrollo de la economía colonial de las islas, (iii) diálogos militares secretos entre la Argentina y la potencia invasora, (iv) entendimientos entre las autoridades de hidrografía naval de ambas naciones, (v) reivindicaciones de la autodeterminación de los isleños por parte del presidente de la Nación y (vi) la inacción legal frente a las empresas petroleras Navitas Petroleum (Israel), Rockhopper Exploration (Gran Bretaña), Eco Atlantic (Canadá) y Borders & Southern Petroleum (Gran Bretaña), que operan en el Atlántico Sur sin reconocer la autoridad argentina. Asimismo, entre otras cuestiones, también puede destacarse la fuerte conexión de la funcionaria encargada de la Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur (Cancillería Argentina) con los resortes de poder británico en la Argentina.

A 2 años, 8 meses y 26 días del inicio de su mandato constitucional (1000 días en total), la cadena nacional sorprendió a oficialistas y opositores. Al recuperar iniciativas de administraciones peronistas, este cambio abrupto de la orientación de su política reivindicó el rumbo nacional, cuyo objetivo está vinculado a encarecer las actividades económicas ilegales en las Islas Malvinas. En efecto, este nuevo posicionamiento en el Atlántico Sur pareció haber seguido las propuestas de una nota de 2025 publicada en Cenital y titulada ¿Cómo recuperar las Islas Malvinas?. En ella se propone una defensa revisionista para aumentar los costos del Reino Unido en el Atlántico Sur y, de esta forma, romper con el aislamiento artificial y colonial que dicha potencia sostiene sobre el territorio argentino.

Esta reivindicación del rumbo peronista, aplicado con distinto grado de contundencia y efectividad por dichas administraciones, se logró a través de la movilización popular y del trabajo profesional de la Cancillería Argentina.

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Causa Nacional

Malvinas es una Causa Nacional, con mayúsculas. Si el gobierno de Javier Milei tuvo que cambiar de posición, no fue solo por la bandera que levantaron los jugadores de la selección tras la histórica victoria sobre Inglaterra. Fue porque esa misma bandera, como símbolo, fue retomada por la movilización popular que frenó en el Congreso la “Ley de Extranjerización de Tierras” que el Poder Ejecutivo pretendía aprobar. La soberanía, como valor y como principio del pueblo argentino, se expresa en Malvinas. Por eso, el giro de ciento ochenta grados es un triunfo que tenemos la responsabilidad de hacer cumplir. Milei no se puede bajar. 

Esta victoria cobra relevancia si prestamos atención a la reacción internacional. Apenas conocido el anuncio, las petroleras que operan en las islas salieron a decir que las sanciones no afectarían sus planes, confiadas en que el gobierno argentino no va a sostener en los hechos lo que prometió en el discurso. Sin embargo, sus acciones bajaron instantáneamente y otras grandes compañías, con intereses en Vaca Muerta, reafirmaron públicamente que no van a comprometer inversiones en la islas. Esto ocurrió después de que este viernes Cancillería argentina iniciara procedimientos sancionatorios contra 45 personas humanas y jurídicas por actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en las Islas Malvinas sin el permiso de la autoridad de aplicación argentina.

La ciudadanía argentina debe celebrar esta victoria. Es positivo que el presidente haya decidido hacer cumplir leyes ya vigentes —la 26.659 (2011) y la 26.915 (2013) provenientes del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner— para sancionar a las empresas que operan de manera ilegal en el territorio argentino de Malvinas y en los espacios marítimos circundantes. 

Proyecto nacional

Pensar cómo avanzar en la resolución de la Cuestión Malvinas nos permite pensar y discutir el país que debemos ser para lograr nuestro máximo objetivo nacional. Como indica el doctor Jorge Battaglino: “El principal problema de defensa que tiene la Argentina es la existencia de una base militar británica en nuestras Islas Malvinas”.

Los discursos, la gestualidad y las sanciones a los actores que operan en el Atlántico Sur no alcanzan si no logramos desarrollar las capacidades cognitivas, económicas, productivas y militares necesarias para la recuperación de la soberanía efectiva de nuestras islas. Dicho de otro modo, la recuperación efectiva resulta imposible bajo un proyecto nacional basado en el endeudamiento, la destrucción del empleo, la extranjerización de los recursos naturales y la miseria para la gran mayoría de nuestros compatriotas.

Todos los componentes del proyecto político de Milei debilitan la construcción de esa Argentina autónoma y soberana que la recuperación de las islas nos exige. Como argumenta el doctor Luciano Anzelini, estamos bajo un proceso de “desnacionalización estratégica”. Por ello, los anuncios realizados por Milei en la cadena nacional deben estar bajo riguroso escrutinio popular y político. Por ejemplo, la reasignación de fondos mediante el DNU 867/2026 con el objetivo, entre otros, de avanzar con la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia, tiene lugar luego de un abandono de 1000 días por parte de la administración Milei. 

La construcción de la base comenzó en 2022 bajo un gobierno peronista, mediante el financiamiento público exclusivo proveniente del Fondo Nacional de la Defensa (fondo de asignación específica creado por ley en 2020), que preveía en su artículo IV inciso I un financiamiento exclusivo para las Fuerzas Armadas (aproximadamente mil millones de dólares para 2026). El primer informe realizado por la Jefatura de Gabinete de Ministros de la administración Milei indicó en su respuesta 249 que dicha base alcanzaba un 9,13% de avance para diciembre de 2023. Para el día de la cadena nacional, la construcción de la Base Naval Integrada no solo no había registrado avances, sino que la fuente de su financiamiento había sido eliminada por la propia administración Milei. Esto es así ya que la Ley de Presupuesto para el ejercicio 2026 derogó, en su artículo 30, el artículo que preveía los recursos públicos para el Fondo Nacional de la Defensa. 

Esto no es todo. Como marca el doctor Sergio Eissa, en la actualidad la República Argentina tiene, en porcentaje del Producto Bruto Interno, el gasto en defensa nacional más bajo de toda su historia. Hay que ser claros: la Argentina nunca gastó tan poco en defensa nacional como durante el gobierno de Javier Milei. Con este nivel de inversión resulta imposible seguir con la orientación del sistema de defensa hacia el Atlántico Sur, tal como plantea la vigente Directiva Política de Defensa Nacional del 2021.

Específicamente, entre 2019 y 2023 se creó el Comando Conjunto Marítimo, se avanzó en un 9,13% con la Base Naval Integrada de Ushuaia, se creó la Guarnición Conjunta en Tolhuin (Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur – TDFAIAS), se abrió la X Brigada Aérea en Río Gallegos, se avanzó decididamente con la Base Petrel (Antártida) y se colocaron radares militares en Cabo Santo Domingo (TDFAIAS) y en Trelew (Chubut). Si la administración Milei quiere retomar el rumbo político peronista que prioriza la presencia Argentina en el Atlántico Sur, tiene que invertir más en defensa nacional. 

Por ello, la desconfianza con los anuncios de la cadena nacional son justificados. Milei no puede respaldar con políticas concretas pasadas su nuevo ímpetu malvinero. Por ello, el compromiso y la presión ciudadana resulta fundamental para obligar al presidente a sostener e implementar acciones que impugnan los desarrollos económicos ilegales de las islas.

Política de alianzas

La implementación de una política revisionista que busque recuperar Malvinas mediante la ruptura del aislamiento artificial de las islas requiere un sofisticado entramado de alianzas internacionales. En este punto, la orientación estratégica de la política exterior de la administración Milei, definida por el aislamiento incondicional a Estados Unidos e Israel, genera fuertes contradicciones con este inesperado giro discursivo.

En materia regional, los vínculos con los países vecinos parecen estar definidos por la orientación ideológica de sus presidentes y no por los intereses materiales de la Argentina en el Atlántico Sur. Es decir, en sus viajes y acciones bilaterales, el gobierno argentino no parece guiar sus acciones a partir de los distintos niveles de cooperación logística y operativa que Brasil, Uruguay y Chile tienen con la administración colonial de las islas. Por el contrario, las definiciones de política regional están basadas en el perfil ideológico de su contraparte. 

Un ejemplo es la reunión bilateral que el presidente argentino tuvo con su par chileno, José Antonio Kast, en Santiago. Mientras que ambos países se reunían y realizaban una declaración conjunta describiendo los buenos vínculos bilaterales, la ciudad chilena de Punta Arenas anunciaba una ruta marítima con Puerto Argentino para competirle a Montevideo el negocio vinculado a los servicios logísticos y de abastecimiento del dominio colonial británico. En la administración Milei, la Cuestión Malvinas parece no condicionar los vínculos entre la Argentina y sus países vecinos. 

Otro ejemplo son las relaciones conflictivas con Brasil bajo la administración Lula da Silva. El gobierno de Milei no tensiona el vínculo bilateral producto de la cooperación logística y operativa entre el país sudamericano y el Reino Unido. Lo único que parece tensionar el vínculo es el perfil ideológico de su contraparte brasileña.

En el plano multilateral, como destaca un documento de trabajo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, desde diciembre de 2023, y producto de su renovado alineamiento incondicional con los Estados Unidos e Israel, la Argentina modificó abruptamente su histórica conducta en la Asamblea General de Naciones Unidas. A este hecho se le suma el cuestionamiento de Javier Milei al propio funcionamiento de la ONU.

Estos factores contribuyen a debilitar la posición argentina frente a la Cuestión Malvinas. Como destaca el profesor Juan Gabriel Tokatlian, el derecho y la diplomacia son dos de las cuatro ‘D’, junto con la defensa y las divisas, que debe tener la Argentina para pensar en una estrategia de recuperación de las islas. Al cuestionar a las Naciones Unidas y cambiar abruptamente sus patrones de votación en temas sensibles como Medio Oriente, la esclavitud y la tortura, nuestro país no solo pierde apoyos diplomáticos importantes. También debilita a la organización internacional que llama todos los años a la descolonización del Atlántico Sur a partir del inicio de negociaciones entre la Argentina y Gran Bretaña.

Dicho esto, la contradicción más fuerte de la política de alianzas de Javier Milei radica en su unilateral alineamiento incondicional con los Estados Unidos e Israel. Con respecto al primero, cuando la potencia del norte define los desafíos de las Fuerzas Armadas argentinas en el Atlántico Sur, está pensando en la pesca no regulada de China, no en la ocupación militar y colonial británica. 

Asimismo, más allá de los comentarios circunstanciales del presidente estadounidense Trump sobre las Islas Malvinas, la potencia hemisférica y el Reino Unido mantienen la alianza militar más robusta de la historia. Ambos países (i) obtuvieron su poder nuclear en simultáneo y tienen doctrinas de disuasión integradas, (ii) sostienen una fuerte interoperabilidad en sus Fuerzas Armadas, (iii) comparten bases militares a lo largo de todo el globo, (iv) participan en proyectos industriales para la defensa que tienen financiamiento conjunto (por ejemplo la producción del F-35), (v) comparten alianzas de inteligencia (Five Eyes), (vi) son la piedra angular de alianzas militares como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y AUKUS y, por último, (vii) comparten intereses globales vinculados a la disuasión y contención de los CRINK (China, Rusia, Irán y Corea del Norte). 

Por su parte, en los mil días de administración Milei, Israel no ha mostrado voluntad de incidir ni operar a favor de la Argentina en lo que respecta al accionar de la empresa Navitas Petroleum que cotiza en Tel Aviv. Esto es particularmente relevante si consideramos que parte de sus directivos fueron funcionarios o mantienen vínculos cercanos con el ecosistema político israelí (Koby Katz, Amit Kornhauser y Gideon Tadmor, por ejemplo). Además, los principales financistas del proyecto petrolero en la Cuenca Malvinas Norte también tienen base en Israel (Noked Capital, Brosh Capital Partners y ION Asset Management).

En definitiva, hasta el momento hay una contradicción en la política de alianzas de Milei. La Argentina se alinea incondicional y unilateralmente con dos actores que parecen no tener voluntad ni incentivos en contribuir a resolver su principal desafío de política internacional. Quizá, por ese motivo en la cadena nacional el presidente argentino no mencionó de forma explícita a Estados Unidos e Israel. Es probable que no los haya querido comprometer a algo que sabe que no van a acceder.

Siempre voy a buscar lo que es mío

El pueblo argentino sabe que las Islas Malvinas son argentinas producto de un hecho jurídico y objetivo. A pesar de la fuerte influencia del relato británico de posguerra, los argentinos han logrado sobreponerse a la desmalvinización y seguir exigiendo que sus distintos gobiernos avancen en mejorar la posición de la Argentina en lo referido a la Causa y la Cuestión Malvinas.

El giro discursivo copernicano de Milei debe ser leído en esta clave. Es decir, este cambio constituye una fuerte victoria de la población argentina, que no iba a tolerar que un gobierno de turno le permita al Reino Unido explotar recursos naturales argentinos sin la correcta consulta a las autoridades de aplicación argentinas. Si bien el cambio de política debe ser celebrado, la tardanza y la hipocresía deben ser castigadas. 

El gobierno de Javier Milei perdió mil días que permitieron un gran avance de las empresas petroleras, que durante ese período consiguieron millones de dólares en financiamiento y ratificaron, en diciembre de 2025, su decisión final de invertir en el proyecto ilegal. La voluntad de cooperación de la administración Milei con Gran Bretaña en el Atlántico Sur le permitió a estas empresas hundir mucho capital en el proyecto, dándoles incentivos a buscar continuar con él por todos los medios posibles.

Por este motivo, los argentinos saben que Milei no es quien quiso aparentar ser en la cadena nacional. En lo referido a la voluntad de recuperar las Islas Malvinas, solo es un caníbal desdentado enseñando a masticar. Es una sombra en la pared. Un engaño.

El presidente no tiene dientes, pero el pueblo lo obligó a que intente aparentar tenerlos. Por este motivo, los argentinos que quieren recuperar las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son los responsables de que Milei implemente, le dé continuidad y profundice esta línea de acción planteada el 3 de septiembre. 

Este asunto está ahora y para siempre en las manos del pueblo argentino.

Especialista en geopolítica. Directora Ejecutiva de Fundación Meridiano de Asuntos Internacionales y Política Exterior. Licenciada en Ciencia Política y Doctora en Ciencias Sociales de la UBA y Magister en Estrategia y Geopolítica de la Universidad de la Defensa Nacional. Autora del artículo “El aislamiento artificial. Una estrategia británica para perpetuar el dominio colonial sobre las Islas Malvinas” (2023).

Internacionalista por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Profesor de Relaciones Internacionales y Defensa en la UTDT y la Universidad Austral. Trabaja en CONICET, organismo fundamental para incentivar, con recursos públicos, investigaciones y perspectivas que promuevan los intereses de la Argentina. Autor del artículo “Defensa defensiva, pero activa y revisionista para la Argentina” (2024).