Las que eligen maternar de a una
El 11,7% de los hogares son monomarentales, pero no dan cuenta de ellas: las que encararon la maternidad sin pareja como plan original. La fotógrafa Julieta Bugacoff pone el ojo en ese universo.
El día que Luisina Eijo consideró ser madre soltera, se preguntó si aquello respondía a un deseo o a un mero mandato social. Luego de varios meses de reflexión, llegó a una respuesta tajante: no se imaginaba su vida sin la maternidad. En enero del 2022, con 36 años, acudió a un centro de reproducción asistida para iniciar un tratamiento de inseminación artificial. A los tres meses quedó embarazada.
“Desde chicos nos crían con la idea de que un bebé es el resultado de una relación sexual y, en el mejor de los casos, sexoafectiva. Mi historia fue distinta. Por eso tuve que prepararme para darle respuestas al ser humano que traje al mundo, pero también a mí misma», cuenta sentada en el living de su casa de Rafaela, en el oeste de Santa Fe.

En los ámbitos académicos, el término Madres Solas Por Elección (MSPE) se utiliza para designar a aquellas mujeres que eligen ser madres sin la presencia de una pareja que comparta la concepción, el embarazo y la crianza de los hijos. Para lograrlo, recurren a diferentes estrategias y procedimientos, como la adopción o las técnicas de reproducción asistida.

En Argentina, no hay datos cuantitativos que permitan dimensionar cuántas personas se inclinan por esta opción. Sí sabemos, en cambio, que los hogares monomarentales -es decir, aquellos encabezados por una mujer sin otra persona adulta a cargo de la crianza- representan el 11,7% del total de los hogares. Esta categoría incluye situaciones muy diversas y no permite identificar cuántos de esos casos corresponden a madres solas por elección. Recién en los últimos quince años se publicaron estudios que indagan en las trayectorias, las subjetividades y las motivaciones de quienes deciden transitar la maternidad en solitario.
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Solas pero juntas
La cara más visible de esa falta de información es la centralidad que adquirieron los grupos de WhatsApp y Facebook. Allí, mujeres de distintas edades -como Luisina- intercambian dudas, comparten información sobre tratamientos de reproducción asistida, consultan sobre aspectos legales y, sobre todo, encuentran acompañamiento para atravesar un proceso que muchas veces transcurre sin referentes cercanos ni relatos en los que reconocerse.
Romina Bertoldi tiene 44 años, trabaja como docente y en 2012 creó el grupo de Facebook “Madres Solteras por Elección Argentina”, una de las comunidades virtuales más numerosas del país para mujeres que proyectan la maternidad sin una pareja. Dos años antes había tenido a su primera hija mediante inseminación artificial y, si bien lo relata con una sonrisa, también recuerda el miedo que sintió durante el tratamiento: “No tenía una persona que me apoyara, y fue muy difícil hacerle frente a los tabúes que existen alrededor de ser madre soltera”.

Investigando, descubrió que en internet existía un foro de madres solteras. Si bien la mayoría de sus integrantes eran mujeres españolas, al poco tiempo logró dar con algunas argentinas. Luego de intercambiar mails, decidieron formar un grupo de Facebook que funciona hasta el día de hoy. “Para mí es importante sostenerlo porque sé lo feo que es atravesar el tratamiento sola, y no quiero que a ninguna mujer le vuelva a pasar lo mismo». Hace seis años, Romina decidió tener una segunda hija. Varias de las mujeres entrevistadas para esta nota la señalan como una referenta indispensable: “Vi que ella se las arreglaba muy bien sin ser millonaria, y entonces me animé”, cuenta Perla de 34 años, una integrante del espacio que hace seis meses se convirtió en madre por adopción.

Nuevas madres, nuevos modelos
María de las Nieves Puglia es investigadora y doctora en Sociología por la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (UNSAM). Su trabajo reciente aborda las transformaciones contemporáneas de la maternidad. Para ella, el aumento de mujeres que deciden ser madres sin una pareja responde a una multiplicidad de factores: entre ellos, la aparición de tecnologías que hacen posible la gestación por fuera de los modelos tradicionales de familia, en diálogo con un deseo y una disposición de muchas mujeres a recurrir a estas herramientas para concretar su proyecto de maternidad. En ese sentido, subraya que “la ovodonación marca una ruptura con la idea de que la maternidad sólo se construye a partir de un vínculo biológico y genético”. Este cambio, sostiene, ocurre en paralelo a transformaciones más amplias en las formas de organizar la vida familiar, las preferencias habitacionales y los proyectos personales.

La mayoría de los trabajos académicos sobre el tema se apoyan en entrevistas con personas de entre 35 y 45 años. Sin embargo, la decisión de convertirse en madre sola por elección también aparece entre mujeres más jóvenes. Ese fue el caso de Sofía Poggi. A los 29, poco después de separarse, comprendió que no necesitaba una pareja para cumplir su deseo de ser madre. «Nunca dependí de un hombre en ningún aspecto de mi vida, menos lo iba a hacer para tener un hijo».

Sofía señala que una de las principales ventajas de maternar sola se relaciona con la autonomía a la hora de tomar decisiones sobre la crianza: “De esta forma, no tengo que discutir dónde vivir, a qué escuela mandarlo, quién cocina o quién cambia los pañales”. En cuanto a la organización cotidiana, explica que tener un emprendimiento propio le permite manejar sus horarios con mayor flexibilidad. Sin embargo, esa autonomía también tiene un costo. «Cuando tuve al nene trabajaba solo una hora por día, pero nunca dejé de hacerlo. Hace siete años que no me tomo vacaciones». También cuenta que recurrir a una niñera le permitió sostener la actividad laboral hasta que su hijo inició el jardín.
Una política
Todas las mujeres entrevistadas coinciden en que la Ley Nacional de Fertilización Asistida fue, en gran medida, la que posibilitó que pudieran tener hijos sin necesidad de contar con una pareja. Sancionada en 2013, la normativa establece el acceso gratuito e integral a los tratamientos de reproducción asistida. La medida fue pionera en la región ya que Argentina se convirtió en uno de los primeros países de América Latina en reconocer estas técnicas como un derecho, sin restricciones vinculadas al estado civil o la orientación sexual de las personas.

Concebir es una asociación civil que, desde hace más de 30 años, distribuye información, organiza charlas y brinda talleres gratuitos de apoyo psicológico orientados a personas que atraviesan tratamientos de reproducción asistida. Su presidenta, Ana Claudia Ceballos, de 58 años, destaca que la normativa vigente es clara y funciona de manera adecuada. «Si bien tiene algunos grises, en la mayoría de los casos se resuelve con un mail o una carta documento, y solo unos pocos llegan a ser judicializados», explica.
Para ella, uno de los desafíos pendientes vinculados con la fertilización asistida es la creación de un Registro Nacional de Donantes que permita centralizar los datos sobre las personas que donan gametos:esta herramienta sería clave tanto para garantizar el derecho de las personas nacidas mediante reproducción asistida a conocer sus procedencias, como para resolver eventuales situaciones de identificación genética. En la actualidad, esos registros dependen de los centros de fertilidad donde se realizaron los tratamientos, lo que puede generar dificultades si esas instituciones dejan de funcionar.
Si bien hay puntos en común -como la búsqueda de autonomía o la reivindicación de formas de familia por fuera del esquema tradicional- las entrevistas evidencian que no existe un único recorrido hacia esa decisión. Las edades, los proyectos laborales, las redes de apoyo y las estrategias para concretar el deseo de maternar son diversas y construyen en función de las posibilidades, y las circunstancias de cada mujer. “La maternidad será deseada o no será», rezaba una de las consignas más emblemáticas de la marea verde. Si el derecho a decidir implica elegir si se desea maternar, también supone poder decidir cómo, cuándo y en qué condiciones hacerlo.
Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.