Las cuatro claves político-electorales del 2022

Las lecturas del año incluyen qué pasó con el desempeño electoral de los oficialismos, las dificultades de los nuevos partidos para consolidarse, lo complicado que están los progresismos y un poco de desconfianza en las elecciones latinoamericanas.

Hola, ¿cómo estás?

Llegamos al último correo del 2022. Llegué. Y llegaste vos también. Llegamos campeones. Es la segunda temporada de #LaGenteVota. Vamos por la tercera con novedades (a las que le estamos terminando de dar forma). En esta entrega voy a hacer algo parecido a lo que hizo Juano el lunes pasado. Él te habló de historias. Yo te voy a hablar de aristas. Son las cuatro líneas sobre las que creo que pasó el año en clave política-electoral. Algunas de estas ideas fueron discutidas en estos meses con el equipo del Área de Investigación de Fundación Directorio Legislativo. Y me dieron permiso para compartírtelas.

Chau 2022, nos dejaste muchas cosas.

¿Cuáles cuatro?

1. A ver cómo les fue a los oficialismos.

Creo que en más de una oportunidad te contamos todos desde Cenital que nos gusta hacer periodismo de calidad, con datos y rompiendo el molde. Fuimos de los pocos que, cuando todos decían que los oficialismos estaban perdiendo por la pandemia, salimos a disputar la idea con una base en Excel. En ese momento dijimos que había que ser cuidadoso con una afirmación tan tajante porque no estaba ocurriendo lo mismo en todos lados. Y se volvió un poco adictivo este trabajo porque cada tanto, durante el año, fui actualizando los datos y te fui contando cómo venía la cosa.

¿Cómo cierran los oficialismos sus exámenes de este 2022? Como les viene yendo desde que comenzó el Covid-19. En su mayoría, están ganando. De las 147 elecciones nacionales que tengo relevadas desde marzo de 2020, el 63% ganó y el 37% perdió. Bajó un poco la relación de victorias y derrotas: al comienzo estaba en 2 de cada 3, y ahora un poco por debajo. ¿Y eso por qué? Porque América arrastra para abajo junto con Oceanía. Es algo que también veníamos viendo desde acá.

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Fuente: elaboración propia en base a datos recopilados de fuentes primarias.

Ambas regiones del planeta son las únicas que tienen más derrotas que victorias, con América teniendo una buena cantidad de elecciones nacionales para comparar. De hecho, la relación es casi inversa a la regularidad mundial general: el 37% ganó y el 63% perdió. Acá también ven algo parecido.

La lente regional puede ser la causa de una conclusión mundial generalizada de que están perdiendo en todos lados. Estamos viendo solo una parte del mundo. Asia y África tienen muchas más victorias, pero también débiles credenciales democráticas en muchos países con oficialismos que suelen correr con enormes ventajas sobre (y persiguen a) sus oposiciones. El punto de comparación, como siempre, es Europa. A sus oficialismos no les está yendo tan mal.

Ahora, esta arista también la analicé en su momento de manera estacional. Había una hipótesis posible. Que el efecto de la pandemia sobre los gobiernos no iba a ser en pleno encierro, sino que se iba a procesar electoralmente cuando volviera la normalidad y la ciudadanía ponderara las decisiones tomadas en 2020/2021. Esto empezó a tomar forma con las elecciones nacionales que se celebraron en el segundo semestre de 2021 y en el primero de 2022. Ahí, como ves acá abajo, hay más derrotas que victorias. Pero en este segundo semestre que se acaba el domingo que viene volvieron las victorias oficialistas. Menos que en años anteriores, es cierto. La cancha parece más emparejada que en otras épocas. Es posible, entonces, que el desgaste de este año esté confirmando esa suposición algo errada del año pasado. Pero también es cierto que los oficialismos se están manteniendo de alguna manera, tal como se ve en las barras. Esto es algo que voy a continuar viendo el año que viene y cada tanto te iré contando.

Fuente: elaboración propia en base a datos recopilados de fuentes primarias.

2. Los nuevos actores no están reemplazando a los viejos.

Tanto en Cenital como en #LaGenteVota nos dedicamos bastante a cubrir lo que estaba pasando en Chile con el proceso electoral del año pasado. En su momento te escribí sobre el ballotage entre Gabriel Boric y José Antonio Kast, sobre el sistema que quedaba después de que el primero llegó al Palacio de la Moneda y sobre lo que se venía con el Plebiscito de Salida en septiembre pasado. Eran formas de ver un proceso político en un país específico, pero que lo vuelve, al mismo tiempo, un ejemplo de una regularidad latinoamericana: a los nuevos que promueven un giro 180° les está costando asentarse.

Dejame desarrollar esta idea un poco. Boric ganó con una nueva coalición de centroizquierda, con aires de renovación y recambio de una clase dirigente que venía bastante golpeada desde el Octubre Rojo. Empezó muy bien en las encuestas, pero al poco tiempo vino una caída estrepitosa. El resultado del Plebiscito Constitucional fue un golpe de realidad para el gobierno. Se hizo necesario un cambio ministerial, que mostró la necesidad de reforzar el peso político del equipo presidencial con perfiles propios de los partidos chilenos tradicionales. En cierta medida, el Frente Amplio necesitó sumar algo más que el apoyo del Partido Socialista que tuvo al comienzo. Tuvo que mixturarse con la vieja Concertación. Hay, en este ejemplo, una sinergia e integración antes que un reemplazo sobre tierra arrasada. Es lo nuevo con lo viejo, no sin él.

Otro ejemplo de un proceso de cambio trunco es, sin dudas, Perú. La telenovelesca caída de Pedro Castillo tiene sus causas, pero es algo parecido a su vecino al sur. Un presidente full outsider, con un partido político prestado como lo fue Perú Libre y con un claro mensaje de total renovación de la política peruana. Lo nuevo nunca pudo asentarse. Ni tampoco supo utilizar los recursos institucionales y políticos que le brinda una de las constituciones más presidencialistas de la región. Esto no es poco. El presidente peruano es el único que puede disolver legalmente el Poder Legislativo (siempre que éste último rechace dos gabinetes ministeriales) y mantenerse en el cargo. Es, en la regla, un Poder Ejecutivo fuerte. Pero también es, en la práctica, uno de los más débiles de la región: desde 2011 ningún presidente electo termina su mandato de 5 años. Lo nuevo nunca pudo lidiar con lo viejo. Y no aparenta que Perú vaya a calmarse en el corto plazo. Tengo mis dudas sobre la estabilidad de Dina Boluarte, electa con Castillo pero sobreviviente gracias a tuitear a tiempo.

Hay otro caso que también se inserta en esta línea: Honduras. A comienzos de año te conté que Xiomara Castro había empezado con el pie izquierdo, en una crisis institucional que se terminó resolviendo pero que podía no ser una buena señal. Ese temor se terminó de confirmar en terror recientemente, tal como detallan de manera muy clara en este informe. Para que Castro llegara al Palacio José Cecilio del Valle fue necesario acordar con Salvador Nasralla, líder del Partido Salvador de Honduras (PSH). Lo nombraron candidato a vice (allá se llama Primer Designado Presidencial), y se sumó a la coalición que estaba construyendo Manuel Zelaya, ex presidente destituido en 2009, además de su marido y líder del Partido Libertad y Refundación (Libre). La sociedad duró poco, con Nasralla quejándose de que le daban poco espacio. Y poco poder. Esto es más que un dolor de cabeza porque el quiebre implica que las 10 bancas claves que le aporta el PSH al gobierno ahora pueden pasar a ser oposición. Hoy Libre tiene 49, con apoyo de 2 aliados sueltos. La mayoría necesaria es de 65 en un recinto de 128. La matemática no sonríe.

Estas tres historias cortas muestran dos cosas. Primero, lo que te venía diciendo. Que lo nuevo no termina de reemplazar a lo viejo. Los tres ejemplos mencionados armaron nuevos partidos, tomaron forma de coalición y salieron a disputarle terreno a los tradicionales. Ganaron, sí. Pero gobernar es más complejo. En tiempos de malestar social, crisis económica y falta de confianza ciudadana la innovación puede sumar más problemas. La falta de experiencia no siempre es un asset en este contexto. Es algo para que tengamos en cuenta nosotros por estos pagos.

Acá aparece un segundo punto que se desprende de manera directa: que las lunas de miel presidenciales son tan cortas que ni llegan a subirse al avión. Boric comenzó a caer al mes de haber asumido. Pedro Castillo es el presidente electo que menos tiempo duró en el cargo, sin llegar a cumplir ni dos de los cinco años de mandato. Castro y Nasralla rompieron antes del año de convivencia. La única salvedad que le queda es que a ella las encuestas aún le sonríen. A este trío también podemos sumar a Guillermo Lasso, electo en mayo de 2021, quien no necesariamente es progresista como los anteriores, pero que también tuvo sus duras manifestaciones en contra a mitad de este año con su condimento de seguridad. El mandatario ecuatoriano, incluso, amagó con ejecutar la cláusula de muerte cruzada, que implica terminar el mandato del Poder Ejecutivo y del Legislativo, que amenazó con destituirlo.

Son todas situaciones a las que tienen que prestar atención Gustavo Petro en Colombia y Lula en Brasil. Ellos no son nuevos contra lo viejo. Pero sí son presidentes que tendrán que construir gobernabilidad para que la luna de miel no sea una pesadilla.

3. Los desafíos de los progresismos.

La arista anterior genera un montón de preguntas para el 2023 porque deja enseñanzas en este 2022. A los progresismos les cuesta implementar políticas acorde cuando hay escasez de recursos. Estamos en un momento del mundo donde las economías no crecen al ritmo de lo que está demandando la sociedad. Casi ninguna lo está haciendo. Y las previsiones para el año que viene no son las mejores tampoco.

En este contexto, los progresismos tienen un desafío. El mapa regional volvió a teñirse de un rojo algo rosado, pero el escenario es contrario al de comienzos del 2000. En ese momento las reformas de mercado propias del Consenso de Washington habían durado sus diez años, con claras señales de agotamiento. Tal como indican en este trabajo que ya te compartí varias veces, el aumento del voto a opciones de izquierda vino de la mano de una necesidad de cambio antes que de un viraje en las percepciones ideológicas de los votantes. Este giro coincidió justo con un período de expansión y crecimiento de la economía mundial. Las potencias precisaban materias primas y América Latina tenía commodities para vender. Todo cuadró. Ahora, el FMI y el Banco Mundial dicen que esa demanda puede no llegar a estar. La culpa puede ser de la Guerra entre Rusia y Ucrania, además de un motor económico que no arranca. Mucho no cuadra.

Hay otro punto con esto. En este trabajo, que también te compartí en algún momento, Kenneth Roberts analiza de manera muy clara el efecto de las reformas de mercado de la década del ’90 en el vínculo representativo. La lógica es bastante sencilla. Si al momento de achicar el Estado y abrir la economía gobernó un partido de derecha, entonces el descontento lo pudo capitalizar un partido de izquierda que, siendo fuerte, pudo ganar las elecciones al finalizar el ciclo. Si, en cambio, las reformas las implementó alguien progresista, entonces el giro salió para cualquier lado. Estos momentos de cambio son coyunturas críticas.

Y ahora estamos en una de ellas. Hay gobiernos discursivamente de izquierda en la región que están implementando políticas para bajar el déficit, lo cual implica hacer menos progresismo en los hechos. Hay también gobiernos que acaban de asumir, que también se inscriben en esta línea política pero que se encontraron con cajas casi vacías y con poco de donde sacar. Son, entonces, estos actores a los que les toca hacer un ajuste y que van a tener que encontrar los recursos para poder mantenerse en el poder cuando les toque ir a las urnas. También para, simplemente, capear la tormenta y poder implementar sus programas de gobierno, los que nacieron de sus promesas de campaña. Es un panorama oscuro para América Latina. Es, también, otra señal para Petro y para Lula.

Pero esta cascoteada no es privativa de este lado del planeta. Como bien detallan en este escueto artículo, las elecciones parlamentarias de Italia mostraron que la izquierda está pasando allá por un mal momento. Es uno de los peores resultados de su historia, además de que en términos comparados no le ha ido mejor que a sus pares de otros países. A eso se suma que a los partidos socialistas y socialdemócratas tradicionales los corren por izquierda nuevas formaciones innovadoras, jóvenes y con renovación. No hay receta para salir de este embrollo. No la tengo. Pero tiendo a ver con buenos ojos la experiencia de España entre el PSOE y Podemos, que aporta algo de estabilidad regional en un continente que también tuvo sus notas de inestabilidad en este 2022.

4. La confianza en las elecciones es un tema.

A comienzos de año te conté un poco sobre una preocupación que venía teniendo. No se si te acordás porque pasó de todo (y te escribí de todo). Pero si hacés memoria recordarás que fue sobre la confianza en la democracia, a nivel regional y con foco en Argentina. En su momento dije que estábamos mal, pero no tan mal. Me puse a revisar unos datos para esta última entrega y debo decir que la preocupación se mantiene. Es algo para trabajar por un mejor 2023.

Y por mejores elecciones. En aquella entrega repasé datos de Zubán y Córdoba junto a los publicados por Latinobarómetro. Como éstos últimos llegan hasta 2020 fui a ver los de LAPOP (Barómetro de las Américas), otra linda base. Tienen muchas preguntas pero me concentré en la que dice: “¿Hasta qué punto tiene usted confianza en las elecciones en este país?”. La escala va de 0 (nada de confianza) a 100 (mucha confianza). Podés entrar a jugar con los gráficos acá. La herramienta online permite hacer gráficos y mapas como el que ves a continuación, que congela la foto regional con data de 2021 pero que aplica para lo que venimos discutiendo.

Fuente: LAPOP.

Hay dos medidas para entender lo que te muestra la imagen. En el mapa de la izquierda podés ver distintas intensidades de verde con una escala 0–100 (“nada de confianza”-“mucha confianza”). En el gráfico de barras a la derecha hay otra escala recalibrada a partir de la escala original y que va de 1 (“nada”) hasta 7 (“mucho”). Son dos formas complementarias de medir y ver lo mismo. La imagen muestra dos cosas. Lo primero es que gran parte de la región está en verde clarito, salvo Uruguay y Canadá, países en donde hay más confianza en las elecciones. Después aparecen un poco más alejados EE.UU. con Chile y Argentina. Un tercer grupo concentra a países como Ecuador, México, Bolivia y Perú. En el fondo de la tabla hay una tanda grande, entre los que resaltan Brasil y Colombia, ambos con mucha población, con potencia económica y que acaban de cambiar de color político. En este está la mayoría de América Central y son todos donde la confianza es mucho menor. Este crisol indica que no hay regularidad en la región: cada consultada y consultado tienen distinta opinión sobre la tranquilidad que les brinda la manera en que se hacen las elecciones en su respectivo país.

Lo segundo que incluye el gráfico son las barras a la derecha, que muestran la confianza agrietada. Hay una cantidad destacada de personas que respondieron que no les da nada de confianza cómo se organizan los comicios en sus países y una porción similar de tamaño que les da mucha confianza. Los valores en el medio de la escala (2 a 6) tienen menor tamaño (salvo el valor 5 que indica 16,6%). Si el medio está vacío, lo que queda es la polarización. No es un dato desconectado de la realidad. Pensá en las últimas elecciones regionales que tuvieron una lectura sobre los ganadores pero también sobre la credibilidad del proceso. Brasil fue un ejemplo de ello. Perú otro. Esto es algo común también en Centroamérica. Y hasta se dudó de qué podía pasar con el reconocimiento de los resultados que llevaron a Gustavo Petro a la Casa de Nariño. Es un tema para pensar, pero también para trabajar. Las elecciones hacen funcionar a la democracia cuando dan incertidumbre sobre el resultado pero certidumbre sobre el proceso. A ésta última la están cascoteando desde algún lado. Es importante saber cuál.

Esto, claro, no es algo que viene siendo así en los últimos años. Me tomé el trabajo de armar los gráficos para las rondas de LAPOP de 2012, 2014, 2016 y 2018 para comparar la última década. También te los dejo acá para que pases imagen por imagen, y veas como el gráfico de barras va vaciándose en el centro y va creciendo en los polos. Eso quiere decir que los consultados estaban dentro de todo confiados en las elecciones de sus países hace 10 años. Pero poco a poco muchos comenzaron a tener menos confianza, y otros tantos a tener más confianza. Esto quiere decir que la lectura sobre el resultado empastó el proceso que lleva organizar las mismas elecciones que produjeron ganadores y perdedores. Es algo que medimos y encontramos en un trabajo que hicimos en CICaD con la consultora Ágora para Chile y Brasil. Es muy circular. Y peligroso.

Acá hay, entonces, una agenda de trabajo. Todos votamos. Todos los que podemos. Costó conseguirlo. Plantear dudas sobre los resultados una vez que se pierde no ayuda a construir mejores democracias. Las autoridades electorales han mejorado procesos, los han hecho más eficientes, han incorporado tecnología, y han trabajado arduamente en generar los consensos públicos y privados necesarios. Le han dedicado tiempo a mejorar la nafta, esa que le da movimiento y vida al sistema. Son las elecciones. Y debemos confiar en ellas. Y en ellos, en los que las hacen. Hay que empezar de arriba hacia abajo. Es la única manera.

Tengámoslo presente el año que viene en Argentina. Se nos viene una maratón.

***

Hasta acá llegamos en este 2022. Como te dije, vamos a encontrarnos el año que viene con algunas novedades por el calendario electoral 2023 en Argentina. Por cierto, #LaGenteVota piensa en tu arbolito de Navidad y te deja este Google Calendar de Elecciones Argentas, donde ya empecé a marcar las provincias que anunciaron que desdoblan. Lo voy a ir actualizando a medida que se confirmen las próximas. También te sugiero que estés atento a las redes de CICaD que esta semana vamos a sacar algo para ir calentando motores. Además, como cada 2 de enero desde hace dos años, voy a estar cargando ese mismo día las principales elecciones a nivel mundial en el Google Electoral Calendar de siempre. Viene con la lista de Twitter que nutre al espacio.

No quiero cerrar nuestros intercambios sin agradecerte el apoyo y acompañamiento que nos das siendo parte de la comunidad Cenital. Si no sos, te invito a sumarte. Hace poco hicimos nuestro primer evento con quienes participan de esta locura hermosa. Me gustó y disfruté mucho de conocer a varios de ustedes. Escuchar sus impresiones, sus aportes, sus ideas, sus sugerencias. No pensé que #LaGenteVota iba a llegar a tanto. Hoy son una banda leyendo, respondiendo y compartiendo. Eso me pone muy contento. Porque, luego de las pálidas de esta entrega, yo me agarro de este intercambio para sonreir cada 15 días.

Te escribo el año que viene. En enero retomo. Me voy a tomar unos vinos al norte. Un abrazo grande y feliz año electoral,

Facu

Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy me encuentran dando clases en UBA, UTDT y UADE. Me encantan las elecciones y me sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tengo es aprenderme la historia de los partidos políticos. Creo que la política marida muy bien con un tinto.