En contexto

La soledad de los jefes

En tiempo de descuento para la firma del acuerdo con el Fondo, el FDT sigue siendo un hervidero. Alberto y Cristina se verán el martes en el Congreso. Existe un camino (muy difícil) para que el bloque vote unificado. El libro que recomienda la vice y un silencio que no es tal.

¡Buen día! ¿Cómo estás? Sí, ya sé, todo lo que viene es malo. Pero atravesemos el sábado.

Últimamente, cada vez que me pongo a escribirte siento que estoy monotemática. La situación al interior del Frente de Todos, con el diálogo cortado entre el Presidente y la vicepresidenta, no para de sumar episodios y de acaparar mi atención pues, digamos, de esa convivencia interna depende gran parte del futuro del gobierno y del país. Me dejó pensando en esto hace unos días Diego Abatecola, que tuiteó: “Todas las notas, una nota. La interna abierta es el único tema desde que convertimos a la unidad en una trampa”. 

¿Es la unidad una trampa? La sentencia funciona bien como disparador del análisis, pero olvida que la unidad fue el único camino posible para que el peronismo recupere (y se sostenga en) el poder. Aunque no deja de ser cierto que desde el 10 de diciembre de 2019 la unidad obliga a los distintos sectores del Frente a hacer un equilibrio que incomoda a todos y que la coalición de gobierno nunca descubrió cómo gestionar si no es con operaciones cruzadas, reclamos entre dientes y, cuando la cosa estalla, cartas y discursos públicos aunque sin romper. En vez de trampa, parece un corset. Hay diferencias decisivas.

Te conté hace dos sábados de la agenda intensa de reuniones que mantiene Cristina Fernández de Kirchner en la antesala del debate en el Congreso por el acuerdo con el FMI. O sea, Cristina no está en silencio. Simplemente no habla en público. Su ritmo no aflojó en los últimos días. Legisladores nacionales, dirigentes sindicales, gobernadores, funcionarios, todos pasan por el despacho o por la casa de CFK o reciben su llamado telefónico. A al menos cuatro de ellos les dijo más o menos lo mismo que consignó En Contexto en su última edición: que el acuerdo que está terminando de cerrar Martín Guzmán es tan malo que va a llevar al oficialismo a una derrota electoral en 2023. “Perdimos con tres puntos del PBI puestos en gasto público, imaginate con el 1,9 que plantea el FMI”, suele graficar la vicepresidenta ante sus interlocutores. Pero también se encarga de aclarar enfáticamente que ella no va a romper el Frente. “De ninguna manera voy a poner en riesgo esta construcción política”, asegura. ¿Entonces? ¿La trampa de la unidad? Por ahora parecería ser eso. Aunque ella sostiene que sigue apostando a la construcción de un FDT que contenga a todos. Y para 2023 faltan veinte meses.

A pesar de tener intereses antagónicos, algunos ejecutivos de los grupos empresarios más importantes de la Argentina -Grupo Clarín, por ejemplo- coinciden en el diagnóstico de CFK: el FDT va hacia una derrota electoral provocada por una fenomenal crisis económica que ya se está desarrollando y empeorará tras el acuerdo con el FMI. Son los sectores del establishment que ya ven a Horacio Rodríguez Larreta presidente. Aunque para 2023 faltan veinte meses.

La próxima parada de la novela oficialista tiene fecha el martes, en la Asamblea Legislativa, cuando Alberto y Cristina (¿y Máximo?) volverán a mostrarse juntos. Para esas mismas horas se espera que finalmente el acuerdo ingrese al Congreso y su suerte pase a estar en las manos de Sergio Massa y Germán Martínez. De las varias incógnitas que cruzan al Gobierno, la inminente pasa por saber cuántas abstenciones habrá dentro del bloque del FDT a la hora de votar.

La orden de Máximo Kirchner fue cumplida a rajatabla. Los diputados rebeldes no se dejaron “porotear” en los últimos días. Para que la decisión final de ese grupo sea la abstención todavía faltan unos días. Aunque si la votación fuera hoy, se abstendrían. ¿Cuántos serán? En el kirchnerismo la pregunta genera rechazo. “No sé qué se preocupa Alberto de qué hagamos nosotros si los votos ya los tiene”, dicen. Les gusta remarcar que el Presidente deberá recostarse en el apoyo del macrismo para poder aprobar el texto.

Pero a pesar de las hostilidades, hay diputados que ya rechazaron públicamente el acuerdo con el Fondo y aun así están buscando atajos para la unidad. Uno de ellos propuso tener una votación interna en el bloque que defina cuál será la postura en el recinto. Es una idea interesante. Les permite a todos votar como realmente desean sin afectar el pronunciamiento oficial en la sesión, que sería unánime y respaldaría al Poder Ejecutivo (pues los integrantes de la bancada que apoyan el acuerdo triplican a los que lo rechazan). Algo parecido está pensando el jefe del bloque, Germán Martínez, que ya conversó con algunos diputados una estrategia similar. “Quedémonos con los dos discursos, pero votemos juntos”, le escucharon decir.

Ambas iniciativas vienen chocando con una realidad: para concretarlas, es necesario que Alberto y Cristina se pongan de acuerdo, que hablen. “El gran problema que tengo es la soledad de los jefes”, cavila Martínez ante algunos diputados. No hay interlocutores válidos ni con él ni con ella.

El proyecto que presentó la Coalición Cívica para que el acuerdo no tenga que pasar por el Congreso, algo que algunos analistas leyeron como un guiño al Gobierno, no fue ni siquiera evaluado en el FDT. Esto se vota. Esto se define en el recinto. Salga como salga.

En las últimas horas, la negociación con el Fondo estuvo centrada en el monto final de quita de subsidios que exigirá el organismo en su etapa de cogobierno en la Argentina y en la posibilidad de ampliar los gastos de capital para destinar más dinero a obras públicas. “El objetivo es tener buen nivel de ejecución. Buen impacto”, explican en la cartera que conduce Gabriel Katopodis. Si el entendimiento abre, como espera el Gobierno, la llegada de más fondos internacionales, Obras Públicas espera aumentar su inversión un 70% para el próximo año.

Mientras negocia, igual, el Ministerio de Economía tiene tiempo para picardías. Algunos colegas recibieron en sus teléfonos un videito del ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, que dejó en 2015 el gobierno de Alexis Tsipras -apenas seis meses después de su designación- por desacuerdos profundos respecto del acuerdo al que Grecia había llegado con el FMI. En ese corto mensaje, Varoufakis dice: “El acuerdo que Guzmán y el resto de los funcionarios de gobierno alcanzaron con el FMI es probablemente el mejor acuerdo que algún país pueda alcanzar con el FMI. Por ello, Guzmán y el resto deberían ser felicitados”. Llamativo viniendo del ministro que más combatió los programas de austeridad del Fondo en Grecia. Lo que ocurre es que el video, publicado por la agrupación Soberanos, que integran Amado Boudou, Alicia Castro y Gabriel Mariotto, les llegó a esos colegas cortado. En la pieza entera, el economista agrega: “Y aun así, este acuerdo debe ser anulado. El hecho de que este acuerdo sea mejor que el que Syriza alcanzara en 2015, luego de mi renuncia como ministro de Economía, o que el de cualquier otro país en donde el FMI hiciera estragos en contra de los intereses de las mayorías, y en beneficio de los intereses de la oligarquía, no es suficiente (...) Hay dos razones por las que Argentina debiera enterrar este acuerdo con el FMI: una es ética y la otra política. La razón ética es, claro, que ustedes no debieran blanquear la conspiración de Macri y el FMI. Y la razón política tiene que ver con que este gobierno se irá diluyendo en la medida en que la ‘austeridad light’ recaiga sobre el pueblo argentino, por lo que su credibilidad por parte de las mayorías se desmoronará. Ustedes y su gobierno perderán al pueblo. Y el pueblo sufrirá como consecuencia”. Tranquilizador. Como para ir a disfrutar el fin de semana.

Antes de irme, la recomendación de rigor. Esta vez, se la dejo a Cristina. Resulta que la vicepresidenta está fascinada con el libro de Juan Carlos Torre, Diario de una temporada en el quinto piso. A varios de quienes la fueron a visitar les recomendó leerlo e incluso llamó a algunos funcionarios del gabinete nacional para chequear algunos datos históricos muy específicos que aparecen reflejados en sus páginas. Aunque la razón de su encantamiento con el libro no es del todo optimista. Cristina ve paralelismos entre el final del gobierno de Raúl Alfonsín reflejado por Torre y esta etapa con el FMI y los mercados... así que imaginate.

Nos vemos la próxima. Acordate que, si te copa lo que hacemos, siempre podés sumarte acá.

¡Besos!

NBG

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Soy columnista política en un país en el que la política no da respiro. Jugué mucho tiempo de local en el Congreso. Gracias a ese lugar hermoso, los conozco a casi todos. Trabajo también en Radio Con Vos y en IP. Gracias al feminismo descubrí hace poco que me gusta jugar al fútbol.
@nbg__
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