La IA ya está en la salud sexual y reproductiva, la pregunta es para quién

Proyectos argentinos usan inteligencia artificial para agilizar la detección del cáncer de cuello uterino y corregir sesgos contra personas trans y con discapacidad.

La salud materna, el cáncer de cuello uterino, la infertilidad, el VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) son los áreas que presentan más desarrollos de IA, de acuerdo al estudio “El uso de la inteligencia artificial en la salud sexual y reproductiva: una revisión exhaustiva del alcance”, publicado en diciembre de 2025 en PubMed Central, el archivo digital de literatura científica biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. A la vez, el equipo de investigación, que hizo una revisión mundial, identificó menos estudios en violencia, salud sexual, anticoncepción y aborto.

La revisión la realizó un amplio equipo donde participó una sola argentina: la politóloga Sofía Pirsch del Centro de Implementación e Innovación en Política de Salud (CIIPS) del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) de la UBA.

Cuando nos detenemos en nuestra región hay similitudes, porque existe “una clara orientación” hacia proyectos de IA en las áreas de atención prenatal, durante el parto y posnatal, y de prevención, detección y tratamiento de cánceres de los órganos reproductivos, resumen que ofrece el material Experiencias de Inteligencia Artificial y Salud Sexual, Reproductiva y Materna en América Latina y el Caribe de marzo de 2024, elaborado por el Centro de Inteligencia Artificial y Salud para América Latina y el Caribe (CLIAS) que lideran CIIPS e IECS. Una de las conclusiones de este relevamiento es que el desarrollo de la IA en estos temas “se encuentra en una etapa exploratoria”.

El otro dato importante lo deja el relevamiento mundial cuando dice que la IA “podría ser fundamental” para ampliar el acceso a la salud sexual y reproductiva a “poblaciones desatendidas por los mecanismos tradicionales de prestación de servicios de salud, pero también podría poner a las personas en situaciones vulnerables en mayor riesgo dependiendo de cómo se desarrolle, regule y despliegue la IA”.

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El Hospital Rivadavia digitalizó 120 muestras de PAP para entrenar al modelo de Inteligencia Artificial que clasifica las células según su patología.

Pirsch cuenta en una entrevista telefónica que en esa revisión hubo “menos de diez aportes” de Argentina y que, en general, el Sur Global está poco representado porque “se hacen cosas, pero no se publican. No es fácil publicar en los lugares adecuados para visibilizar el trabajo”.

Hacete el papanicolau, muchacha

Más o menos así era la frase que repetía la cantante de tangos Tita Merello, allá por los ´80 y ´90, cuando casi nadie hablaba del tema. El papanicolau o PAP es un estudio ginecológico sencillo que permite detectar alteraciones celulares en el cuello del útero. De acuerdo a estadísticas de la Dirección Nacional del Cáncer, hay 4.500 casos nuevos de cáncer cervicouterino por año, con una mortalidad aproximada de 2.000 personas. Son cifras de 2021, no hay actualizadas.

Uno de los proyectos que acompañó CLIAS se basa en digitalizar muestras de PAP y desarrollar herramientas de IA para clasificar células patológicas. Lo explica con mucha pasión la doctora en Física Luciana Bruno, investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA: “Se trata de un sistema que agiliza y que ayuda en la tarea de profesionales; no reemplaza a nadie”.

El piloto se está haciendo en el hospital público porteño Rivadavia, donde se digitalizaron 120 muestras de PAP de distintos tipos y diagnósticos, creando una base de datos propia que no existía previamente en el país.

“A partir de esa imagen digitalizada desarrollamos herramientas de IA para visualizar las muestras y entrenar un modelo de IA que detecta las células y las clasifica según su patología”, explica Bruno.  

Y recuerda: “En estos momentos, tanto a nivel privado como público, hay mucha demora para realizar el PAP, que es un análisis muy laborioso para los patólogos, entonces la idea es agilizar la tarea y que puedan hacer consultas entre profesionales”.

Luciana Bruno, doctora en Física e investigadora del CONICET en el Instituto de Cálculo de la UBA, describe el sistema como una ayuda que agiliza la tarea de los profesionales sin reemplazarlos.

Esta base de datos utilizada para entrenar modelos de IA “está disponible para que otras personas puedan desarrollar sus propios modelos y podría extenderse a otras citologías”, asegura Bruno. Se presentó en un «challenge» en el Simposio Internacional de Imágenes Biomédicas que se hizo en abril de este año en Londres “para fomentar la colaboración y mejorar los modelos”.

Ahora, están desarrollando un protocolo de usabilidad “para ver qué interpretan los profesionales, si les es fácil. Es todo un cambio de paradigma, y lo vamos mejorando con el feedback que recibimos tratando de mejorar los modelos”, asegura. Junto a Bruno trabajan la jefa de Citología del Hospital Rivadavia, Jimena Medel, y el ingeniero en Sistemas y doctor en Computación Emmanuel Iarussi, investigador adjunto en CONICET.

Con los fondos de la convocatoria que ganaron en CLIAS cubrieron los costos del escaneo, la digitalización de las muestras, y toda la parte de anotaciones del proceso. “La hicieron técnicos y médicas patólogas, y obviamente eso no repercutió en nuestros salarios”, asegura. “Con reducciones presupuestarias –en ciencia, salud y universidades– está complicado, porque nuestra contraparte es nuestro salario y nuestro salario está cada vez más devaluado”, resalta la profesional.

Pero, como muchas y muchos investigadores de Argentina, están haciendo un gran esfuerzo por seguir con el proyecto. Y con entusiasmo.

La IA y los sesgos

Discapacidad y personas trans y salud sexual y reproductiva son ejes de otros dos proyectos que acompañaron desde CLIAS.

En el caso de personas trans analizaron los sesgos de los grandes modelos de lenguaje —como ChatGPT, Gemini o Grok— y su impacto potencial en la atención en salud. A través de interacciones sistemáticas (hicieron un “prompt tatón”) con estos modelos, el equipo identificó patrones persistentes de estigmatización, patologización e invisibilización, además de dificultades para integrar información clínica básica. 

El médico Martín Saban resalta que la comunidad trans siempre estuvo involucrada para evaluar las respuestas: cuando pedían –a través de prompt- a estos asistentes de IA sugerencias sobre médicos “uno de los sesgos que encontraron es que les recomendaba consultas en salud mental o patologizaba el ser trans, y no recomendaba cosas relevantes, por ejemplo, para un hombre trans el seguir con sus controles ginecológicos o mamarios”.

En relación a discapacidad, la experiencia se hizo en La Rioja donde se identificó a personas con discapacidad a través de historias clínicas electrónicas, para así predecir necesidades de salud sexual y reproductiva para preparar consultas futuras.

Jimena Medel, jefa de Citología del Hospital Rivadavia, revisa en pantalla los resultados del modelo que trabaja en conjunto con Bruno e Iarussi.

“Son personas que en general tienen varios estigmas –aporta Saban- como la infantilización, entonces no se les habla sobre salud sexual y reproductiva y no se les ofrece información relevante al respecto.”

Saban valora: “Fue metodología robusta, que incluyó la cocreación con la comunidad, involucrando a personas con discapacidad visual y auditiva en el proceso de anotación de datos”. Se elaboró un manual de anotación, construido de manera colectiva, que permitió traducir los acuerdos conceptuales alcanzados. Este trabajo no sólo habilitó el entrenamiento de modelos automáticos, sino que generó un recurso metodológico reutilizable.

El algoritmo del derecho a decidir

Las aplicaciones de IA diseñadas para brindar apoyo al aborto “priorizan la adecuación al contexto sobre la novedad tecnológica, evitando formas más sofisticadas de IA cuando no satisfacen las necesidades de la paciente o atentan contra su autonomía corporal. Estas decisiones ayudan a mitigar los riesgos de desinformación y violación de la privacidad derivados de la IA”, concluye el reciente informe “IA para el aborto: hacia una agenda de investigación centrada en la equidad para la IA y el aborto”

Lo hicieron en Estados Unidos y sirve como contexto, además de coincidir con los resultados de los estudios mencionados al principio, donde el aborto aparece como el tema menos representado en desarrollos de IA. Es lógico, por la necesidad de cuidados en cuanto a datos de las personas, a la privacidad y a contextos regionales donde aún es criminalizada la práctica.

¿Qué pasa en Argentina? Florencia Sabaté de la organización tucumana Mujeres x Mujeres, confirma que reciben muchas consultas de mujeres que llegan a pedirles asesoramiento luego de haber pedido información sobre sexualidad y aborto en el Chat GPT o similares. Desde Neuquén, Ruth Zurbriggen de Socorristas en Red comparte una experiencia similar: “Las personas nos encuentran gracias a la IA. Hicimos pruebas y estamos recomendadas cuando buscan información sobre aborto”.

Sofía Pirsch, politóloga del CIIPS-IECS, fue la única argentina que integró el equipo de la revisión mundial sobre IA y salud sexual y reproductiva.

Mariana Romero, médica investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), reconoce: “Hay una cierta tranquilidad de que los contenidos sobre aborto que están en los modelos de IA no son incorrectos, por lo menos, cuando se accede desde una plataforma en Argentina. La información que da no es incorrecta”. Y esto tiene que ver con la vigencia de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el país, ya que los modelos de lenguaje se alimentan –entre otras fuentes– con datos oficiales, que incluyen la legislación vigente en el país.

“Me parece que hay que pensar que cada vez más hay más personas recurriendo a la IA, y entonces ahí también hay que estar alertas. Negar la presencia no tiene sentido”, reflexiona la médica.

Ética, ¿estás ahí?

Es el gran debate en marcha. Asegura Saban: “Hay resguardos éticos, como no hacer daño y cuidar a las personas, ese es el piso sobre el cual hay que construir las herramientas. En la práctica el debate es qué problema vas a resolver ¿A qué persona le estás resolviendo el problema? Esta solución que estás pensando ¿genera algún tipo de inequidad?”.

La coordinadora del Centro, Cintia Cejas, añade que desarrollaron una guía ética adaptada a Latinoamérica, que cuentan con una especialista en bioética que capacita a los equipos y revisa las propuestas, y que su marco de trabajo se da dentro del esquema género, equidad e inclusión. También, que están construyendo una comunidad de conocimiento con 385 participantes regionales e internacionales y que trabajan en políticas públicas y regulación de la IA en salud.

“Ponemos el foco en las poblaciones vulnerables que están subrepresentadas normalmente dentro del sistema de salud, pensando en soluciones que realmente sean responsables y que resuelvan problemas reales para personas que ya de por sí están alejadas del sistema. Entonces, al poner foco en población vulnerable, de alguna manera dentro de los desarrollos que promovemos dentro del CLIA, ponemos la discusión ética en el centro”, resume la profesional.

La politóloga Pirsch además ofrece otro eje para pensar: “Las provincias son grandes generadoras de datos sanitarios, datos que son sensibles, y es importante que se capaciten en su protección. No se trata de demonizar la IA, se trata de tener una gobernanza adecuada”.

Un antecedente

En 2017 en Salta el entonces gobernador Juan Manuel Urtubey había firmado un acuerdo con Microsoft para aplicar IA para “evitar la deserción escolar y el embarazo adolescente”. Así lo informaron desde la empresa y en una comunicación oficial. Se mapeaba a personas de las zonas mas vulnerables de la provincia con un software, según explicó el funcionario en 2018, en pleno debate parlamentario por la despenalización del aborto. 

“Con la tecnología vos podés prever cinco o seis años antes, con nombre, apellido y domicilio, cuál es la niña que está un 86% predestinada a tener un embarazo adolescente”, dijo Urtubey en televisión. Y se generó una polémica y una respuesta del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada del Instituto de Ciencias de la Computación de la Universidad de Buenos Aires que elaboró un documento donde encontraron “serios errores técnicos y conceptuales, que ponen en duda los resultados reportados por el gobernador Urtubey, y que comprometen el empleo de la herramienta generada, en una cuestión tan sensible como el embarazo adolescente”. 

No hay información sobre qué pasó con la iniciativa, sólo que no avanzó: “El proyecto se había discontinuado cuando llegamos al gobierno. Nuestros antecesores nos informaron que generaron algunos reportes, pero por la repercusión pública negativa y los cuestionamientos, no se continuó. No está activo”, confirma Martín Guemes, secretario de Modernización y Servicios Públicos de Salta. 

Esta historia que tiene casi 10 años demuestra que los debates actuales sobre uso –o no uso– de IA en salud sexual y reproductiva tienen su recorrido. En un país donde los datos se devalúan y el presupuesto cruje, la verdadera inteligencia sigue estando del lado de quienes investigan. La discusión ya no es si la inteligencia artificial llegará a la salud sexual y reproductiva. Ya está acá. La pregunta es quiénes la diseñan, para quiénes funciona y qué derechos está dispuesta a cuidar.


Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.

Periodista. Doctorando en Comunicación y género con un proyecto de tesis sobre IA feminista latinoamericana