La guerra interminable
El enfrentamiento abierto entre Santiago Caputo y Martín Menem: ¿hasta cuándo? El viaje del asesor presidencial a Estados Unidos y la preocupación perpetua de los americanos: China. Detalles sobre la licitación de la Hidrovía.
El sábado al mediodía, una cuenta de Twitter compartió un link con la leyenda noventista “Tsunami de chanes” y etiquetó a Santiago Caputo y a su mano derecha, Manuel Vidal. El usuario respondía al nombre de @PeriodistaRufus. Hasta ese momento, poca gente –la mayoría dentro del gobierno de La Libertad Avanza– seguía esa cuenta. El link llevaba a una noticia tóxica sobre FlyBondi, la línea aérea propiedad del empresario Leonardo Scatturice, amigo de Vidal y garante de los vínculos de Caputo con la administración Trump. Al abrir el enlace se veía que el envío original del video había sido del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Vidal lo advirtió primero y se lo trasladó al asesor que decidió hacerlo público con capturas de pantalla y una chicana: “Qué gagá”. Estaba lanzada la última edición de la guerra interminable de LLA.
En el menemismo lo relativizan sin demasiado ánimo: aseguran que Rufus nunca fue una “cuenta blue” de Menem sino el error de un colaborador del equipo de comunicación. Aún si se profesara una fe menemista es complejo entender por qué un CM destina una parte desproporcionada de su producción a denunciar la expansión empresarial del Grupo Neuss -cuyos accionistas son íntimos de Caputo- o cómo sabía, una semana antes del anuncio, que Juan Bautista Mahiques –“JBM”, escribió el extinto Rufus– reemplazaría a Mariano Cúneo Libarona en Justicia, cuando solo la mesa chica del karinismo manejaba ese nombre. Un sello de identidad.
Sería un error leer el episodio como una más de las trifulcas tuiteras que la era Milei convirtió en rutina. Lo que revela es otra cosa: que la arquitectura de poder libertaria atraviesa, en simultáneo, una crisis de pactos hacia afuera y una guerra abierta hacia adentro. El cruce Caputo-Menem es el síntoma. La enfermedad es de otra dimensión.
Si te gusta Off the record podés suscribirte y recibirlo en tu casilla los martes.
Según contó Pablo Ibáñez en Cenital, la semana pasada, la Decisión Administrativa 20/26, firmada por Luis Caputo y refrendada por Manuel Adorni, ejecutó un recorte presupuestario de casi $2,5 billones. El ajuste más significativo desde el primer año de gestión. De ese total, alrededor de $1,3 billones afectan, directa o indirectamente, a las provincias, sumándose a otros $1,4 billones que ya habían perdido por la caída de la coparticipación durante el primer cuatrimestre. La poda golpea con particular dureza al Ministerio del Interior, que sufrió un recorte del 38,4%, y al fondo de Aportes del Tesoro Nacional, reducido a poco más de USD 86 millones para todo lo que queda del año. La paradoja es transparente: hace un mes, Luis Caputo proponía a la mesa política avanzar hacia un acuerdo amplio con una decena de gobernadores como señal de gobernabilidad.
¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te pedimos que nos des una mano para seguir.
SumateMientras tanto, el martes, Caputo (S) viajó a Washington a pedido de los Estados Unidos. La iniciativa para el encuentro partió de los estadounidenses, que tienen en el asesor un interlocutor al que consideran de confianza y un convencido sobre la importancia de la relación bilateral incluso más allá de su obvio peso para la administración que preside Javier Milei. El encargado de la gestión fue, otra vez, Vidal, cuyos contactos más fluidos provienen del mundo de CPAC, la conferencia conservadora cuya terminal argentina es el ya mencionado Scatturice, quien esta vez se mantuvo al margen de los encuentros porque, por primera vez en más de un lustro, se encontraba en Argentina. Volvió ayer.
Caputo se benefició no sólo de su relación con Barry Bennett, un consultor con acceso a Trump, sino de una nueva armonía con la Cancillería, que desde la llegada de Pablo Quirno logró una sintonía renovada que estaba ausente en tiempos del excanciller Gerardo Werthein, cuando las agendas se daban en el mejor de los casos en paralelo y, en el peor, eran boicoteadas desde el Ministerio de Relaciones Exteriores. El embajador argentino ante los Estados Unidos, Alec Oxenford, comió con Caputo, Bennet y uno de los responsables de la campaña digital de Donald Trump en el céntrico Café Milano de Washington, y participó tanto de los encuentros de alto nivel como de las reuniones en los márgenes que se produjeron en la Casa Blanca, el Capitolio y el Departamento de Estado.
Los interlocutores de Caputo fueron funcionarios de alto rango, y en espejo con él mismo, no sólo por su jerarquía en el organigrama estatal, sino por su peso en términos de acceso al círculo de toma de decisiones. En la Casa Blanca, los recibió el director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Michael Jensen. Un oficial con rango de Asesor Especial de Donald Trump, veterano de la Fuerza Aérea. Jensen es el primer apuntado en el cargo –el máximo responsable en el Consejo de Seguridad Nacional para el continente americano– que viene de una trayectoria militar, un dato relevante dada la importancia aumentada del continente en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense y el creciente militarismo que se hizo evidente en la intervención sobre Venezuela.
También se reunió con el asesor legal de Marco Rubio en el Departamento de Estado, Reed Rubinstein. Rubinstein es un hombre de peso en las estrategias legales del trumpismo. Titular de la asesoría legal y el Comité Regulatorio de la US Chamber of Commerce, cercano a la poderosa y conservadora Federalist Society, una de las organizaciones más influyentes en la designación de jueces, y parte integrante de la campaña de Trump desde 2016, y uno de los principales asesores de America First Legal, la organización jurídica fundada por Stephen Miller, el cerebro ideológico del gobierno de Trump. En el legislativo, lo recibió el titular del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Brian Mast. Del estado de Florida, Mast es muy cercano a Marco Rubio, que detenta simultáneamente los cargos de secretario de Estado –el equivalente a canciller– y asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.
El asesor presidencial escuchó la preocupación estadounidense por la presencia avanzada de China en la región, que atribuyen a un abandono del continente por parte de Joseph Biden. A pesar de los avances de la derecha en países como Chile, Bolivia y Ecuador, el gobierno republicano sigue viendo a Javier Milei como el principal aliado regional, con la voz más significativa. Las preocupaciones de los Estados Unidos son conocidas. Las cadenas de suministro en minerales críticos, energía, tecnología, telecomunicaciones e infraestructura. En este último punto, se manifestó un interés informal sobre la Hidrovía donde competirán dos gigantes belgas DEME y Jan de Nul. Lo interesante son los socios, mientras DEME estaría asociada a capitales estadounidenses, los estadounidenses denuncian que Jan de Nul tiene socios ocultos chinos. Parece un dato envenenado con el fin de entorpecer la licitación: según pudo averiguar #OffTheRecord, fue DEME la única de las dos compañías que presentó a una empresa china como uno de sus proveedores claves. Hasta el momento, Jan de Nul recogió más puntaje con dos de los tres sobres abiertos. Hoy debería conocerse la información de las ofertas de precios. En caso de coincidir en el mínimo, es probable que Jan de Nul se quede con la licitación.
La presencia de China en infraestructuras estratégicas es una cuestión prioritaria para los norteamericanos, al punto que el gobierno de Trump autorizó a gastar mil quinientos millones de dólares en modernizar la base naval del Callao, en Perú, un proyecto conjunto con ese país, que se materializa tras la construcción del puerto de Chancay, una megaobra de última generación financiada con capitales chinos que conectará de manera directa la producción peruana y de América del Sur de manera hasta hoy inédita. Fuera de la infraestructura, la agenda de los Estados Unidos respecto de Argentina pone el foco en las cadenas de suministro mineras y energéticas, donde la intención de excluir a los capitales chinos requiere inversión extranjera directa norteamericana o, al menos, de algún tercer país. Hay complicaciones obvias.
A pesar de la sintonía que llevó a Lula da Silva a Washington hace dos semanas, los estadounidenses siguen sin encontrar inversiones para desarrollar negocios de extracción y tratamiento de tierras raras en Brasil, un sector donde la dependencia de China es absoluta y las necesidades de evitar ese apalancamiento son evidentes.
En la agenda de Argentina aparecen el litio, el cobre, el uranio y el petróleo, junto con la cooperación en otras agendas estratégicas como la satelital y portuaria. Argentina necesita desesperadamente inversiones para reducir su fragilidad externa, crecer y reducir la pobreza. Sin acciones concretas en materia de inversión, incluso si Milei insistiera en evitar asociaciones con China en infraestructuras estratégicas, el entusiasmo difícilmente exceda la duración de su mandato. Marco Rubio, que se encontraba en China al momento de la visita de Caputo, es uno de los funcionarios estadounidenses que más consistentemente ha enfatizado respecto de la necesidad de que, además de su poderío militar, Washington asuma una agenda de cooperación e inversiones mucho más agresiva.