Infantino duerme tranquilo y Argentina sueña despierta

El mundial fue muy criticado pero llena estadios y ofrece estrellas, goles y buenos partidos. Argentina y Messi cumplen las expectativas e ilusionan.

Inesperado: nuestros rivales mundialistas parecen formar parte de los llamados “amistosos chatarra” que la AFA programó en estos últimos años para la selección. Anoche fue Jordania, 72 en el ranking de la FIFA, doce millones de habitantes. Y el viernes será Cabo Verde, 64 de la FIFA, medio millón de habitantes (pero revelación de la Copa, tras igualar en primera fase con dos ex campeones: España y Uruguay). Jordania y Cabo Verde nos recuerdan, en cierto modo, a Zambia, Mauritania o Indonesia, rivales demasiado fáciles (y cuestionados) en partidos amistosos de una selección campeona mundial. Difícil imaginarse que todo se trató de un plan maestro de Chiqui Tapia.

El lunes último, en el 2–0 contra Austria, también aquí en Dallas, Tapia — me cuentan testigos de la escena — se levantó de su asiento en el palco oficial y fue directo hacia Mauricio Macri a darle un saludo que el ex presidente había querido evitar minutos antes, cuando le pidió a un amigo lobbysta que lo tapara. Pasillo de por medio, misma fila, estaba entre ambos Gianni Infantino. El zar de la FIFA duerme más plácido y ancho que nunca, en cama King Size, pletórico con su Mundial criticado pero que llena estadios y ofrece estrellas, goles y buenos partidos en todas sus sedes. Tanto es así, que la FIFA ya evalúa seriamente el pedido de la Conmebol de incluir 64 equipos para la Copa de 2030.

También Estados Unidos celebra. Avisó que quiere repetir y ser otra vez sede en la Copa de 2038. ¿Una locura? Todo — me admite el interlocutor con uniforme oficial — es posible hoy en la dimensión FIFA.

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¿Y qué es posible en la dimensión selección argentina? Anoche, en el 3–1 contra Jordania (tercer triunfo luego de Argelia y Austria, primer puesto del Grupo J, puntaje ideal) ganó con los goleadores más esperados. Primero fue Giovanni Lo Celso. Tiro libre a los 18 minutos y con el arquero jordano regalándole el palo. Lo Celso, que sufrió un gol anulado a los 6’ y resultó elegido figura del partido, fue acaso la única convocatoria polémica de Lionel Scaloni. Vieja guardia de la selección, el volante rosarino llegó con lo justo físicamente a Estados Unidos y le ganó a Emiliano Buendía, figura y campeón de la Liga de Europa con el Aston Villa.

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Apenas marcó, la tele mostró a Leo Messi y a Rodrigo de Paul sonriendo cómplices en el banco. El segundo gol lo hizo Lautaro Martínez, a los 29’, de penal. Fue su primer gol mundialista luego de tantos que se le negaron en Catar. Minutos después, a los 45, Lautaro asistió a Julián Alvarez que tiró rasante, pero fácil para el arquero. Al reincorporarse, Julián le dio un abrazo fraternal a Lautaro, su competidor de puesto (como en Catar, cuando Martínez celebraba desde el banco los goles de Alvarez). Son dos escenas de la selección como grupo de familia.

Si los dos goles del cómodo primer tiempo tuvieron dueño deseado, qué decir del tercero. Leo Messi, suplente mundialista por primera vez en veinte años, fue reclamado desde que comenzó la segunda parte. Algunos de los setenta mil hinchas que colmaron el impactante Dallas Stadium habían celebrado primero su ausencia en la formación titular: sin Leo, la reventa de los últimos boletos disponibles bajó mil dólares. Así son los mercados.

Messi entró a los 59’. Tuvo un primer tiro libre que disparó alto. El segundo, por falta contra él mismo, lo tiró más bajo pero al medio. Fue suficiente. Falló otra vez Yazeed Aboulaila, arquero de metegol, y se convirtió en el 3 a 1. Antes, a los 55’, Jordania había descontado con Mousa Al-Tamari, del Rennes francés, descuidado por Leandro Paredes (de partido irregular). El tanto significó la pérdida de invicto para Dibu, que casi no intervino en la primera fase del Mundial (punto a favor del sistema defensivo).

Con el primer puesto asegurado, Scaloni no solo se dio el lujo de hacer descansar a casi todos los titulares (solo mantuvo a los dos Martínez: Dibu y Lautaro), sino también pudo ensayar otras variantes. Los nueve cambios incluyeron la sorpresa de Exequiel Palacios sobre el lateral derecho (el puesto acaso más vulnerable del equipo). La prueba del doble nueve Lautaro-Julián (el segundo sigue falto de fútbol, controló y pasó mal). Y el ingreso final de todos los jugadores de campo, incluidos Valentín Barco (entró bien en inesperado rol atacante) y el Flaco López, que estuvo cerquísima de anotar.

Si Argentina — que se defiende siempre con la pelota — dividió posesión en sus dos primeros partidos, anoche monopolizó la tenencia. Explotó errores de su modesto rival, aburrió en el inicio del segundo tiempo y dejó ver alguna audacia de Nico Paz, alternativa de desequilibrio en caso de emergencia. Puede haber nombres, esquemas y dibujos distintos — y jugadores fuera de su posición natural — , pero la idea básica, como apuntó aquí Roberto Parrottino, es siempre la misma: asociarse para tocar, distraer y agredir apenas se pueda.

Empecé esta crónica en mi pupitre del estadio, mientras veía a miles de hinchas que, pasada una hora de partido, seguían en la tribuna cantando “Muchachos” y que “de la mano de Leo Messi”. La continué en un centro de prensa congelado (se fue el encargado del aire acondicionado y nadie pudo regularlo). La completo ya en nuestra vivienda de Dallas, desde donde volvemos hoy en auto hacia Kansas (ochocientos kilómetros) para partir el miércoles hacia Miami, donde residen cerca de doscientos mil argentinos — además de los treinta mil que viajan alentando a la selección — . Habrá apoyo garantizado para el estadio Hard Rock (donde la entrada mínima costará unos cinco mil dólares). Se espera un banderazo multitudinario el jueves al mediodía, día previo al partido, en 85 y Collins, North Beach, a pocos metros día de la playa.

El rival será Cabo Verde, archipiélago africano frente a las costas de Senegal y Mauritania, colonia portuguesa hasta hace medio siglo, otro debutante en el Mundial. Equipo inevitablemente obrero, de defensa fuerte y contragolpe veloz, con historias coloridas como la de su arquero Vozinha (40 años) y un delantero contratado a través de Linkedin. Su avance milagroso da razón a los 48 equipos de Infantino.

Si en el otro cuadro se amontonan Francia, España, Alemania e Inglaterra, en el de Argentina asoma más solitario Brasil como rival hipotético en semifinales. ¿Octavos de final ante el vencedor Australia vs Egipto? ¿Dónde deberíamos firmar? Colombia, de muy buen partido en su empate sin goles ante Portugal, podría ser rival en cuartos otra vez en Kansas City el 11 de julio, justo un día antes del vencimiento de nuestra casa alquilada en esa misma ciudad. Pero son supuestos, como nos advierte la placa en Dallas, que narra cómo fue asesinado en 1963 el entonces presidente John Fitzgerald Kennedy, uno de los pocos puntos de interés de una ciudad poco agradable y con un calor sofocante.

Es cierto, a la selección le tocó un grupo accesible en el sorteo y Cabo Verde es un rival que nadie habría imaginado en dieciseisavos de final. Como sea, por primera vez la selección suma doce partidos consecutivos de Mundial anotando al menos un gol (desde Nigeria en 2018). En el último medio siglo, desde la primera conquista de 1978 en el Monumental, Argentina es la selección que más puntos sumó en los Mundiales. Llegó a cinco finales y ganó tres. También fue finalista en la primera Copa (1930 en Uruguay), pero luego fueron ausencias y fiascos. Paradójicamente, durante muchos de esos años creímos que no había mejor fútbol en el mundo que el argentino. 

Francia, con una riqueza ofensiva notable — superior a la campeona de Rusia 2018 y a la finalista de Catar — asoma ahora como candidata de los especialistas. Países Bajos también impresiona. Brasil, España, Inglaterra, Colombia y Alemania ofrecen su poder, igual que el anfitrión Estados Unidos. Y que la Argentina de Messi y su juego de asociación permanente. Es un Mundial de campeón abierto y con cracks que cada día deslumbran con sus goles. Infantino, efectivamente, duerme tranquilo.

Si en 2022 la postal de justicia poética de Messi finalmente campeón en su quinto Mundial atenuó las críticas por la sede polémica de Catar, Leo, increíblemente, se mantiene a sus flamantes 39 años como rey de la escena. Un rey silencioso y por eso cómodo para un Mundial que, pese a su éxito actual, tuvo una previa indecente — que siguió ya iniciado el certamen con la selección de Irán maltratada por Estados Unidos, obligada a viajar siempre México ante el problema de visados del anfitrión abusivo — .

Ayer, con Messi en la portada, el diario Dallas Morning advirtió que las distracciones de los trabajadores por el Mundial provocarán al país 17.000 millones de dólares de pérdidas en productividad. Si fuera cierto, es un costo menor respecto de la guerra que Estados Unidos reabrió en pleno Mundial contra Irán, cuya selección maltratada fue eliminada ayer del torneo. Como decía un viejo programa de la TV argentina: “Hablemos de fútbol”.

Es periodista desde 1978. Año de Mundial en dictadura y formidable para entender que el deporte lo tenía todo: juego, política, negocio, pueblo, pasión, épica, drama, héroes y villanos. Escribió columnas por todos lados. De Página 12 a La Nación y del New York Times a Playboy. Trabajó en radios, TV, escribió libros, recibió algunos premios y cubrió nueve mundiales. Pero su mejor currículum es el recibo de sueldo. Mal o bien, cobró siempre por informar.