Grupo F: una prueba de fuego para la planificación japonesa

Clasificó a su primera Copa del Mundo en 1998. Desde entonces no se perdió ninguna. Suecia y Países Bajos, sus rivales.

Mi muy querido Zequi:

El nivel de desarrollo de un país no suele estar directamente vinculado con sus posibilidades de éxito futbolísticas. Sin embargo, en el caso del grupo F, mis pronósticos se alinean bastante con el lugar que ocupan en el ranking usualmente utilizado por el Banco Mundial o el PNUD. Con el perdón de Túnez —un país interesantísimo, que se independizó de Francia bajo un esquema de modernización laico y autoritario que intentó (y fracasó) ser pionero en la democratización del mundo árabe— , creo que solo puede pelear la clasificación si el calor los ayuda mucho.

Mis simpatías van a estar con Suecia. Los quiero desde el mundial 90, que es también el primero que recuerdo. Entonces tenía cinco años y uno de esos fixtures color plegables, impresos en papel de revista, al que celosamente pedía que me completen los resultados.

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Mojarrita le ganó a Suecia”, recuerda mi padre que le dije. La ocurrencia le hizo gracia y me explicó sobre los dos países. Aprendí que Mojarrita en realidad se llamaba Costa Rica. Pero me gustó el otro, integrado por gente que vivía en el frío y casi sin ver la luz por meses. El que le había dado sus colores a Boca Juniors.

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Un cariño irracional me hizo seguir su campaña fervorosamente cuatro años después —en Estados Unidos 94— después de la temprana eliminación argentina y la exclusión de Diego. Me acuerdo de Thomas Ravelli, de Thomas Brolin, de Kennet y Patrik Andersson, y de Martin Dahlin, el primer europeo de piel oscura al que vi rompiéndola en un mundial. ¿Cómo olvidar la hazaña del tercer puesto que lograron?

Las siguientes décadas, a partir de la adolescencia, me dediqué a racionalizar ese amor. De la mano de Tage Erlander —primer ministro durante 23 años— , construyeron una socialdemocracia que combinó desarrollo industrial y altos niveles de igualdad y protección social. Su sucesor, Olof Palme, se plantó contra las dictaduras latinoamericanas, la guerra de Vietnam y el apartheid sudafricano. Convirtió así a Suecia en un imán para los que huían de la opresión y la persecución en sus países.

Primero fueron los refugiados latinoamericanos, luego los de las guerras de los balcanes — ¡como Zlatan Ibrahimovic! — , los de Afganistán, los de África Subsahariana, los de Irak, los de Turquía y los de Siria. Suecia llegó a tener el número de refugiados per cápita más alto de Europa. Un motivo de orgullo que, nobleza obliga, lleva una década de reacciones adversas a nivel social. Suecia también retrocedió en sus altísimos estándares de igualdad económica y avanzó en la privatización de la educación. Con todo, sigue ocupando los primeros lugares del mund, tanto a nivel social como económico. Así que estaré deseando que les vaya bien en el mundial y que vuelvan a votar a los socialdemócratas.

Los Países Bajos son, históricamente, más liberales. Tanto que se los nombra de maneras muy diversas. Holanda — como le solíamos decir — es solo una región geográfica compuesta por dos de sus doce provincias. Pero el problema de su denominación no termina ahí. Formalmente el Reino de los Países Bajos incluye también otros países: Sint Maarten, Aruba y Curazao (que también juega este mundial como hablamos en la entrega anterior). La respuesta verdaderamente neerlandesa a esa pregunta, probablemente, sea que cada uno lo puede nombrar como quiera.

La tradición neerlandesa de siglos es la amplia tolerancia social. Fue pionero en la descriminalización de las drogas y de la prostitución; en el reconocimiento pleno de las parejas del mismo sexo; y en la legalización de la eutanasia. Ese pluralismo se refleja en los 17 partidos que tienen actualmente representación parlamentaria. Claro que, como es casi una constante cuando hablamos de Europa, la inmigración está poniendo en crisis el modelo de tolerancia de vivir y dejar vivir que distinguió por siglos a este país de tradición protestante.

Su liberalismo es fundamentalmente económico y, en su búsqueda de expandir el comercio, incluso terminaron por construir un imperio colonial. Ejercieron un comercio sin reparos morales que incluyó el mayor intercambio de esclavos de todo occidente. En ese misma línea puede que nos resulte más familiar para los argentinos pensar que los mismos Países Bajos que abrieron sus brazos a los exiliados y que se hicieron eco de las denuncias por violaciones a los Derechos Humanos durante la última dictadura, fueron sus activos proveedores de armamento. Incluso hoy brindan una plataforma muy conveniente para la planificación impositiva de las grandes multinacionales que aprovechan su posición como miembro de la Unión Europea para tributar allí parte de lo que ganan en mercados como Francia y Alemania.

Sobre Japón es fácil caer en la tentación de los lugares comunes: disciplina, tecnología, trenes que llegan a horario, animé, sushi, y una cortesía social que a los argentinos nos parece casi ciencia ficción. Pero la historia del último siglo es mucho menos amable.

El pacifismo japonés no nació de la esencia cultural, ni de la aversión civilizatoria a la guerra; sino de la derrota, de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, y de la devastación incluso más amplia que las acompañó. La ocupación estadounidense incluso dio pie a una Constitución escrita bajo tutela externa, que obligó a Japón a renunciar a la guerra ofensiva. El país tercerizó su seguridad en Washington, lo cual apartó los fantasmas del antiguo imperialismo en Asia y le permitió abocarse a desarrollar una extraordinaria potencia industrial que lo llevarían a ser la economía de mayor crecimiento durante décadas — hasta los 80 del siglo pasado — .

El problema es que el mundo que hizo posible la rareza japonesa — potencia económica e impotencia militar — se está deshaciendo. Estados Unidos ya no parece tan dispuesto a garantizar el orden que construyó; China es una potencia mucho más grande y rica que Japón; Corea del Norte tiene armas nucleares; y Taiwán se volvió el punto más probable para el estallido de un conflicto global.

En ese contexto, Japón empezó a revisar los límites de su pacifismo constitucional. Reinterpretó el derecho de autodefensa, elevó sus metas de gasto militar, se integró más a la arquitectura estadounidense de contención de China, se acercó a Corea del Sur y acaba de flexibilizar sus reglas para exportar armamento letal. Un ejercicio que, aunque comprensible en términos defensivos, reaviva las memorias de la salvaje ocupación japonesa, especialmente en China.

Esta paradoja no escapará a los rivales suecos, que dejaron de lado doscientos años de neutralidad en los conflictos europeos — incluyendo toda la Guerra Fría — , para sumarse a la OTAN tras la invasión rusa de Ucrania. El mundo parece que se volvió imposible para los países pacíficos, con desarrollo industrial y fronteras calientes.

Contame, Zequi, si alguno de todos esos países te parece que merece especial atención. Para bien o para mal, claro.


Queridísimo Martín:

En Dallas los partidos van a ser con 35 grados en los hombros. Así que la clasificación va a estar tan peleada como densa. En ese marco te voy a hablar de Japón, una de las selecciones que más ha crecido en los últimos tiempos. Y como ya es costumbre, voy a arrancar por una historia que parece lejana. Ahí vamos…

El protagonista acababa de dimitir como secretario de Deportes del gobierno de Fernando Collor de Melo, 32° presidente constitucional de Brasil. Estaba retirado del profesionalismo. Su vida era el disfrute en Río de Janeiro — ¿podría haber sido diferente en ese lugar? — . Era 1991: no había celulares ni internet. Lo llamaron con un delirio y por cortesía aceptó la reunión.

Si yo fuera Zico viviría como él. Aquí, con 61 años, bailando con los integrantes de una Scola do Samba en Río de Janeiro el 13 de febrero de 2014. (AFP PHOTO /VANDERLEI ALMEIDA)

Un representante del club japónes Sumitomo Metal apareció con una propuesta: necesitaban una figura para hacer ruido y que la flamante J-League (Primera división de Japón) los aceptara como equipo. Diez años antes, en 1981, Flamengo había bailado al Liverpool en la Copa Intercontinental disputada en Tokio ante un estadio repleto de orientales. El 10 de los rubronegros había hecho flotar de emoción a una colectividad históricamente ajena al fútbol. Por eso se les ocurrió ir a buscar al brasileño Zico que, insólitamente, aceptó. A los 38, el enganche al que los cariocas ponen por encima de Pelé, apareció para sacudir otro mundo.

En 1968 habían dado un primer pasito en el planeta pelota obteniendo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Ciudad de México. Intenso y leve. Tras la creación de la J-League, la competencia comenzó a ordenarse. Como se replica en cada país, afianzar el torneo local organiza los melones del camión.

Con Zico, el club que lo fue a buscar logró ser aceptado en la J-League y cambió su nombre por Kashima Antlers. Su fama motivó a que otras instituciones ficharan estrellas como Gary Lineker o Michael Laudrup. Los Kashima Antlers obtuvieron la liga de 1993. El goleador del torneo fue Ramón Díaz, figura del Yokohama Marinos. Algo se estaba gestando, pero primero había que saber sufrir.

Su primera participación en la Copa del Mundo de la FIFA estuvo precedida por un palazo en la clasificación a Estados Unidos 94. En el último minuto del último partido de las eliminatorias, Irak le convirtió un gol y lo dejó afuera. El partido se había jugado en Catar y la literatura deportiva lo bautizó como La Agonía de Doha. La gloria aterrizó un puñado de años después en Malasia, frente a Irán. Victoria. Quedó en segundo lugar de Corea del Sur y se metió en Francia 98.

En Toulouse, una tarde francesa que era mañana argentina, Japón debutó en los mundiales contra el equipo de Daniel Alberto Pasarella. Mis padres, como todos buenos progenitores — sí, te hablo a vos, que no asumiste que en el Mundial se falta a la escuela y se gambetea el laburo — , compraron facturas y lo vimos en lo de mi abuelo.

Ortega arrancó por derecha y tocó con Simeone, una pared, el Burrito la dejó pasar, Hiroshi Namani se la llevó puesta, el rebote le quedó a Batistuta que se la picó en una baldosa a Yoshikatsu Kawaguchi: 1–0. Recién en el encuentro con Jamaica, el tercero, lograron convertir el primer grito de la historia de los mundiales.

Para 2002, el ciclo con Zico se cerró. El brasileño asumió como entrenador de la Selección en el climax de la historia nipona de la pelota. Resultaba un acontecimiento histórico: Japón organizaba un Mundial en alianza con Corea del Sur. Un boom económico y un teatro para presentar sus cartas hacia occidente.

Al finalizar la Copa, se estipulaba que los locales habían gastado 110 millones de dólares en alojamiento y 196 millones en alimentación, bebidas y viajes. Unas 360 mil personas habían viajado desde el exterior a verlo. De su lista de 23, apenas cuatro jugaban en Europa y el resto en la liga local. Yoshikatsu Kawaguchi en el Portsmouth y Hidetoshi Nakata en el Parma funcionaban como referentes. El empuje les abrió la puerta a los primeros octavos de final. Cayeron ante Turquía, que llegó a semifinal.

Si para abrir las puertas al fútbol hizo falta importar apellidos, para crecer había que exportar la propia materia prima. Lograr que sus deportistas ingresaran en el circuito de mercancías del fútbol mundial. Hasta la aparición en 1981 de la serie Captain Tsubasa — conocida por todos nosotros como Supercampeones — , Japón no había pisado fuerte en la cultura de las gambetas.

Este 2026, en Estados Unidos aterrizan con talentos de calibre: Takehiro Tomiyasu (Ajax), Hiroki Ito (Bayern Munich), Wataru Endo (Liverpool) o Takefusa Kubo (Real Sociedad). Perdió por lesión a Takumi Minamo (Mónaco) y a Kaoru Mitoma (Brighton). Sus resultados en el último año son notables: seis victorias al hilo, la última a Inglaterra en Wembley. El gol es un contragolpe alucinante al que Mitoma concluye con el pie abierto sobre el arco de Jordan Pickford. El sopapo resultó tan grande que, tras ese encuentro, Thomas Tuchel concluyó sacar de la convocatoria al Mundial a Phil Foden y Cole Palmer.

Su apuesta sobre la exportación de talentos se despliega por todos los márgenes. El 1 de marzo, en Argentinos Juniors, clavó un golazo Ryoga Kida, un japonés que arribó a préstamo desde Nagoya. River Plate estableció un acuerdo hace dos años con la Asociación Japonesa de Fútbol (AJF). Es un programa en el que envían cuatro jóvenes a diversos clubes del mundo para que se formen, vivan en la pensión y se entrenen a la par de las inferiores. La experiencia marca que crecieron en masa muscular, en hábitos alimenticios y en comprensión de toma de decisiones en el campo. Lo hicieron con Ajax y con Olympique de Marsella, entre otros.

Blue Lock es un manga y animé que brilló en el mundo. En 2023, escaló al top de ventas. Es una serie de ficción que indaga en la formación del mejor delantero del mundo. Un cuello de botella meritocrático: quienes triunfan siguen y quienes fallan no pueden nunca más jugar en la Selección de Japón. Amparándose en el fenómeno, la AJF lanzó un campamento de scouting para agosto en California. El objetivo es reclutar los talentos desperdigados por el mundo y sumarlos a las selecciones nacionales.

Como un músculo que se trabaja, Japón avanza en el tiempo con un juego asociativo y el desafío entre ceja y ceja. Hajime Moriyasu conducirá a un combinado en busca de la hazaña de los cuartos de final. De afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera. Los japoneses aguardan agazapados el momento de dar el golpe.

Si tengo que hacer pronóstico, mis fichas para el pase de ronda van especialmente para Países Bajos y Japón. El tercer puesto se lo dejo a tu amor irracional sueco.

¿Seguimos el martes con el Grupo G?

Abrazo

Zequi

Cuando estoy triste, cierro los ojos y me imagino en un estadio. El fútbol es un medio de comunicación. Aprendí a escribir leyendo periodismo deportivo y a sumar armando el Gran DT. No es que el resto no me importe, es que el resto cabe dentro de una pelota. Soy periodista desde 2009. Soy analista de fútbol desde 2021.

Es abogado, especializado en relaciones internacionales. Hasta 2023, fue subsecretario de Asuntos Internacionales de la Secretaria de Asuntos Estratégicos de la Nación. Antes fue asesor en asuntos internacionales del Ministerio de Desarrollo Productivo. Escribió sobre diversas cuestiones relativas a la coyuntura internacional y las transformaciones del sistema productivo en medios masivos y publicaciones especializadas. Columnista en Un Mundo de Sensaciones, en Futurock.