Grupo E: Alemania ante la vergüenza de haber sido
Tras el campeonato de 2014, los bávaros no volvieron a pasar una primera fase. Ecuador y Costa de marfil le pelean la casificación. ¿Por Curazao cómo andamos?
Queridísimo Martín:
Vamos a empezar al revés. Mi apuesta esta vez es Alemania y Ecuador. Hay algo en los entrenadores de ambas selecciones que motivan. Vamos paso a paso. Primero, el alemán…
Podría haber sonado algo irrespetuoso. Les dijo esas palabras tan en caliente como seguro al diario Der Spiegel. Había pasado un año de aquel fatídico minuto 83 en el que Takuma Asano convirtió el 2–1 para Japón que dio vuelta el juego y los envió de regreso a casa en primera ronda por segundo Mundial consecutivo. El escenario entonces era aún peor. Acababan de perder contra Austria un amistoso por 3–2. Acelerando en la curva, Julian Nagelsmann, el entrenador más joven de la historia del país, ladró lo que muchos pensaban: “Tenemos que olvidarnos de nuestro pedigree. Nos creemos que Alemania es una gran potencia futbolística cuando venimos de años de fracasos”.
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Nagelsmann ahora tiene 38 años. Va a dirigir su primer mundial. A los veinte, una sucesión de suturas en la rodilla lo empujaron al retiro. Jugaba en el Augsburg de la Bundesliga que conducía Tomas Tuchel — actual DT de Inglaterra — , quien entonces le propuso sumarse a su cuerpo técnico para analizar rivales y hacer informes. Le tocó una fibra que aún no percibía desarrollada.
¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te pedimos que nos des una mano para seguir.
SumateComenzó en el fútbol juvenil e hizo ruido al ganar el sub-19 con el Hoffenheim. La historia se volvió una película norteamericana. El equipo al borde del descenso, dos victorias en veinte partidos. El entrenador Hubb Stevens se infartó y la cadena de sucesión lo ubicó ahí: 7 victorias en 14 partidos. El equipo resucitó.
El ascenso de su carrera resultó meteórico. Cuarto puesto con el Hoffenheim y clasificación a copas internacionales. Traspaso al Red Bull Leipzig e ingreso a Champions League alcanzando la semifinal de la edición 2020 — la de la pandemia — . Arribo al Bayern Munich. De ahí, a ser nombrado en la Selección de Alemania con apenas 36 años.
Cognitivo: Perteneciente o relativo al conocimiento.
Esa es su palabra clave. Nagelsmann partió de la base de que físicamente no había mucho margen de mejora en un futbolista de élite: “Donde sí podemos (crecer) es en el potencial mental. Muchas áreas mentales aún no se utilizan durante el juego. Se trata de aumentar la capacidad de procesar informaciones, seleccionar qué es importante y tomar las decisiones adecuadas”. Su imposición posee un contexto. Luego de la Eurocopa del 2000, la Federación de Alemania publicó un documento en el que solicitaba a las instituciones deportivas que modificaran su metodología. Querían que salieran del entrenamiento de mentalidad y de físico fuerte y que aumentaran el trabajo de comprensión del juego.
La tesis de Nagelsmann profundizaba en la idea de no jugar pensando en las zonas de influencia de la pelota. Usar la amplitud de la cancha. Moverse a contracorriente. No acercarse a las marcas, sino alejarse. Hacer lo contrario a lo que el rival espera.
La base de su trabajo reside en el entrenamiento. Por un lado, en la comprensión a través de imágenes. Por el otro, en utilizar “provocaciones”: alterar espacios, colores, cantidad de arqueros; en establecer un número de toques limitado; en variar la cantidad de futbolistas o utilizar comodines que jueguen para ambos equipos. El objetivo es complejizar la toma de decisiones para que el día de partido, en 11 vs 11, resulte más sencillo.
Desde el entendimiento del juego también modificó el entrenamiento físico. Incorporó herramientas del boxeo. Porque su idea se cimentaba en la cercanía de algunos futbolistas para dar pases en poca distancia y para recuperar rápidamente la pelota. Pretendía aumentar las prácticas en pequeños segmentos de esfuerzo: intervalos de aceleración y de freno. Toco, voy hacia adelante y descanso.
Los resultados en la Selección no florecieron rápidamente, pero decidieron respaldarlo. En la Eurocopa 2024, siendo locales, cayeron en cuartos de final contra España. En la Liga de las Naciones de 2025, Portugal lo venció 2–1 en semifinales y cayó en el juego por el tercer puesto contra Francia. Aunque luego levantó: entre amistosos y Eliminatorias, arrastra ocho victorias seguidas.
La cercanía al Mundial le puso espesa la historia. Su lista de convocados posee rarezas por las que lo critican: desde el regreso de Manuel Neuer al arco — con 40 años — ; hasta la llegada de Said El Mala, un joven atacante de 19 años del FC Koln que nunca antes fue llamado.
La presión parece asfixiante. El fútbol alemán pretende una resurrección. Durante décadas funcionó como la mejor selección de Europa. Pero las cosas cambiaron. España y Francia le quitaron ese lugar.
En 1990, tras caer en la semifinales, el inglés Gary Lineker dejó una frase para la historia: “El fútbol es un juego de once contra once en el que siempre gana Alemania”. Hace tiempo que eso no ocurre. La revolución de Nagelsmann viene a por ello.
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Prendidísimo fuego, Zequi. Me dieron hasta ganas de entrenar con el método Nagelsmann.
Si en el fútbol hablamos solo de una crisis y una gran revolución, más difícil es contar cuántas veces debió reinventarse Alemania como país en los últimos cien años. Del imperio vencido en la Primera Guerra Mundial a la República, el caos, la hiperinflación y la hiper-recesión. Luego la barbarie metódica del nazismo y el genocidio industrializado. El país dividido en el este y el oeste, la reunificación y el liderazgo europeo. Son cinco países distintos en menos de un siglo.
Hoy Alemania se encuentra en la disyuntiva de llevar a cabo una nueva reinvención, o de fundirse en la irrelevancia y arrastrar a Europa con ella si sencillamente se deja llevar por la inercia. La economía alemana, desde la pandemia, es una lágrima como consecuencia de sus propias decisiones. Un país que apostó todo a su industria y la puso a merced de una asociación energética con Rusia, que proveía gas barato y compraba productos de alta tecnología.
El gas ruso le permitió hasta darse el lujo de cerrar sus centrales nucleares — energías limpias — y reducir hasta el mínimo su consumo de carbón — la fuente de energía más contaminante — como parte de una agenda impulsada por el muy potente movimiento ambientalista sin resignar crecimiento económico. El esquema duró hasta la invasión de Ucrania, que devolvió la guerra al corazón de Europa y puso en evidencia los problemas de depender de Rusia para su estrategia energética y productiva.
No fue el único segmento de la estrategia alemana que voló por los aires con la invasión de Ucrania. Las huellas del nazismo y de la expansión continental agresiva que culminó en la Segunda Guerra Mundial dieron pie a un arreglo destinado a permitir a Alemania recuperarse sin arriesgar una repetición de la historia entonces reciente. El país fue desmembrado.
A la parte occidental se le permitió reconstituirse económicamente — con préstamos, e inversiones privadas — , pero tuvo que dejar su defensa en manos del patronazgo estadounidense. Eso implicó delegar en la OTAN su escudo frente a la Unión Soviética y, en general, gestionar unas Fuerzas Armadas mucho más pequeñas de lo que sugeriría el tamaño y la importancia del país. Como dato vale mencionar que es el único entre las grandes potencias europeas que no tiene armas nucleares.
El comportamiento de Trump en Ucrania — donde parece estar más cerca de Rusia que de los intereses europeos — generó en Berlín una certeza: Estados Unidos ya no es un actor confiable para que Alemania garantice su seguridad. Por lo tanto debe reinventar la estrategia. Por ahora, más que volver a las fantasías imperiales, están buscando una integración más profunda con Francia y — en menor medida — con el Reino Unido. La idea es diseñar una defensa europea con su propio paraguas nuclear. Los avances son lentos y timoratos.
El último componente que alimenta el estancamiento alemán es la obsesión por la austeridad. La idea de que la hiperinflación hace temblar países y que fue lo que dio lugar al ascenso de Hitler sigue presente en el inconsciente de la élite alemana. Por eso, al parecer, desarrolló una obsesión casi irracional por el orden fiscal que no tiene paralelo en ninguna economía de su tamaño.
Esa impronta, además, fue exportada a la Unión Europea. El problema es menor cuando la economía crece y la industria lleva de la mano al país. Pero en tiempos de recesión y reformulación — donde hay que levantar una economía que lleva casi un lustro sin crecer, aumentar el gasto militar y renovar infraestructuras envejecidas — , aprovechar el enorme margen de endeudamiento tiene mucho más sentido que insistir con recortes. Porque si no se reinventa, va a ser la recesión y el estancamiento — no la hiperinflación — , lo que termine de revivir los fantasmas del pasado.
Volviendo al fútbol: además de Alemania, me dijiste que te gustaba Ecuador. ¿Qué le ves que te traiga esas certezas y que no tengan los marfileños? Al país le vendría bien una alegría en medio de una crisis que se ha vuelto perpetua y se refuerza de forma circular.
La economía dolarizada es totalmente incapaz de absorber shocks externos. Ya desde el final del gobierno de Rafael Correa, hace casi diez años, el país se encuentra inmerso en un intríngulis económico que con sus sucesores se convirtió en crisis.
El gobierno no puede devaluar el dólar ni emitir moneda, por lo que cada vez que los precios del petróleo no acompañan, debe recortar sueldos y gastos o endeudarse. Con Lenin Moreno, esos problemas se convirtieron en un doom loop que se mantiene hasta hoy. Con los mercados cerrados, recurrió al Fondo Monetario Internacional, que a su vez informó un programa de recorte del gasto que empobreció tanto a la población como los servicios del Estado.
El esquema fue profundamente desestructurante para un país con salida al Pacífico, ubicado entre Perú y Colombia, dos de los grandes productores de cocaína del mundo. Ecuador se convirtió en campo de disputa de bandas narcos inmersas en el esquema de suministros que deben garantizar que la mercadería vaya desde los países productores a México y América Central y, de ahí, a los Estados Unidos.
En ese contexto, el florecimiento de propuestas de mano dura como la del actual presidente Daniel Noboa, prosperan con una facilidad que termina por legitimar el autoritarismo como única fórmula para gestionar el estado. Una realidad triste sin una mejora obvia a la vista. Ojalá el fútbol les de algo distinto. Convenceme.
Epígrafe: NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, ENERO 1:El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, decretó un nuevo “estado de excepción” focalizado por 60 días en nueve provincias y tres cantones (municipios) del país, por la “grave conmoción interna” provocada por el incremento de la violencia criminal, confirmó hoy la prensa local. FOTO NA: ARCHIVO (Xinhua/Ricardo Landeta)
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No buscaré torcer tu opinión, estimado Martín, pero te diré qué es lo que me entusiasma del entrenador ecuatoriano. Seguime en el razonamiento.
Hay seis selecciones sudamericanas que irán al Mundial. Salvo Brasil, que es conducida por un italiano (¡qué distópico suena eso!), las otras estarán al mando de un técnico nacido en nuestra tierra. Argentina tiene a Lionel Scaloni. Colombia, a Néstor Lorenzo. Uruguay, a Marcelo Bielsa. Paraguay, a Gustavo Alfaro. Y Ecuador, a Sebastián Beccacece.
Los ecuatorianos estuvieron en Catar 2022 de la mano de El Cazador (a quien le dedicamos el envío anterior). Su puesto lo heredó el rosarino Beccacece, que disputará su tercer mundial: antes acompañó como segundo entrenador a Jorge Sampaoli en 2014 (con Chile) y en 2018 (con Argentina). Su último partido de eliminatorias fue una victoria contra los campeones del mundo. Resultó un espaldarazo: acumulaba cinco 0 a 0 seguidos. Pólvora mojada en ataque y manos sagradas de Hernán Galíndez, actual arquero de Huracán.
Las otras dos selecciones del grupo son particulares. Curazao se clasificó al Mundial en una eliminatoria con menor competitividad: Estados Unidos, Canadá y México no participaron del torneo de la Concacaf que definía las plazas de los países de América del Norte por ser anfitriones.
Costa de Marfil tampoco se lució para sacar sus pasajes. No hizo ni una gran Copa África ni una buena Eliminatoria. Pero tiene, de todas maneras, a algunos futbolistas en los mejores equipos de Europa. Anoten estos nombres:
- Yan Diomande, 19 años, extremo del Leipzig, valuado en 75 millones de euros.
- Ousmane Diomande — sin filiación sanguínea con el anterior — , 22 años, defensor del Sporting Lisboa.
- Amad Diallo, 23 años, extremo del Manchester United.
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Queridísimo Martín:
Vamos a empezar al revés. Mi apuesta esta vez es Alemania y Ecuador. Hay algo en los entrenadores de ambas selecciones que motivan. Vamos paso a paso. Primero, el alemán…
Podría haber sonado algo irrespetuoso. Les dijo esas palabras tan en caliente como seguro al diario Der Spiegel. Había pasado un año de aquel fatídico minuto 83 en el que Takuma Asano convirtió el 2–1 para Japón que dio vuelta el juego y los envió de regreso a casa en primera ronda por segundo Mundial consecutivo. El escenario entonces era aún peor. Acababan de perder contra Austria un amistoso por 3–2. Acelerando en la curva, Julian Nagelsmann, el entrenador más joven de la historia del país, ladró lo que muchos pensaban: “Tenemos que olvidarnos de nuestro pedigree. Nos creemos que Alemania es una gran potencia futbolística cuando venimos de años de fracasos”.
Joshua Kimmich abrazado por el DT Julian Nagelsmann tras la derrota en cuartos de final de la Eurocopa ante España el viernes 5 de junio del 2024. (AP Foto/Matthias Schrader)
Nagelsmann ahora tiene 38 años. Va a dirigir su primer mundial. A los veinte, una sucesión de suturas en la rodilla lo empujaron al retiro. Jugaba en el Augsburg de la Bundesliga que conducía Tomas Tuchel — actual DT de Inglaterra — , quien entonces le propuso sumarse a su cuerpo técnico para analizar rivales y hacer informes. Le tocó una fibra que aún no percibía desarrollada.
Comenzó en el fútbol juvenil e hizo ruido al ganar el sub-19 con el Hoffenheim. La historia se volvió una película norteamericana. El equipo al borde del descenso, dos victorias en veinte partidos. El entrenador Hubb Stevens se infartó y la cadena de sucesión lo ubicó ahí: 7 victorias en 14 partidos. El equipo resucitó.
El ascenso de su carrera resultó meteórico. Cuarto puesto con el Hoffenheim y clasificación a copas internacionales. Traspaso al Red Bull Leipzig e ingreso a Champions League alcanzando la semifinal de la edición 2020 — la de la pandemia — . Arribo al Bayern Munich. De ahí, a ser nombrado en la Selección de Alemania con apenas 36 años.
Cognitivo: Perteneciente o relativo al conocimiento.
Esa es su palabra clave. Nagelsmann partió de la base de que físicamente no había mucho margen de mejora en un futbolista de élite: “Donde sí podemos (crecer) es en el potencial mental. Muchas áreas mentales aún no se utilizan durante el juego. Se trata de aumentar la capacidad de procesar informaciones, seleccionar qué es importante y tomar las decisiones adecuadas”. Su imposición posee un contexto. Luego de la Eurocopa del 2000, la Federación de Alemania publicó un documento en el que solicitaba a las instituciones deportivas que modificaran su metodología. Querían que salieran del entrenamiento de mentalidad y de físico fuerte y que aumentaran el trabajo de comprensión del juego.
La tesis de Nagelsmann profundizaba en la idea de no jugar pensando en las zonas de influencia de la pelota. Usar la amplitud de la cancha. Moverse a contracorriente. No acercarse a las marcas, sino alejarse. Hacer lo contrario a lo que el rival espera.
La base de su trabajo reside en el entrenamiento. Por un lado, en la comprensión a través de imágenes. Por el otro, en utilizar “provocaciones”: alterar espacios, colores, cantidad de arqueros; en establecer un número de toques limitado; en variar la cantidad de futbolistas o utilizar comodines que jueguen para ambos equipos. El objetivo es complejizar la toma de decisiones para que el día de partido, en 11 vs 11, resulte más sencillo.
Desde el entendimiento del juego también modificó el entrenamiento físico. Incorporó herramientas del boxeo. Porque su idea se cimentaba en la cercanía de algunos futbolistas para dar pases en poca distancia y para recuperar rápidamente la pelota. Pretendía aumentar las prácticas en pequeños segmentos de esfuerzo: intervalos de aceleración y de freno. Toco, voy hacia adelante y descanso.
Los resultados en la Selección no florecieron rápidamente, pero decidieron respaldarlo. En la Eurocopa 2024, siendo locales, cayeron en cuartos de final contra España. En la Liga de las Naciones de 2025, Portugal lo venció 2–1 en semifinales y cayó en el juego por el tercer puesto contra Francia. Aunque luego levantó: entre amistosos y Eliminatorias, arrastra ocho victorias seguidas.
La cercanía al Mundial le puso espesa la historia. Su lista de convocados posee rarezas por las que lo critican: desde el regreso de Manuel Neuer al arco — con 40 años — ; hasta la llegada de Said El Mala, un joven atacante de 19 años del FC Koln que nunca antes fue llamado.
La presión parece asfixiante. El fútbol alemán pretende una resurrección. Durante décadas funcionó como la mejor selección de Europa. Pero las cosas cambiaron. España y Francia le quitaron ese lugar.
En 1990, tras caer en la semifinales, el inglés Gary Lineker dejó una frase para la historia: “El fútbol es un juego de once contra once en el que siempre gana Alemania”. Hace tiempo que eso no ocurre. La revolución de Nagelsmann viene a por ello.
Prendidísimo fuego, Zequi. Me dieron hasta ganas de entrenar con el método Nagelsmann.
Si en el fútbol hablamos solo de una crisis y una gran revolución, más difícil es contar cuántas veces debió reinventarse Alemania como país en los últimos cien años. Del imperio vencido en la Primera Guerra Mundial a la República, el caos, la hiperinflación y la hiper-recesión. Luego la barbarie metódica del nazismo y el genocidio industrializado. El país dividido en el este y el oeste, la reunificación y el liderazgo europeo. Son cinco países distintos en menos de un siglo.
Hoy Alemania se encuentra en la disyuntiva de llevar a cabo una nueva reinvención, o de fundirse en la irrelevancia y arrastrar a Europa con ella si sencillamente se deja llevar por la inercia. La economía alemana, desde la pandemia, es una lágrima como consecuencia de sus propias decisiones. Un país que apostó todo a su industria y la puso a merced de una asociación energética con Rusia, que proveía gas barato y compraba productos de alta tecnología.
El gas ruso le permitió hasta darse el lujo de cerrar sus centrales nucleares — energías limpias — y reducir hasta el mínimo su consumo de carbón — la fuente de energía más contaminante — como parte de una agenda impulsada por el muy potente movimiento ambientalista sin resignar crecimiento económico. El esquema duró hasta la invasión de Ucrania, que devolvió la guerra al corazón de Europa y puso en evidencia los problemas de depender de Rusia para su estrategia energética y productiva.
No fue el único segmento de la estrategia alemana que voló por los aires con la invasión de Ucrania. Las huellas del nazismo y de la expansión continental agresiva que culminó en la Segunda Guerra Mundial dieron pie a un arreglo destinado a permitir a Alemania recuperarse sin arriesgar una repetición de la historia entonces reciente. El país fue desmembrado.
A la parte occidental se le permitió reconstituirse económicamente — con préstamos, e inversiones privadas — , pero tuvo que dejar su defensa en manos del patronazgo estadounidense. Eso implicó delegar en la OTAN su escudo frente a la Unión Soviética y, en general, gestionar unas Fuerzas Armadas mucho más pequeñas de lo que sugeriría el tamaño y la importancia del país. Como dato vale mencionar que es el único entre las grandes potencias europeas que no tiene armas nucleares.
El comportamiento de Trump en Ucrania — donde parece estar más cerca de Rusia que de los intereses europeos — generó en Berlín una certeza: Estados Unidos ya no es un actor confiable para que Alemania garantice su seguridad. Por lo tanto debe reinventar la estrategia. Por ahora, más que volver a las fantasías imperiales, están buscando una integración más profunda con Francia y — en menor medida — con el Reino Unido. La idea es diseñar una defensa europea con su propio paraguas nuclear. Los avances son lentos y timoratos.
El último componente que alimenta el estancamiento alemán es la obsesión por la austeridad. La idea de que la hiperinflación hace temblar países y que fue lo que dio lugar al ascenso de Hitler sigue presente en el inconsciente de la élite alemana. Por eso, al parecer, desarrolló una obsesión casi irracional por el orden fiscal que no tiene paralelo en ninguna economía de su tamaño.
Esa impronta, además, fue exportada a la Unión Europea. El problema es menor cuando la economía crece y la industria lleva de la mano al país. Pero en tiempos de recesión y reformulación — donde hay que levantar una economía que lleva casi un lustro sin crecer, aumentar el gasto militar y renovar infraestructuras envejecidas — , aprovechar el enorme margen de endeudamiento tiene mucho más sentido que insistir con recortes. Porque si no se reinventa, va a ser la recesión y el estancamiento — no la hiperinflación — , lo que termine de revivir los fantasmas del pasado.
Volviendo al fútbol: además de Alemania, me dijiste que te gustaba Ecuador. ¿Qué le ves que te traiga esas certezas y que no tengan los marfileños? Al país le vendría bien una alegría en medio de una crisis que se ha vuelto perpetua y se refuerza de forma circular.
La economía dolarizada es totalmente incapaz de absorber shocks externos. Ya desde el final del gobierno de Rafael Correa, hace casi diez años, el país se encuentra inmerso en un intríngulis económico que con sus sucesores se convirtió en crisis.
El gobierno no puede devaluar el dólar ni emitir moneda, por lo que cada vez que los precios del petróleo no acompañan, debe recortar sueldos y gastos o endeudarse. Con Lenin Moreno, esos problemas se convirtieron en un doom loop que se mantiene hasta hoy. Con los mercados cerrados, recurrió al Fondo Monetario Internacional, que a su vez informó un programa de recorte del gasto que empobreció tanto a la población como los servicios del Estado.
El esquema fue profundamente desestructurante para un país con salida al Pacífico, ubicado entre Perú y Colombia, dos de los grandes productores de cocaína del mundo. Ecuador se convirtió en campo de disputa de bandas narcos inmersas en el esquema de suministros que deben garantizar que la mercadería vaya desde los países productores a México y América Central y, de ahí, a los Estados Unidos.
En ese contexto, el florecimiento de propuestas de mano dura como la del actual presidente Daniel Noboa, prosperan con una facilidad que termina por legitimar el autoritarismo como única fórmula para gestionar el estado. Una realidad triste sin una mejora obvia a la vista. Ojalá el fútbol les de algo distinto. Convenceme.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, decretó cinco toques de queda en su país desde que asumió en noviembre de 2023. FOTO NA: ARCHIVO (Xinhua/Ricardo Landeta)
No buscaré torcer tu opinión, estimado Martín, pero te diré qué es lo que me entusiasma del entrenador ecuatoriano. Seguime en el razonamiento.
Hay seis selecciones sudamericanas que irán al Mundial. Salvo Brasil, que es conducida por un italiano (¡qué distópico suena eso!), las otras estarán al mando de un técnico nacido en nuestra tierra. Argentina tiene a Lionel Scaloni. Colombia, a Néstor Lorenzo. Uruguay, a Marcelo Bielsa. Paraguay, a Gustavo Alfaro. Y Ecuador, a Sebastián Beccacece.
Los ecuatorianos estuvieron en Catar 2022 de la mano de El Cazador (a quien le dedicamos el envío anterior). Su puesto lo heredó el rosarino Beccacece, que disputará su tercer mundial: antes acompañó como segundo entrenador a Jorge Sampaoli en 2014 (con Chile) y en 2018 (con Argentina). Su último partido de eliminatorias fue una victoria contra los campeones del mundo. Resultó un espaldarazo: acumulaba cinco 0 a 0 seguidos. Pólvora mojada en ataque y manos sagradas de Hernán Galíndez, actual arquero de Huracán.
Las otras dos selecciones del grupo son particulares. Curazao se clasificó al Mundial en una eliminatoria con menor competitividad: Estados Unidos, Canadá y México no participaron del torneo de la Concacaf que definía las plazas de los países de América del Norte por ser anfitriones.
Costa de Marfil tampoco se lució para sacar sus pasajes. No hizo ni una gran Copa África ni una buena Eliminatoria. Pero tiene, de todas maneras, a algunos futbolistas en los mejores equipos de Europa. Anoten estos nombres:
- Yan Diomande, 19 años, extremo del Leipzig, valuado en 75 millones de euros.
- Ousmane Diomande — sin filiación sanguínea con el anterior — , 22 años, defensor del Sporting Lisboa.
- Amad Diallo, 23 años, extremo del Manchester United.
Querido Zequi,
Gracias por el panorama. Voy armándome el mapa. Te voy a ser sincero, entre los jugadores de primera línea y mi memoria de viejo choto que todavía piensa en el enorme Didier Drogba, le tengo más fe a Costa de Marfil que a Ecuador, aunque lo veo peleado.
También veo a un Curazao volviéndose a casa zapatero — sin puntos — , así que podría salir de este grupo alguno de los mejores terceros que juegan dieciseisavos. Curazao en el mundial es como Escocia pero sin la tradición deportiva. Quiero decir: no es ni siquiera un país soberano. Es parte del Reino de los Países Bajos, que como si fuera poco tienen una enorme tradición de integración de la cultura caribeña — también en el fútbol– en su sociedad.
La relación tiene una historia complicada, marcada por la esclavitud y la explotación colonial. Hoy, sin embargo, la independencia parece estar lejos de los anhelos de una isla que es relativamente rica y a la que los neerlandeses le garantizan la seguridad y le permiten funcionar como refugio fiscal para quienes huyen de los impuestos.
En Costa de Marfil, Alassanne Outtara asumió en diciembre su cuarto mandato. Con un sistema formalmente democrático, Outtara obtuvo en los papeles cerca del 90% de los votos. Aunque hay que decir que en la elección no se permitió competir a los principales candidatos opositores. A nadie le importa demasiado, porque Outtara es el aliado más confiable de Francia y de occidente en África Occidental. Como para tantos otros en la región, el fútbol es un lugar potente de construcción de legitimidad.
Dejemos acá por hoy y pasemos al grupo F, que lo veo muy parejo y necesito tiempo para estudiar. Nos escribimos el sábado.
Martín