Fotogalería | El peso del silencio
En Comallo, la salud sexual y (no) reproductiva está condicionada por la geografía, pero también por las mujeres del pueblo que funcionan donde el Estado no está.
En un pueblo de 1500 habitantes todos se conocen pero en especial todos las conocen a ellas: ocho mujeres que sostienen la agrupación Ni Una Menos Comallo, que acompaña denuncias por violencia de género, sigue procesos judiciales y orienta consultas sobre interrupción legal y voluntaria del embarazo.
Comallo está sobre la Ruta Nacional 23, en la Región Sur de Río Negro, a unos 120 kilómetros de San Carlos de Bariloche. La vida transcurre con calma, entre vínculos familiares cercanos, tradiciones rurales y una fuerte presencia de iglesias evangélicas. Gran parte de la población se reconoce hoy como “gaucha” y cristiana. En ese contexto social y cultural, hablar de sexualidad sigue siendo incómodo. Muchas veces, directamente, no se habla.
Pero sí se habla con ellas. “Como todas ocupamos roles públicos –somos docentes, profesionales, una fue directora de la escuela– respetan nuestra presencia cuando acompañamos”, cuenta una de las integrantes del grupo NI Una Menos, que nació en 2015 a la par del movimiento nacional.
El acompañamiento empieza muchas veces con una pregunta, un mensaje o una conversación en confianza. Pero también implica estar presentes en los momentos más difíciles: ir juntas al hospital, a la comisaría, al juzgado de paz u otros organismos. En un pueblo chico, la figura de la acompañante puede marcar la diferencia entre recibir un trato digno o enfrentar la situación en soledad.
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SumateEl hospital
El hospital rural “Doctora Nelly B. Crobatto” es la principal puerta de entrada al sistema de salud en la zona. No tiene especialistas en ginecología ni obstetricia. Esas consultas llegan, en general, una vez por mes, cuando profesionales viajan desde Bariloche.
Pero acceder a la salud sexual y (no) reproductiva no depende sólo de la disponibilidad de profesionales. En un pueblo pequeño la decisión de acudir a las instituciones para ejercer un derecho queda condicionada por el qué dirán. “Hay mucho silencio alrededor de la sexualidad”, dice Silvana Hernández, docente e integrante de Ni Una Menos.
¿Cómo acceden entonces las mujeres de Comallo a atenciones, educación y acompañamiento en salud sexual y (no) reproductiva? El dinero marca la diferencia: quienes tienen obra social o recursos económicos suelen viajar a San Carlos de Bariloche para atenderse en el sistema de salud privado.
Para quienes dependen exclusivamente del sistema público, los tiempos son otros: un turno para estudios de rutina (PAP, mamografía o consultas ginecológicas) puede tardar más de tres meses, luego de la derivación desde el hospital local.
Otra opción es viajar a Ingeniero Jacobacci, a unos 90 kilómetros. Allí dos ginecólogos atienden entre 3000 y 5000 mujeres y personas con capacidad de gestar de una extensa zona rural. La consulta puede durar apenas unos minutos, pero el viaje implica, muchas veces, dedicar todo el día.
Identidad mapuche
El silencio también aparece cuando se habla de identidad mapuche en Comallo. A diferencia de las comunidades que viven en los territorios y hoy fortalecen públicamente esa pertenencia, en el pueblo el tema sigue siendo incómodo o queda fuera de la conversación.
Sin embargo, muchas mujeres –aún sin reconocerse mapuche– sostienen prácticas de cuidado vinculadas a ese conocimiento; el uso de plantas medicinales, transmitido entre generaciones, sigue formando parte de la vida cotidiana.
Ivi Fernández, una de las integrantes de Ni Una Menos Comallo, pertenece a una familia que siempre ha hecho infusiones y ungüentos aprendidos en la cultura mapuche. Para ella no hay dudas de que, frente a la falta de acceso a la atención primaria en salud sexual y (no) reproductiva, muchas veces el alivio llega a través del lawen: plantas, animales y otros elementos de la naturaleza utilizados con fines curativos.
Alrededor de Comallo se extiende una amplia zona rural de difícil acceso, especialmente en invierno, cuando los caminos se congelan y las temperaturas pueden descender hasta los 20 grados bajo cero. En esos parajes funcionan postas sanitarias a las que los equipos de salud llegan mediante operativos itinerantes.
Poder cuidarse
Durante mucho tiempo, para acceder a preservativos o anticoncepción de emergencia en el hospital o en la obra social IPROSS era necesario registrar nombre y apellido. Para muchas personas, en un pueblo donde todos se conocen, ese requisito funcionaba como un obstáculo. Después de los reclamos de Ni Una Menos Comallo, el hospital colocó un dispensador de preservativos fuera del edificio, para facilitar el acceso anónimo. Hoy el dispensario está vacío.








Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.