En Neuquén, las parteras no sólo acompañan partos, también decisiones 

Desde 2023, las obstétricas de la provincia están autorizadas a recetar misoprostol y mifepristona, y hoy son ellas quienes sostienen el acceso a la IVE.

El pasillo es angosto. A la derecha están los bancos y a la izquierda los consultorios. Desde la ventana se ve el estacionamiento de las ambulancias. Hay personas paradas y cuando alguien se levanta sabe que perderá el lugar. Una chica camina despacio, observa y pregunta: “¿A dónde hay que anotarse?”. Desde uno de los asientos le entregan papel y lapicera. Escribe y devuelve. Es lunes en la ciudad de Neuquén y el reloj marca las 13.38. Se abre una de las puertas.

— ¿Para diagnóstico prenatal?, ¿para genética?

Nadie entra. Se abre otra.

— Para TeA ¿hay alguna lista ya?

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

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Se la acercan.

Una mujer, alejada de la situación pero pispeando, murmura: “Esa es de otra cosa”.

La otra cosa son los abortos.

Tratar bien

En el segundo piso del hospital Castro Rendón, el de mayor complejidad del sistema público de salud de la provincia, funciona el consultorio TeA (te acompañamos), en la puerta 25. Dos días por semana: lunes desde las 14 y viernes a partir de las 12. Atienden por orden de llegada, como máximo diez personas. Cuentan con un ecógrafo para constatar la edad gestacional y las usuarias se llevan la orden para la medicación.

— Saben que tienen que venir muy temprano. Se anotan, ellas mismas hacen su listita. Conocen de memoria el ritmo del consultorio.

Laura De la Torre es la única obstétrica del TeA. Afirma que le gusta estar “en el embarazo, a full, hasta el fin y en la interrupción a full, hasta el fin”.

— Yo miro a la mujer y me adapto a los deseos y al derecho de esa mujer, y de lo que quiere. Como profesional me adapto y continúo en el acompañamiento.

En Neuquén, desde diciembre de 2023, las parteras están autorizadas por el Ministerio de Salud de la provincia a recetar misoprostol y mifepristona, que se usan para los abortos voluntarios hasta la semana 14 de gestación. Están dentro del vademécum obstétrico. La Ley N°2.731, que regula el ejercicio local de la actividad, establece que podrán prescribir “fármacos de su competencia”.

Laura de la Torre es obstétrica del consultorio de TeA en Castro Rendón. Acompaña tanto embarazos como interrupciones. “Yo me adapto al deseo y al derecho de esa mujer”, asegura.  Foto: Matías Subat para Punto de Encuentro 

TeA nació como una alianza entre las activistas de la Colectiva Feminista La Revuelta y la entonces jefa del servicio de ginecología del hospital, Gabriela Luchetti. Fue mucho antes: hace catorce años. Según documentó Julia Burton en el libro “Desbordar el silencio, tejer complicidades” el objetivo fue generar un espacio para “tratar bien a las mujeres” que habían interrumpido sus embarazos en condiciones inseguras y llegaban “aterrorizadas” por su estado de salud y la amenaza de una denuncia penal. En sus orígenes era una conserjería y anticoncepción post-aborto.

Belén Grosso, María Trpin y Ruth Zurbriggen de La Revuelta, retoman en “Historia de una desobediencia”, la investigación de Mabel Bellucci, ese momento fundacional: “Simbólicamente, TeA es un abrazo entre mujeres; un abrazo para que ninguna de las involucradas en el proceso de abortar quede a la deriva: ni socorristas, ni socorridas, ni medicxs amigables. Lleva la marca de la lucha política feminista, en esa búsqueda permanente por encontrar salidas más beneficiosas para el conjunto de mujeres que facilitan y ejercen el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, franqueando las barreras de la urgencia particular”.

En 2026 el aborto es legal desde hace seis años en Argentina y el consultorio, que ahora está en el pre y en el post, aparece en la cartelería institucional del hospital. Laura asegura que la lista que arman es una “prueba”, una muestra de cuán aceptada socialmente está la práctica.

— Algunas colocan solamente “paciente número tres”. Una, ponele. Después el resto pone nombre y apellido, no tiene ningún problema. El primer año que empecé, te diría, veía alguna que otra mujer con anteojos, barbijo, gorro.

Ya no vienen escondidas. Cuando sale al pasillo y pregunta “pacientes para TeA”, trata de no mencionar aborto.

— Hasta que me dicen, “pero ¿qué es?” y yo digo “este consultorio es para interrupciones” y generalmente por ahí la gente más añosa se sorprende: “No, no, no, no.”

La demanda es muy alta, revela, porque hay una enorme cantidad de usuarias (casi la mitad) con prepaga u obra social que no encuentra en las clínicas de la capital ningún profesional que la acompañe.

Felicitaciones, estas embarazada

El año pasado se realizaron 1.586 abortos en el sistema público de salud de Neuquén. El 68,6% ocurrieron en Confluencia, la región más poblada, indica la estadística del ministerio. En el norte de la provincia, tierra de crianceros trashumantes, se registró el 5,48% de las interrupciones de embarazo. Jorgelina Bentancour es una de las obstétricas que garantiza la práctica en el hospital Chos Malal. Asumir este rol cambió la forma en que, hoy, encara una consulta.

— Antes venían con un test de embarazo positivo y les decíamos “Felicitaciones, ¡qué lindo! Estás embarazada, te doy un turno”. Le abríamos el cartón. Le hacíamos el interrogatorio, le pedíamos los primeros laboratorios. No le preguntamos si estaba contenta con el embarazo, cómo había sido ese embarazo, si pensaba seguir adelante o no.

El cartón es el carné prenatal.

— Si vos se lo llenas en la primera consulta, y ella está dudando, después andar con eso pesa más en la decisión de si va a seguir adelante o no.

Dudar en Chos Malal es más difícil de disimular. Viven 18.553 personas, según el censo 2022. Aun así, es la ciudad más grande del Alto Neuquén: Tricao Malal tiene una población de 1.026 habitantes y El Cholar 1.130.

— Entonces también eso juega mucho en contra, todos nos conocemos y trae algunas complicaciones en el momento de la decisión o a quién referirse, o cómo va a ser todo el procedimiento.

Previo a que el ministerio las autorizara a prescribir mifepristona y misoprostol, Jorgelina asistía los abortos, aunque debía buscar algún médico o médica que firmara la receta para la medicación, que era lo único que ella no podía hacer. Con la incorporación al vademécum es parte de todos los eslabones de la cadena. En su opinión esto transformó la accesibilidad ya que “obstétricas hay en todos lados” porque ocupan la primera línea de atención. En el hospital fue trascendental para garantizar el derecho, ya que hubo un tiempo en que solo había objetores.

— No teníamos a nadie a quién recurrir, ni siquiera para que nos hiciera la receta. Después, de a poco, los médicos empezaron a aflojar, vinieron médicos generales nuevos, más jóvenes, y se empezó a abrir un poco más el abanico de profesionales que acompañamos.

El consultorio de TeA del hospital Cristo Rendón atiende dos días a la semana. Casi la mitad de las usuarias tiene obra social o prepaga, pero no encuentran profesional que las acompañe fuera del servicio público. Foto: Matías Subat para Punto de Encuentro 

Para acceder a una interrupción en Chos Malal hay que comunicarse con un número de WhatsApp: ahí gestionan la ecografía y el turno. Algunas necesitan un apoyo psicosocial por “la culpa y la carga emocional”.

— Nosotras les explicamos que no nos importa el motivo de la decisión y que está bien, pero ellas necesitan sí o sí justificar por qué están haciéndolo. Muchas mujeres tienen esa dualidad en el momento de tomar la decisión.

Jorgelina plantea que esa angustia ha ido disminuyendo, pero que todavía existen resistencias a practicarse un AMEU (la aspiración manual endouterina, otra alternativa de interrupción), porque implica internarse un par de horas y “hace visible” el aborto. De hecho, les cuesta que las pacientes completen el control post práctica.

— Las tenemos que seguir bastante, buscarlas, porque voluntariamente viene el 50% nada más.

Enfatiza en que la principal barrera actualmente la ponen las obras sociales al retrasar la provisión de la medicación a sus afiliadas. El Estado provincial asumió la compra de los combipack luego de que el gobierno libertario de Javier Milei abandonara esta función.

Esa mano amiga

— Tengo una complicación. Ahora te escribo cuando la pueda resolver, ¡perdón! Lo hospitalario es así.

Con Débora De Grazia pautamos la entrevista a las 9 y la reprogramamos ese mismo día por la tarde. Es obstétrica en Junín de los Andes.

— Si me tenés paciencia que estoy con la peque, ¡cero drama!

Su foto de perfil en WhatsApp es el dibujo de un puño con el pañuelo verde atado a la muñeca. Hay unas hojas que se asoman. Una estética muy de 2018, cuando la ley se discutió por primera vez en el Congreso, que ella conserva.

— Es una militancia, es que el otro entienda para qué lado va. Cualquier persona que me contacte, no me importa. Es una cuestión amigable tener el pañuelo, tener la manito. Es un símbolo de lucha, es un símbolo de feminismo. Te puedo dar miles de explicaciones, pero me parece que la militancia sigue y los obstáculos siguen existiendo y la realidad es que esa mano amiga sigue estando.

Al igual que Laura y Jorgelina, Débora jamás tuvo en su educación universitaria alguna materia en la que se abordara aborto. “Era tema médico”, señala. Trabaja en el hospital de Junín, al sur de la provincia. En su caso realiza ella los AMEU y se está formando para poder hacer las ecografías.

— Nosotros en este hospital estamos en un promedio de entre 3 y 4 días de resolución. La ley plantea menos de 10.

El consultorio 6 se habilita para interrupciones los martes de 13 a 16, pero eso no impide que alguien se pueda acercar cualquier día por demanda espontánea. Si bien hay ginecólogos no objetores, los abortos en este hospital los hacen las obstétricas.

— Creo que van a pasar los años y las personas van a ir sintiendo menos esa sensación de clandestinidad. Las personas a partir de la ley lo que entienden, no sé si es que algo está bien o está mal, sino que es algo que está dentro del marco de la ley. Entonces lo pueden hacer. Se sienten, entiendo, con menos culpabilidad de hacerlo.

Débora no deja de mencionar a las socorristas, la red de feministas que brindan información y acompañan abortos, con quienes mantiene “un vínculo muy estrecho, nos derivamos pacientes”, destaca. Además, integra REDAAS, la Red de Acceso Al Aborto Seguro en Argentina, que está enfocada en el reconocimiento de las obstétricas dentro de los servicios de salud. Al no compartir el mismo estatus jurídico — no existe una ley nacional para la actividad —  se produce una increíble disparidad en cuanto al alcance de la tarea:

— Neuquén fue precursora en la ampliación del vademécum, luego siguió Mendoza, ahora está Córdoba y Jujuy. Se va avanzando en las distintas jurisdicciones para que podamos ir teniendo el mismo trabajo. No es lo mismo lo que yo hago acá en Junín, que lo que hace una partera de Entre Ríos. En Entre Ríos es ilegal dar una caja de anticonceptivos. Acá ponemos DIU, implante subdérmico, hacemos AMEU, acompañamos interrupciones. En Entre Ríos no pueden recetar ácido fólico.

En las reuniones sociales, cuando Débora cuenta que es partera, la respuesta automática que recibe es: “Ay, qué lindo, bebés”. La obstetricia sigue siendo en el imaginario social sinónimo de maternidad. Le gusta sofocar rápido esa clase de comentarios: “No, pero mi trabajo no es sólo bebés. Acompaño decisiones”.


Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.

Nació en Río Tercero, Córdoba. Vivió su infancia en Bahía Blanca y desde hace 29 años su casa está en Neuquén. Es periodista y editora, especializada en género, justicia y derechos humanos. Orgullosamente egresada de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional del Comahue.