El hilo conductor

El lunes del año

En marzo los días de la semana se ajustan y entregan a la rutina. En este Hilo Conductor tratamos de frenar el automatismo y repasar qué representaciones particulares caen sobre cada uno de ellos en canciones, libros y películas.

Hola, ¿qué tal? Espero que estés lo mejor posible. Yo bien, acomodándome a la rutina después de una semana brevísima que se presta a confusiones. El miércoles no parecía lunes y el viernes llegó demasiado rápido. Como sea, esta quincena quería escribir justamente de eso. De la repetición insistente de los días, y de cómo, por convenciones que arrastramos hace siglos o quizás milenios, nos ordenamos como humanidad a partir de las funciones de cada jornada. Los días se convierten en semanas y las semanas en meses sosteniendo un estricto orden que muchas veces nos acomoda u organiza, y que muchas otras nos confunde o nos cansa. 

Hoy vamos a hablar, entonces, de los días de la semana. De las especificidades de cada uno y de cómo la cultura los sumó a sus representaciones. A la vez, creo que marzo es el mes ideal para hacerlo, porque es una especie de gran lunes del año (enero y febrero serían el sábado y el domingo). Marzo señala el comienzo del ciclo lectivo, el final del verano, y marca la agenda con los horarios que se sostendrán el resto de los meses. Las cursadas de niños, adolescentes y jóvenes comienzan en marzo (por lo menos en las provincias donde no gobierna Juntos por el Cambio, y en este hemisferio, claro) y las familias arman su tetris imposible para combinar las actividades de sus miembros. La rutina puede ayudarnos a encauzar los planes. Pero también puede aplastarnos con su insistencia sorda, con mínimas variaciones dadas por el correr de las estaciones. 

Los días de la semana, entonces, esos siete nombres que aprendimos de pequeñas y que vienen de los planetas de la astronomía clásica. Refresquemos: domingo: día del Sol; lunes: día de la Luna; martes: día de Marte; miércoles: día de Mercurio; jueves: día de Júpiter; viernes: día de Venus; y sábado: día de Saturno. Yo igual prefiero empezar a contar desde el lunes. El domingo no me parece un día apto para comenzar nada. En este gran cuadro sinóptico podemos ver cómo se los llama en distintas lenguas y dialectos. Hay más coincidencias que diferencias, por una vez en la historia de la humanidad.

Para ilustrar este Hilo, tuve que dejar afuera a Max Ernst y las obras incluidas en Una semana de bondad o los siete elementos capitales que me hubieran venido fantástico porque ya las usé en el Hilo sobre monstruosidades. Así que se me ocurrió compartir parte de la producción de María Prymachenko (1909-1997), una pintora ucraniana autodidacta asociada al arte naif, que fue noticia esta semana porque las tropas rusas destruyeron buena parte del Museo de Historia Local e Histórica de Ivankiv, al noroeste de Kiev, donde se alojaba gran parte de su obra. Yo no la conocía para nada y me impactó mucho hacerlo a la luz de esta noticia bélica. Porque entre los motivos de su arte justamente sobresalen muchas imágenes asociadas al folklore de la región, con sus trajes típicos, su flora y fauna. Es una obra con colores vivos y fuertes, con escenas vibrantes y casi felices sin grandes pretensiones artísticas que se hace presente en tiempos de guerra y confusión, de tanques militares y escombros grises. Les dejo entonces por aquí varias reproducciones aunque no tengan nada que ver con los días de la semana, pero sí con el estado de desastre bélico en el que nos vemos sumergidas.

LUNES

Lunes
Yo.

Martes
Yo.

Miércoles
Yo

Jueves
Yo.

Viernes

Con esta especie de poema al ego comienza la primera entrada, del año 1953, de los Diarios del polaco Witold Gombrowicz. Y un poco marca la tónica de la escritura de diarios en general, organizada a partir de las vivencias de una persona en particular según el paso de los días. Cualquiera que haya escrito alguna vez un diario, consignó la fecha, el día en cuestión. Quizás por convención. Quizás porque una no reflexiona lo mismo un lunes a la noche que un sábado a la tarde, y de allí la importancia de registrarlo.

Los lunes en general tienen mala fama. Es un día en el que vale estar malhumorada, tener pereza o fastidio por haber interrumpido el descanso. El rock nacional nos dio, por lo menos, dos interpretaciones posibles del lunes. Para Sui Generis, en “Lunes otra vez”, incluida en Confesiones de invierno, son días tristes y grises que reflejan la alienación de la sociedad.

Viejas en la esquina mendigan su pan 
en las oficinas muerte en sociedad 
todos ciegos hoy sin saber mirar 
la espantosa risa de la pálida ciudad.
Lunes otra vez, sobre la ciudad 
la gente que ves vive en soledad 
siempre será igual, nunca cambiará 
lunes es el día triste y gris de soledad.

En cambio para Los Abuelos de la Nada, los lunes pueden continuar, quizás, la fiesta del fin de semana. “Lunes por la madrugada / yo cierro los ojos y veo tu cara / que sonríe cómplice de amor”, cantaba Miguel Abuelo en 1984 y da la impresión de que recién se está yendo a dormir, ¿no?

MARTES

El martes nos agarra ya un poco más montadas al esquema semanal, aunque tienen mala prensa los que caen justo el día 13: “No te cases, no te embarques ni te cruces con un gato negro”. Cuando era adolescente adopté un gato negro y le puse justamente Martes para anular cualquier tipo de superstición (lindo tema, la superstición, para tratar en algún Hilo futuro). 

En el plano musical, hay un temazo ineludible de The Rolling Stones llamado “Ruby Tuesday”, escrito originalmente por Keith Richards y estrenado en 1967. Acá pueden ver un video de ellos tocándolo en vivo con Brian Jones haciendo sus arreglos en flauta dulce mientras viste un sombrero blanco. Sobre el origen de esta canción, hay versiones encontradas. En Internet dice que está dedicada a una groupie que seguía mucho al grupo en sus comienzos y de la que no se acordaban el nombre, entonces le pusieron “Ruby Tuesday”. Parece que los excesos la terminaron alejando de Keith, con quien habría tenido un amorío. Pero en 2016 le preguntaron a Richards sobre toda esta historia y fue categórico: “No tengo idea quién es ‘Ruby Tuesday’. Me lo están preguntando desde que la escribí. Solo encontré una linda melodía y armé la canción”. Hartísimo de ser estrella de rock.

Por el lado argentino, hay dos aportes artísticos insoslayables con este día como protagonista. Uno es el clásico de la llamada Edad de Oro del cine argentino: Los martes, orquídeas. Nada menos que la primera película protagonizada por Mirtha Legrand y la culpable de convertirla en una estrella del espectáculo. Dirigida por Francisco Mugica y estrenada en 1941, en esta comedia romántica una jovencita llamada Elenita, tímida y sumisa, empieza a recibir todos los martes un misterioso ramo de flores. Ella piensa que son de un admirador secreto, y entonces se hace muchas ilusiones, pero el encargado de enviarlas es nada menos que su padre (!!!), que cree que con ese gesto podrá cambiar algo del carácter de su hija. Se ve que en la década del 40 todavía el psicoanálisis no pisaba tan fuerte en el Río de la Plata. Si quieren verla, la versión online de Cine.ar tiene una calidad muy digna.

Y también tenemos una banda olvidada llamada Martes Menta, un proyecto rockero de Ariel Minimal fundado en 1991 y apadrinado muy tempranamente por Soda Stereo. De hecho fueron la banda soporte de la presentación de Dynamo y también compartieron escenario con Babasónicos y Los Brujos, pero duró poco y se disolvieron antes de sacar un segundo LP. Les dejo su primer y único álbum, una reliquia realmente (en el minuto 24 hacen un cover de Spinetta, “Qué ves el cielo”). 

MIÉRCOLES

Ahí apretado entre los otros días hábiles está el miércoles, tan lejos y tan cerca del fin de semana. No es demasiado trascendente, ¿no? Rescato de él que los cines salen la mitad, una costumbre dignísima. 

Hay una festividad religiosa que se llama Miércoles de Ceniza y que llega justo después del Carnaval (o sea que el miércoles de la semana que pasó fue el de Ceniza) para marcar el comienzo de la cuaresma, una especie de purificación física y espiritual que culmina con la celebración de la Pascua cristiana. La ceniza vendría a representar la muerte, la conciencia de la nada, la intrascendencia de las criaturas frente a su Creador, el arrepentimiento y la penitencia. (Disculpen que lo explique de manera tan básica, pero soy atea).

T.S. Eliot, un poeta central que renovó la escritura en verso de la primera mitad del siglo XX, se encargó largamente de los Miércoles de Ceniza en su poemario homónimo, uno de los más oscuros de su obra. Es que él en 1927 se convirtió al anglicanismo, y de allí que esta filiación religiosa empiece a hacerse visible no sin cierta actitud ambivalente. Hay un carácter místico que atraviesa todo el poema, dividido en seis partes. Les dejo un fragmento con traducción de Ezequiel Zaidenwerg. Y acá lo pueden leer completo. 

MIÉRCOLES DE CENIZA 

Porque no espero retornar jamás
Porque no espero
Porque no espero retornar
Deseoso del don de éste y de la visión de aquél
Ya no me esfuerzo más por esforzarme por cosas semejantes
(¿Por qué debiera desplegar las alas el águila ya vieja?)
¿Por qué debiera lamentarme yo
Por el poder perdido del reino acostumbrado?

Porque no espero conocer jamás
La endeble gloria de la hora positiva,
Porque pienso que no
Porque conozco que no he de conocer
El único real de los poderes transitorios
Porque no he de beber
Allí, donde los árboles florecen, y los manantiales fluyen, 
pues –de nuevo– no hay nada

Ash Wednesday es también el nombre del primer disco del cantautor folk-pop-indie Elvis Perkins, editado en 2007. Elvis, que fue comparado con Elliot Smith y Jeff Buckley, es nada menos que el hijo de Anthony Perkins (el protagonista de Psicosis), y de la fotógrafa y modelo Berry Berenson, una de las pasajeras del vuelo de American Airlines que impactó el martes 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. O sea que su Miércoles de Ceniza marca el día después del atentado que se llevó, entre otras, la vida de su madre, cosa que está muy presente en el disco. La primera mitad tiene canciones más cálidas y líricas, pero la segunda parte ya se pone más desgarradora y transmite una sensación de dolor y pérdida con imágenes bellas y tristes. Les dejo el disco completo por si no lo conocen. 

JUEVES

¿Leyeron El hombre que fue Jueves? Yo no, pero siempre me pareció un título genial (como La máquina de pensar en Gladys, titulazo de Mario Levrero). En este caso, se trata de una famosa novela de Chesterton publicada en 1908 en la que un poeta es reclutado por una sección contra-anarquista de Scotland Yard. El hombre logra infiltrarse en el Consejo Central de Anarquistas y ser uno de sus (falsos) representantes. Su nombre en clave es Jueves, y debe vérselas con otros personajes que representan al resto de los días de la semana. 

Y también tenemos, claro que sí, la exitosa novela Las viudas de los jueves, de Claudia Piñeiro, y su posterior adaptación cinematográfica. Es uno de los primeros libros (si no el primero) que representa de manera ficcional la vida cotidiana de una generación nacida y criada dentro de los barrios cerrados argentinos durante fines de la década del noventa y comienzos de los dos mil. Altos de la Cascada es el espacio supuestamente idílico y vigilado en el que transcurre esta trama de intriga y muerte alrededor de un grupo de amigos que cada jueves se reúne a espaldas de sus hijos, empleados y parejas, y que tiene muchos secretos que ocultar.  

Cortito y al pie, dos temas con el jueves como protagonista: la muy bella “Thursday Child” de David Bowie y la intensa “Thursday” de Morphine. Y si están suaves, va también el disco ambient Thursday Afternoon, de Brian Eno, editado en 1985. Una única pieza climática y hermosa de algo más de una hora de duración. 

VIERNES

Llegamos a mi día favorito de la semana. Y hay varias referencias obligadísimas. Como el clásico de The Cure que siempre vale la pena revisitar, “Friday, I’m in Love”. El video original es bellísimo, no lo recordaba para nada. Pero si se cansaron de este hit, prueben con la versión de guitarras rasgueadas y voz femenina de Yo La Tengo (una banda que me encanta y hace siempre excelentes covers). En el video, Georgia Hubley camina por la ciudad y entra en el estudio de grabación siempre rodeada de gente que la quiere irritar, con escenas de un mundo lleno de destrucción y fuego, pero ella permanece impasible porque es viernes y parece que está enamorada. 

Y los viernes son también el día en que se publicaban las excelentes contratapas de Juan Forn en Página/12. Están reunidas en tres tomos publicados por Emecé, y también se consiguen seleccionadas y ordenadas por él antes de morir en el libro Yo recordaré por ustedes. Pero acá me interesa hablarles en particular de un pequeño volumen de tapa azul llamado Cómo me hice viernes (una autopsia), publicado por el sello cordobés Documenta/Escénicas y disponible online acá. Es un libro que de algún modo lo refleja como lector, escrito con una respiración hermosa. Acá cuenta cómo entró en la literatura y cómo sus intereses se fueron ordenando a partir de ella. Para él siempre fueron muy determinantes un puñado de autores europeos –Brodsky, Zsymborska– que le hicieron entender los vasos comunicantes que hay entre vida y obra. Sin embargo, en la base de su producción siempre estuvo el aliento de la literatura norteamericana, que le llegó medio de casualidad en la adolescencia y que nunca pudo abandonar. De ese cóctel salen sus mejores textos. Él lo explica así:

Se podría decir que entré en la literatura por un ascensor. Cuando tenía quince años, y compartía un viaje hasta el noveno piso con un vecino de mi edificio que nos oyó hablar sin parar a dos amigos y a mí del plan de hacer una revista, el tipo nos invitó a los tres a pasar, al llegar a su piso, y nos dio libros, y nos recomendó películas y nos puso discos, y en aquel living a media luz en plena dictadura nos hizo entrar en un mundo en el que James Dean le leía a Marilyn el Ulises de Joyce, Dylan Thomas volvía de su última curda al Chelsea Hotel, Coltrane intentaba llegar con su saxo hasta donde Charlie Parker había comenzado su caída libre, Fitzgerald aconsejaba con su último aliento a Faulkner que huyera de Hollywood, Pollock tiraba pintura como napalm en toda tela que le pusieran delante, Sylvia Plath despertaba de su primer electroshock y Burroughs le daba un balazo en la frente a su esposa jugando a Guillermo Tell en una pensión mexicana.

Creo que ahí empecé a entender la literatura desde adentro, aunque me diera cuenta mucho después. Esa matriz me quedó para toda la vida. He tratado desde entonces de llenarla de otras cosas, de diluirla en mí, mudar de piel, dejarla atrás. Pocas cosas me decepcionan como la literatura y el cine y la música yanqui de Reagan para acá. Pero igual tengo esa matriz en el ADN, y me delato cada tanto: la exposición muy temprana al American Way deja una impronta que se les nota para siempre a sus víctimas. Hasta el día de hoy me dicen «sos reshanqui para escribir, vos». Me he inoculado toneladas de sangre judía, rusa, japonesa, mitteleuropea, italiana, latinoamericana, en forma de libros de todo tipo, pero me lo siguen diciendo igual. Así que iré al origen del asunto.

SÁBADO

El sábado es el día de la semana que está más asociado a la diversión, al esparcimiento. El día en que se puede salir, pasear. Jornada muy disputada de la agenda cultural a la hora de planificar eventos, recitales, obras de teatro. Parecen ser más largas las noches de los sábados. Y muchas veces derraman sus consecuencias sobre los domingos.

Como es difícil acotarlo, acá van algunas versiones de sábados posibles: 

  • El sábado de la canción de El mató a un policía motorizado, incluida en su primer disco de 2004. Tiene solo tres líneas y mucha guitarra: “Sábado en mi cama, sábado en mi cama / Y si te invito a jugar, me dirás que no, / y si te invito a dormir, me dirás que no”. Sin remate.
  • El de la canción de Francisco Bochatón, “Sábado”, del disco de 2005 llamado La Tranquilidad Después de la Paliza. Siempre un poco roto el Bocha, y a la vez tan lleno de energía poderosa. “Sábado / la noche sábado / escribe el día / su canción de sábado / no te espero en ninguna parte / ya no tengo a qué amarrarte / vínculo que derramó / tu lágrima”. 
  • El de Caetano Veloso en “Sabado en Copacabana”, una balada en la que dice que no va a desperdiciar este día después de trabajar toda la semana y que el mejor plan es salir a pasear por Copacabana. Quién pudiera.
  • El de este bolero, “Sábado en la noche”, de Rafaelito Muñoz, bien romántico y empalagoso. Acá se narra cómo se conocieron ella y él: entre el humo y las botellas de un oscuro cabaret.  

DOMINGO

¿Y el domingo y su letargo? ¿Cómo puede ser que un día con la misma cantidad de horas y segundos que cualquiera de los demás nos provoque sentimientos tan diferentes? ¿Por qué el desamparo se siente más fuerte el domingo? Les dejo tres últimas canciones –tres clásicos indiscutidos, creo– que nos llevan de la mano por distintas emociones crepusculares.

  • “Sunday Morning” de The Velvet Underground, una canción emblemática de 1967. Si bien tiene una melodía bella y luminosa, la letra no lo es tanto. Acá la pueden escuchar subtitulada. 
  • “Sunday Bloody Sunday”, de U2 en una versión en vivo en 1983. La canción que los hizo famosos, dedicada a la masacre del llamado Domingo Sangriento de 1972 en el que fallecieron 14 personas durante una manifestación en favor de los derechos civiles en Irlanda del Norte.
  • “Every Day is like Sunday”, una de las canciones del primer disco solista de Morrissey, Viva Hate, de 1988. La superioridad estética de los videoclips de los ochenta es innegable.

Ahora que se termina la semana, me despido hasta la próxima quincena. 

Ojalá este Hilo te haya hecho reconsiderar el automatismo con el que vivimos cada día. Y nos detengamos a considerar qué tiene de especial cada uno de ellos, incluso los que damos por perdidos.

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Malena

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Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.
@noeselcaso

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