Fotogalería | El deseo, cuando el calendario dice otra cosa

En un país donde la natalidad cae de manera sostenida, la historia de Fernanda —madre por primera vez a los 49 años— dialoga con nuevas configuraciones familiares y maternidades en edades más avanzadas.

Fernanda tiene 49 años y está en la etapa final de un embarazo múltiple. Las fotos de la cordobesa Natalia Roca registran esa espera: el cuerpo, la contemplación, la transformación. 

Durante años Fernanda se dedicó a su carrera profesional como kinesióloga y fisioterapeuta. El deseo de maternar no había sido central en su vida. Recién a los 47 empezó a pensarlo como una posibilidad. Inmediatamente fue a hacerse estudios médicos: sentía que no iba a ser sencillo.

Fernanda había comenzado a proyectar la maternidad en pareja, pero esa relación terminó. El deseo, no. Decidió continuar sola.

El contexto demográfico parecía ir en otra dirección. En la Argentina, la tasa global de fecundidad descendió a alrededor de 1,5 hijos por mujer en 2023, por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1), según datos del Ministerio de Salud de la Nación. La cantidad absoluta de nacimientos también viene en baja sostenida durante la última década.

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Pero había algo más: estas cifras en baja se agudizan a partir de los 40. Si bien las encuestas de opinión muestran que la mayoría de las personas ven como positiva la maternidad después de los 40, la biología presenta desafíos y límites que se traducen en una caída marcada de las posibilidades de éxito. Para las mujeres, el deseo tiene límites. 

Multiplicarse

Fernanda consiguió el embarazo sin demasiada dificultad. Pero dos días antes de una consulta médica programada, tuvo pérdidas. “La sensación fue tristísima, fue devastadora. Es la primera vez que sentí lo que es cuando una mujer pierde un embarazo. Y dije: ‘¿Por qué estoy así?’. Y claramente ahí caigo en que era un deseo muy, muy profundo”. 

La ecografía resultó bien, pero trajo otra noticia. “No solamente te confirmo el embarazo, sino que son dos”, le dijo la médica. El impacto fue inmediato: “Es como que se para el mundo, se te pone la mente en blanco. Era como que se paró todo. Se paró el tiempo, se paró mi historia”.

Las nenas compartían placenta. En los controles, le dijeron que se complementaban. “Y de repente vamos a ser tres. Y de repente, sí, de la nada misma”, recuerda haber pensado.

En las fotos de Natalia Roca, el embarazo es también experiencia sensorial: “Yo me toqué la panza todo el tiempo. Cuando sentía que se movían, enseguida estaba ahí la mano. A veces les hablaba, a veces no. Pero era decirles ‘acá estoy’”.

Madres solas

En paralelo, la estructura de los hogares también se transforma. Según el INDEC , existen alrededor de 1,6 millones de hogares monomarentales en Argentina —hogares con niñas y niños a cargo de una sola mujer—, lo que representa cerca del 12 % del total de hogares del país

Desde febrero, Fernanda y sus hijas forman parte de esa cifra. Pero su historia no cabe en una estadística: las bebas ya tienen una red de cuidados y afecto que acompaña a esa madre que decidió avanzar aun con las probabilidades en contra.

Al filo de la estadística, la fecundidad en mujeres de casi 50 años está en el orden de la excepción. Y sin embargo, la panza de Fernanda. 
La espera incluyó no un babyshower sino una “despedida de la panza”. En febrero ya pudo abrazar a sus bebas: Martina y Maylen. 

“Qué maravilloso el cuerpo, cómo cambia y cómo se adapta”, asegura Fernanda. Años de búsqueda, meses de cuidado. 
Más de un millón y medio de hogares argentinos son monomarentales. Es decir, una mujer que cuida sola. 
Los cambios sociales chocan contra el reloj biológico y muchas mujeres se encuentran con el deseo cuando los años más fértiles de su vida ya han pasado. La medicina da recursos. 
Los embarazos en madres mayores requieren especial cuidado. Hubo una pérdida, un susto, una ecografía para verificar si todo iba bien y una noticia inesperada: eran dos bebas. 
Tener gemelas implica una decisión: Fernanda ya sabe que no habrá ropa idéntica sino una especial atención a las subjetividades de cada nena. 

Es fotógrafa documental cordobesa. Documentó el proceso colectivo de Fuegas brigadistas organizadas gracias a una beca de National Geographic Society en 2022.