Después de la prohibición de despidos

Un análisis sobre el mercado laboral argentino tras la crisis desatada por la pandemia. ¿Debió derogarse o prorrogarse la norma?

Ayer, 31 de diciembre, terminó la prohibición de despidos sin causa. La decisión del Gobierno Nacional coincide con la publicación de algunos datos del mercado de trabajo que son consistentes con la recuperación de la actividad económica y alentadores sobre el futuro. Pero hay una alarma que permanece encendida. El ritmo de crecimiento del trabajo asalariado registrado en el sector privado no fue lo suficientemente dinámico. Por eso, a fines de 2021, aún no se recuperó la totalidad de los puestos de trabajo perdidos durante la pandemia. ¿Funcionó la prohibición de despidos? ¿Debió ser prorrogada? Comienza la construcción de una segunda etapa y los problemas son otros, pero viejos.

Es una verdad de perogrullo que la pandemia impactó de manera dispar en cada sector, territorio o espectro de la sociedad. Pero, en un mercado de trabajo cada vez más segmentado, esas diferencias son más evidentes. Las inserciones laborales más precarias e inestables —donde las políticas públicas no llegan— se vieron fuertemente afectadas durante 2020. En el período más agudo de la crisis, la cantidad de ocupados en empleos informales se redujo 43% y la de personas trabajadoras por cuenta propia, 27%. 

La suerte del sector formal fue marcadamente diferente. En efecto, las políticas de contención del empleo (doble indemnización, prohibición de despidos sin causa, programa ATP de pago de salarios y reducción de contribuciones, y acuerdos de suspensiones con pago del 75% del salario) lograron evitar lo que hubiera sido una estrepitosa caída del trabajo asalariado registrado en el sector privado. Es el de mayor calidad y el más difícil de recuperar. En efecto, mientras la actividad económica se desplomaba al inicio de la crisis sanitaria —durante el mes de abril se registró una contracción interanual del 25,3%— el empleo asalariado registrado en el sector privado amortiguaba el golpe y se contraía “solo” un 3%. Es un valor importante pero que contrasta con el 43% y el 27% de caída del empleo informal y el trabajo por cuenta propia. 


Evolución de la actividad económica y de la cantidad de personas trabajadoras asalariadas registradas del sector privado. Series desestacionalizadas. Enero a diciembre 2020 (índice enero=100). Fuente: CETyD en base a EMAE (INDEC) y SIPA-OEDE (MTEySS).

Ahora bien, desde el inicio de la pandemia resuena una conclusión equivocada. “Con motivo de la prohibición de despidos, nadie contrata un empleado”. Resulta que la prohibición de despidos nunca alcanzó a las nuevas contrataciones, sino solamente a las anteriores a diciembre de 2019. De hecho, el mercado de trabajo comenzó a mover las piernas después de la parálisis de aquel 2020 fatal. La prohibición de despidos no fue un obstáculo para esa movilidad, del mismo modo que la doble indemnización no impidió que el empleo se expandiera de manera inédita entre 2002 y 2007. En esa ocasión, el fin de la medida estuvo atada a la marcha de los indicadores laborales. 

Los datos son elocuentes al respecto. Desde que se desató la pandemia, la prohibición de los despidos fue eficaz para sostener el empleo formal. Mientras la medida se mantuvo vigente, los despidos se situaron en los valores mínimos al menos desde el año 2005, que es cuando comienza la serie estadística. A su vez, esta política no impidió que desde fines de 2020 comenzara la recuperación del trabajo asalariado en el sector privado. En efecto, entre octubre de 2020 y septiembre de 2021, se recuperó el 75% de los empleos formales destruidos entre febrero y octubre de 2020. En definitiva, este cuadro de situación permite comprender dos fenómenos. La prohibición de despidos funcionó, primero, y, luego, no impidió que el mercado de trabajo comenzara a moverse. 

Evolución de cantidad de personas trabajadoras asalariadas registradas del sector privado (serie desestacionalizada) y la tasa de despidos. Enero de 2018 a septiembre 2021. Fuente: CETyD en base a SIPA-OEDE y EIL (MTEySS).

El problema, entonces, no es que la prohibición de despidos no haya dado resultados. El problema es que el marcado proceso de reactivación de la actividad económica aún no es suficiente para recuperar la totalidad de los empleos formales que se perdieron durante la pandemia. Un poco de equilibrio. A la prohibición de despidos no se le puede atribuir la falta de contrataciones ni tampoco se le puede pedir que las promueva. Es un recurso anticíclico entre tantos, ni más ni menos. 

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En ese contexto podemos preguntarnos si el ciclo de destrucción y posterior recuperación del empleo abierto por la pandemia se está cerrando. Tenemos motivos para suponer que sí, pero también para creer que aún falta el desafío mayor. Por un lado, en el tercer trimestre del año la desocupación bajó a 8,2%, con una recuperación de 1,4 puntos respecto del trimestre anterior y de 3,5 puntos respecto de igual trimestre del 2020. A su vez, las tasas de actividad y de empleo volvieron a los niveles anteriores a la pandemia. Es posible que, con estos datos en la mano, el Ministerio de Trabajo haya evaluado que era oportuno prorrogar la emergencia sanitaria, pero dar por terminada la prohibición de despidos y escalonar la salida de la doble indemnización. 

Sin embargo, el empleo formal no ha alcanzado el dinamismo necesario para encabezar la recuperación del mercado de trabajo y recrear un nuevo proceso de creación de puestos y reducción de la precarización. Por eso, los indicadores laborales recientes son finos —algo que merece celebrarse después de los sobresaltos de 2020— pero indicativos de los desafíos que vienen. 

Distintos analistas subrayaron el protagonismo que tuvo la expansión del empleo no registrado durante el último año, observando un patrón de creación de trabajo similar al del período 2016-2019, basado en el trabajo informal e independiente. El razonamiento fundamentado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) es certero, pero poco revelador. La recuperación del trabajo informal e independiente ha sido más veloz que la del empleo formal porque su caída, como señalamos, fue mucho más abrupta. La Argentina está recuperando la situación anterior a la emergencia. Es cierto que los registros administrativos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), que permiten estimar con más precisión la evolución del trabajo asalariado del sector privado, indican una recuperación más moderada. ¿Pero acaso alguien esperaba que saliéramos de la pandemia con una estructura ocupacional versión 2012? En el siguiente cuadro se puede observar cómo llegamos hasta aquí. El trabajo asalariado informal y el cuentapropismo parecen crecer aceleradamente, pero en verdad muestran una recuperación veloz. El trabajo asalariado formal se ve estable, pero con una lenta recuperación. 




Evolución del número de personas ocupadas por categoría ocupacional. 3° trimestre 2019 – 3° trimestre 2021
Índice base 3º trimestre 2019=100. Fuente: CETyD en base a EPH (INDEC).

Apenas estamos volviendo a la hora cero. Bienvenida sea la posibilidad de que la atención a las urgencias que dejó la pandemia en el mundo del trabajo haga lugar al abordaje de otras urgencias que son preexistentes. Es la oportunidad de construir la segunda etapa, de enfrentarse al dilema planteado en 2019. Continuar con un esquema de expansión de la actividad con trabajo independiente y empleo informal, característico del período 2016-2019, o alcanzar un modelo de expansión del trabajo asalariado formal de calidad. Esta opción será el resultado del crecimiento económico sostenido y de políticas activas que direccionen el modelo de generación de empleo, y, solo entonces, se abrirá una oportunidad para debatir reformas.