De qué viven: cómo hace un artista para salir de gira
El tour era el ingreso principal de los músicos, pero suben los costos y también los precios de las entradas. Las formas independientes vs. las monopólicas de la industria.
El 21 de noviembre, Buenos Vampiros cerró su año en Vorterix. La banda de Mar del Plata venía de una gira por Europa en una van, de presentar por todo el país su tercer disco Entre sombras, de tocar de soporte de Iggy Pop y se lanzó a hacer un show en el teatro de Colegiales con capacidad para 1.500 personas. «Ganamos 70 lucas ahí», dice Irina Tuma, cantante, guitarrista y compositora.
¿Cómo se sustenta una banda? Buenos Vampiros, que de la camada de artistas postpandémicos puede ser la de mayor proyección (aunque sea una apreciación caprichosa, se puede adivinar que, con tres discos en cinco años editados por Casa del Puente y uno más a punto de salir, con crecimiento constante de público y de desarrollo de su carrera, van a estar haciendo esto durante mucho tiempo más, cada vez ante más personas). «Lo que ganamos fue del merch. De la venta sólo sacamos para solventar los gastos: sonido, monitores, dos personas en stage, el diseño, el traslado, hacer el merch y contratar a alguien para que atienda el puesto. Invertimos toda la plata de la venta de las entradas. Fueron las remeras y los discos los que hicieron que la fecha valga la pena económicamente», dice por videollamada desde Mar del Plata.
Claro, es una banda «chica», que se mueve de manera autogestiva, que no tiene un manager que les haga el booking (es decir, con contactos, y por ende no entra a ningún festival mainstream ni para tocar a las 2 de la tarde), que producen sus fechas en lugares cada vez más grandes y que tienen una cantidad de gente que los sigue envidiable para cualquier proyecto under.
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Los cuatro integrantes de Buenos Vampiros, además, no tienen ningún otro trabajo, ser músicxs es la apuesta de su vida, todo está invertido en la banda.
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SumateDistinto le pasó a Guillermo Mármol, cantante de la emblemática agrupación de hardcore punk Eterna Inocencia. Con más de 30 años de trayectoria como compositor y cantante, Mármol trabaja, a la par, de profesor de historia y fue director de nivel secundario del Colegio Alemán Holmberg en Quilmes durante varios años. Desde 2025 redujo sus horas en el aula para concentrarse más en la banda, que está en un gran momento. Ahora mismo, durante este fin de semana, por ejemplo, está girando con Loquero por La Plata, Córdoba y Rosario, viene de tocar en México, Costa Rica y Chile. «Ahora se me generó esta pregunta, ¿qué hubiera pasado si lo hacía antes, si le dedicaba a esto toda mi energía?».
La pregunta no tiene respuesta, pero se la hace igual. «No es que me esté quejando, pero me debato sobre porqué no hice esto antes, pero igual lo estoy haciendo ahora», dice Guille, también en videollamada desde su casa, después de buscar a sus hijos de la escuela. Para él es clave que la generación de Irina y lxs Buenos Vampiros estén dedicándole tanto tiempo a ensayar, a autogestionar su proyecto, y a decidirse a hacerlo de manera profesional. «Es invaluable el hecho de ser fiel a lo que querés hacer, sobre todo en épocas tan difíciles con este cercenamiento general y el recorte hacia la cultura».
Sólo hay 1.500 artistas en el mundo que en 2025 generaron, según Spotify, regalías por un millón de dólares. Es decir, la mayoría de las bandas obtiene sus ganancias por una serie de ingresos, entre los cuales, la principal fuente son los shows en vivo. Eso, en el circuito independiente, es ley, porque la gente ama ver a los músicos, quiere la experiencia de la comunión, busca el roce, el encuentro, el baile, sentir algo en el cuerpo, no tanto la escucha por internet.
Un proyecto como Eterna Inocencia tampoco vive de reproducciones en plataformas, pero su estructura y sus años de carrera hace que salgan de gira con algunos aprendizajes ya digeridos. Por ejemplo, saben que la unión con otros artistas, como Loquero en estos días, o en unos días con la brasileña Dead Fish, hacen a la fuerza. «Además, a la hora de dividir, la banda es una integrante más, ella siempre cobró y ahí está el colectivo, la sala de ensayo, el estudio de grabación, las herramientas para poder grabar y salir a tocar», dice. Desde 2025 tienen su propio vehículo, donde entra todo el equipo, y les baja mucho los costos para un tour. «Hay flujos y reflujos en la historia de la banda pero ahora estamos yendo a tocar a determinados lugares donde durante muchísimo tiempo no nos era posible formar parte de la agenda».
Cortar tickets
No importa el tamaño del lugar, cuando llegás a la puerta de una sala de conciertos para entrar a un show la fila para “los invitados” puede ser tan larga como la del público que compró. No se trata sólo del amor argentino de estarse una detrás de la otra durante largo tiempo esperando algo, es que ahí, en la lista de la productora, están los que ligaron el pase gratis de cortesía y los de precio promocional (los 2×1, los 25% de descuento a último momento y los 3×2 de promo). Cortar tickets –como se dice en la industria a la venta de entradas– ya sean 20, 100 o 1.000 parece una tarea titánica en época de crisis económica. Y hacerlo fuera de tu ciudad lo reviste de una complejidad mayor.
Desde Córdoba, Melina Franco, productora de GRL PWR, dice que laburar desde las provincias implica siempre un gasto más. “La logística representa el 80% de los costos de una producción y a su vez el valor del ticket está estancado desde el año pasado, entonces el margen de ganancia es cada vez menor”, señala por teléfono. Ella, que es parte de uno de los festivales feministas más hermosos del país, que se fue transformando en una productora local de shows, ve en el último tiempo que las bandas que giraban dos o tres veces al año ahora lo hacen una sola vez por la baja rentabilidad.
Entre fechas donde “te anotan” o que, para asegurarse público, se hacen con entrada gratuita aunque vaya a pérdida, Melina cree que se hace cada vez más complicado que la gente le atribuya un valor al arte en vivo. “Hubo un boom, surgieron muchos proyectos, movida, productoras y toda esa escena hoy no tiene un público capaz de pagar o asistir a todos esos recitales que se le ofrecen. La gente está más selectiva. Veo también que hay público que vio algún artista el año pasado y no vuelve a verla, entonces no se puede hacer crecer a una banda en particular porque siempre es empezar de nuevo”.
Este cuadro parece exclusivo para los artistas “del under”, porque cuando vas a los arenas o los estadios se ven producciones millonarias, colas virtuales donde las preventas se agotan al instante y hay muchísima gente por todos lados. Sin embargo no es tan así. La inversión para estar a la altura de la vara internacional es muy exigente.
El precio de sentir
Artistas de primer nivel ya cancelan giras porque no es rentable, por ejemplo el caso de Garbage, que después de su último tour por Estados Unidos dijo: “Hemos decidido como banda que, debido a la economía de la industria musical, tenemos que recortar nuestro presupuesto para grandes giras. La rapiña de la industria ha provocado que salir de tour sea para nosotros muy, muy difícil”.
En EE. UU, por ejemplo, dicen que hay una blue dot fever, en referencia a los puntos azules que están disponibles en la web de Ticketmaster cuando querés comprar una entrada para un concierto y tenés que elegir el asiento, es decir los lugares que no se vendieron aún. La cuestión es que allá tienen lo que se llama precios dinámicos mientras más gente quiere ver algo sale más caro y cambia constantemente Además, las reventas están legalizadas. Por eso, el comportamiento del público cambió: no se vende tanto o se espera a último momento para adquirir los tickets.
Esta semana se movió un video de una cantautora argentina donde desglosa el balance de un show para una artista independiente: pierde 700 mil pesos. Los campesinos!, una banda de Gales, hizo una gira por Estados Unidos y también hizo públicas sus cuentas: no ganaron ni un mango. En 2024, Lily Allen dijo que gana más plata vendiendo fotos de sus pies en OnlyFans que con las regalías que le da Spotify, pese a que en ese momento tenía más de 7 millones de oyentes mensuales.
Eso no sólo es un tema de los artistas, hay festivales que se cancelan en España porque la gente no compra entradas: por sobreoferta, precios altos o bajo apoyo institucional. Es interesante el caso de la edición argentina del Primavera Sound, que ya salió a la venta pero no se sabe dónde será. Mientras tanto, los grupos internacionales no paran de venir.
Los monopolios meten la mano
Y esto lleva a un problema central: los precios del mainstream que se disparan y suben, suben. Acá y en todo el mundo. Incluso hay estudios que aseguran que los pibes ya se endeudan para sacar sus entradas. El que intentó rebelarse contra eso fue Robert Smith, cantante, compositor y, podríamos decir, manager de The Cure. Él ya se hizo viral al decirle a BBC que sus colegas ponen precios abusivos y que su banda intentaría no hacerlo. De hecho, planificó la gira por Estados Unidos en 2023 para que sea accesible, pero no va que la gente al querer comprar vio que el service charge de Ticketmaster era más alto que el valor de la entrada en sí misma. Ardió Troya. Smith dijo que era una estafa y estaba asqueado con la comisión de estas empresas e intentó luchar contra eso, pero logró una devolución de 10 dólares.
El CEO de Live Nation, la dueña de Ticketmaster, Michael Rapino, contestó: «Este es un negocio en el que podemos cobrar un poco más. No digo que sea una cantidad excesiva, pero se trata de una gran presentación de dos horas, única en la vida, que ocurre una vez cada tres o cuatro años en ese mercado. No hay que subestimar el precio: las personas de ingresos bajos a medios encontrarán la manera de llegar a ese estadio para disfrutar de esa noche especial».
The Cure toca poco, y cuando ocurre hay que verlo, sin dudas, pero qué poco conoce Rapino sobre la misa ricotera. Sobre la pasión por la música, la identidad rolinga, la metalera, la punk. Una persona que va a un recital cada tres o cuatro años se acerca más a una persona que se deja entretener por el espectáculo que al anhelo de aquellas que aman el arte y piensan que cualquier tipo de show es el mejor plan posible para cada semana.
Live Nation –y por ende Ticketmaster– están en juicio con el gobierno de Estados Unidos. En 2024 se presentó una demanda antimonopolio contra la empresa, que obtuvo el 15 de abril un veredicto unánime en su contra. Además, hay otra demanda que avanzó en un acuerdo entre una coalición de estados de EE. UU. que pidió que se divida la compañía. ¿Por qué? Porque son dueños y/o controlan el mercado del servicio de boletería, la venta de las entradas y también de las salas de concierto de todo el país. Y que esa posición monopolizante resultó en medidas abusivas con los fans. Ahora queda definir si la justicia obligará a separar las empresas o les dará algunas medidas preventivas.
¿Parece lejano? Pues no. Live Nation compró esta semana una porción mayoritaria de la sociedad dueña del Movistar Arena de Buenos Aires. Eso se suma a su incorporación como socio de las productoras DF Entertainment y Dale Play Live. ¿Qué significa eso para la industria local? Ya lo sabremos.