Infinito punto verde

¿De dónde viene el éxito del partido verde alemán?

Se trata de uno de los actores clave en determinar el futuro alemán. Nos metemos en un poco de su historia, tensiones entre realistas y fundamentalistas y la postura frente a la energía nuclear.

¡Hola! ¿Cómo estás?

Perdón la autorreferencialidad, pero en pocos días es mi cumple, así que te doy la bienvenida al último correo que te escribo con 29 añitos.

Continuando con las cosas que me hacen feliz, hoy vamos a hablar de Alemania. No lo suelo usar porque me complica la vida, pero en realidad mi apellido es “Möhle” con los puntitos en la o. Es alemán, mi familia es alemana y todo lo que tenga que ver con ese país me resulta muy atractivo y familiar y hoy quiero que nos metamos un poco en ese mundo.

Algo de historia

Mis compañeros cenitaleros vienen tratando el tema de las elecciones en Alemania en profundidad tanto en Mundo Propio como en La Gente Vota. Voy a sumarme a la conversación para hablar de algo que me fascina y tengo en el tintero hace rato: “Die Grünen” (acá podés escuchar cómo se pronuncia), el partido verde alemán.

Sabrás que es uno de los partidos ganadores de las elecciones pasadas y un actor clave en las negociaciones para la formación de gobierno. Pero de eso se ocupan otros, yo lo que quiero es que hablemos de la historia y las particularidades del partido. 

Este espacio político es interesante por su excepcionalidad. No hay muchos partidos verdes con una trayectoria tan larga y con participación en gobiernos en diferentes niveles. Me fascina sobre todo una discusión entre realistas y fundamentalistas que se planteó cuando tuvieron la primera posibilidad de conformar gobierno y la posición frente a la energía nuclear.

En su web describen el contexto alemán previo a la fundación del partido de esta forma:

“Alemania, finales de la década de 1970: la subida del precio del petróleo provocó la peor crisis económica de la historia de la República Federal. Europa aumentaba su capacidad nuclear.

El lugar aparentemente natural de la mujer estaba en la cocina, se discriminaba a homosexuales e inmigrantes. El aire estaba lleno de plomo y hollín, la lluvia caía agria. Y las ciudades se convirtieron en castillos de hormigón.

El movimiento verde surgió de la protesta contra este zeitgeist.”

Así, entendiendo que los grandes cambios que debía enfrentar la sociedad alemana debían ocurrir a través de las instituciones democráticas, se unieron diferentes corrientes como asociaciones medioambientales, el movimiento pacifista y antinuclear y organizaciones feministas para fundar los Verdes en 1980 en la ciudad de Karlsruhe y trasladar la efervescencia social al Parlamento.

“Ecológico. Social. Democracia de bases. Libre de violencia”. Así dicen sus banderas y principios fundacionales.

Tensiones internas

“Somos la alternativa a los partidos tradicionales. Crecimos a partir de una coalición de grupos y partidos alternativos. Nos solidarizamos con todos los que se han hecho activos en el nuevo movimiento democrático: los grupos de vida y naturaleza, los grupos de protección ambiental, las organizaciones de iniciativa ciudadana, el movimiento obrero, las organizaciones de iniciativa cristiana, los movimientos por la paz, los derechos humanos, derechos de las mujeres y derechos del Tercer Mundo. Nos consideramos parte del movimiento verde que se está levantando en todo el mundo”.

Cuando los verdes entraron en el Bundestag con el 5,6% de los votos, el 29 de marzo de 1983, los veintiocho nuevos miembros del Parlamento hicieron énfasis en mostrarse como algo diferente a los partidos tradicionales. 

Sin embargo, la evolución a un partido parlamentario tradicional de una masa de jóvenes con aproximadamente los mismos ideales y visiones sobre cómo deberían ser la sociedad y la política fue necesariamente tumultuosa, con mucho conflicto sobre cómo debería ser el futuro del partido. 

Irónicamente el éxito electoral hizo aflorar fuertes tensiones internas entre  “realos” y “fundis”, realistas y fundamentalistas. 

Desde 1980 el partido verde alemán pasó de ser un autoproclamado "partido antipartido" a convertirse en un socio de coalición de confianza en los tres niveles de gobierno. Han formado alianzas federales y estatales con el Partido Socialdemócrata y han gobernado en coalición con la Unión Demócrata Cristiana, el Partido Liberal o la Izquierda en algunos estados. 

Pero esto no estuvo exento de conflictos.

En 1990, con la caída del Muro de Berlín y la Reunificación, los Verdes se unieron con su homólogo de Alemania Oriental para formar la Alianza 90/Los Verdes. Aunque no obtuvieron escaños en las primeras elecciones en la Alemania unificada, los recuperaron en 1994 con el 7,3% de los votos. Durante este tiempo de renovado éxito, con el partido ya establecido en el Parlamento y con posibilidades políticas reales, se inició una acalorada discusión sobre si los Verdes deberían seguir un camino de oposición fundamental, o si una evolución hacia convertirse en un jugador disponible y aceptable en coaliciones con otras partes sería mejor para alcanzar los objetivos que se planteaban.

Muchos activistas verdes creían que los gobiernos carecían de la capacidad para abordar de manera eficiente los grandes problemas que estaban poniendo en riesgo la supervivencia de la humanidad, como la contaminación, la guerra, las armas nucleares y la expansión de la producción de energía nuclear. Si, debido a las limitaciones políticas y económicas, el cabildeo y la corrupción, los gobiernos fueron inherentemente incapaces de dar respuestas adecuadas a preguntas tan cruciales, entonces, ¿por qué intentar ingresar al gobierno?

Pero, a medida que los resultados electorales continuaron mejorando y las estructuras internas y las reglas del partido evolucionaron, el pragmatismo se convirtió en la opción más popular y llevó a Die Grünen de ocupar un papel de oposición en la política alemana a servir en coaliciones de gobierno a todos los niveles.

Sin embargo, este pragmatismo no fue gratuito.

En 1998 se formó el primer gobierno rojo-verde a nivel federal bajo el canciller Gerhard Schröder, con Joschka Fischer de los Verdes como ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller. Esta coalición de los Verdes y el Partido Socialdemócrata (SPD) sobrevivió a las elecciones de 2002 y duró hasta 2005, cuando Angela Merkel, al frente de la coalición CDU-FDP, reemplazó a Schröder como canciller. 

La coalición rojo-verde le sirvió al Partido Verde para poner en marcha algunos de sus programas más importantes, como por ejemplo el empoderamiento de las mujeres hasta los esfuerzos para limitar y poner fin al uso de la energía nuclear, ambos temas que emanaron del núcleo de la identidad política y la estructura de creencias de los Verdes. Aunque obviamente tuvieron que negociar con el socio principal de la coalición, no cabe duda de que la introducción de algunos cambios fundamentales en la identidad política de Alemania se produjo en gran medida debido a las iniciativas y la perseverancia de los Verdes.

Desde otra perspectiva, los “fundis” argumentaron que se pagó un precio demasiado alto por la entrada al gobierno federal. Dijimos que uno de los principios fundamentales de los Verdes era el pacifismo absoluto y el rechazo de la violencia, pero, incluso antes de que se formara el nuevo gobierno, tuvieron que votar a favor de la participación alemana en la guerra de la OTAN contra Yugoslavia. Y solo seis meses después del inicio de la coalición rojo-verde, la República Federal declaró su disposición a desplegar tropas y aviones militares en apoyo de una intervención militar de la OTAN en Kosovo. Muchos vieron como una ironía de la historia que el primer ministro de Relaciones Exteriores verde de Alemania haya sido quien llevó a la nación a la guerra por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.

Una opción alternativa para Fischer y su partido hubiera sido mantenerse firmes en sus principios y renunciar a su cargo y a los otros dos ministerios que tenían y así terminar la coalición con los socialdemócratas y, probablemente, causar la caída de todo el gobierno. Pero Fischer, y este fue otro punto controvertido pensando en un partido que abogaba por que la democracia de base se guiara prácticamente por las decisiones de un solo hombre, decidió quedarse.

Cuando varios años después le preguntaron a Joschka Fischer sobre su compromiso con el pacifismo dijo:

“Soy demasiado realista para creer en el pacifismo. Pero, sin embargo, el uso de la fuerza debería ser siempre el último recurso [...] Pero también hemos visto los límites del pacifismo, como en los Balcanes y en Ruanda. Los principios son muy importantes, pero hay que conciliar los principios con la realidad. Nunca fui pacifista porque hay momentos en los que no tienes otra opción que luchar”.

¿Qué onda con la energía nuclear?

Otra de las banderas originales del partido era la oposición a la energía nuclear. Esa permaneció inconmovible, a pesar del paso del tiempo y las tensiones entre las facciones.

Dedicaremos otra entrega a adentrarnos específicamente en la cuestión de la energía nuclear; hoy solo diremos que es una forma de producción de energía que no emite gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Eso obviamente no la exime de otros impactos ambientales, pero me parece interesante pensar cómo y por qué en el marco de la urgencia de la acción climática y teniendo en cuenta el gran pragmatismo que han sabido construir los Verdes respecto de otros temas, esa oposición sigue tan férrea, incluso luego de la conclusión de la guerra fría y la asociación tan directa en el imaginario entre energía nuclear y bomba atómica.

Obviamente esto es bien complejo porque incluso Angela Merkel -que tenía una posición favorable a la industria nuclear- después del accidente de Fukushima en 2011 también viró hacia el cierre de las plantas. Sobre este giro te recomiendo muchísimo el podcast de Franco Delle Done y Raúl Gil Benito: “Merkel. La canciller de las crisis”.

Sea por la causa que sea, actualmente el mix energético alemán si bien ha hecho un importante esfuerzo en aumento de la capacidad renovable, todavía es muy dependiente de combustibles fósiles. Particularmente, un 24% de la generación de electricidad depende del carbón, la fuente más contaminante. De esta manera vemos que Alemania viene teniendo dificultades para descarbonizar su matriz energética, lo cual le ha generado muchas críticas dado el rol protagónico que pretende tener respecto de la agenda climática. La desnuclearización de la matriz energética puesta en marcha en los últimos años como resultado del acuerdo entre Merkel y el Partido Verde, no se puede pensar de manera disociada. A su vez, los críticos del giro antinuclear alemán ponen como contraste a Francia, país en donde la energía nuclear es predominante en la matriz energética y que, por tanto, tiene emisiones de CO2 per cápita 45% inferiores a las de Alemania.

A su vez, pensando en términos estrictamente de economía política, el mix energético alemán (renovables+fósiles con cada vez menos nuclear) le ha generado al país una importante dependencia de las importaciones de energía. En efecto, Alemania importa más del 90% del gas que utiliza y es el principal comprador del gas ruso.

Esto no quiere decir que la energía nuclear sea una solución mágica a los problemas energéticos del país, pero sí que a veces vale revisitar algunos principios para preguntarse si siguen siendo válidos en otras coyunturas.

Veremos cómo sigue la historia del Partido Verde.

Me voy a festejar, te mando un abrazo, nos leemos en dos semanas. 

Eli

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Soy Licenciada en Ciencias Ambientales, Magíster en Políticas Públicas y Becaria Doctoral en Ciencia Política en la UNSAM. En todos los ámbitos que puedo me dedico a sumergirme en los dilemas que nos presenta el desarrollo sustentable, uno de los mayores desafíos que enfrentamos en este siglo. Me mudé a un departamento en CABA hace poquito, así que estoy aprendiendo a ser porteña y tener plantas y compost en el balcón.
@elimohle

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