Grupo K: Portugal tiene orquesta para el último baile de Cristiano
El equipo luso está sobrado de talento y buscará el título que le falta. Colombia se cansó de ser promesa. Congo y Uzbekistán ya ganaron.
Martincho, el grupo K tiene de todo. Pero dejame arrancar por Uzbekistán.
A Abdukodir Khusanov le habían tirado el rumor y se volvió dato. Se bajó de una van con unas gafas negras. Un dirigente lo llamó a un costado. Una llave de esas que ya no son llaves y un Mercedes Benz valorado en 300 mil euros — lo mismo que el Lens de Francia había abonado al Minsk de Bielorrusia por su pase — .
El episodio ocurrió días después de su fichaje por el Manchester City y quedó filmado en el ingreso de la concentración de su selección en Taskent, donde era esperado como una gloria del deporte a pesar de sus 22 años. El representativo nacional, un año antes, había abrochado su pasaje al primer mundial en la historia de Uzbekistán, tras empatar con Emiratos Árabes. Esto era más. Algo que jamás había ocurrido. El defensor central del equipo de Pep Guardiola caminaba por la capital de su país como el primer gran ídolo futbolístico.
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Khusanov no está solo. Y eso que el defensor fue una de las figuras en la final de la Carabao Cup que el equipo Ciudadano le ganó al Arsenal. Es que detrás hay un entrenador que sabe cuánto pesa la copa. En 2006, Fabio Cannavaro brilló como el capitán de la Selección de Italia que conquistó el Mundial. Tan destacado fue lo suyo que le dieron ese año el Balón de Oro y el Real Madrid lo compró. Ahora, tras conducir a la Selección de China y al Udinese, está al mando de esta gesta uzbeka.
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SumatePero no sólo se trata de nombres propios — entre los que hay que incluir al delantero Shomudorov al que Roma compró por 17,5 millones de euros — . En la primera década del 2000, Uzbekistán proyectó una transformación. Cambiaron el nombre de la Federación, construyeron un estadio para 34 mil aficionados y fundaron catorce academias de formación repartidas en todo el país. Había que organizar a los talentos y potenciarlos.
Para la mayor, apostaron por un conocido de nuestras tierras: Héctor Cuper, quien puso una pieza importante de conocimiento en 2018. Los resultados florecieron velozmente por abajo: arribaron a cuartos de final de los mundiales sub-20 de 2013 y de 2015. Harían lo mismo en 2023, con el plus de que conquistarían la Copa Asiática sub 20 ese mismo año. Cada vez más ruido de talento. Hasta el Mundial, el techo había sido la fase de grupos de los Juegos Olímpicos de Tokio en donde no ganó ningún partido.
Querido Zequi,
Qué bueno que podamos hablar de Uzbekistán. Es un país que me resulta sumamente simpático — quizás más por lo que fue alguna vez que por su actualidad — . El más poblado de los “istanes” — como se denominan a los países de Asia Central que se independizaron por la disolución de la Unión Soviética — se emancipó mucho más por una reverberación de lo que sucedía en Europa, con la caída del Muro de Berlín y con Boris Yeltsin desafiando a los generales rojos, que por la materialización de un anhelo de su población.
Islam Karimov se encargó de que tampoco se note demasiado. Pasó de ser el último Presidente de la República Socialista Soviética de Uzbekistán, al primer presidente del Uzbekistán independiente. Gobernó hasta su muerte, en septiembre de 2016, como un dictador sanguinario que mantuvo la estabilidad y evitó el crecimiento del islamismo. No es el único gran legado soviético.
El espectacular subte de Tashkent da testimonio de una modernización que también se manifiesta en su lado oscuro: la desaparición del Mar Aral, que fue sacrificado en el altar de la irrigación para el desarrollo de cultivos en las áridas llanuras centroasiáticas desde los años 60. Este mar perdió el 90% de su extensión en una generación. El desastre creó, en su lugar, el Desierto de Aralkum, un lugar alucinante en el que cuesta entender los barcos abandonados. Los cultivos de algodón, eso sí, crecieron mucho. La moraleja incómoda es que el desinterés por el ambiente no es, ni de cerca, monopolio del capitalismo.
Ahora cambio de país. ¿Hay algo qué decir del fútbol de Congo? ¿Podemos esperar que de alguna sorpresa? Tras la caída de Mobutu Sese Seko — en mayo de 1997 — recuperó su nombre tras tres décadas de llamarse Zaire. Ahora el país intenta — con éxito relativo — consolidar la unificación y la estabilidad de su territorio. Su primer presidente, Laurent Desiré Kabila, que combatió en la insurgencia que orientó e integró el Che Guevara, fue asesinado en 2001 en el Palacio Presidencial. Lo sucedió su hijo Joseph, que gobernó 18 años. En 2019, ganó las elecciones Félix Tshisekedi, aunque Kabila se mantuvo como una figura relevante dos años más. Fue la primera transición de poder pacífica desde la independencia de Bélgica, en 1960.
Congo es uno de los países con mayor diversidad del mundo. Tiene más de 200 idiomas documentados y cuatro lenguas nativas “nacionales”, además del francés como idioma oficial. La heterogeneidad de la población, la extensión territorial — es el país de mayor superficie de África — , y las infraestructuras inadecuadas para conectarlo, se suman a las disfuncionalidades políticas y administrativas que dificultan la consolidación territorial del país.
Pero las dificultades no terminan ahí. Económicamente Congo es un país extractivo, dependiente de los recursos naturales. Es por lejos el principal productor de cobalto del mundo y es un productor relevante de cobre y coltano, que extrae con fuerte inversión china. La pelea por el control de esos recursos ha favorecido la proliferación de conflictos armados y la intervención extranjera. Países vecinos, como Uganda y Rwanda, se relacionan regularmente con grupos rebeldes que disputan los recursos congoleños. Durante los últimos años, Congo acusa a Rwanda — que tiene también en el Congo una parte de su propia historia trágica — de apoyar incluso con soldados a los rebeldes del M23, en una guerra de insurgencia sanguinaria que ha causado una de las catástrofes humanitarias menos difundidas del mundo.
Marto, si hablamos de Congo tenemos que hablar de Bundibugyo. Suena a nombre de delantero, pero es la nomenclatura que le cayó a la cepa de ébola que está causando la tragedia sanitaria en ese país y que puso en suspenso el amistoso que debía jugar con Chile en Gibraltar. El alcalde no los quiere dejar jugar y están buscando soluciones, de esas que solo el planeta de la pelota encuentra. Acaso este equipo sea un símbolo del fútbol globalizado.
Congo participó del Mundial de 1974 cuando todavía se llamaba Zaire. El fútbol va por un carril paralelo. No hay ningún futbolista en la lista de 26 que juegue siquiera en un equipo africano. Todos fueron captados desde niños por clubes o academias. Incluso, los hay que nacieron en otro país, pero por ascendencia eligieron esta selección. Ese es el caso de Aaron Wan-Bisakka, brotado en suelo británico, en Croydon. El defensor del West Ham conformó las juveniles de Inglaterra, pero terminó renunciando. Otra patria le sentía más cómoda.
Axel Tuazenbe es otro de los cuadros del conjunto. Nació en Bunia, capital administrativa del Congo. Con catorce años, fue captado por el Manchester United. A los 19 ya había debutado en Primera. Hasta 2017, se asumió futbolísticamente inglés. La historia cambiaría. Tanto, que en 2026 su agónico gol le dio la clasificación al Mundial a su madre patria.
Liderará al equipo el histórico Cedric Bakambu. Delantero que, salvo por un breve paso por el fútbol chino para recaudar, consagró un carrerón en el fútbol europeo. Como muchos de sus compañeros, nació en Francia. Lo tentaron para que jugara para su país natal, pero en 2015 — uno de sus mejores años futbolísticos, en el Villarreal — decidió debutar con los congoleños.
Engancho acá con Portugal, que también tiene un líder claro y no es Cristiano. Me refiero al catalán Roberto Martinez, que conduce a la escuadra con talento top desde 2023. Como pocos Mundiales, este encuentra a los lusos con un plantel alucinante. Si hiciéramos la selección global de mejores mediocampistas, difícilmente no estarían entre los titulares y los suplentes Vitinha y Joao Neves de PSG o Bruno Fernandes de Manchester United. Ni hablar de Gonzalo Ramos (PSG) o de Pedro Neto (de Chelsea) o Bernardo Silva (Manchester City) o Ruben Dias (Manchester City).
Pero el conductor es la pieza clave. Porque Martínez irá por su tercer mundial consecutivo. La historia lo impuso como protagonista del 2018 y del 2022 al mando de Bélgica. En el primero se quedó incluso con el tercer lugar, venciendo a Inglaterra en el último partido por 2–0.
Portugal es su nueva opción y llega con un título bajo el brazo. Aunque no sea consagratorio, obtuvo la Liga de Naciones de la UEFA, en Alemania, venciendo en los penales a España.
Hermosas historias, querido Zequi. A mi con Portugal me pasa que, si le saco a ese ridículo mediocampo y al viejito agrandado que no para de meterla a los 41, me pongo un poco triste. Porque rememoro la caída en desgracia de un proceso que muchos vimos con muchísimo optimismo. Me refiero al gobierno de António Costa, que como primer ministro del Partido Socialista logró combinar crecimiento económico, disciplina fiscal y reversión de varias de las políticas de ajuste aplicadas tras la crisis financiera.
Los salarios recuperaron terreno, la economía volvió a expandirse y el Estado portugués incluso logró reducir significativamente sus problemas de endeudamiento y hasta cancelar su deuda con el Fondo Monetario Internacional y otros organismos internacionales. Portugal demostró que existía una alternativa progresista viable dentro de las reglas económicas europeas.
El punto de partida de esa experiencia fue la llamada geringonça, la inédita alianza tripartita que, desde 2015, permitió que un Partido Socialista derrotado se hiciera del gobierno, aliándose por primera vez en su historia al Bloque de Izquierda y al Partido Comunista. Aquella coalición nació como respuesta a los años de austeridad impulsados por la Unión Europea y los organismos internacionales, y permitió construir una mayoría parlamentaria capaz de desplazar a la centroderecha.
Los buenos resultados económicos fortalecieron a Costa que, en 2019, estuvo cerca de obtener mayoría absoluta y, tras una nueva elección, en 2022, lo logró. Un éxito para los socialistas que se logró absorbiendo la mayor parte del espacio de sus aliados, que se debilitaron de manera drástica. A la izquierda del socialismo, la pared.
Pero el momento de mayor fortaleza electoral coincidió con el inicio del desgaste. Aunque la economía siguió creciendo y la recuperación post pandémica coronó la buena gestión de la emergencia que habían premiado las urnas, la inflación que afectó al continente erosionó el poder adquisitivo de los salarios y comenzaron a multiplicarse conflictos en sectores sensibles como la educación y la salud.
A ello se sumó una larga sucesión de escándalos. Varias renuncias ministeriales, acusaciones de corrupción y nepotismo, controversias vinculadas a la gestión de la aerolínea TAP y sospechas sobre proyectos ligados a la transición ecológica deterioraron la imagen de un gobierno que durante años había hecho de la gestión eficiente uno de sus principales activos. Cuando las imputaciones llegaron al Primer Ministro, la sangre llegó al río y convocó elecciones anticipadas.
En ese contexto emergió con fuerza Chega!, la formación liderada por el ex periodista deportivo André Ventura. Nacido como un pequeño partido de extrema derecha con un discurso centrado en la inmigración y la comunidad gitana, fue ampliando su mensaje hacia una crítica general al sistema político y a la corrupción. La acumulación de escándalos en torno al oficialismo le permitió presentarse como una fuerza antisistema y captar votantes mucho más allá de los pequeños sectores tradicionalmente identificados con la ultraderecha. En un lustro Chega! pasó de tener una presencia marginal a convertirse en la tercera gran fuerza política del país.
Las elecciones anticipadas de 2024 en Portugal marcaron el final de una etapa. La centroderecha logró regresar al gobierno y el Partido Socialista entró en una etapa de reorganización en la que todavía se encuentra inmerso. Muchas de las acusaciones terminaron siendo menos contundentes de lo que parecían inicialmente. Antonio Costa, que renunció ante una mera imputación, fue rápidamente liberado de sospechas. Pero ya habían pasado semanas y el daño político no fue revertido. Costa se recicló en la política continental y hoy preside el Consejo de Europa.
Como nota alegre, Portugal no se convirtió en un país gobernado por la extrema derecha, que sigue excluida de las coaliciones de gobierno. Los socialistas le ganaron a Ventura la presidencia en las elecciones de febrero. Ganó el espanto, es un cargo de importancia relativa en el sistema parlamentario, pero alcanza para pensar que no todo tiene por qué ser siempre horrible, aunque sea imposible evitar la nostalgia.
Me falta hablar de Colombia, pero ya me cansé porque le dediqué entero el #MundoPropio del lunes. Abelardo de la Espriella me parece un espécimen inempeorable en la nutrida galería de líderes de la extrema derecha global, y creo que lleva las de ganar para el balotaje.
No hay problema, querido. Yo le entro a Colombia, donde hay cinco jugadores del fútbol argentino: Jaminton Campaz, de Rosario Central; Juan Fernando Quintero y Kevin Castaño, de River; Álvaro Montero, de Vélez; y Santiago Arias, de Independiente. También hay varios ex: Juan Carlos Portilla, que estuvo en Talleres; Willer Dita, en Newell’s; Jorge Carrascal, en River; y James Rodríguez, en Banfield. Hay algo de la Selección Colombia (así le dicen, sin el de) que nos representa. Después, cada uno elige si eso se alienta o no.
Como si fuera poco, el entrenador es Néstor Lorenzo. No solo argentino, sino ganador del Mundial sub20 de 2001 como asistente de José Pekerman. Y, luego, miembro del cuerpo técnico que disputó la Copa del 2006 en Alemania. En ese recorrido, también acompañó al director técnico en su paso por los Mundiales 2014 y 2018 al mando de Colombia. Esa experiencia — que siempre trae conocimiento — se transformó en su salto a la conducción para esta nueva aventura.
Lorenzo no sólo comparte con Lionel Scaloni el currículum de haber sido ayudante de su Selección. Sino que tampoco dirigió a un equipo del fútbol argentino. Aunque sí tuvo una carrera como futbolista en Argentinos, San Lorenzo, Banfield, Ferro, Boca y Quilmes.
Ahí tenés unos datitos para seguir llenando el álbum. Aunque para completarlo nos falta un nuevo envío el sábado. Será el último antes del inicio del Mundial, que lo tiró. No falta nada. Despidámonos a lo grande.
Un abrazo
Zequi.