Cae la natalidad, pero no el deseo de maternar
La contracara de la caída de la natalidad no es la libertad de decidir y planificar la reproducción sino las circunstancias que condicionan el deseo: falta de trabajo, acceso a la vivienda y redes de cuidado para sostenerlo.
Hace años que viene pensándolo. Mara siempre quiso ser madre, aunque imaginó que sería diferente: con una pareja, en un momento más estable de su vida. Tiene 35 años y un trabajo que le encanta como médica pediatra, pero no logra congeniar con ningún varón heterosexual. ¿Eso debería frenarla? Para nada. La ampara la Ley de Reproducción Médicamente Asistida. También averiguó por la criopreservación, pero ahí los gastos corren por su cuenta.
Ayelén tiene 34 años y el deseo de ser madre la acompaña hace tiempo. Se encuentra en una situación parecida a la de Mara, aunque no cuenta con obra social. Trabaja en un emprendimiento propio y sus ingresos fluctúan semana a semana, mes a mes. No piensa en congelar óvulos: si tiene que ser, será. “Yo ya me siento madre con mis animales”, comenta. Si bien no desistió de la idea, afirma que le gusta su vida tal como está.
“Y vos, tía, ¿querés ser mamá?”, pregunta Juana en la cena que su madre intenta mantener, una vez por semana, entre su grupo de amigas. “La verdad no lo sé, siento que me robaron la posibilidad de desearlo”, responde Malena a su sobrina de 12 años. Nunca quiso ser madre, aunque admite que comenzó a cuestionárselo luego de los 30 años. Tiene un trabajo formal, obra social y ni así se siente “estable” económicamente. Sus ingresos no le alcanzan para cubrir sus gastos: paga el alquiler, una parte de la tarjeta y, con suerte, llega a mitad de mes. Percibe que el proyecto de tener hijos sin una pareja perjudicaría aún más su situación.
Lucía, la mamá de Juana, es la única que tiene hijos: el primero como madre soltera, el segundo en pareja, aunque se separó y la mayoría de las tareas de cuidado recaen sobre ella. “Yo pude, si lo querés de verdad se puede”, motiva a sus amigas. Pero ¿alcanza con desearlo?
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Contestá la encuestaMaternar o no maternar, una libertad “disfrazada”
Según la licenciada en Psicología y sexóloga clínica, Nadia Ciuffo Valdez, “el deseo solo no alcanza”. Celebra que las mujeres hoy estén habilitadas a preguntarse “si realmente lo desean, cuándo, cómo y con quién”. Sin embargo, señala que esa posibilidad de elección está atravesada por condicionantes: “Muchas mujeres se ven obligadas a postergar, o directamente a resignar, la maternidad porque las condiciones materiales o emocionales no acompañan”.

La profesora de Filosofía egresada de la Universidad Nacional del Comahue especializada en Educación Sexual Integral, Maira Méndez, destaca que nunca antes las mujeres tuvieron tanta “legitimidad simbólica” para elegir distintos proyectos de vida, aunque advierte que esa libertad está “disfrazada”: “El contexto de inestabilidad económica, la presión para ser exitosas en todos los frentes y la falta real de redes de cuidado hacen que esa elección siga estando moldeada por nuevas formas de mandato social y autoexigencia”.
La maternidad no estaba tan presente en las conversaciones de Ayelén, Lucía y Malena, pero se volvió un tema recurrente después de que cumplieron los 30 años.
“El reloj biológico existe en términos médicos, pero también tiene una carga cultural enorme. Muchas mujeres recién se encuentran con esa duda después de los 30, cuando sienten que ‘se les pasa el tren’ porque la fertilidad declina con la edad”, responde la tocoginecóloga con perspectiva de género, Noelia Lallana. En el consultorio esa pregunta aparece cargada de ansiedad y angustia.
Ante un mundo de posibilidades y diversidad de proyectos de vida, “la capacidad biológica de reproducirse sigue siendo la misma”. Lallana invita a no desesperarse: “Ni a los 20 está garantizado que puedas reproducirte sin ningún problema, ni a los 40 quiere decir que es completamente imposible. Hay que entender la reproductividad como algo probabilístico”.
Indica que hay estudios que aproximan respuestas a preguntas como “¿cuánto tiempo queda?”, pero advierte que la consultante debe estar preparada para recibir la información porque “se puede destapar una olla”: para muchas, encontrarse con una reserva ovárica baja cuando tenían “un proyecto enorme en puerta” les “desestabiliza todo”. Aun así, sostiene que el conocimiento se vuelve una herramienta, ya que con los datos “una puede elegir así como elige otras cosas”.
Mara comenzó a gestar la idea el año pasado y este año se realizó diversos análisis para embarcarse y maternar sola. La reserva ovárica le “dio bien”, pero la sorprendió saber que tenía las trompas de Falopio “tapadas”. Confiesa que la angustió, aunque no le cambia tanto los planes. De todas maneras, tiene que acudir a la inseminación artificial. La Ley Nacional N.º 26.862 de Reproducción Médicamente Asistida la avala y desde el Instituto de Seguridad Social del Neuquén (ISSN) afirmaron que “en el caso de los tratamientos de Fertilización In Vitro se cubre, excepto cuando las personas realizaron intervenciones voluntarias previas de anticoncepción como la vasectomía o ligadura de trompas”.

Lo que no garantiza la ley es la “criopreservación”, conocida como “congelar óvulos”. Solo se cubre el tratamiento “con auditoría previa, ante la necesidad por patologías de base”. “No cubre por razones particulares como diferir la maternidad por decisiones personales”, recalcan desde el ISSN. Cuando Mara preguntó en su última consulta le informaron que los costos rondan los 9 millones de pesos en Neuquén capital, más los gastos anuales de conservación.
¿Falta de deseo?
¿La críopreservación podría eventualmente estar también cubierta en los planes médicos? Para el demógrafo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Jorge Paz, “no es una demanda de la sociedad actual”. “En términos numéricos gruesos, para explicar el volumen de la fecundidad, tienen una importancia muy limitada”, afirma. Para el especialista, el problema no es si el sistema de salud cubre o no determinados tratamientos, sino “las barreras que impiden que las personas puedan tener los hijos que quieran”.
Entre esas barreras, menciona la falta de “guarderías en los lugares de trabajo y en las universidades, licencias iguales para varones y mujeres que nivelen el mercado laboral”. “Si hoy se tuviese la fecundidad que las mujeres declaran que querrían tener, la tasa estaría perfecta en el nivel de reemplazo”, afirma. Cita encuestas realizadas en otros países donde, al preguntarles a mujeres que ya completaron su ciclo reproductivo cuántos hijos hubiesen querido tener, la respuesta se ubica en torno a los dos hijes. Cuando se les consulta cuántos tuvieron efectivamente, la cifra baja a entre uno y 1,5.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) confirma esa brecha: en Argentina el ideal sigue siendo el modelo de dos hijes y, sin embargo, el 57% de las personas de 18 a 45 años aún no alcanzó la cantidad que desearía tener, mientras que entre los 46 y 70 años el 40% tuvo menos hijes de los que quería.
Añade que la tasa global de fecundidad en Argentina descendió a 1,2 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1). “La ‘verdadera crisis’ no radica simplemente en que nazcan menos niños y niñas, sino que se manifiesta cuando muchas personas no pueden concretar sus deseos reproductivos”, destacan desde el UNFPA.
Barreras económicas: los motivos detrás de la postergación de la maternidad
La doctora en Sociología e investigadora del Conicet en el Instituto Patagónico de Estudios de Humanidades y Ciencias Sociales (Ipehcs), Julia Burton, sugiere mirar los datos de la caída de la natalidad con lupa, pues señala que el descenso del embarazo adolescente es un indicador más que favorable. “Baja mucho en las edades entre 15 y 19 años, no es un dato negativo que baje en esas edades”, comenta. El UNFPA registra una reducción de la fecundidad adolescente de más del 50% entre 2014 y 2020 y la vincula con políticas de salud sexual y prevención del embarazo no intencional.
Para Burton, la postergación del embarazo responde a un contexto complejo donde la inflación, la desocupación, el pluriempleo, el endeudamiento cotidiano, la dificultad para acceder a la vivienda, los alquileres exorbitantes y el retiro del Estado de funciones básicas dificultan la concreción de ese proyecto de vida. A eso agrega que, en la práctica, los cuidados recaen mayoritariamente sobre las mujeres, con una gran cantidad de hogares monomarentales y cuotas alimentarias que muchas veces no se pagan. “No es sólo si deseo o no deseo ser madre, sino todas las condiciones que hacen a que se pueda desarrollar esa maternidad, esa forma de crianza”, recalca.
Los datos del UNFPA muestran que el 62% de los motivos por los cuales las personas tienen menos hijes de los que desearían se vinculan a barreras económicas y de infraestructura: 47% menciona limitaciones financieras, 29% inseguridad laboral, 27% dificultades para acceder a la vivienda y 11% falta de opciones de cuidado de calidad. Antes de tener hijes, la mayoría prioriza seguridad económica, vivienda propia y un trabajo estable.
Según el organismo, las mujeres sostienen más del 60% de las tareas esenciales de cuidado y un 13% de quienes tuvieron menos hijes que los deseados menciona expresamente el bajo involucramiento de su pareja como un freno para ampliar la familia.
Cabe resaltar que, de acuerdo con los datos difundidos por el INDEC, en junio de 2026 la canasta de crianza costó $529.539 mensuales para menores de 1 año, $630.926 de 1 a 3 años, $539.612 para infancias de entre 4 a 5 años y $678.308 entre los 6 y los 12 años.
Deseo versus mandato
En el consultorio de la psicóloga Ciuffo Valdez, esa trama se vuelve materia cotidiana. Observa que el “no sé si quiero ser madre” muchas veces encubre otra cosa: la dificultad para distinguir entre mandato, deseo y miedo. “Los mandatos te empujan desde afuera, el deseo viene desde adentro y el miedo no anula el deseo”, explica. Así, una mujer puede sentir un deseo genuino de maternar y, al mismo tiempo, temor por las consecuencias de esa decisión.

Advierte que la frase “si lo deseás de verdad, lo vas a hacer a cualquier costa” es problemática, porque deja afuera las condiciones materiales y vinculares y coloca la responsabilidad sobre la mujer, como si todo dependiera de su fuerza de voluntad.
Ciuffo Valdez también menciona un cambio en las redes de sostén. Habla de “crisis vincular” para referirse tanto a las dificultades para encontrar parejas con las que compartir el proyecto de crianza como al debilitamiento de las redes reales de contención, sobre todo después de la pandemia. “La red social real, la de quienes están ahí cuando te caes del trapecio, está más frágil. Y maternar sin red es casi una hazaña”, enfatiza.
La psicóloga y sexóloga invita a mirar bien adentro: “Está bueno preguntarse ¿quiero ser madre o tengo que ser madre? Y eso es un trabajo muy subjetivo. Hay tantas respuestas como mujeres que tal vez se lo pregunten, no creo que haya algo acabado”. Pese a que el ritmo biológico puede suponer un “ultimátum” a ese proyecto, recalca que hay muchas formas de maternar o formar una familia: familias monoparentales, homoparentales, ensambladas, redes de crianza entre amigas. “Y como todo en la vida, cuando elegís una cosa, no elegís la otra”, agrega.
Desde la Filosofía, Méndez propone afilar aún más la mirada. “Ser mujer, ser madre, son construcciones sociales. No venimos al mundo con un único destino biográfico”, asegura, parafraseando a Simone de Beauvoir. A su entender, nunca hubo tanta legitimidad simbólica para que la maternidad sea una opción entre otras, pero afirma que tampoco nunca antes hubo tanta exigencia acumulada sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres. “La mujer contemporánea tiene que ser exitosa, independiente, saludable, bella y si materna, además debe ser la mejor madre del mundo. Esa combinación vuelve la elección casi imposible sin duelar algo”, plantea.
Lee este proceso en clave neoliberal, apoyándose en la noción de “psicopolítica” de Byung-Chul Han. “Pasamos de una sociedad disciplinaria, donde el mandato venía de afuera, a una sociedad del rendimiento, donde la autoexplotación reemplaza a la disciplina. Ya no hay un otro que te ordena, sos vos misma exigiéndote todo el tiempo”, explica. En ese marco, elegir no maternar puede implicar renunciar a un mandato, pero elegir maternar muchas veces supone renunciar a la carrera, a ciertos proyectos, a la disponibilidad para “rendir” siempre. “En algún punto de la elección hay duelo: o duelás la idea de ser madre o duelás la idea de ser esa mujer exitosa que el mercado te pide. Lo que no existe es la fantasía de tenerlo todo sin costo”, dice.
Neuquén: licencias, vivienda y el costo de criar
Neuquén condensa varias de estas tensiones. La secretaria de Mujeres y Diversidad de la provincia, Lorena Barabini, destaca algunos intentos provinciales por nivelar el terreno como el programa de vivienda Neuquén Habita, que abre créditos hipotecarios a sectores medios, monotributistas y familias monomarentales, con criterios de “discriminación positiva” para que las mujeres solas con hijes “accedan a la casa propia”. Menciona también la Ley provincial 3358, que establece un régimen de licencia por 150 días corridos con goce de haberes para la persona gestante y 60 días para la persona no gestante, para los empleados públicos de los tres poderes del Estado.

También subraya la inversión en infraestructura educativa y de salud, y la expansión de la jornada extendida como forma de aprovechar la baja en la matrícula. Sin embargo, reconoce: “Criar alquilando y pagando cuidados es muchísimo más difícil hoy que hace diez o quince años. El costo de la supervivencia creció de manera estrepitosa”.
En tiempos de avanzada de la ultraderecha y las ideologías conservadoras que señalan a las mujeres y las políticas que ampliaron derechos como responsables de la caída de la natalidad, los feminismos están atentos a que esos discursos no impliquen un retroceso en los derechos conquistados. Porque, como advierte el UNFPA, la cuestión de fondo no es cuántos bebés nacen, sino si las personas pueden, o no, vivir la vida que desean.
Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.