Bukele impone “precios justos” y se distancia de los principios de Milei

Reivindicado por la derecha latinoamericana por su mano dura contra las pandillas, el presidente de El Salvador despliega ahora una política para intentar frenar la suba de los alimentos. ¿Qué piensa del Estado el ex Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional? ¿En qué se diferencia del mandatario argentino?

“Para el pueblo debe ser lo mejor. Lo público debe ser mejor que lo privado”, dijo Nayib Bukele en la asunción de su segundo mandato, en una ceremonia realizada en el Palacio Nacional de El Salvador. «No hagan caso a voces que tratan de envenenar la mente de la gente cuando construimos algo bueno para el pueblo», enfatizó desde el balcón presidencial ante los invitados presentes. Uno de ellos era el mandatario argentino, Javier Milei, que se autodefinió como topo dentro del Estado para buscar avanzar en su destrucción.

La derecha latinoamericana ha intentado bukelizar su discurso tomando el eje de la seguridad, bandera emblema del mandamás en su combate a las maras, las pandillas que campeaban a sus anchas en suelo salvadoreño. Así, todos prometen megacárceles, aún si la situación social, política y económica dista de la del país centroamericano. Desde Daniel Noboa, presidente ecuatoriano que en campaña impulsó la idea de “cárceles barcazas” -prisiones dentro de barcos en aguas ecuatorianas- hasta Patricia Bullrich, quien antes de ser ministra de Seguridad de Milei propuso como candidata construir una cárcel que llevara el nombre de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Una perlita: tras visitar el Centro de Confinamiento contra el Terrorismo, CECOT, Bullrich tuvo que escuchar cómo Bukele le habló maravillas de los manteros-libreros de la Ciudad de Buenos Aires, a quienes conoció cuando su esposa estudiaba un posgrado en la capital argentina, ciudad que halagó como “la más bonita del mundo”. 

Pero Bukele también se reconoce como defensor de la obra pública. “Si vas a pagar impuestos, bueno, por lo menos lo quiero ver en obras”, explicó en noviembre de 2023. En el razonamiento aparece una defensa básica de las atribuciones del Estado. “Acá hay 100 casas, pero no hay calle”, proyectó Bukele para avanzar en su exposición. “¿Quién va a hacer la calle? ¿El de la casa 1? No, yo no. ¿El de la casa 8? No, yo tampoco. Entonces se creó el gobierno, se creó el Estado. Hay un gobierno que se va a encargar de que todos pongan para la calle. Entonces el gobierno viene, colecta de cada quien de acuerdo a su posibilidad: el que tiene menos paga menos, el que tiene más paga más. Y luego ya hay dinero y se hace la calle. Para eso se hizo el gobierno”, fue la sencilla descripción -reciente- sobre las atribuciones estatales. 

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La argumentación de Bukele contrasta con el marco teórico del topo Milei, que antes de ser presidente defendía la privatización de calles. «Hoy tranquilamente las calles podrían ser privadas. ¿Acaso cuando vos pasás por una autopista, no pasás por un lector?», argumentaba el libertario, con una posición antagónica a la planteada por el salvadoreño, en quien dice referenciarse. “Entonces, digamos, vos tranquilamente podrías instrumentar un sistema de lectura, donde las calles pueden ser privadas, donde cada uno se encarga de su calle y eso le genera ingresos», continuaba. 

En la pandemia también hubo miradas opuestas. Bukele tuvo una estrategia de confinamiento radical durante los primeros meses de expansión del Covid, algo que lo diferenció tanto de la política desplegada por Bolsonaro -una confrontación con los gobernadores brasileños, que eran más favorables a cuarentenas rígidas que el creador de la palabra gripezinha– y de Milei, que por ese entonces era un panelista televisivo que fogueaba las manifestaciones contra las medidas de aislamiento preventivo y caracterizaba al confinamiento como “represivo”. 

Durante parte de 2020 y 2021, el presidente salvadoreño entregó cajas de alimentos del Programa de Emergencia Sanitaria (PES), que se proponía garantizar la seguridad alimentaria de las familias en la situación de inestabilidad provocada por la expansión del virus. Granos, leche, aceite, pastas, atún y café, fueron algunos de los elementos de esta política. “Se vino una pandemia que nadie sabía, pero tenemos que actuar rápido”, fue la explicación de Bukele. Una nota de El País titulada El gabinete oculto de Nayib Bukele da cuenta de un círculo de asesores venezolanos del presidente salvadoreño. El corresponsal Juan Diego Quesada insinúa que las cajas alimentarias del PES, luego también entregadas antes de la elección 2024 que permitió la reelección de Bukele, se inspiraron en las cajas CLAP de alimentos del gobierno de Nicolás Maduro. Para Quesada, asesores como Sarah Anna -vinculada al antichavismo radical de Leopoldo López- y Lester Toledo -exdiputado de la Asamblea Nacional por el mismo espacio y solicitado por la Fiscalía venezolana por “traición a la patria”- habrían ayudado a replicar medidas similares a las que combatían en su país natal contra el gobierno del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Las cajas entregadas a inicios de 2024, en el marco de la campaña electoral, llevaron las siglas PPAA: Programa Presidencial de Apoyo Alimenticio. 

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Tras el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania, y buscando reducir el impacto en el mercado local, Bukele tomó otras decisiones, como el retiro del impuesto a combustibles, para que los usuarios ahorren 25 centavos de dólar por cada galón de carga. También eliminó aranceles de importación a productos como azúcar, aceite, arroz, tomate, alimento para animales y fertilizantes. Algunos economistas caracterizaron a esta última medida como “simbólica”, visto y considerando los numerosos tratados de libre comercio que tiene el país. 

Las cajas de alimentos que repartió el gobierno de Bukele durante la pandemia y que luego fueron replicadas en la campaña 2024. Fuente: Presidencia de El Salvador.

¿Control de precios?

«Les voy a dar un mensaje a los importadores, comercializadores, mayoristas y distribuidores de alimentos: paren de abusar del pueblo salvadoreño o no se quejen después», dijo Bukele en cadena nacional el 5 de julio de 2024. Luego elevó el pulso: «saben el delito que han cometido. Espero que mañana los precios estén más bajos, no es broma». Bukele habló de mafias empresariales y las comparó a las pandillas contra las que viene desplegando su política de seguridad exitosa en los sondeos de opinión pública internos, pero cuestionada por la comunidad internacional debido a la vulneración de derechos humanos. Tras el anuncio, el Gobierno presentó “requerimientos de información” a las seis principales cadenas de supermercados del país, dándoles un plazo de diez días para entregar información sobre el incremento de precios de casi setenta productos de la canasta básica. 

El día después de la cadena nacional, el Gobierno envió a la Defensoría del Consumidor (DC) al mercado La Tiendona, el mayorista más grande del país, situado en la ciudad capital. Allí, Ricardo Salazar, titular de la DC, anunció 3800 verificaciones a nivel nacional y notificó que 120 proveedores estaban siendo investigados por los aumentos injustificados. De chalecos azules y con celulares con aplicaciones en mano, los inspectores se desplegaron en los comercios mostrando dominio de la escena. 

En otra estrategia simultánea, el Ministerio de Agricultura anunció un fortalecimiento del programa de mercados móviles, con la finalidad de evitar la intermediación y fomentar la venta directa de los productos. Bukele remarcó que “los agromercados del MAG estarán abiertos todos los días”, enfatizando el vínculo directo con los clientes y la “compra a precios justos”. Tomate, cebolla, repollo, papa, lechuga, zanahoria y brócoli son algunos de los productos que se ofrecen en plazas públicas de todo el país. En su cuenta de X (ex Twitter), el exalcalde de San Salvador, publicó en inglés: «Lo siento, chicos, sé que estoy siendo totalmente Hugo Chávez». Es broma, pero si quieres no es broma. 

Uno de los agromercados dispuestos por el Ministerio de Agricultura y Ganadería. Fuente: @AgriculturaSV.

Las razones detrás de los anuncios económicos

“Todo está caro, los ingresos no alcanzan y los salarios no van a subir. No se espera que haya aumento del salario mínimo aunque toca una revisión próxima”, le dice a #MundoPropio el economista dominicano-salvadoreño César Villalona, crítico del gobierno de Nuevas Ideas, partido centrado en la figura de Bukele. Fue en septiembre de 2021, hace ya casi tres años, que el Consejo Nacional del Salario Mínimo acordó subir 20% el pago mínimo mensual, a raíz de una propuesta del propio gobierno. Con Bukele al mando, el aumento de la canasta básica fue de casi 27%, muy superior a los períodos de sus antecesores Sánchez Ceren (8.1%) y Mauricio Funes (6.9%), ambos del FMLN. Esto provocó inseguridad alimentaria, como bien explicara Juan Elman en su crónica de la victoria del mandatario desde San Salvador. 

“El pueblo le dio el segundo mandato por tres razones: ha habido una reducción de asesinatos y extorsiones, independientemente de cómo lo ha logrado; hay un descrédito de la oposición partidaria, que está deshecha; y hay una promesa de mejoría enfocada en el problema económico”, enumera Villalona los motivos por los que cree que Bukele fue nuevamente -y masivamente- reelecto en febrero pasado, tras un cuestionado aval de la Sala Constitucional de la Corte Suprema a la repostulación. Sin embargo, se muestra escéptico del alcance de las medidas puntuales de las últimas semanas: no cree que las ofertas del Ministerio de Agricultura tiren para abajo el precio en otros lugares, visto y considerado lo acotado de su presupuesto. 

El gran dilema próximo de la economía salvadoreña tiene que ver con el acuerdo con el FMI. Bukele necesita el desembolso de 1.4 mil millones de dólares para oxigenar -al menos temporalmente- una economía con evidentes signos de alarma. Desde Washington, para avanzar, plantean reparos concretos: quieren limitar el alcance del Bitcoin como moneda de curso legal. Y además proponen el clásico aumento del IVA, algo que el presidente millenial quiere evitar, ya que encarecería aún más los productos que se propone bajar. Mientras tanto, el Ejecutivo avanza por su cuenta buscando dólares frescos: eliminó en marzo el impuesto sobre la renta a las inversiones del extranjero y las remesas, que era del 30% en operaciones mayores a 150 mil dólares.

Asistente de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) en Washington, Bukele espera respecto al FMI lo mismo que Milei: un triunfo de Donald J. Trump en las elecciones estadounidenses que permita destrabar el juego trancado de las negociaciones con el organismo conducido por Kristalina Georgieva. La presencia del expresidente en la segunda juramentación de Bukele demuestra el vínculo directo con el republicano. Pero a diferencia del jefe de Estado argentino, el salvadoreño también mostró gran relación con Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el mandatario mexicano que logró que su sucesora, Claudia Sheinbaum, arrase en las recientes elecciones. “Este es un hombre que quiere lo mejor para su país. Su único interés es dejar un legado para México. Yo sé que los mexicanos lo quieren mucho”, dijo en 2019 durante su visita  a Chiapas, caracterizando al fundador de Morena como un lujo de presidente. Milei, algunos años después, definió a AMLO como “un ignorante”. 

El mapa ideológico se complejiza aún más: Rafael Correa, expresidente progresista de Ecuador, fundador del Grupo de Puebla y máximo dirigente del Movimiento Revolución Ciudadana, elogió el hecho de que Bukele haya convertido a El Salvador en uno de los países más seguros de la región sin tener bases militares de Estados Unidos. También mostró su apoyo a las críticas del salvadoreño a diversos medios de comunicación. Tiempo antes de ser presidente, Bukele había ponderado el crecimiento económico de Ecuador durante el correísmo: “por algo tiene 75% de popularidad”, dijo sobre quien entonces estaba al frente del Palacio de Carondelet. 

Para el medio opositor El Faro, Bukele no es ni de izquierda ni de derecha. “Es un político sin ideología, con una brújula que mueven los vaivenes de los vientos. Cuando era conveniente ser de izquierda lo fue. Cuando lo rentable era romper el sistema como outsider se convirtió en outsider. Cuando el discurso se movió a la extrema derecha, Bukele también se movió. Un hombre así no tiene ideas, ni principios, ni utopías. No es otra cosa que un oportunista”, caracterizó en una reciente editorial el medio que suele ser más citado fuera que dentro de El Salvador. Hay una certeza: es complejo etiquetar a este hombre que con su defensa del Estado escandaliza a los libertarios y que con su política punitivista horroriza progresistas. 

De acuerdo a la mayoría de los sondeos de opinión pública, la economía es la principal preocupación de las y los salvadoreños, pasada -al menos temporalmente- la grave crisis de seguridad. La reelección de Bukele fue cuestionada legalmente, pero apoyada popularmente: ocho de cada diez confiaron en él, creyendo que puede hacerle frente a la carestía de la vida. Fue catch all: hasta familiares de los presos votaron por él, tal como reseñan agencias internacionales. El desafío del hombre que rompió el bipartidismo FMLN-Arena consagrando un nuevo momento político es el de cumplir con hechos concretos las expectativas económicas, sobre todo de los sectores más vulnerables que lo votaron a pesar de estar más pauperizados.

Otras lecturas

Se dedica al periodismo político internacional desde hace más de una década. Es politólogo y magíster en Estudios Sociales Latinoamericanos (UBA). Escribió el libro "Lula, de la cárcel a la presidencia". Es hincha y socio de San Lorenzo.