La “historia pura” de la Argentina de los Lioneles

Scaloni, Messi y la utopía de la identificación de la gente con la selección. Su legado: “El mejor partido es el que está por venir”.

En la conferencia de presentación como director de selecciones de la AFA, el 25 de enero de 2019 en el predio de Ezeiza, César Luis Menotti — antes de las preguntas de los periodistas — aclara que “la selección argentina tiene un entrenador (Lionel Scaloni) con ayudantes de primerísimo nivel”. Luego habla de “fortificar las relaciones entre el futbolista y la gente”, de que sueña con “una selección que sea representativa de un estilo que los identifique”.

Menotti afirma que Lionel Messi es el mejor del mundo, pero que no es el “salvador”. Que en la Argentina de Diego Maradona en México 1986 había muy buenos jugadores. “Sería bueno que podamos conformar un equipo incluso para que él sea más feliz”. Menotti — samurai del fútbol, primer DT campeón del mundo con Argentina en 1978 — continúa: “Un futbolista con la camiseta de la selección despierta como hecho cultural una manifestación en los barrios, en las esquinas, en los colegios”. Y declara que quiere que la selección juegue mejor que el rival para ganar. Scaloni — lleva cuatro meses — aún ni siquiera la dirigió en la Copa América de Brasil 2019.

En el Mundial más grande de la Historia — con mayúscula — , la selección argentina de los Lioneles ya es “historia pura”, como Messi le susurró al oído a Scaloni en pleno campo de juego, mientras retumbaba el “y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta, es un inglés” en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. “Historia pura es él, una leyenda”, le devolvió la pared, ayer, Scaloni.

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Complicidad. Scaloni y Messi se ríen en un momento del evento para fanáticos que organizó la FIFA a dos días de la final. (AP Photo/Frank Franklin II)

Desde aquella primera estrella en 1978, ninguna selección ganó más Copas (tres, en 1978, 1986 y 2022) ni jugó más finales (seis de los 13 Mundiales disputados desde entonces: en 1978, 1986, 1990, 2014, 2022 y 2026). Entre la primera final de Argentina (subcampeón en Uruguay 1930) y la segunda (1978) hubo 48 años. De la segunda en 1978 a la séptima, también. La mayor potencia mundialista de los últimos 50 años jugará contra España — campeón en Sudáfrica 2010 — la Finalissima que se canceló en marzo, pero en la final del Mundial.

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El ciclo de Scaloni — fue clave la banca de Menotti ante Claudio Tapia, presidente de la AFA, para que lo confirmara en el cargo — tendrá su quinta final consecutiva (Copa América 2021, Finalissima 2022, Catar 2022, Copa América 2024 y Estados Unidos, México y Canadá 2026). “Duela a quien le duela y digan lo que digan”, como apuntó Messi, pasional. 

Scaloni, el DT de la selección con más partidos ganados en Mundiales (11 de 14), se convertirá también en el de más partidos dirigidos con la final ante España (15), por delante de Carlos Bilardo. Y se acerca a Guillermo Stábile, el DT récord de la selección en títulos (7) y partidos dirigidos (124), con similitudes en el carácter dialogante, la plasticidad adaptativa y el rescate de “la nuestra”. Tiene contrato hasta fin de año. ¿Renovará, como insinuó antes del inicio del Mundial, y se extenderá el ciclo más exitoso de la selección? Ahora no es momento de preguntarlo.

Porque a los 39 años, Messi — un gerundio hecho futbolista — aún “juega pensando en que hay alguien que todavía no lo vio”, como graficó una vez Pablo Aimar (gracias, Scaloni, Aimar y Walter Samuel, por haberme ayudado a amar el fútbol en el Mundial Sub 20 de Malasia 1997, con victoria incluida ante Inglaterra). Algún día, tus hijos, y los hijos de tus hijos, preguntarán por Messi. Por los pases-gol de Leo, corporizado en “D10S”, en la semifinal de 2026 ante Inglaterra. Por su 2–1 a los ingleses. Ningún partido es solo un partido. “Las Malvinas son argentinas”, inmortalizó la bandera lanzada por un hincha desde la tribuna y sostenida por el equipo.

Si con Inglaterra se jugó contra el “invasor”, la final con España será contra el “conquistador”. Son lecturas que se despliegan en el marco de un Mundial, sublimación simbólica de las guerras. Messi, el futbolista más maradoniano, volverá una década más tarde a jugar en el MetLife de Nueva Jersey. En 2016, a los 29 años, había anunciado en un pasillo de ese mismo estadio que se retiraba de la selección después de haber perdido su cuarta final, la de la Copa América Centenario: “Se terminó la selección, no es para mí”. Diez años más tarde, Messi intentará levantar su segunda Copa Mundial seguida. Al destino le agradan las repeticiones, los círculos y las variaciones.

Tras el pase a la final, el diario francés L’Équipe llamó “Los inmortales” a la selección de los Lioneles (una ironía, porque así había denominado a Francia). Preferimos los elogios de Scaloni al corazón infinito de los jugadores. “Los conozco a ellos: son indios, se han criado en ambientes donde no tenían miedo a nada, en situaciones extremas. Desde chiquitos eran los mejores, competían y todos esperaban mucho de ellos”, dijo después de la demolición futbolística a Inglaterra en los últimos 40 minutos, aplicada con carácter, cabeza levantada, emoción, belleza, sentido colectivo y juego, muchísimo juego (88% de posesión de la pelota desde el gol inglés hasta el 2–1, con 266 pases contra 38).

Lo de “indios” fue un halago al grupo. A la tribu que toma mate, come asado, jode con el truco y juega un fútbol de pueblo. “En el buen sentido de la palabra”, aclaró Scaloni para que no le cayeran los políticamente correctos y los canceladores de turno. “Indios” les decían las madres a los hijos revoltosos en el pasado cercano. Eran “indios” los niños que jugaban todos transpirados, que seguían pateando la pelota mientras al compañerito le cantaba el feliz cumpleaños. El ánima amateur.

¿No es lógico que Argentina le haya jugado como “indios” a Inglaterra y que le juegue igual a España? “En medio del circo imperial, el filón de la tierra argenta se cuela y brilla más que ningún reflector, grita más que parlante alguno. Por eso tanta habladuría anti argentina: simplemente no quieren que unos sudacas despojados pasen en tres años y medio de tener dos estrellas a tener — ¡quiera Dios! — cuatro en el juego más importante del mundo”, escribió el “indio” Agustín J. Valle en Lobo Suelto.

En el epílogo de El método Scaloni, serie estrenada antes del Mundial 2026, se revelan, tras más de 100 horas de entrevistas y de análisis con los protagonistas, las bases fundantes y fundamentales de la Argentina de los Lioneles. En “Meta y principios”, un punto dice: “Lo que más queremos es que la gente se identifique”. En “Construcción del grupo”, otro destaca: “Cultivar la mística de pertenencia”. En “Gestión del rendimiento”, este sostiene: “Anclaje en el presente para neutralizar el trauma del pasado y la ansiedad del futuro”. En “Gestión emocional”, se marca: “La motivación trascendente de representar al fútbol argentino”. Y también: “Antifragilidad. El golpe que despierta en lugar del trauma”. En el último apartado, “Legado cultural”, sobresalen los siguientes puntos: “Las finales, para ganarlas, hay que jugarlas” y “El mejor partido es el que está por venir”.

El partido que está por venir será este domingo, cuando la Argentina de Scaloni y de Messi juegue la final del Mundial 2026 por su cuarta estrella y su primer bicampeonato. La utopía argentina hecha pelota. La historia viva.

Es periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supo antes de frustrarse como futbolista. Trabajó en diarios, revistas y webs, colaboró en libros y participó en documentales y series. Debutó en la redacción de El Gráfico y aún aprende como docente de periodismo. Pero, ante todo, escribe. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.