Adoptar una familia

La fotógrafa Camila Godoy explora la intimidad de Lucía y Agustín en su vínculo con Camila, una nena de 12 años que los eligió como padres.

Cuando Lucía Berraud jugaba a la mamá, a su muñeca siempre le ponía el mismo nombre: Camila. Cuando ya adulta se casó con Agustín y empezaron a soñar con formar una familia, ella trajo el recuerdo con la fuerza de una certeza: su hija se iba a llamar así. Pero luego decidieron convertirse en padres por adopción y fijaron un plazo de edad más amplio. No iba a ser un bebé, entonces lógicamente no iban a poder elegir ellos nombre. No era importante. Pero cuando les hablaron de una nena de 12 años con la que podían empezar una vinculación, el nombre fue una señal y les hizo llenar los ojos de lágrimas: era Camila. “Era ella, la habíamos encontrado”.

Adoptar como plan A

Después de una década de novios y varios años de casados, Lucía y Agustín no zafaban de las preguntas “¿para cuándo el bebé?” o “¿no pueden tener hijos?”. La respuesta de ellos era clara: “Sí, podemos, y vamos a tener una nena por adopción”. 

Los había animado la militancia digital del colectivo Adopten Niñes Grandes: un grupo de familias que alienta la adopción de chicos y chicas “grandes” y concientiza sobre la realidad de las infancias en estado de adoptabilidad. Ese espacio de contención, amistades y experiencias compartidas los llevó a dejar de lado el mandato biologicista y elegir adoptar como primera opción: “Hay tantos pibes en hogares que no tienen familia y nosotros queremos tener una. En mi cabeza fue 2+2, cuenta Lucía.

En Argentina las adopciones llegaron a su récord histórico durante 2025 con 997 niños, niñas y adolescentes integrados a nuevas familias. Aún así, el 80% de personas que se postulan para adoptar establecen estar dispuestos a recibir solamente bebés de entre 1 y 3 años de edad. A medida que aumenta la edad de chicos y chicas, baja el porcentaje de adultos dispuestos a ahijarlos. A partir de los 10 años, el número se vuelve mínimo. Ellos mismos habían establecido primero disponibilidad para chicos de hasta 6 años, pero el juzgado compartió con ellos información que los convenció de ampliar el rango. Entonces se postularon para ser los papás de Camila. 

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“Está ese mito de que se tarda mucho en adoptar pero tiene que ver mucho con la disponibilidad y las edades que cada quien está dispuesto a aceptar. Para nosotros fue un año y medio en total desde que nos inscribimos hasta que la conocimos”, remarcan.

Madre, hija y abuela

Conocieron a Camila en noviembre de 2025. Para abril de 2026 ya estaban conviviendo a tiempo completo junto con Ursu y Mauri, las mascotas gatunas de la casa. El proceso de vinculación de una familia por adopción está plagado de primeras veces que pueden ser más emocionantes o más desafiantes, pero hubo una particularmente inolvidable: la primera vez que Camila conoció a su abuela Mariana. Fue una tarde de verano, una cita en la peluquería para un encuentro de las tres mujeres de la familia. Camila llegó con una carta donde la llamaba “querida futura abuela”.

Mariana lo recuerda: “Fue muy resignificador el trío que se dió ese día. Mi nieta vio como su madre me decía ‘mamá’ y yo ‘hija’ y estábamos en comunión las tres de un modo muy hermoso”. Lucía cree que verla a ella misma ser hija habilitó en Camila la posibilidad de decir: ‘Esta es mi familia’”. Ahí, entre ruidos de secadores y clientas, Camila también sorprendió con cuatro palabras que en los oídos de Lucía sonaron con música triunfal de fondo: “¿Te puedo decir mamá?”. 

Aclaró que quizás no lo haría siempre, que algunas veces iba a olvidarse. Lucía a todo le decía que sí, que claro, que era normal. Un día escuchó un grito agudo desde el baño, la puerta entreabierta por el vapor: “¡Maaaaaa!”, la reclamaba. No volvió a llamarla de otra forma. 

“Ahora que soy mamá, mi mamá es la persona que más necesito en el mundo”, asegura Lucía. entre las tres mujeres se armó un ida y vuelta de afecto, pero también de cuidados: cada jueves Mariana la busca a su nieta por la escuela, meriendan juntas, hacen la tarea. “Quiero mostrarle que la vida está buenísima porque la amo y porque amo a mi hija”, asegura. 

El mundo de Camila

Camila siempre tuvo el nombre de los sueños de su mamá. Se conocieron, se vincularon, se volvieron familia. La oficialización de ese vínculo construido llegó en mayo. Los tres se durmieron atravesados por los nervios y a la mañana siguiente madrugaron más que de costumbre. Agustín preparó el desayuno mientras las chicas de la casa se maquillaban juntas. Horas después, entre abrazos, lágrimas y gritos de euforia firmaron juntos la guarda adoptiva. La familia posó para la foto para inmortalizar el recuerdo y Cami a corazón abierto acotó: “Siempre me quise sacar fotos con una familia y ahora tengo una”.

“Me sentí feliz porque por fin iba a tener una familia”, cuenta Cami recordando el día en el que conoció a su mamá y papá.
Para que no le fuera un espacio ajeno, Luli y Agus aprovecharon el proceso de vinculación progresiva para ir armando junto con la nena la que iba a ser su habitación.
Cami pasó toda la tarde registrando su universo en fotos. La creatividad y el arte la unen con su mamá, que es actriz y profesora de canto.
“La edad es espectacular, podemos hablar un montón”, asegura la mamá. La inspiración para convertirse en madre por adopción surgió por la militancia digital del colectivo Adopten Niñes Grandes. Por eso ahora ella misma difunde en tik tok.
La cartita que le dio Cami a su futura abuela el día que se conocieron, decorada con sellos de gatos.
Abuela y nieta esperan con ansias los jueves para verse. Ver a su mamá ser hija fue clave para ubicarse ella también en una posición de recibir cuidados.
En el camino a casa practican juntas las tablas “¿6×4?”, pregunta la abuela aleatoriamente. “24”, contesta Cami después de pensarlo brevemente. Festejan.
Decidieron ser padres por adopción de una nena de 12 años. La cantidad de adultos dispuestos a ahijar cae drásticamente cuando se trata de mayores de 10 años. Un amor que desafía la estadística.

Esta nota pertenece a Punto de Encuentro — un especial de Amnistía Internacional Argentina junto a CENITAL. Podés leer todos los artículos acá.

Es fotoperiodista y licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA). Trabaja en la Agencia Nacional de Noticias Télam y colabora con el diario La Nación, entre otros medios.