Yo te vi en un tren: 5 historias de amor sobre rieles

¿Por qué los trenes aparecen una y otra vez en las películas románticas? Especialistas reflexionan sobre el rol de un medio de transporte que habilita lo imprevisible.

Lucy trabaja en la boletería del tren de Chicago. Todos los días observa a los mismos pasajeros y se imagina otras vidas. Su sueño es animarse a hablarle a Peter, un joven apuesto que suele viajar desde una estación elevada del Loop. Lucy es Sandra Bullock y Peter es Peter Gallagher, que queda en coma luego de ser asaltado en la estación. La película se llama Mientras dormías (1995), y llega apenas diez meses después de Máxima velocidad: para entonces Sandra Bullock ya venía construyendo una relación bastante íntima con los sistemas de transporte.

En el cine, la estación de tren suele representar la rutina y la observación. Lo sabe bien Miloš, el joven protagonista de Trenes rigurosamente vigilados (1966), una de las películas más populares de la new wave checoslovaca. Miloš trabaja como aprendiz en una pequeña estación ferroviaria en las afueras de Praga durante la Segunda Guerra Mundial. “He terminado mi formación y todo el mundo en el pueblo sabe que mi único objetivo es mantener la tradición familiar y no hacer otra cosa que quedarme parado en el andén con un disco de señales, mientras ellos se pasan toda la vida trabajando como burros”, dice.

Pero los trenes que pasan por la estación le recuerdan la existencia de vidas más excitantes: soldados alemanes, civiles en tránsito, enfermeras voluntarias y, claro, su novia Máša, que trabaja como guarda en el tren. La circulación equivale a la experiencia.

Si te gusta Una calle me separa podés suscribirte y recibirlo en tu casilla los viernes.

Miloš y Máša, señalero y guarda, la inolvidable pareja de Trenes rigurosamente vigilados.

¿Y esta cajita de texto para qué está? Acá es donde despabilamos a nuestros lectores y les contamos lo difícil que es hacer periodismo en estos tiempos. Por eso, si la información que leés en Cenital te ayuda a entender mejor lo que pasa, te  pedimos que nos des una mano para seguir.

Sumate

Encuentros casuales

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) narra la historia de dos personas que sí se suben a una formación. Joel (Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet) se conocen en un tren desde Montauk hasta Long Island, en las afueras de Nueva York.

Clementine, tan extrovertida como su pelo azul, aprovecha la intimidad obligada del viaje en tren para sacarle charla a su compañero de vagón. Se puede decir que invade su espacio personal, pero después de todo, el mundo es de los valientes. Y la infraestructura ferroviaria habilita este tipo de encuentros, según explica el guionista y productor Martín Nusynkier.

“El tren ofrece un escenario ideal para un meet cute”, dice, en referencia a la escena típica de las comedias románticas donde los protagonistas se encuentran por primera vez. “Una situación donde uno puede cruzar a dos personajes en su estado más puro y obligarlos a interactuar”.

Este medio de transporte es cinematográfico por definición. “El paisaje da una mejor atmósfera y se presta a distintas actividades que presenten a los personajes”, dice Nusynkier a Cenital. “Uno en el tren puede leer, mirar por la ventana o levantarse y cambiar de asiento. Da otra fluidez a la escena que, por ejemplo, un avión, donde los personajes tienen que estar sentados y mirando todos para el mismo lado. Pero además, un tren tiene paradas y en esas paradas ofrece aventuras y toma de decisiones.”

En el film de Michel Gondry, el transporte guiado de la Long Island Rail Road funciona también como símbolo del conflicto central: la persistencia del vínculo a pesar del deseo de olvidar una relación pasada. Y es que, incluso después de los recuerdos borrados, hay una “línea” que los une.

En Eterno resplandor…, Clementine encuentra algo que hacer en el viaje de tres horas a Long Island: molestar al tímido Joel.

La proximidad forzada del tren también juega a favor del suspenso y del misterio. Unos pies que se cruzan accidentalmente bajo la mesa dan espacio a la charla liviana que termina en el pacto homicida de Pacto siniestro (de 1951, mejor aún en su título original, Strangers on a Train). Otro clásico de Alfred Hitchcock, La dama desaparece (1938), narra la repentina desaparición de Miss Froy en pleno viaje: dos jóvenes que recién se conocen —Margaret Lockwood y Michael Redgrave— se ven obligados a colaborar, y de a poco esa complicidad se convierte en atracción.

Should I stay or should I go?

A lo largo del siglo pasado, dos títulos se convirtieron en referentes del romance sobre rieles: Breve encuentro (1945) de David Lean y Antes del amanecer (1995) de Richard Linklater.

En la primera película, los trenes marcan los constantes encuentros y despedidas de Laura (Celia Johnson) y Alec (Trevor Howard). A pesar de que ambos están casados, un día se encuentran en la estación de una ciudad inglesa y pronto comienzan a charlar sobre sus vidas y pasar tiempo juntos. Cuando se quieren dar cuenta, ya se enamoraron. La relación imposible avanza y sus encuentros furtivos de los jueves se dan en los alrededores de la ficticia estación Milford Junction. Pero Laura y Alec siempre terminan subiéndose al tren que los devuelve a su vida anterior. Para ellos, tomar el tren —resistiendo el impulso de quedarse— es elegir el deber sobre el deseo.

Yo te vi en un tren: Celia Johnson y Alec Trevor Howard en una de las historias de amor más recordadas de la historia del cine.

La segunda se ubica cincuenta años más tarde, en un tren de Budapest a París en el que Jesse (Ethan Hawke) conoce a Céline (Julie Delpy). Él está viajando por Europa antes de regresar a los Estados Unidos y ella está volviendo a Francia tras visitar a su abuela en Budapest. En un momento de su charla, Jesse le propone a Céline bajarse juntos en Viena. Ese acto —salirse del trayecto previsto— crea toda la historia. El amor nace de interrumpir lo que hubiera sido el viaje “correcto”.

Corriendo a la par del siglo

Para Lucy Mazdon, profesora de la Universidad de Southampton, la relación entre el tren y el cine no es casual sino constitutiva. El cine no solo tomó al ferrocarril como escenario recurrente, sino que contribuyó decisivamente a fijar su lugar en el imaginario colectivo: esa mezcla de velocidad, peligro, encuentro y promesa romántica que aún hoy asociamos a los viajes en tren.

Pero esa relación es de doble vía. Para Mazdon, así como las películas moldearon la forma en que percibimos las estaciones y los vagones, el propio tren —con su capacidad de poner en contacto mundos distintos y condensar experiencias humanas en un espacio en movimiento— también influyó en el desarrollo del lenguaje cinematográfico. Ambos, tren y cine, son tecnologías centrales de la modernidad y crecieron en paralelo a lo largo del siglo.

Las estaciones de tren evocan los encuentros casuales entre personas de diferentes orígenes sociales.

La épica perdida

“Desde la perspectiva actual, los trenes evocan un romanticismo que se le atribuye a otra época. La mitología del cine, en especial la construida por Hollywood, se conformó cuando el tren era uno de los medios de transporte centrales”, dice a este medio María Fernanda Mugica, periodista y coautora de Amar como en el cine: comedias románticas de ayer y de hoy.

“Por eso, es lógico que en una escena clave de Casablanca, Rick (Humphrey Bogart) espere a Ilsa (Ingrid Bergman) en una estación de tren, a la que ella nunca llegaba. Su despedida al final del film, en cambio, es en un aeropuerto, uno de los espacios por excelencia para las declaraciones románticas en el cine. Pero a diferencia del avión, el tren simboliza otra filosofía de viaje, una más humana (en cuanto a las comodidades en la convivencia con otros) y con más tiempo para entablar diálogos y estrechar relaciones. Todas condiciones necesarias para desarrollar una buena historia de amor”, concluye.

Escribiendo en 1980, cerca del final del corto siglo XX, el historiador alemán Wolfgang Schivelbusch contrastó aquel momento con los medios (de transporte y audiovisuales) que vinieron después. 

“Lo que siguió fue una reducción. No únicamente en términos de escala, al pasar de la esfera pública al uso doméstico —los autos son más pequeños que las locomotoras, los televisores más pequeños que las pantallas de cine—, sino que también se ve mermado su carácter esencial: se pierde, por así decirlo, el aspecto heroico”, dice Schivelbusch. “En comparación con sus diminutos sucesores, el ferrocarril y el cine son instrumentos poderosos que despiertan la imaginación y suscitan asociaciones casi míticas”.

Mientras dormías se puede ver en Disney+. Eterno resplandor se puede ver en HBO Max y Apple TV. Pacto siniestro se puede ver en Apple TV. La mujer desaparece se puede ver en Amazon Prime. Antes del amanecer se puede ver en Apple TV y Google Play. Casablanca se puede ver en HBO Max, Apple TV, Claro Video o Google Play. El resto se consigue… por ahí.

Es magíster en Economía Urbana por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) con especialización en Ciencia de Datos. Cree que es posible hacer un periodismo de temas urbanos que vaya más allá de las gacetillas o las miradas vecinalistas. Sus dos pasiones son el cine y las ciudades.